Para no llorar
para no caer
ajustando los mismos vidrios rotos
una y otra vez
detallando, el mobiliario
de un poema
de esta tripulación de poemas

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Luna de almendra.
Ella contempla a través de la ventana.
No hay sol que pueda perturbar
la obscuridad plateada
de su penumbra.
No hay vida que venga a romper
la vacía locura
de su ansia.

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Y ella lo contemplaba
multitudinando sus dedos
con la apatía
de sus ojos
Una y otra vez
la mano
acariciaba el espacio vacío
su falta de ser.

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En esta media luna
se acerca la hora de brujas.
Viene desde el río, y me lleva
entre corros de fuegos azules.
Partiré pues, antes de la aurora.
Mis ojos no son más
que agujeros negros.

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el espejo
se muestra mudo
un asomo de inconformidad
se arrastra entre las comisuras
me miro de reojo
-como siempre-
para evitar petrificarme

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Cuando la vida me duele
Hay momentos, querido amigo,
en los que la vida,
bueh,
sólo me duele.
Me duele a priori
pues anhelo aquel futuro
que cada día
se niega a sí mismo.
Me duele instantáneamente
porque al voltear los ojos
hacia adentro
sólo veo
el eco de mi mirada.
Me duele en su perfecto pasado
ya que está
irremediable y estático.
Irrevibible.

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Haikúes
Unos Haikues
cruzan sus hojas.
Cómo suena de dulce la brisa.
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La lluvia
transpira gotas.
La mano se abre hacia el viento.
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El cisne
sonríe por entre la lluvia.
Nubes dobladas sobre el agua.
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Nieva y
es azúcar.
Cruje bajo mis pisadas.
.............................................
Fresca verde sombra.
De la vida, ciego sol,
Cobíjame!

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