En el mes de
diciembre de 1879, llegan desde
Inglaterra al puerto de Patagones,
los vaporcitos
Río Negro y
Neuquén siendo ensamblados
rápidamente por el comandante
Erasmo Obligado, Jefe de la
Escuadrilla y su marinería.
Tras los contratiempos de la
revolución del 80, la
planificada expedición buscando
la navegabilidad del río Negro
en todos sus tramos posibles
hasta el Nahuel Huapí, el 25 de
febrero de 1880, levantan anclas
y entre no menores contratiempos
llegan al brazo del delta del
Limay.Obstruidos
por un gran banco y la fuerte
bajante de las aguas retienen a
Obligado, ordenando regresar
hasta la Confluencia y en
vista de empeorar las condiciones
pone proa a Patagones, bautizando
al recodo donde se efectuó la
maniobra, la Vuelta del
Desengaño.
El 8 octubre
de 1881, con las reparaciones
necesarias y una tripulación
empeñada en proseguir el
derrotero aguas arriba del
río Negro, Erasmo Obligado a
bordo del vaporcito Río Negro,
penetra el día 23, el brazo sur
del delta del Limay y tras siete
días de navegación llega al
paraje Piquen Paranmi, casi a
mitad del curso de este río.
Erasmo Obligado ordena el regreso
del piquete de 50 hombres, que el
general Lorenzo Vintter había
dispuesto para acompañarlo por
tierra patrullando la costa y
continúa con unos pocos
centinelas a bordo, hasta el 11
de noviembre donde embisten en
las primeras horas de la mañana,
con un peñasco sumergido de
proporciones.
Reparado con
esfuerzo y pérdida de días,
entre remansos y piedras de
porte, el vaporcito lentamente
sigue navegando y el 14 de
noviembre salvando un paso, las
fuentes corrientes neutralizan el
poder de las máquinas y lo
arrojan violentamente contra los
flancos de un promontorio.
A poca distancia asomaba la
confluencia del Collón Curá, el
cuál denomina Peñón del río
Negro, vértice accidentado y
dificultoso de sortear
marcándolo en las cartas, como
un gran escollo de
temer.
Dañado el
vaporcito, Obligado decide
continuar en lancha y un pequeño
bote de apoyo hasta el alto del
Limay junto a los oficiales
Eduardo O´Connor, Santiago J.
Albarracín, el piloto Edmundo
Moizés, contramaestre Ramón Rey
y guardián Francisco Fourmatin (hijo)
entre otros, quedando a cargo del
Río Negro, el práctico Ángel
Batillana.
Sorteando peores corrientes que
la soportadas y a punto de
naufragar, ambas embarcaciones el
18 de noviembre, llegan al paraje
donde cien años
atrás el piloto Basilio
Villarino, primer navegante del
Limay, había iniciado su regreso.
Con la
cordillera de los Andes a la
distancia y el júbilo de una
gran etapa cumplida, recibieron
el sorpresivo mensaje del cacique
Valentín Sayhueque, molesto por
la intrusión en sus dominios.
Imperativo el pronto abandono del
lugar y sin términos de
negociación, Obligado opta por
retirarse siempre vigilados a
distancia por la partida
indígena, que se renueva
regularmente.
El 3 de
diciembre con la totalidad de la
tripulación, fondean frente a
Carmen de Patagones con el
vaporcito en serias dificultades
para mantenerlo en línea de
flotación y daños en sus
exigidas máquinas.
A fines de octubre de 1882, ya
reparado el icono de la
escuadrilla, el vaporcito Río
Negro, Erasmo Obligado recibe
instrucciones de llevar al
general Conrado Villegas,
oficialidad y algunos soldados a
Confluencia, para colaborar con
el traslado de las tropas a la
margen sur del Neuquén, y
continuar por el río a la par de
las tropas de línea por tierra.
Si bien en
esta oportunidad llegan con
facilidad al Collón Curá, no
logran franquear la agitada
Angostura y deben continuar con
embarcaciones menores, al
encuentro del río Traful. En el
trayecto llegan noticias que
Villegas ha llegado al Nahuel
Huapí, tras duros encuentros con
la indiada en la zona del
Triángulo.
Nuevas orden se imparten desde la
comandancia y regresan al Peñón
del río Negro, en una escala
técnica poniendo proa al puerto
de Patagones.
Figura indiscutible de la
navegación en el río Negro
junto a una muy preparada
tripulación, el comandante
Obligado emerge triunfante,
avivando relatos de coraje y
decisión, enlistado en una
especial categoría de marinos.
A la suma de
acciones, basta sólo pensar las
grandes dificultades de la
empresa, la vigorosa resistencia
en el teatro natural, tan extremo
y desconocido, junto a la
precariedad de elementos para la
magnitud del desafío.
Con una salud mermada y severas
dolencias físicas que lo alejan
definitivamente de la Patagonia,
el comandante Erasmo Obligado
fallece en Buenos Aires el 23 de
setiembre de 1885, a los 43 años
de edad.
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