La colonia de loros barranqueros que
anida en los acantilados del balneario marítimo
El Cóndor, a 30 kilómetros de Viedma, sorprende
al visitante por la concurrencia de 180 mil
ejemplares en esta época del año.
Las ruidosas bandadas de las aves son atractivo
internacional para los estudiosos de las aves en
estado natural y trajeron a la zona a un equipo
de la BBC, que filmó una nota documental.
Toda la villa marítima, que
se extiende desde la desembocadura del río Negro
en el mar hasta el histórico faro inaugurado en
1887, fue calificada como una de las Areas
Importantes para la Conservación de las Aves
(AICAS) de nuestro país.
La Asociación Ornitológica del Plata, como
máxima referencia nacional, y la entidad mundial
Birdlife Internacional, otorgaron esa
distinción, por la presencia simultánea de otras
130 especies, como ñandú, cauquén, aguilucho
langostero, cardenal amarillo y petrel, por
citar sólo las menos comunes.
Pero la atracción singular de la zona son los
ruidosos loros barranqueros, que le dan vida
propia a los altos despeñaderos de la costa.
Un cabal conocedor de esta colonia es el biólogo
Juan Masello, un argentino radicado en Alemania
donde trabaja para el afamado Instituto de
Ornitología Max Plank.
El especialista, que desde hace diez años pasa
largas temporadas en El Cóndor trepado a los
acantilados para analizar la vida de los loros,
dijo a Télam que ‘el interés de la BBC es
similar al de casi todos los habitantes de
Europa y otras regiones del mundo densamente
pobladas‘.
‘La conservación de la avifauna está
directamente relacionada
con la protección global del medio ambiente,
protegiendo las aves
de un lugar se comprende hasta un 95 por ciento
de la flora y fauna asociadas en el mismo
habitat‘ afirmó.
Los loros tienen intensa coloración verde, con
el borde de las
alas y la cola azules (de allí el nombre
científico de ‘cyanoliseus patagonus‘), pecho
amarillo, y en el vientre una curiosa mancha
roja (que a los ojos inexpertos parece una
herida sangrante).
Habitan todo el año en El Cóndor, pero la
colonia aumenta en forma significativa a partir
de noviembre, cuando llegan las parejas (el loro
es monógamo) y las hembras se instalan en los
nidos.
En estrechas cavernas excavadas en la barranca,
de hasta tres metros de profundidad, dos a cinco
huevos son incubados durante 24 días por las
hembras, en tanto los machos aseguran el
alimento.
A lo largo de 12 kilómetros de acantilado, entre
El Cóndor y Playa Bonita, pero también más allá
hasta La Lobería, se han contado unos 35 mil
nidos activos; lo que permite establecer en esta
época del año una población promedio de 180 mil
ejemplares.
Los pichones, que van naciendo durante todo el
mes de diciembre, permanecerán unos 60 días en
los nidos, etapa durante la cual la alimentación
y cuidado están a cargo tanto de la hembra como
del macho.
Hacia principios de marzo, cuando los ejemplares
jóvenes ya vuelan, se produce la emigración de
una parte importante de la colonia; en tanto
unos 30 mil ejemplares permanecen durante todo
el resto del año.
En esta época los nidos quedan abandonados, pero
darán hospedaje a otras especies que cumplirán
sus propios ciclos de reproducción.
En tanto los loros podrán ser observados, en
numerosos grupos, instalados sobre los cables de
electrificación rural y del alumbrado público de
la villa marítima.
Los estudios han determinado que esta especie
puede volar diariamente unos 65 kilómetros, de
ida y vuelta, para buscar alimentos en los
campos; su dieta está compuesta,
fundamentalmente, por semillas y granos del
monte natural.
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