Viedma
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Ceferino y el colegio San Francisco de Sales


 

   
 

Ceferino Namuncura y el colegio San Francisco de Sales

Ceferino Namuncurá dejó sus huellas en el patio del viejo colegio salesiano de Viedma, hace más de 103 años
Ceferino Namuncurá, hoy proclamado como Beato de la Iglesia Católica, vivió en Viedma entre enero de 1902 y julio de 1904. Los historiadores coinciden al afirmar que esa época pudo ser la más feliz en los escasos 19 años de su existencia. Aquí lo evocan una mayólica en el patio del viejo colegio salesiano y una esquina, bautizada sin protocolo como "la de Ceferino y Carlos Gardel". Un vitral de armonioso diseño, en el vestíbulo de la Catedral, es otro homenaje entre los viedmenses.

Ceferino llegó a Buenos Aires en 1897, tuvo un desafortunado paso por la escuela de oficios de los Talleres de la Marina, en Tigre (en donde habría sido discriminado por su condición de indígena), y en septiembre de ese año entró en el Colegio Pío IX de la orden salesiana, en el porteño barrio de Almagro.

En 1901 empezó a manifestar los síntomas de la tuberculosis que, finalmente, le causaría la muerte en Italia en 1905. Un año más tarde, después de una breve estada en la escuela salesiana de Uribelarrea, los sacerdotes lo enviaron hacia aquí, a Viedma. Ante la falta de paliativos medicinales, en ese tiempo, eran de buena esperanza el clima seco y frío de la región, y también se sabía de las buenas artes del sacerdote Evasio Garrone, llamado popularmente "el padre doctor", que dirigía el hospital San José.

El viaje entre Buenos Aires y Viedma fue en barco, en el vapor "Pomona", y según los pocos registros existentes Ceferino viajó solo, sin acompañantes de la congregación. No está documentada la fecha de su arribo pero se calcula que fue hacia fines del mes de enero de 1902.

Hay una carta, fechada en Viedma el 8 de febrero, en la cual Ceferino le cuenta a su protector, el padre José Vespignani, sobre las impresiones del viaje en alta mar y relata, con inocencia y orgullo al mismo tiempo, que el capitán del buque le decía a otros pasajeros: "Este niño nunca se marea, es muy fuerte, este sí que es un hombre".
Ceferino Namuncurá estaba por cumplir 16 años cuando se instaló en Viedma, entre enero y febrero de 1902.

Los cuidados de Zatti : Unas pocas semanas después, el tres de marzo de 1902, llegó a Viedma otro joven aspirante a cura, italiano de nacimiento, también enfermo de los pulmones. Se llamaba Artémides Zatti y tenía 21 años.
El padre Garrone descubrió una conexión entre los dos muchachos, el italiano y el indio con apenas cinco años de diferencia en sus edades, los dos afectados por la tisis, ambos con fuerte vocación religiosa, los dos buenos y atentos, los dos iluminados por ese misterioso hálito de la santidad anticipada. ¿Fue una buena idea del sacerdote médico o hubo un designio sobrenatural?
Lo cierto es que Zatti fue designado como acompañante terapéutico de Ceferino.

Lo que sigue es el relato del propio Don Zatti, cuando en los años 40 brindó testimonio en el proceso de beatificación del indiecito mapuche. Lean con atención los interesantes detalles que contiene.
"Se me había confiado la atención de Ceferino, débil de los pulmones. La cura más eficaz en ese tiempo era la de robustecer el físico con alimentación sana y abundante. Todas las mañanas lo esperaba en la enfermería y lo veía llegar sonriente a las diez en punto, en el recreo escolar. Le tenía preparado un buen bife recién retirado de la plancha, una copita de vino y pan fresco. Los dos comíamos juntos esta medicina recetada por nuestro querido médico, el padre Garrone."

"Por la tarde al terminar las clases nos veíamos otra vez para la segunda medicación diaria. Consistía en esto: el padre Garrone nos daba unas monedas y debíamos dar un paseo y comprar unos huevos del día en las chacras vecinas. Al regresar preparábamos sendos cócteles para fortalecer nuestros organismos.

Recuerdo siempre la dulzura, la sonrisa de Ceferino y su profunda gratitud; a menudo al regresar del paseo me decía: Mira Zatti cuánta bondad en nuestros superiores, nos aman como si fuesen nuestro padre y nuestra madre, vamos a rezar el Rosario por sus intenciones, y caminábamos rezando los misterios del Rosario".

Hasta aquí este cálido recuerdo de don Zatti, sobre aquel tiempo, entre 1902 y 1903, cuando acompañaba y cuidaba a Ceferino Namuncurá aquí en Viedma, muy cerca de donde hoy se evoca también a su compañero de escuela y de coro, allá en Buenos Aires: el Zorzal Criollo.

Una esquina emblemática : En el copete de este artículo se mencionó "la esquina de Gardel y Ceferino", que es la intersección de Colón y Rivadavia. La idea fue de Lisandro Segovia, ese incansable recopilador, estudioso y difusor de la obra de Carlos Gardel, fundador del museo que lleva su nombre y funciona, precisamente, en los altos de ese lugar, arriba de la biblioteca popular Bartolomé Mitre.

La denominación es justa y apropiada, porque en el histórico edificio que albergó durante muchas décadas al colegio de los salesianos, pasó algo más de dos años de su vida el propio Ceferino, en calidad de alumno pupilo, mientras intentaba curarse de la tisis y al mismo tiempo realizar sus estudios religiosos.

Una de las habitaciones cercanas al gran dormitorio de los alumnos del colegio, en la planta alta, se transformó a fines de los años 90 en el espacio cedido por la Comisión Bicentenario para el funcionamiento del Museo Gardeliano, cuando Lisandro Segovia decidió entregarlo en custodia a la ciudad de Viedma.

Seguramente Ceferino recorrió muchas veces el pasillo de la antesala del actual museo, dedicado a la exaltación del famoso cantor de tangos, que fue su compañero en el colegio salesiano de Almagro donde ambos eran pupilos pobres y hasta compartieron el coro escolar.

En Viedma, en este rincón de la Patagonia, Ceferino y Gardel, Gardel y Ceferino se vienen a encontrar después de muchos años.
En la planta baja, debajo de la larga galería que se abre al antiguo patio escolar, hace tiempo se colocó una mayólica que representa la figura de Ceferino como estudiante, pues se dice que en el aula contigua estudió el indiecito beato.

Flechazos hasta arriba de la torre : Aquellos años de adolescencia de Ceferino en Viedma no estuvieron carentes de travesuras y juegos. Al respecto es muy ilustrativa la siguiente postal, narrada por el padre Nicolás De Salvo.
"La quinta (hoy Instituto Don Bosco) era la meta de nuestras excursiones diarias. Y Ceferino era el aliado de los más pequeños. Una de las diversiones preferidas que favorecía la abundancia de sauces y de mimbres, era la preparación de arcos y flechas y el tiro al blanco.

Namuncurá se encontraba en su elemento. Nos reunía alrededor y con una diligencia y rapidez notables nos armaba el juguete preferido.
Para nosotros era un orgullo lucir nuestras habilidades de flecheros con los arcos que preparaba el hijo del cacique. La prueba de fuego de nuestros arcos la hacía Ceferino. Cuando una flecha llegaba a superar la altura de la torre del colegio daba su visto bueno, nos entregaba el arco y la flecha y nos enseñaba a tirar, animándonos a igualarlo y superarlo".

Un homenaje en el siglo XXI : En el año 2005 se cumplían cien años de la muerte de Ceferino y casualmente, en ese invierno, un artista plástico recién llegado a Viedma se acercó un día al templo de Nuestra Señora de las Mercedes, la llamada iglesia catedral. "Estaba pensando en regalarle al templo una obra de vitral, con algún motivo religioso, estuve mirando y descubrí un sitio adecuado: una especie de tragaluz en el vestíbulo.

Pasé al edificio de al lado, llamé y salió un señor rubio, flaco, muy atento. Yo soy Víctor Davis, pintor, fileteador y, realizador de vitrales; quiero hacer una obra para la Catedral, me presenté. Mi interlocutor me dijo, qué buena idea, qué lindo sería un homenaje a Ceferino. Bueno, le contesté, ¿con quién habría que hablarlo? Yo soy el obispo, me anunció entonces el señor" le contó Davis al cronista, hace pocos días.

"Una vez que se me pasó la sorpresa, por el trato directo y sin protocolo, nos pusimos de acuerdo y poco después empecé el trabajo, que estuvo terminado para el año siguiente y se inauguró el 26 de agosto de 2006, para los 120 años del nacimiento de Ceferino" agregó el artista, porteño, del barrio de Saavedra.

La bella obra, un vitral de 80 centímetros de diámetro, con más de 80 piezas de diferente tamaño combinadas entre si como en un rompecabezas, constituye el más reciente homenaje de Viedma a la figura del beato, en recordación de aquellos buenos tiempos que pasó por aquí.
Víctor Davis contó también que "mi papá, que era de barrio de Parque Patricios, era ferviente devoto de Ceferino, para mí es un orgullo contribuir en algo a la exaltación de su figura, ahora que ya es beato".

El artista, que adoptó a Viedma como su nuevo horizonte (para él y su familia), vive y tiene su taller en la calle Zatti, y mientras trabaja nunca falta de fondo un tango, si es de Gardel mejor. ¿Serán puras coincidencias o hay una mano invisible que maneja estos hilos, uniendo al indiecito mapuche, el enfermero samaritano y el creador del tango canción en la vida de Víctor Davis?

Dolor, despedida y final : Ni los cuidados del padre Garrone y su discípulo Zatti, la vida sana, o las oraciones a Don Bosco; nada pudo contra el mal que anidaba en los pulmones de Ceferino. No pudo entrar al noviciado, se agravaba cada vez más y el padre Juan Cagliero decidió llevarlo a Italia, con la última esperanza puesta en los médicos del Vaticano. El futuro beato patagónico partió de Viedma, en un coche con caballos, acompañado por su protector, el 9 de julio de 1904. Hacía frío y dicen que los sauces de la costa del río, desnudos por el invierno, lloraban lágrimas de savia.

Otra de las actividades desarrolladas fue la enseñanza comercial elemental, mecanografía y teneduría de libros". En 1916 se inauguró el primer bachillerato patagónico, recién en 1917 se creó la "Escuela Normal Popular de Viedma", la que siendo mixta funcionaba en distintos edificios.

El colegio comenzó a funcionar en un modesto edificio ubicado al lado de la iglesia. Paralelamente ya en 1889 se estaba construyendo el edificio donde funcionó hasta 1979. Hoy alberga al "Museo Tecnológico del Agua y el Suelo" y al "Museo Salesiano Cardenal Cagliero".
 

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