Los primeros
antecedentes de la construcción del Hostal, se
remontan al año 1897, probablemente emprendido
por las primeras familias que comenzaban a
asentarse en la zona, que en aquellas épocas y a
principios de 1900 tenía un fuerte atractivo por
la cercanía de la Salina del Inglés. Hasta el
desarrollo de sistemas de refrigeración, la sal
era un producto muy usado para la conservación
de carnes en las largas travesías hasta Europa,
razón por la cual se instaló una compañía
inglesa, que llegó a producir sal por
cristalización selectiva. Para ello enviaba el
producto desde el salar, a unos 40 km al oeste
de San Blas, a través de un salinoducto
construido con tubos cerámicos y embarcaba luego
la sal procesada en lo que prometía ser un
importante puerto de aguas profundas en la
bahía.
Desde allí
el producto se enviaba a los frigoríficos del
Plata y al exterior. El puerto de Carmen de
Patagones era, en aquella época, un
importantísimo enclave de la actividad
exportadora argentina (lanas, cueros,
especialmente) y había tenido un gran impulso y
crecimiento a partir de heroica resistencia en
la guerra con en el imperio de Brasil.
Todo ello
contribuyó a corrientes inmigratorias europeas,
especialmente de España. A principios de 1900,
la isla Jabalí (hoy conocida comúnmente como San
Blas), comenzó a expandir la actividad ganadera
de ovinos, a través de la familia Wassermann,
que construyó la estancia que aún hoy se
conserva y dio un impulso definitivo al lugar,
originando un paulatino poblamiento en el
llamado Pueblo Mulhall, después conocido como
Pueblo Viejo.
El
incipiente Hotel, es adquirido por la familia
Hernández, inmigrantes castellanos de la zona de
León, quienes lo amplían conservando las
características del estilo colonial español. Los
descendientes de la familia Hernández, de
orígenes castellanos y vasco franceses,
mantienen en actividad el Hotel hasta la década
de 1980, hasta que paraliza su actividad. La
propiedad fue adquirida a la Sucesión Hernández
mediante remate público en el año 1997,
iniciándose su reconstrucción y reciclado,
conservando las características originales de su
atractivo estilo.
El Hostal
está edificado sobre un terreno de 1250 metros
cuadrados y tiene una superficie cubierta de
unos 1300 metros, distribuidos en 11
departamentos con cocina y baño instalado, tres
de ellos con dos dormitorios en planta alta; y 3
habitaciones con baño en suite, totalizando 14
zonas de alojamiento.
Asimismo,
el Hostal cuenta con restaurant y confitería –
pub, una galería interna de esparcimiento con
una estufa hogar original de la época de
construcción, una sala de lectura, una amplia
cocina instalada con muebles y un sector de
despensa y depósito. Es de destacar que los
enmaderados y cielorrasos de la mayor parte del
hotel, vigas y tijerales, son de madera de pino
tea, originalmente traídas de Estados Unidos y
desembarcadas en el antiguo muelle de San Blas,
hoy inexistente.
Posee dos
patios, uno de ellos dominado centralmente por
un una construcción de estilo colonial español,
donde se ubican los termotanques a gas y un
buffet, que antiguamente oficiaba de pulpería.
En el patio, se halla un molino que abastece de
agua al emprendimiento, a excepción de la
cocina, que tiene conexión a la red de agua
potable. Al lado del molino se halla un depósito
cubierto en mayólicas, original de su
construcción. El Patio tiene árboles frutales,
parrales y árboles de sombra.
Hay otro
patio hacia el lado norte, que puede ser usado
como estacionamiento y donde se halla un quincho
con nueve parrillas y un horno de barro.
Toda la reconstrucción y modernización del
edificio, buscó respetar el estilo original y
recuperar la mayoría de los elementos de la
época, tales como puertas y ventanas –hechas en
cedro y palo rosa - así como pavimentos y
mayólicas .
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