El siete de marzo de
1981 en Carmen de Patagones se
inauguró la Casa de la Cultura,
en una antigua casona comprada
para tal efecto por una comisión
de vecinos; y se puso en marcha
la primera Fiesta de la
Soberanía y la Tradición, a
través del esfuerzo de una
entidad civil.Si es cierto
que la personalidad de un pueblo
se puede calificar mediante los
gestos de sus habitantes es muy
posible que la histórica Carmen
de Patagones reconozca altruismo
y orgullo por su identidad, como
dos valores simultáneos que la
definen claramente.
Vamos
a contar dos historias paralelas
y diferentes, con varios puntos
en común, que coinciden en el
tiempo en su momento de eclosión:
el siete de marzo de 1981, hace
un cuarto de siglo.
El
rescate de una vieja casa: En
los primeros años de la década
del setenta del siglo veinte lo
que hoy es el elegante y cuidado
Poblado Histórico de Carmen de
Patagones era un conjunto
desordenado de construcciones,
muchas de ellas en estado ruinoso.
Sobre la calle Mitre, en su
esquina sin ochava con Comodoro
Rivadavia, se mantenía en pie y
buen estado general una casona
levantada hacia 1820, antes de la
heroica defensa ante los
invasores imperiales.
Se
sabía que sus propietarios -los
hermanos Juan Antonio Rial y Dina
Rial de Tuñón- eran personas de
avanzada edad, que procuraban
darle a la propiedad heredada de
sus antepasados un destino de
utilidad comunitaria,
preservándola en todos sus
aspectos arquitectónicos.
En
el transcurso de 1973 un grupo de
vecinos maragatos empezó a
madurar una idea. Había que
reunir la suma que pedían los
hermanos Rial, por otra parte muy
inferior al valor real del
inmueble, y después de
concretada la compra donarlo a la
Municipalidad, con el fin
específico de convertirlo en
sede de actividades culturales.
La
nómina de los promotores de la
cruzada permite identificar un
conjunto de caballeros que se
distinguieron en la vida social
de Carmen de Patagones, en
instituciones empresariales y
deportivas, en la actividad
artística y el interés
permanente por el progreso de la
ciudad. Ellos, los que llevaron
adelante la recaudación y
concretaron más tarde la
operación fueron Jorge Patané,
Julián Llambí, Cesáreo
Arizcuren, Vicente Agostino,
Julio Gironde y Jorge Gamero.
El
intendente municipal de ese
momento, Néstor Virgilio Ezcurra,
recibió la iniciativa con enorme
entusiasmo y fue de los primeros
en contribuir con un cheque para
la campaña de fondos.
La
lista de los suscriptores incluye
a todos ellos y también a los
siguientes vecinos e
instituciones: Alberto Abayú,
Soledad Armas, Emilio
Aurrecoechea, Horacio Avila,
Edgardo Bagli, Omar Molteni, Hugo
Bazzani, Edgardo Borassi, Elman
Campoy, Hércules Caracino,
María Josefa Cardoni, Arturo
Casadei, Domingo Daruiz, Pascual
Dichiara, Héctor Fernández,
Oscar Gaggiotti, Hermanos Garrafa,
Edgardo Goldaracena, Juan
Imperiale, Antonio Larrañaga,
Hermanos Llanos, Félix Malaspina
e Hijos, Adalberto Malek e hijo,
Salvador Melluso e hijos, Hugo
Mezzelani, Enrique Noli,
Guillermo Paricio, Héctor
Pirosanto, Alberto Pocai, Irma
Yamasiro, Esteban Resoali,
Enrique Rot, Luis Sabatella.
Miguel Angel Sitanor, Cooperativa
Agrícola Ganadera de Patagones y
Viedma Limitada, y la
Municipalidad de Patagones.
En
abril de 1974 se concretó la
compra (la foto de archivo
ilustra el momento histórico) y
la casa pasó a manos de las
autoridades municipales. En la
escritura quedaba en claro que
"la construcción no podría
ser demolida, sino restaurada y
habilitada como recuerdo de la
vieja arquitectura maragata del
siglo 19; que servirá como apoyo
y aporte al Museo Histórico de
Patagones y para la ampliación
de la cultura, con fines de
estudio".
Durante
varios años la casa permaneció
cerrada, pero por impulso de
María Cristina Casadei -directora
de Cultura de la gestión del
intendente Edgardo Goldaracena,
en 1980- se efectuaron tareas de
refacción. Las paredes de adobe
se blanquearon, las aberturas se
pintaron de verde, los viejos
pisos se lustraron y las tejas
"musleras" (esas
moldeadas manualmente sobre el
muslo del artesano) fueron
reacomodadas en el centenario
techo, sostenido por varas de
guindo, atadas con tientos de
cuero.
Llegó
así el siete de marzo de 1981 (elección
de fecha nada casual, por cierto)
y se produjo la reapertura.
Vicente Agostino y Jorge Gamero,
el inolvidable dúo "Los
Nocheros del Sur", entonaron
las estrofas de la zamba "7
de Marzo" y también estuvo,
como invitada especial, Suma Paz.
Fue
una jornada de fiesta y la propia
Cristina Casadei la describió
con palabras magnificas en una
crónica de aquel entonces.
"Casi no hay ceremonia
inaugural. Así se acuerda para
que las nuevas generaciones
transiten sin protocolo cada
ladrillo, cada adobe, cada
ambiente".
Fuente: Carlos
Espinosa
Diario Noticias de la Costa
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