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Sin Sutura
de Kuky Rodriguez |
Lo que más me molesta es esa luz que se me filtra tras los parpados. Primero es azul. Luego se vuelve naranja. Quiero mover la cabeza para evitarla, pero no se si lo hago. Tampoco puedo abrir los ojos. Por ahí los tengo abiertos y lo de la luz que se filtra es sólo una impresión. Luz azul que luego se vuelve naranja. Y todo es luz... ¿Y mis manos?... No sé si tengo manos... Hay una orden desde alguna parte de mi hacia mis manos para que suban y toquen mi cara y tapen mis ojos... ¿Y mis piernas?... No sé si tengo piernas... Hay una orden desde alguna parte de mí hacia mis piernas para que me alejen de esta luz-.. Tampoco oigo ruidos. Ni un rumor, ni un murmullo.. Tampoco hay dolor... Sólo me molesta esa luz que se filtra tras mis párpados.
- Prensá
ahí, Méndez... y suturá como puedas... Que no siga
perdiendo sangre, que no estamos para regalarla... ¿Hay suficiente
para transfusión?...
Marta asintió.
Le gustaba tenerla cerca cuando operaba. Sentirla a su lado cuando estaba
tratando de salvar una vida lo excitaba, porque sabía que provocaba
su admiración.
"¿Ves
de lo que soy capaz, nena?" le preguntó con la mirada, y ella entrecerró
los ojos verdes sobre el barbijo verde... ¿Qué iba a hacer
con su vida?... Con la vida de los dos... Le habla planteado las cosas
claramente desde el principio: nada de compromisos ni histerismos. Mientras
dura, dura. Esa técnica siempre le había dado resultado.
Tanto que seguía siendo buen amigo de sus ex amantes del hospital...
- ¡Era cruel ese ambiente!... La proximidad de la muerte, el contacto
con el sufrimiento lo obligan a uno a aferrarse a la vida como pueda, a
alejarse del dolor de cualquier forma, aunque sea por un rato, entre los
brazos de cualquier par.
- Concentrate,
Lértora -dijo- Que esto viene jodido...
Lo que más
me molesta son los ojos de cuervo de Méndez escudriñando
cada movimiento de mis manos... Se me dio vuelta Méndez... Ya no
me admira. Todo empezó cuando se dio cuenta de mi relación
con Marta-.. ¿Qué pretendía el imbécil?...
¿Que la dejara pasar? Si esta caliente con ella, que me hubiera
ganado de mano. Pero lo cierto es que ya no somos un equipo.
La ruta estaba
despejada y la noche -ya con gustito a otoño- era una fiesta. Y
ella estaba feliz.
- Ya que los
del taller no te entregaron el coche, salgo de la facu y le voy a buscar...
- No. No quiero
que te vengas hasta Lujan, manejando sola esa compotera...
- Si. Si no,
vas a llegar muy tarde y no vas a tener ganas de verme...
- Siempre
tengo ganas de verte...
- ¡Más
te vale!... Nos casamos dentro de un mes... Ademas quiero contarte una
cosa. Una cosita que nos atañe a los dos...
- ¿No
te das por vencido, eh?
- Esta viva.
Mientras esté viva, tengo el deber de salvarla... ¿Presión?
- Doce/seis...
Pulso 90 -se adelantó Mana.
- ¡Bien!...
Quiero una ecografia de la masa craneal ahora que logré...
- Ahora que
lograste meter todo eso dentro... ¡Es una barbaridad!... Según
sus documentos tiene 23 años.. ¿Qué va a quedar de
ella?...
- ¿Estas
sugiriendo una eutanasia, Adolfo?...
- Estoy sugiriendo
misericordia... Pero vos, sólo queros lucirte. No importa el costo...
- ¿Alguien
mas opina como Méndez?... ¡Vamos, quiero saberlo!... ¿Usted
tampoco habla, joven Lértora?...
- Sólo
que la pierna derecha, doctor... habrá que amputarla.
"¡Hijo
de puta! -pensó Méndez- cualquier dia de estos le voy a romper
la cara... ya esta re creído que es Dios... ¿Y Marta?...
¿Cómo puede ser que una chica como ella esté al lado
de este insensible, que la va a largar en cuanto se harte de ella, como
hizo con tantas otras...?"
Por suerte la luz había aminorado. Ahora era sólo un matiz verdoso y casi placentero que a veces se alteraba por las blancas lineas fosforescentes de la ruta, que aparecían cada tanto en alguna parte del cerebro. Debía estar conduciendo.. Ah. si!... Iba a buscar a Pablo a Lujan, y todo estaba perfecto... "El embarazo es de poco más de un mes" había dicho la ginecóloga, pero con lo flaquita que soy, ni se me va a notar el dia de la boda... ¡No me importa!... Y espero que a Pablo tampoco... ¡Nos queremos tanto!...
- Te quiero
tanto, que no me importa nada -le había dicho Marta- Tampoco te
obligo a nada, pero quiero tenerlo. Y te pido que tengas el buen gusto
de no hacerme sentir una complicación...
- Martita,
nena... ¡Tenes 25 años!... ¡Te vas a arruinar la vida!...
Yo también te quiero mucho... ¡Estábamos tan bien!...
¿como te descuidaste asi?... ¡Pero, bueno!... Ya está...
sólo que esos no eran mis planes... Voy a cumplir los cincuenta...
- Si, ya sé.
Y tenes tres hijos...
- Que ya casi
no me necesitan. Ya terminé con esa etapa y no tengo edad ni ganas
para repetirla... ¡Vos me das vida. Marta!... Un crio te sacaría
toda esa energía, toda esa chispa que quiero para mi...
- ¡Emergencia,
doctor Quiroga!... ¡Quirófano cuatro!...
Salieron corriendo
y la charla quedó en suspenso. Pero él sabía que en
su reino aséptico de luces azuladas y brillos acerados, ella volvería
a rendirse. La conocía bien. Conocía bien la subyugación
que le producía verlo vencer a la muerte. La convencería
de que abortase y todo seguiría igual, hasta que algún guacho
treintañero como Lértora o sin compromisos, como el imbécil
de Méndez se la sacara. Nunca se había sentido tan atraído
por una mujer, pero--
- ¿Qué
hay de la ecografia?...
- Veinticinco
por ciento de masa encefálica perdida...
- ¿Qué
afecta?
- Audición...
locomotricidad izquierda... visión... ¡Pobre piba!... Estaba
embarazada... tres o cuatro semanas...
- ¿Y
qué?... ¿por eso se tiene que morir?...
Ya se lo imaginaba, parado en la puerta de la veterinaria, con su jean y la camisa a cuadros que le regalara para su cumpleaños .Se le iluminaría la cara cuando la viera, abriría la puerta del auto (un 600 que casi tenía su edad y en el que Pablo apenas cabía) y despues de un largo beso le contaría que al fin había parido la yegua de Don Servando y que al perro de Doña Lola ya se le había cortado la infección del oído y ella lo escucharía embobada "porque un hombre que ama a los animales jamás puede ser un mal marido" -como decía su abuela- y esa frase siempre le daba risa y que era eso parado en medio de la ruta... ¿un perro?... un pobre perro encandilado! ...y mejor me cambio de mano para no atropellarlo y el camión ese sin luces y .por qué a mi?... y el impacto en el costado y rebotar nuevamente hacia la ruta, con la linea blanca fosforescente vuelco uno hacia la derecha y vuelco dos y cristales que estallan y rebotar, rebotar, rebotar hacia la nada
-¿Presión?...
- Diez/seis...
bajando... pulsaciones cincuenta y nueve... Creo que la perdemos..
- ¡No
me importa lo que creas. Marta!...
- Ya lo sé
-dijo y sus ojos verdes parpadearon sobre el barbijo verde.
- Yo, le apuesto
a la vida...
- Algunas
veces, doctor... algunas veces -dijo ella con una voz chiquita.
Méndez
y Lértora hablan bajado los brazos, y Méndez hasta se había
atrevido a sacarse los anteojos que colgaban, inertes, de ese ridículo
cordoncito que usaba. Los miré incrédulo. ¿Cómo
se atrevían?... Pero las ultimas palabras de Marta le seguían
resonando.
- ¿Qué
dijiste. Marta?...
Y ella se
volvió a desconectar el monitor que chillaba con el temido piiiii....
para que no la viera llorar.