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  EL PRIMER BARDO Y LAS IMAGENES VISUALES

El primer Bardo y las imágenes visuales

Los esposos Alexander y Ann Shulguin, autores de los libros PHIKAL y THIKAL son una pareja de psiconautas dedicados al estudio de las sustancias psicoactivas. Él es químico y diseñador de drogas, ella fue terapeuta durante varios años. Ambos han reunido sus talentos para escribir los citados libros narrando pormenorizadamente sus experiencias con todo tipo de psicoactivos además de dar a conocer masivamente las fórmulas químicas y la manera de sintetizar cada uno de ellos, "extrayéndolos de muchas plantas ordinarias para que los medios de la exploración psiquedélica no puedan ser controlados de nuevo", según reza la contraportada de THIKAL.

Este título es un acrónimo de Triptamines I Have Known And Love (triptaminas que he conocido y amado).

En el capítulo 5 de este voluminoso libro, Ann relata su primer viaje con hongos junto con Sura (como le llama a su esposo). Cada uno consumió un gramo y medio de Psilociybe cubensis mezclado con pequeños trozos de otra variedad. Los comieron crudos, en su casa, con música de Bach y Rachmaninoff de fondo. Al principio Ann sintió una presencia no muy amigable cerca de ella, la acceptó como su propia proyección y quiso distraerse escribiendo en su ordenador, pero le resultó imposible ver el teclado entre los "racimos de patrones de colores" que se superponían a él. Así es que optó por escribir más tarde y se fue a recostar al lado de su esposo quien le sugirió que cerrara los ojos y le describiera los patrones que veía. Ella accedio, y según relata:

Lo que vi sobre un fondo negro fueron pequeñas piezas curvadas que parecían listones flotantes, y encima del borde de cada listón había pequeños cuadros espaciados, tres en cada listón; y tanto los listones como los cuadros eran de varios colores, blanco grisáceo, rojo oscuro, verde y amarillo. La escena completa me parecía fea y aburrida, como el patrón de un piso de linóleum de los 1930s de mal gusto. Abrí mi boca para describírselo a Shura, y no pude hablar. La parte más extraña de eso fue
-como descubrí después- que no tenía dificultad en usar palabras para cualquier otra cosa; cualquier otra cosa que no fueran las imágenes que estaba viendo. (30)

Su esposo le aconsejó que dejara de pensar y simplemente experimentara, asegurándole que las palabras volverían más tarde, ya que esto la tenía preocupada. Así es que ella se recostó sobre su espalda, "mirando fijamente el frustrante enredo de líneas y puntos entre el techo y yo, preguntándome qué se suponía que debía hacer con ello. Había reconocido la proyección de lo que llamo mi Observador, pero más allá de eso, ¿qué utilidad tenía?" Y así continuó sumida en el loop de sus reflexiones observando después otra serie de formas que le parecieron como amíbas hasta que se le bajaron los efectos y pudo irse a escribir a su computadora. Hasta entonces pudo describir con palabras lo que veía.

Días después Ann se topó en una reunión con Sara Vincent, una estudiosa del fenómeno psiquedélico desde los sesenta, cuya área de especialización son las ondas cerebrales y la telepatía; y recientemente había publicado un libro al respecto.

Ann la puso al tanto de lo que le ocurrió durante su viaje con hongos preguntándole si tenía alguna explicación fisiológica para ello. Sara le comentó que todo lo que percibimos, excepto a través del olfato, tiene que pasar por el tálamo para llegar al córtex cerebral, y en el área del tálamo están, tanto la intención como el "tablero de control", y muchas veces en la experiencia con visionarios el uso de la verbalización interfiere la visualización o viceversa. En el caso de Ann, las fuertes visualizaciones fueron las que interfirieron temporalmente sobre su capacidad de verbalizar lo que veía. Respecto al tipo de visiones que tuvo, Sara le explicó:

El tipo de visiones que tuviste proviene en parte de tu pre-conciente, parte es lo que recoges del ambiente, y otra parte es una proyección de tus propios conos y bastones oculares, esos son la clase de patrones que generan. [...] Hay toda una sección en El libro tibetano de los muertos que Tim Leary y otros tradujeron que se refiere a esto. Ellos lo llamaron La Experiencia Psicodélica [...] No es un estado muy avanzado, necesariamente, y no tienes que apreciarlo, ni aceptarlo. (30)

Para que la Shuilgin entendiera mejor, la Vincent le relató un experimento visual que practicó entre un grupo de alumnos suyos "ansiosos por experimentar juegos mentales":

Usé un viejo proyector de 16 milímetros como una luz estroboscópica suave en la cual la taza de pulsación pudiera ser cambiada a diferentes frecuencias para ajustarlas a las ondas cerebrales naturales. Las viejas películas corren a 18 cuadros por segundo, que es suficientemente rápido para que podamos ver las diferentes imágenes separadas como una imagen en movimiento contínuo. Pero a 13 cuadros por segundo, mis estudiantes captaron y dibujaron patrones de onda de interferencia [...] Entre 6 y 10 cuadros por segundo -lo cual se ajusta al rango de las frecuencias cerebrales theta y alfa- la mayoría de los estudiantes dibujaron patrones con figuras de mandalas diseñados con puntos. Según sus descripciones los patrones se movían constantemente, de rojo a verde, o de rojo-anaranjado a azul en direcciones opuestas. Verás, cuando estás enviando a tu ojo una señal en la velocidad en que la 've', entonces estás viendo a aquello con lo que ves. (30)

Como Ann puso cara de no haber entendido suficientemente bien, Sara continuó:

En otras palabras [...] Si tomas un proyector y proyectas su propia luz llanamente en la pared, y luego cierras la apertura de la luz, ¡lo que verás en la pared es el filamento de la misma lámpara del proyector! Cuando haces brillar una luz en los ojos de alguien a la misma velocidad que la onda cerebral del córtex visual, es como mirar el filamento del proyector; los conos y los vastones se proyectan en la luz parpadeante. Algunas veces las formas de pensamiento también se proyectan en el medio [...] Así es que parte de lo que estás viendo puede estar relacionado con la energía de la persona a la que ves, y parte es aquello con lo que ves. Es un estado muy pero muy primitivo de visión. Es uno de los primeros Bardos y te puedes quedar allí atascado durante un tiempo. (30)

Sara le sugirió a Ann que no tratara de controlar la experiencia, que sólo se dejara experimentar realmente. En estos casos es recomendable olvidarse de cualquier intento de verbalización para que la experiencia avance más allá de las visiones y se acerque a lo transpersonal (Ver más acerca de la experiencias transpersonales en cartografía de la experiencia psicoactiva).

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