Apuntes del
Explorador George Chaworth
Musters desde el Puerto de Carmen
de Patagones en Viaje a los
muelles de Buenos Aires en el
año 1871Todos
los días buscábamos
ansiosamente el vapor en el
horizonte y su atraso era tan
considerable, que parecía
probable que hubiera sufrido un
accidente. Cansado de la espera,
acababa de negociar mi pasaje en
una goleta holandesa cargada de
granos para Buenos Aires, cuando
una tarde llegó el vapor que se
había demorado en Bahía Blanca.
Me sorprendió agradablemente su
tamaño, era el Mantuak de Boston,
vuelto a bautizar Patagones y de
propiedad de los señores Aguirre
y Murga. Estaba bien equipado en
lo que se refería a comodidades,
pero los puentes y camarotes
tenían un aspecto muy sucio.
Después de una estadía de dos
días, el vapor izó la bandera
de salida y ya a bordo me
encontré reunido con un gran
número de pasajeros. A las
cuatro de la tarde levamos el
ancla y despidiéndonos de
Patagones partimos lentamente.
Bajamos el río con la marea
menguante, proponiéndonos anclar
por la noche en la desembocadura
y cruzar por la mañana en alta,
la larga línea de bancos de
arena que forman una barra
peligrosa.
Navegamos cómodamente hasta que
avistamos las embarcaciones
estacionadas a cierta distancia
de la boca del río, cuando un
choque repentino nos hizo saber
que el vapor había encallado
firmemente en un banco.
Dimos poca importancia al
percance pensando que la marea
alta nos sacaría de allí, y con
algunos botes a remo algunos
bajamos a la orilla y merendamos
en los llanos que bordean al río.
Regresamos alrededor de las diez
y a medianoche me despertó de mi
sueño, el chasquido que hizo al
cortarse uno de los cabos de la
chimenea. Subiendo a la cubierta,
observé aunque la proa estaba
bien fuera del agua, que la popa
se había hundido y en
consecuencia el centro de la
embarcación sufría seriamente.
Poco después se rompió el caño
principal del vapor pero
afortunadamente la llave estaba
cerrada, de otra manera las
consecuencias de este nuevo
percance habrían sido
desastrosas para los que estaban
en la parte posterior.
Se desembarcó rápidamente a las
damas por temor a los accidentes,
y el resto de nosotros celebró
una consulta para determinar como
proseguiríamos al puerto de
Buenos Aires y nos retiramos a
dormir con este tema girando en
nuestras cabezas.
A la mañana siguiente llegó la
embarcación Choele Choel, y
consiguió sacar el Patagones
fuera del banco y luego el
capitán holandés de esta goleta,
convino en llevarme junto a otros
pocos.
Y así nos embarcamos con la
esperanza de darnos a la vela al
día siguiente, pero estábamos
condenados a sufrir otra
decepción más.
El capitán se fue a comprar
provisiones y no volvió hasta el
día siguiente muy tarde,
mientras el viento se hizo muy
contrario para la navegación y
la línea de blancas rompientes
en la barra, demostraba la
imposibilidad de hacerse a la
vela.
Algunos bajamos con cierto riesgo
a la costa a visitar la estación
del piloto y tuvimos una
conversación con él; un bravo
viejo alemán u holandés,
veterano junto a sus hombres de
haber defendido la estación de
un ataque indio de los malones de
Lenquetrú.
La tripulación de la goleta
estaba formada por marinos de
todas las naciones y entre días
aburridos bebiendo ginebra y
tratando inútilmente de pescar
algo, al fin se levantó un buen
viento que nos llevó
rápidamente lejos de la vista de
las costas patagónicas y
después de una borrascosa
travesía de seis días, se echó
ancla frente a Buenos Aires.
Fuente:
Extractos. George Charworth
Musters (Explorador y viajero
inglés 1841-1879. Autor de Vida
entre los Patagones. At Home with
Patagonians. A year´s wandering
over untrodden ground from the
straits of Magellan to the
Rio Negro.1871).
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