El servicio de
navegación del río Negro
brindado por el Ministerio de
Obras Públicas (MOP),
comprendido aproximadamente entre
1925 y 1950, es el más reciente
y a la vez, curiosamente, el más
desconocido de aquellos períodos
que podemos considerar en la
historia de la navegación de
nuestro río.

Antigua sede de la
Subprefectura
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Según
informaba un desaparecido
periódico local - "El
Mentor"-, en cuyas
páginas podemos seguir
los pasos del servicio,
entre 1922 y 1923 el
conocido marino
Santiago
Albarracín se hallaba a
cargo de los estudios de
factibilidad que
realizaba el Estado a fin
de rehabilitar el
anterior servicio de
navegación, por entonces
a cargo de la Armada
Nacional, que había sido
interrumpido hacía casi
una década. |
El
entusiasmo manifestado por el
medio citado y por los vecinos en
general con esta alternativa al
transporte ferroviario, aunque a
paso lento, pudo concretarse con
partidas otorgadas para la
limpieza del cauce y con el
reacondicionamiento del viejo
Teuco, ahora redenominado chata a
vapor MOP 337B, botado en
septiembre de 1924, luego de
profundas modificaciones en su
estructura.
Siguiendo
las crónicas del referido
periódico, notamos que los
aprestos continuaron, pues en
1926 se anunciaba la extracción
de raigones, la llegada de una
grúa para limpieza del cauce y,
sobre todo, de un remolcador
comprado en Inglaterra para
acompañar en la tarea al viejo
Teuco. Así, según el diario
"por fin, tras larga e
inquietante expectativa, verán
los pueblos situados a orillas
del río Negro convertida en
realidad una de sus más caras
aspiraciones, la navegación del
río Negro en su curso desde el
puerto de Patagones hasta Choele
Choel, donde otrora de feliz
recordación, los transportes de
la Armada arribaran".
Precisamente
en septiembre de 1927 el mismo
medio informaba de la visita del
ingeniero Debenedetti en un
remolcador que, después de un
viaje de reconocimiento de
futuros atracaderos y otros
detalles para el servicio, se
despidió prometiendo volver con
el cargo-boat 338B para dejar
así inaugurado el servicio. Este
acto finalmente se concretó en
diciembre, cuando el 338 B salió
de Patagones con rumbo a Choele
Choel, sitio donde en enero se lo
registra cargando lana.
Para julio
se informaba sobre innovaciones
en el servicio, ya que se
anunciaba un sistema de convoyes
aprovechando las chatas, de poco
calado, recientemente llegadas y
de un remolcador. Este último,
río arriba, iría dejando las
chatas para su descarga y carga y
recogiéndolas al regreso, con el
fin de evitar demoras
innecesarias.
Nuevas
chatas fueron botadas en
noviembre de 1928 y, para ese
tiempo, ya se desplegaba gran
entusiasmo y actividad. Como
novedad hacia 1929, apareció la
flotilla conectando en los dos
sentidos a la Estación Choele
Choel con el ingenio San Lorenzo
de Conesa, y por un tiempo fueron
familiares los depósitos de
tambores de combustibles que se
acumulaban en la costa a la
espera de ser embarcados.
El servicio
parecía haber alcanzado su
apogeo por ese tiempo, pues, a
partir de entonces, los viajes
continuaron con mayores
espaciamientos. Este movimiento
puesto de manifiesto durante esos
primeros años pareció perder
regularidad y seguridad de
entrega, y con ello los usuarios
dejaron de confiar en un sistema
en el cual se habían depositado
grandes esperanzas.
Prueba de
ello es que en su memoria de 1933,
el gobernador Pagano, analizando
el servicio y siempre preocupado
por el desarrollo del territorio,
reclama para que se abandone el
carácter experimental del mismo,
pues, según sus propias palabras,
"la necesidad de establecer
con carácter regular y
definitivo el servicio de
navegación del río Negro, en
todo su curso, además de
indiscutible, es impostergable".
Para ello, el ingeniero Pagano
enumera las deficiencias del
momento y detalla las
consideraciones a tener en cuenta
para hacer efectivo el servicio,
apuntando ya en esa época a
extender el recorrido al Alto
Valle como forma de hacerlo más
rentable; hasta aventura, por el
Limay y un jangadas, una posible
salida para la producción
maderera cordillerana.
Muchas de
estas oportunas apreciaciones del
ingeniero Pagano demoraron en
efectivizarse, se realizaron a
medias o directamente no se
concretaron nunca, con lo que el
servicio continuó brindándose
de manera deficiente, costoso
para el Estado y poco seguro para
los usuarios. Fue así que en
1934, cuando se buscaba
reordenarlo, "El Mentor",
gran defensor del servicio, luego
de demoras de hasta tres meses en
la entrega de cargas, reclamó
para que "la superioridad
adopte las medidas de seriedad
necesarias para el desarrollo de
un buen servicio, condiciones que
ha faltado en pruebas anteriores".
En 1939
anunciando una nueva llegada del
338B, y en él los ingenieros
Ortiz y Flores, el diario
informó que la misma "siguió
hasta la Confluencia, pues existe
el propósito de prolongar hasta
Cipolletti los viajes que
periódicamente se realizan entre
Choele Choel y Patagones".
Al año
siguiente y en oportunidad de
otro viaje experimental del 345B
entre Patagones y la Confluencia,
la crónica detalla las medidas
implementadas para estimular el
tráfico, entre ellas rebaja de
tarifas, conexiones marítimas a
Buenos Aires e intermedias y la
posibilidad de subir o bajar
cargas en los lugares más
convenientes, "debiendo el
poblador para que arrime la
embarcación al sitio necesario
levantar una bandera blanca en
lugar visible". También se
preveía en breve la mejora de
los sitios de amarre y de
depósito en los pueblos
visitados.
En este
sentido, ya en el ocaso del
servicio, se dio cuenta de la
visita en 1946 del ingeniero
David Craig con el fin de
estudiar el sitio más
conveniente para las
instalaciones portuarias a
construirse. Por supuesto que
estas obras no llegaron a
concretarse, pero para el sitio
habían resultado elegidas las
quintas 13 y 14 y aparte del lote
11, unas 9 hectáreas en el
entorno ocupado hoy por la
fábrica tomatera local, o sea
donde ya venía atracando el
vapor.
Una vez que
se efectivizó la extensión del
servicio en 1940, y con ello el
área de cobertura, no se
incrementó la capacidad de
transporte en idéntica
proporción a la demanda; se
llegaron a establecer prorrateos
y cupos pero, lejos de mejorar,
se sumaron más complicaciones a
la actividad.
Hacia 1941
los horarios oficiales detallaban
tres viajes "ascendentes"
por mes e igual número de "descendentes".
Empleándose en el recorrido
hasta Neuquén unos 13 días y
otro seis para el regreso.
Recordaban
don F. Velásquez, balsero en
Paso Tello hacia 1945, que
siempre era un contratiempo
prepararles el paso. Se
anunciaban desde lejos con su
sirena y ellos, los balseros,
debían suspender el trasbordo de
vehículos y, en tediosa maniobra,
bajar la maroma al fondo del río
para darles el paso. Hasta que no
sustituían una bandera roja por
una blanca, el vapor tenía que
aguardar su turno.
La carga de
estas barcazas,
cuyos restos aún pueden
apreciarse en la ribera viedmense
-maragata, estaba constituida
principalmente por productos de
larga conservación, como los
denominados frutos del país:
lana, cueros, semillas de alfalfa
y otros productos agropecuarios
como vino en bordelesas o
mercadería en general (almacén,
panadería, etc.) que se iba
cargando y descargando por la
ribera para satisfacer las
necesidades de los pobladores
más apartados de las costas e
islas.
Con respecto
al puerto de Choele Choel, como
en casi toda la línea no dejó
de ser más que un simple sitio
de amarre que se ubicaba donde
más convenía, fue variando de
lugar con los años.
Cuando se
instaló en Choele Choel un gran
aserradero, a principios del
siglo XX, los vapores que usaba
el establecimiento para
transportar madera atracaban en
la esquina de los Palacios y San
Martín. Más tarde las
embarcaciones del Ministerio de
Obras Públicas realizaron esta
operación a poca distancia río
abajo, atracándose en las
proximidades de la actual
comisaría local. Finalmente el
sitio de amarre más conveniente
fue ubicado aún más abajo,
sobre el extremo del pueblo,
donde por entonces existía, a
cielo abierto, la playa de
depósito de mercaderías de la
flotilla. Este sitio es el
confirmado por el ingeniero Craig,
en 1946, al estudiar el enclave
del futuro puerto a construir,
aquel que no pasó de ser un
simple anuncio.
Como es
conocido, las embarcaciones
también arrimaban a cualquier
sector favorable donde hubiese
carga, pues, como bien hace notar
el periódico, "las cargas
de la isla es necesario disponga
sean cargadas en la margen sur
(...) muchos se abstienen de
mandar sus cargas por agua ya que
pasado el río les resulta más
cómodo el ferrocarril". La
rehabilitación, en su momento,
del servicio oficial hizo
naufragar varios emprendimientos
privados. De todos modos vale
agregar que juntamente con el
servicio oficial prosperó al
menos y por algún tiempo un
servicio privado. Fue un asiduo
visitante y recordado por los
vecinos en aquellos años el
vapor Tehuelche, acondicionado
por iniciativa privada en
Patagones para el transporte
fluvial en nuestro río.
Se cree
erróneamente que el puente fue
una de las causas de la caída
del sistema de navegación
fluvial, lo que no es cierto -al
menos directamente- dado que los
planos del mismo fueron aprobados
por la Dirección General de
Navegación y Puertos con el fin
de no impedir el tráfico fluvial.
Al finalizar la década del
"40, el auge del automotor y
las consecuentes mejoras en la
red vial -los puentes y la misma
ruta 250- facilitaron
notablemente las comunicaciones
zonales y provinciales,
resultando así una dura
competencia para los vapores dado
que el tráfico automotor se
desplazaba en forma paralela y a
escasa distancia del curso del
río. Esto, unido a las
dificultados siempre padecidas
por el transporte fluvial, acabó
por desplazarlo incluso de manera
mucho más brusca que al
ferrocarril en el caso de la
planicie norte. Fue entonces,
para 1949, que el servicio de
navegación del río Negro fue
definitivamente levantado y nunca
más restablecido.
Fuente: Omar
Norberto Cricco diario rió negro
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