LA
BURACO Notas
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| Buenos Aires y la Confederación
Urquicista
Por Norberto Galasso |
ALa Historia Liberal centra la caracterización
de Justo José de Urquiza en el triunfo alcanzado en Caseros sobre
las fuerzas de Rosas. Se lo califica, entonces, como el Destructor de la
Tiranía, el Gran Libertador que puso término al despotismo
y otras denominaciones semejantes. El Urquiza anterior a Caseros (vencedor
de los unitarios) así como el Urquiza inmediatamente posterior (1852/60:
apoyado por el Chacho y los caudillos del interior), ni tampoco el Urquiza
de los años sesenta (traidor al Partido Federal a partir de Pavón),
merecen un análisis pormenorizado. Urquiza es Caseros. Y Caseros,
para la Historia Liberal es la derrota del caudillismo y la "barbarie".
El revisionismo, en tanto pivoteó su crítica
a la Historia Oficial alrededor de la figura de Rosas, no se preocupó
por ahondar en la figura del caudillo entrerriano, ni la naturaleza de
la batalla por la cual se le otorgaba celebridad. Lo consideró simplemente
un traidor, que siendo hombre de Rosas durante muchos años, se pasó
a los unitarios. más aún, se alía al Brasil en contra
de su propia patria y de su propio pueblo, según algunos, por compartir
el colonialismo mental de los unitarios y según otros -peor aún-
por haber sido comprado por el Imperio del Brasil en un montón de
patacones.
El revisionismo federal provinciano, socialista
o latinoamericano, al intentar un análisis histórico en función
del enfrentamiento entre las clases sociales -y no a través de las
individualidades o grandes héroes- parece alcanzar una mayor profundización
tanto en relación a Caseros como a Urquiza. La concepción
dialéctica que nutre a esta corriente le permite, asimismo, registrar
las modificaciones, a través del tiempo, de las banderas urquicistas.
Así, más allá de la discusión sobre las ambiciones
mercantiles de Urquiza o sus cien hijos naturales legitimados por decreto,
aprecia su trayectoria como el sinuoso camino adoptado por los estancieros
del litoral, tironeados hacia Buenos Aires por su apetencia del mercado
mundial y asimismo, inclinados hacia el interior por su defensa de la nacionalización
de las rentas aduaneras que monopoliza Buenos Aires. De ahí su rosismo
hacia 1852, su "provincianismo" entre 1852 y 1860 y su claudicación
porteñista desde 1861 hasta su muerte.
URQUIZA, CAUDILLO DE MASAS
El punto de partida, para una caracterización
correcta, es retirar a Urquiza del panteón unitario y devolverlo
a su condición de caudillo entrerriano. Expresa, así, a los
estancieros de Entre Ríos, arrastrando a menudo a los correntinos,
quienes conjugan un frente social con su base gaucha, con sus peones.
Entre 1840 y 1852, se observa un proceso de transformación
interesante en esa provincia, con un importante crecimiento económico
y paso hacia formas más modernas de producción agropecuarias
(desde el tasajo a la lana). Urquiza parece haber sido uno de los primeros
en introducir reproductores merinos.
La naturaleza productiva de la provincia de Entre
Ríos la lleva hacia el mercado mundial, hacia la exportación,
coincidiendo con idéntica vocación (aunque menos acentuada)
por parte de la provincia de Buenos Aires (exporta cueros a Europa y tasajo
a mercados esclavistas). A ambos grupos de estancieros no les interesa,
por ahora, la entrega del mercado interno a la mercadería europea,
como sí le interesa a los comerciantes porteños. Esto explicaba
el acuerdo de Urquiza con la política rosista en los primeros años
de su caudillaje. Sin embargo, a medida que progresa la "merinización",
resulta más vital para Entre Ríos la libre navegación
del Paraná y del Uruguay, así como la utilización
de los puertos propios (derechos que los estancieros bonaerenses, a través
de Rosas, le niegan). Asimismo, el reclamo de su parte en los derechos
aduaneros configura otro disenso de Entre Ríos respecto a Buenos
Aires y un punto de acuerdo con el interior.
Estas circunstancias explican el enfrentamiento,
expresado en el pronunciamiento de Urquiza y la formación del Ejército
Grande.
CASEROS
Se simplifica, cometiendo grave error, cuando
se caracteriza a Caseros como un triunfo unitario o liberal sobre el despotismo
rosista. Simplifican, asimismo, los historiadores rosistas cuando lo presentan
como una Guerra entre Brasil y la Confederación, en la cual el jefe
militar de la Confederación es comprado por el Imperio.
En Caseros confluyen diversas fuerzas, que persiguen,
cada una de ellas, objetivos propios:
a) El frente social de estancieros y gauchos
entrerrianos (y también correntinos), liderados por los estancieros,
en pugna con la política de Rosas que: le cierra los ríos
a la navegación interior, los somete al monopolio del puerto de
Buenos Aires, no les permite el movimiento de armas y oro por los ríos
litorales, les roba su participación en las rentas aduaneras y no
abre suficientemente la economía al mercado mundial (en esto los
estancieros ovejeros entrerrianos coinciden con buena parte de los bonaerenses,
ya dedicados a la oveja y en disidencia con Rosas).
b) Los políticos unitarios, que se han
sostenido sucesivamente en la diplomacia inglesa (en los años veinte)
y posteriormente, en la francesa, y que vuelven del exilio con estrechos
vínculos europeos. Para ellos, Caseros es el recupero de la libertad
económica plena ensayada por Rivadavia y "la civilización"
importada de Europa capaces de borrar la "barbarie" nativa.
c) El imperio del Brasil. El predominio de Oribe
sobre casi toda la Banda Oriental, -arrinconados los colorados de Montevideo-
significa un estado de insurrección popular que provoca inquietud
en Río Grande, especialmente entre los esclavos. Por otra parte,
la actitud de Rosas de no reconocer la independencia de Paraguay y de intervenir
abiertamente en la Banda Oriental, apoyando a Oribe, crea también
inquietud en el sentido que las Provincias Unidas se expandan y alcancen
peligroso poderío, incluso dominando ambas costas del Río
de la Plata. Esto ha motivado su intervención y Urquiza, necesitado
de fondos, ha acordado con ellos.
Se trata, pues, de un frente. Los tres sectores
que confluyen desean derrocar a Rosas, por motivos diferentes. Cada uno
persigue "su" Caseros y la alianza se centra en voltear al enemigo común.
Ya durante la organización militar previa a Caseros e inmediatamente
después del triunfo, se harán evidentes las disensiones.
Estas fueron laterales y secundarias hasta el triunfo. Luego, se convierten
en principales y separan a los integrantes del frente.
El mejor testimonio de este frente, con sus coincidencias
y disidencias, lo da Sarmiento en La campaña del Ejército
Grande:
1) Sarmiento se presenta ante Urquiza.
"...Que se imagine cualquiera las emociones que
debía experimentar cada ciudadano argentino al penetrar en aquel
antro, con el sombrero en la mano, y los ojos fijos en ese monstruoso perro,
su salvación pendiente de un grito dado en el momento oportuno (por
el General): Purvis!, quieto... Urquiza tiene a su lado un enorme
perro... muerde horriblemente a todo el que se acerca a la tienda de su
amo. Esta es la consigna. Si no recibe orden en contrario, el perro muerde.
Un gruñido de tigre anuncia su presencia al que se aproxima y un
"Purvis", del General, en el que le intima a estarse quieto, la primera
señal de bienvenida. Han sido mordidos, Elías su secretario,
el barón de Grati, varias veces, comandante de uno de los cuerpos,
Teófilo, su hijo y cientos más...".(1)
Urquiza le ha dado a ese perro el nombre del
Almirante inglés que simpatizó con la defensa de Montevideo
en los principios del sitio y contribuyó a su sostén contra
Oribe. "...En honor a ese anciano y simpático almirante, esa batería
que defiende la línea de defensa (del caudillo), se llamaba Purvis...".(2)
2) "...Pero lo que me llamó la atención
fue que el General Urquiza se había ocupado, durante su acampamiento
en los alrededores de Montevideo en hacer sentir a los emigrados argentinos
(unitarios) la necesidad de ponerse la cinta colorada..." (la cinta punzó).
(3)
3) Sarmiento supone que Urquiza va a escuchar
sus consejos y que lo va a nombrar al frente de un regimiento o en el Estado
Mayor: "... una sola vez he hablado con el General en dos meses que he
estado cerca de él. Es él quien ha hablado siempre, haciéndome
escuchar..." (4) "...Nunca manifestó deseo de oír mi opinión
sobre nada y cuando con una modestia que no tengo, con una indiferencia
afectada, con circunloquios que jamás he usado hablando con (célebres
europeos) como Cobden, Thiers, Guizot o con el Emperador del Brasil, quería
emitir una idea, me atajaba a media palabra diciéndome: Si yo lo
dije, lo vi, lo hice..." (5) "... En una de esas entrevistas -estimando
que mi papel natural de consejero, de colaborador, estaba concluido...
le ofrecí mis servicios... Entonces, me indicó encargarme
del Boletín del Ejército, llevar prensa..." (6)
4) "Llevar prensa" significaba participar de
reuniones militares: "... Aquel Estado Mayor estaba compuesto por el General
Virasoro, un coronel Félix Gómez, tipo charrúa, y
treinta jóvenes correntinos que hablaban guaraní... Fuera
de bufonada, el idioma del Estado Mayor era guaraní. El General,
su ministro, los edecanes, una escolta de cadetes y los asistentes lo hablaban
admirablemente y no se hablaba castellano sino conmigo y creo que con el
General Gómez, que pertenecía a otra raza..." (7)
5) Sarmiento ha llegado desde Chile, junto con
Wenceslao Paunero, Bartolomé Mitre y Pedro León Aquino. Urquiza
lo destina a Paunero a jefe de aprovisionamiento, "es decir, lo anula...
no tenía funciones" y a Sarmiento como boletinero. A Aquino lo designa
al frente de una división rosista y el 10/01/52 al querer imponer
disciplina, lo matan sus propios soldados de un lanzazo. "La división
de Aquino se sublevó y lo mataron".
Sarmiento cuenta:"... Aquino era un verdadero
oficial de fortuna, franco, disipado, derramando el dinero o la sangre,
para satisfacer sus necesidades lujosas y elegantes o servir sus ideas
políticas. Hablaba inglés y un poco de francés, y
era el amigo de gringos y yankees, de capitanes de buques de guerra y de
médicos de las escuadras, y con el inglés le habían
venido el uso del brandy y la ginebra que tomaba, al uso inglés,
todo el día, sin propasarse sino rara vez. Recibió para dirigir
una división de las de Rosas (que había luchado en Uruguay)
de oficiales camaradas de sus propios asistentes, donde todos comían
juntos, sin ninguna de las distinciones de la jerarquía militar..."
(8)
6) "En la primera entrevista que tuve con el
General me dijo que llamase a Rosas, en el Boletín: "El salvaje
unitario Rosas", todas las veces que hubiera de nombrarlo. Se le puede
probar que es salvaje y unitario, lo es por su gobierno..." (9)
7) "... Ustedes, los unitarios, gastan el dinero
sin mirar para atrás. Por eso nunca han hecho nada y yo con poco
hago mucho..." me dijo Urquiza (10). Un jefe vino a decirme: "... El general
está diciendo de usted, recuerda Sarmiento: "Ahí está
el boletinero escribiendo cuanto disparate se le ocurre. Si no valen nada
todos estos salvajes unitarios..." (11).
8) Otros desencuentros:
"... Nubes negras y atormentadas se iban esparciendo
por el cielo. El general me dijo: va a llover, y, con un tono de burla:
van a mojársele las plumas. Era el caso que yo era el único
oficial del ejército argentino que en campaña, ostentaba
una severidad de equipo estrictamente europeo. Silla, espuelas, espada
bruñida, levita abotonada, guantes, quepí francés,
paletó en lugar de poncho, todo yo era una protesta contra el espíritu
gauchesco, lo que al principio dio lugar a algunas pullas, a que contestaba
victoriosamente por la superioridad práctica de mis medios... A
la broma del general, pues, contesté con mi argumento favorito,
dirigiéndome al arzón de la silla, desatando las correas
que sujetaban la manta, sacando mi paletó y poniéndome por
encima una capa blanca de goma elástica que había hecho traer
de Buenos Aires. No había qué replicar..." (12).
9) "... El general había llegado al cuatro
de febrero y dicho en público: Si los salvajes unitarios habían
creído que él había triunfado para ellos, se equivocaban
rotundamente. Que los buenos federales solos gobernarían el país..."
(13).
"... Las clases acomodadas de la sociedad acudían
a Palermo a ver, a aplaudir, a admirar al general vencedor... A los que
le felicitaban, el general respondía invariablemente: Si yo no he
hecho nada. Aquí he venido a encontrar con que los escritores de
Montevideo y de Chile lo han hecho todo. Los salvajes unitarios son los
que han vencido a Rosas y cosas así. Aquí encuentro que nadie
quiere ponerse la cinta colorada. Yo he de entrar en Buenos Aires con esa
cinta, etc..." (14). A la semana justa del triunfo de Caseros, el 10/02/52,
el gobernador delegado de Entre Ríos dicta un decreto declarando
tres días de feriado con motivo del triunfo "... sobre las hordas
del salvaje unitario Juan Manuel de Rosas..." (15). Paz le escribe a Oro:
"... Preciso es tener presente que la revolución actual (Caseros)
es de los federales..." (16). El 21 de febrero, Urquiza lanza una proclama:
"... Hoy mismo asoman la cabeza y después de tantos desengaños,
de tantas lágrimas y sangre, se empeñan en hacerse acreedores
al renombre odioso de salvajes unitarios y con inmediata impavidez reclaman
la herencia de una revolución que no les pertenece, de una victoria
en que no han tenido parte, de una patria cuyo sosiego perturbaron, cuya
independencia comprometieron y cuya libertad sacrificaron con su ambición
y anárquica conducta..." (17).
10) El 23 de febrero -a veinte días de
Caseros- Sarmiento se exila y le escribe a Urquiza: "...Mi convicción
profunda es que Ud. se extravía... Veo malograda la esperanza de
un regreso definitivo a mi patria..." (18).
EL ACUERDO DE SAN NICOLAS
Urquiza ha entrado en Buenos Aires, el veinte
de febrero, con poncho y cinta punzó (tres días después,
Sarmiento se exila voluntariamente). Urquiza designa gobernador provisional
a Vicente López y Planes (quien había sido presidente de
la Suprema Corte, entre 1846 y 1848 y diputado rosista en 1850). López
arma su gabinete, con algunas concesiones: Alsina, Peña, Gorostiaga,
Escalada y su hijo, Vicente Fidel.
Urquiza mantiene una reunión privada con
los principales hombres de Buenos Aires y del interior (05/05/52). En dicha
reunión, Pujol, correntino, presiona para capitalizar Buenos Aires
y nacionalizar las rentas aduaneras pero halla resistencia en los porteños
asistentes, especialmente en Alsina, quien poco después, renuncia
al ministerio. Urquiza toma una actitud conciliadora y no nacionaliza la
aduana.
Urquiza convoca a los gobernadores a San Nicolás
de Los Arroyos, reunión que se concreta el 31 de mayo. Allí
se encuentran casi la totalidad de los gobernadores provincianos de la
época de Rosas, algunos de subido tono federal, como Celedonio Gutiérrez
(Tucumán), Pablo Lucero (San Luis) y Nazario Benavídez (San
Juan), especialmente los dos últimos, de prestigio y apoyo popular.
También Vicente Bustos (La Rioja), apoyado por El Chacho. A ellos
se suman Vicente López y Planes (Buenos Aires), Virasoro (Corrientes),
Crespo (Santa Fe), urquicistas. Algunos que habían apoyado a Rosas,
como Navarro (Catamarca) y Taboada (Santiago del Estero), se acomodan a
la nueva situación. Segura (por Mendoza) es producto de un golpe
(en Mendoza y en Córdoba; Salta y Jujuy, solamente varían
los gobernadores respecto al período anterior).
En San Nicolás, los gobernadores deciden:
a) convocar a una convención constituyente a reunirse en Santa Fe,
en agosto; b) fundan un gobierno provisional designándolo a Urquiza,
Director Provisional de la Confederación, con una serie de atribuciones
militares, financieras, jurídicas y en materia de política
exterior.
El acuerdo no va más allá, a pesar
de las presiones de Pujol y los hermanos Rojo (de Cuyo), para nacionalizar
las rentas y federalizar Buenos Aires. Urquiza expresa ese conciliacionismo
propio del litoral, tanto hacia el interior como hacia Buenos Aires. Al
mismo tiempo, intenta ganarse a algunos sectores federales del viejo rosismo,
como así también a sectores del unitarismo. De este modo
se produce un reagrupamiento de fuerzas en Buenos Aires; los liberales
netos, con Alsina y Mitre (y también Sarmiento) reciben el apoyo
de antiguos rosistas como Anchorena, Vélez Sarsfield, Lorenzo Torres,
Rufino de Elizalde; Urquiza, recibe a su vez apoyo de los federales más
populares como T. Guido, Baldomero García, Jerónimo Costa,
J. Victorica, Hilario Lagos, pero también de los antirrosistas como
Vicente Fidel López, Juan María Gutiérrez, Salvador
María del Carril y Juan E. Pedernera.
LAS SESIONES DE JUNIO
En Buenos Aires, el 15 de abril se han producido
elecciones para la Legislatura, triunfando los liberales. Urquiza acepta
la derrota, por ahora, pero presiona para que mantengan como gobernador
a V. López. Esa Legislatura, a partir del seis de junio, discute
el Acuerdo de San Nicolás, al cual tiene que otorgar su aprobación.
Los ministros de López defienden el acuerdo impugnado violentamente
por los mitristas. Son las llamada "Sesiones de Junio" que concitan el
fervor de los porteños. Toda la ciudad se conmociona y la barra
se desborda en gritos amenazantes a los ministros. La presión del
comercio porteño y de todos los órganos de la ciudad que
tenían cierto prestigio y fuerza, debió ser tremenda durante
las sesiones de junio contra Urquiza. Así, por ejemplo: una nota
exigiendo al gobernador que pase informe a la Legislatura de lo tratado
en San Nicolás de los Arroyos, lleva cuatro mil firmas "verdadera
exhortación a defender los derechos de la provincia que se reputan
injustamente vulnerados". Al iniciarse la sesión del 21 de junio
"... el comercio ha cerrado sus puertas, los empleados públicos
no concurren a sus oficinas, las actividades normales de la población
están suspendidas y largas caravanas de ciudadanos afluyen hacia
lo que se considera una cita de honor..." (19). La exaltación de
la barra que asiste a la Legislatura llega a los extremos: entre gritos,
imprecaciones y amenazas, los más exaltados se disponen a agredir
a los ministros, en términos que muestran la inminencia de un atentado.
En las sesiones de junio, dice Juan María Gutiérrez (dirigiéndose
al público): "... Parece que finalmente los diputados y la barra
están bajo la presión de sentimientos idénticos a
los del 1º de diciembre de 1828. En aquel tiempo no hubo ningún
mozo de tienda ni ningún estudiante de la Universidad, y yo entre
ellos, que no viniese a este sitio a producir escenas análogas,
como si representaran efectivamente la opinión pública..."
(La afirmación de Gutiérrez va dirigida principalmente a
la barra que grita amenazando a los representantes del gobierno de V. López)
(20).
Sarmiento comparte este frenesí antiurquicista
del porteñismo más recalcitrante y así lo confiesa
en La Campaña del Ejército Grande, al considerar escandalosa
la disposición del Acuerdo de San Nicolás por la cual cada
provincia tendrá dos representantes en la Convención Constituyente:
"... La noticia del Acuerdo De San Nicolás llegó a Buenos
Aires y la ciudad se estremeció de indignación y pavor. ¡Dos
diputados al Congreso!.. ¡En Buenos Aires puede haber rosistas, urquicistas
y unitarios, pero nunca un partido que ponga por lema de su bandera la
humillación de la provincia!.. Urquiza había sido, en San
Nicolás, indiscreto en sus palabras. Para propiciarse a los gobernadores
provincianos, decía: "He de sembrar sal sobre Buenos Aires" (21).
Coincide, asimismo, Sarmiento en el recuerdo de las palabras de Gutiérrez:
"... Estos tenderos son los que en 1828 apoyaron a Lavalle..." (22). En
otra parte, insiste: "Así, pues, en esta cruzada contra la tiranía
de Rosas, hecha en nombre de la libertad y encabezada por los antiguos
satélites del tirano, había otro enemigo más que ellos
venían a ajar -¡los aldeanos!- y era el pueblo de Buenos Aires..."
(23).
La presencia del caudillo entrerriano, con su
poncho y su cinta punzó, así como sus gauchos, constituyen
para los hombres de Buenos Aires una verdadera preocupación, que
amenaza ahora, a través del acuerdo, en considerarla meramente una
provincia más, en igualdad de condiciones que las restantes. Y que
incluso pretende manejar sus dineros y hasta birlarle el monopolio del
puerto único, según los consejos que desde Europa, transmite
el ahora urquicista Juan B. Alberdi.
Por supuesto, no se trata de una cuestión
geográfica ni imputable a Buenos Aires sino a los intereses mercantiles
ahora estrechando sus relaciones con sectores ganaderos, es decir, la oligarquía
porteña en consolidación, la que promueve este furor antiurquicista.
"... ¿Por qué no cuenta, para mostrar -cita L.R. Paz- que
la exaltación había llegado hasta la demencia en un momento,
que un grupo de juventud de la más elevada alcurnia política
y social se complotó para asesinar en ese baile al general Urquiza
y que le tocó la suerte de matar al joven Adolfo Alsina?". (24)
"... Cada minuto después de Caseros señala
el incremento de las repulsiones localistas a Urquiza y los suyos, tenidos
por tan intrusos y montoneros como las milicias ramiristas o artiguistas
-en esencia, las mismas, aquellos venían de estos- que echaron pie
a tierra junto a la Pirámide de Mayo en 1820, mandatarios de una
soberanía altanera y en marcha...". (25)
En esas Sesiones de Junio, el Acuerdo es impugnado
entre otros por Vélez Sarsfield y por Bartolomé Mitre. Este,
convertido en líder de la posición porteñista, rechaza
el Acuerdo pues coloca en manos de Urquiza el poder militar y el poder
financiero, creando así un nuevo despotismo. Estas arengas, festejadas
por la barra, concluyen el 21 de junio con el rechazo, desautorizando así
al gobernador V. López. Renuncian el gobernador y sus ministros.
Urquiza, indignado, da un golpe. Cierra la Legislatura, y asume el gobierno
de la Provincia, al tiempo que destierra a varios opositores (entre otros,
Mitre quien pasa a Montevideo).
Días después, Urquiza levanta el
embargo que se había sancionado sobre los bienes de Rosas.
EL ABRAZO DEL COLISEO Y LA REVOLUCION DEL 11
DE SEPTIEMBRE.
El enfrentamiento entre Urquiza y sus aliados
de Caseros se agudiza ahora. Los partidarios de Mitre y Alsina conspiran
ya contra el general.
Con respecto a Valentín Alsina, M. Pelliza
escribe: "... ¿Qué movía la resistencia de Valentín
Alsina? Era simplemente el culto unitario que con rigorismo musulmán,
guardaba incólume en su cabeza poco experta, el viejo soldado de
las históricas batallas que veinte años antes se libraban
en la prensa y en el congreso entre unitarios y federales. Volvía
a Buenos Aires pleno de las viejas prevenciones contra los hombres y las
cosas que impulsaran una organización que contrariara el plan unitario,
de cuya arca santa se consideraba fiel depositario. Todo el grupo de emigrados
que le acompañaba en su reinstalación en el suelo argentino
venía, puede decirse, inspirado por aquella tradición viviente
que conservaba intacta la herencia de principio y de errores que caracterizaron
la presidencia de Rivadavia... No es extraño pues que este grupo
de unitarios, contrariando los planes del vencedor de Rosas, tratase de
apoderarse del gobierno de la provincia de Buenos Aires como acto previo
para enseguida desenvolver su proyecto de organización centralista,
en oposición al del general Urquiza... La revolución contra
Urquiza venía pues esbozada desde Montevideo..." (26).
Asimismo, Sarmiento, en La campaña del
Ejército Grande se refiere a las indicaciones que dio a Benigno
Villanueva en Mendoza, a Martínez en la Provincia de Buenos Aires
y a sus amigos de San Juan para que estuviesen preparados ante un posible
pronunciamiento en Buenos Aires en cuyo caso deberían intentar la
toma del poder. (27)
El ocho de septiembre de 1852 Urquiza abandona
Buenos Aires, con rumbo a Santa Fe, para inaugurar la Convención
Constituyente. Tres días después, el once, estalla el golpe
porteño antiurquicista en Buenos Aires. Julio Victorica relata:
"... El doctor Lorenzo Torres, uno de los más importantes hombres
de Rosas, incansable orador en la Legislatura, ese mismo, fue el principal
revolucionario de septiembre y mereció ser investido del poder,
después del triunfo. Le había bastado para purificarse recibir
un abrazo de don Valentín Alsina. Ese abrazo pasó a la historia
con el nombre de Abrazo del Coliseo. El general don Angel Pacheco, jefe
de la vanguardia de Rosas en Caseros, perteneció a la misma falange
reivindicadora de los derechos y libertades, y al general Flores, otro
de los vencidos en Caseros, se le hizo ministro. ¿A qué enumerar
más hombres de Rosas de los que tomaron parte activa en el alzamiento
de septiembre si designando sólo a dos está ya dicho todo?
¡Troncoso y Badía, los principales ejecutores de las altas
obras del tirano, en la época del terror, fueron dados de alta como
coroneles, para combatir al vencedor de Caseros!..". (Más tarde,
los mismos fueron fusilados porque habían sido asesinos en la época
de Rosas, pero para recordar esto, que habían sido asesinos, fue
preciso que se plegasen como lo hicieron a la revolución de diciembre
dirigida por H. Lagos). (28)
Sarmiento señala: "...Recién ese
día, el once de septiembre caía Rosas verdaderamente con
su cinta colorada, sus salvajes unitarios, sus campamentos de tropas en
todas partes, su corte, familia y queridas en Palermo (esta referencia
a las "queridas de Rosas" prueba una vez más la mendacidad de Sarmiento).
La fusión de los partidos se obró el once. Alsina y Lorenzo
Torres se presentaron del brazo en un baile público y pasaron la
noche juntos. Los coroneles Sosa y Flores fueron electos diputados y el
general Pacheco tomó la inspección de armas..." (29).
La designación de Plaza Once, a la Plaza
Miserere con el mausoleo en su centro, bordeada por las calles Rivadavia,
Bartolomé Mitre y Pueyrredón, con Sarmiento y Lavalle muy
cerca, resulta una revelación indudable de los afectos de la oligarquía
porteña volcados a la nomenclatura catastral.
El golpe porteño designa provisionalmente
al general Pinto como gobernador y decide como una de sus fundamentales
medidas, el retiro de sus representantes del Congreso Constituyente. Semanas
más tarde, es elegido gobernador Valentín Alsina, quien forma
gabinete con B. Mitre, Flores y Peña.
El veinte de noviembre, el Congreso inicia sus
sesiones en Santa Fe, sin la participación de Buenos Aires. Ese
mismo día, los generales Hornos y Madariaga invaden Entre Ríos
intentando frustrar el Congreso Constituyente pero son derrotados. En la
Provincia de Buenos Aires, responden los federales con el levantamiento
del coronel Hilario Lagos en la campaña, pronunciándose a
favor de Urquiza. Alsina renuncia y reasume el general Pinto. El veintidós
de enero, Lagos derrota a Rosas y Belgrano, y controla gran parte de la
campaña bonaerense.
En el interior, los consejos de Sarmiento son
cumplidos por sus amigos. Zacarías Yanzi derroca a Benavídez
en San Juan, y en Tucumán es depuesto Celedonio Gutiérrez.
En Corrientes, pierde el poder el general Virasoro. Pero salvo estos golpes
la mayoría de las provincias permanece junto a Urquiza y sus representantes
avanzan en la sanción de la Constitución.
En marzo de 1853 se produce un intento de conciliación,
pero los representantes de Buenos Aires no demuestran interés en
el acuerdo. Estos representantes son: Anchorena, Lorenzo Torres, Vélez
Sarsfield (tres hombres que vienen del rosismo) y Paz (un unitario casi
federal). Esto acentúa el enfrentamiento. H. Lagos se acerca a Buenos
Aires y una escuadra que responde a Urquiza, comandada por el almirante
Coe bloquea el puerto de Buenos Aires. Pero el marino norteamericano John
Coe es sobornado y se pasa a las fuerzas de Buenos Aires con sus buques,
en junio de 1853.
El primero de mayo de 1853 se sanciona la Constitución
en Santa Fe. La Provincia de Buenos Aires la rechaza. Se crean así
las condiciones para la separación: Buenos Aires por un lado y la
Confederación urquicista por otro.
En Buenos Aires, el general Pinto muere en julio
de 1853 y es reemplazado por Pastor Obligado como gobernador. En la Confederación,
por su parte, se realizan elecciones el veinte de noviembre de 1853 resultando
electos como presidente y vice de la Confederación Justo José
de Urquiza y Salvador María del Carril. A principios de 1854, el
Congreso Constituyente, cumplida su función se autodisuelve. A su
vez, el 23/05/54 la Provincia de Buenos Aires jura su propia constitución.
El sitio de Lagos se ha levantado en julio, poco después de la defección
de Coe que significó el fin del sitio por agua. Buenos Aires y la
Confederación reconocen el statu quo.
BUENOS AIRES SEGREGADA
Pastor Obligado gobierna entre mayo de 1854 y
mayo de 1857. Durante este gobierno, los opositores (federales pro urquicistas)
son reprimidos severamente. La reacción pro urquicista proviene
de una agrupación surgida alrededor de "La Reforma Pacífica"
periódico dirigido por Nicolás Calvo. Se denominan "reformistas"
por el nombre del periódico o "chupandinos" porque se les imputan
costumbres noctámbulas y de boliche. Enfrente, el oficialismo constituye
el partido Liberal o también llamado de los "pandilleros".
Las fuerzas de la Confederación intentan,
a principios de 1856, someter a Buenos Aires para reincorporarla a la Confederación.
Jerónimo Costa, el héroe de Martín García invade
la provincia, pero es derrotado por Conessa y Mitre. Se produce allí
La Matanza de Villamayor: ciento quince combatientes son ajusticiados.
Con la firma de Pastor Obligado, Valentín
Alsina, B. Mitre y Norberto de la Riestra se decidió que "...serían
pasados por las armas... los individuos titulados jefes que hagan parte
de los grupos anarquistas capitaneados por el cabecilla Costa y que el
resto de la tropa sería detenido salvo circunstancias agravantes
que llevaran a aplicarles la misma sanción que a los jefes. De los
ciento cuarenta hombres que invadieron, sólo quince quedaron con
vida..." (30).
Desde El Nacional, Sarmiento escribe: "...Han
muerto o han sido fusilados, en el acto de ser aprehendidos, Bustos, Costa,
Olmos (si no lo está, lo estará, voto al chápiro).
Trofeos: la espada de Costa, ruin y mohosa. El carnaval anticipado... Se
acabó la mazorca. Desde La Tribuna se afirma: "... El verdadero
triunfo de la causa del pueblo no ha sido Caseros, sino Laguna de Cardoso,
en donde fue destruido José María Flores y Villamayor, en
donde sucumbieron ayer Costa y Busto". Se obsequió con un álbum
a Mitre, como héroe de la jornada... Pastor Obligado dijo a los
manifestantes: "Dense vivas al coronel Mitre, a quien se le deben estos
sucesos que tanto ha trabajado y tanto ha sufrido preparándolos..."
(31).
Villamayor, con más de cien ajusticiados,
constituye una de las páginas más negras del mitrismo.
A su vez, los opositores al gobierno de Obligado
sufrieron fuerte represión. El veintinueve de marzo de 1857 se efectuaron
las elecciones, disputando mitristas y reformistas. Sarmiento no deja dudas
sobre los factores que produjeron el triunfo de Valentín Alsina:
"... Nuestra base de operaciones ha sido la audacia y el terror, que empleados
hábilmente, han dado este resultado admirable e inesperado... Algunas
bandas de soldados armados recorrían las calles de la ciudad, acuchillando
y persiguiendo a los mazorqueros... Fue tal el terror que sembramos entre
toda esa gente con estos y otros medios que el veintinueve triunfamos sin
oposición. Los gauchos que se resistieron a votar por los candidatos
del gobierno, fueron encarcelados, puestos en el cepo, enviados al ejército
para que sirviesen en la frontera con los indios y muchos de ellos perdieron
el rancho, sus escasos bienes y hasta su mujer..." Cita hacia el final:
"... El miedo es como una enfermedad endémica en este pueblo: esta
es la gran palanca con la que siempre se gobernará a los porteños,
manejada hábilmente, producirá infaliblemente los mejores
resultados..." (32).
Asume Alsina y la mayor parte de los reformistas
emigra a Paraná.
Uno de los aspectos más importantes de
la gestión de Alsina será la Ley de Tierras, del 15/10/1857,
que constituye, según el estudio de J. Odonne, la tercera entrega
importante de tierra (primero de arrendamiento, que se convertirá
luego en propiedad). Odonne señala que 333 personas se posesionaron
de 3.296.700 hectáreas en la Provincia de Buenos Aires, correspondiendo
según su lista a los apellidos de las familias más acaudaladas.
(33).
En el terreno de la economía y las finanzas,
los gobiernos de Obligado, Alsina (que concluye en 1860) y Mitre que lo
continúa, ofrecen una constante: la presencia de Norberto de la
Riestra en el ministerio de hacienda y en las negociaciones financieras
con el exterior (De la Riestra se hallaba profundamente comprometido con
los intereses británicos).
LA REPÚBLICA DEL RÍO DE LA PLATA
Otro de los hechos más significativos
de este período en Buenos Aires es la propuesta de crear la República
del Plata, por parte de Bartolomé Mitre. El Nacional del 9/12/1856,
publicó el artículo "La República del Río de
la Plata", sin firma (pero debido a la pluma de Bartolomé Mitre)
donde sostiene: "...La solución pacífica y fecunda en resultados
es la nacionalización del Estado de Buenos Aires bajo la denominación
de República del Río de la Plata en conmemoración
de las antiguas Provincias Unidas..." (34).
LA CONFEDERACION URQUICISTA
- Aspectos importantes
a) Política inmigratoria dirigida a formar
colonias.
b) Apoyo a la explotación minera en el
interior.
c) Incentivo a la agricultura.
d) Derechos diferenciales, favoreciendo al comercio
establecido directamente con la Confederación, para impedir el rol
de intermediario ejercido por Buenos Aires.
e) Federalismo provinciano: se expresaba en la
preocupación por los proyectos del ferrocarril transandino y del
Rosario - Córdoba.
f) Organización de correos, impulso a
la educación, obras de comunicación terrestre y fluvial en
el interior.
LOS HOMBRES DE PARANA
Junto a Urquiza, se alinean por entonces hombres
de la talla de José Hernández, Nicolás Calvo, Tomás
Guido, Olegario Andrade y Navarro Viola. Asimismo, caudillos como El Chacho
y Felipe Varela. Pero su máxima figura es indudablemente Juan B.
Alberdi, quien lo asesora desde Europa.
SE AGUDIZA EL ENFRENTAMIENTO
Diversas cuestiones, entre ellas la ley de derechos
diferenciales -por la cual tanto abogaba Alberdi para quebrar el monopolio
del puerto-, así como las disensiones producidas en Europa entre
los dos representantes diplomáticos, fueron acrecentando la tensión.
En ese momento se produce el asesinato de Benavídez en San Juan
el 22/10/1858.
Producido un golpe en San Juan que llevó
al gobierno a Manuel Gómez, Benavídez fue reducido a prisión,
atribuyéndosele intenciones revolucionarias, donde se le engrilló,
a pesar de su edad. Desde Buenos Aires, según cuenta J. Victorica,
Tribuna y Nacional, redactados por Juan Carlos Gómez y Sarmiento,
respectivamente, sostenían la eliminación de Benavídez
por cualquier medio. Se simuló entonces un intento de rescate y
se lo asesinó en su celda. Medio muerto "... fue arrastrado con
sus grillos y casi desnudo, precipitado de los saltos del Cabildo a la
balaustrada de la plaza, donde algunos oficiales se complacieron en teñir
sus espadas con su sangre atravesando repetidas veces el cadáver
y profanándolo hasta escupirlo y pisotearlo..." (35).
"L' Unión étrangere", único
periódico francés publicado en Buenos Aires, sostuvo: "...
Los pretendidos civilizadores no encuentran ni una sola palabra para reprobar
el horrible asesinato cometido en San Juan... Se ruboriza nuestra pluma
al decirlo: los periódicos de Buenos Aires no tienen aplausos sino
para crímenes dignos de caníbales..." (36). Luego, cita párrafos
de periódicos de Buenos Aires: "... Fue entonces que para apaciguar
al pueblo y mostrar que la "justicia de Dios" había cumplido ya
con su deber, que se arrojó el cadáver de Benavídez
por la ventana... Adelante, el porvenir de los libres... Esperamos que
pronto nos llegue la noticia de que igual suerte ha tenido el degollador
de Vences, el verdugo de millares de porteños... Don Justo ha visto
afeitar a su amigo Benavídez y ya prepara la barba para que lo afeiten
también..." Estas citas pertenecen a La Tribuna (236/237). Victorica
señala, asimismo, que un "... álbum fue ofrecido por el partido
que dominaba en Buenos Aires a los autores o solidarios del asesinato del
general Benavídez. Entre las firmas que contenía figura la
del general Mitre..." (37).
El crimen evidenció que no habría
convivencia posible y la guerra surgió como único camino.
El 23 de octubre de 1859, el ejército de la Confederación
dirigido por Urquiza, derrotó en los campos de Cepeda al ejército
bonaerense dirigido por Mitre.
El 18 de noviembre Urquiza llega con sus fuerzas
hasta San José de Flores, sitiando la ciudad. Producidas las primeras
conversaciones, Alsina renuncia como gobernador por considerar excesivas
las exigencias de Urquiza no sin antes plantear que si Buenos Aires debiese
aceptar la Constitución que nacionaliza la Aduana, el gobierno nacional
debería garantizarle, durante cinco años, el presupuesto
de 1859. Así lo indica a sus mandatarios (Pastor Obligado, Vélez
Sarsfield y De la Riestra).
En muchos hombres de la Confederación
prevalece la idea de que Urquiza debe tomar Buenos Aires e imponerle la
voluntad a la provincia díscola, pero el general se mantiene en
Flores y acepta la mediación del Paraguay, para lo cual viaja al
Río de la Plata el ministro de guerra, Francisco Solano López.
Alsina es reemplazado como gobernador por Felipe
Lavallol en cuyo gabinete ejerce principal influencia el Doctor Carlos
Tejedor. Llevadas a cabo las negociaciones, se firma el Pacto de San José
de Flores, el diez de noviembre de 1859. Por él, Buenos Aires se
declara parte integrante de la Confederación y se obliga a convocar
a una convención que examinará la Constitución sancionada
en 1853, aprobándola o manifestando las reformas que juzgue necesarias.
La Confederación se obliga a evacuar sus fuerzas, de la Provincia
de Buenos Aires, en el término de quince días. Por el artículo
octavo se acepta la propuesta porteña de que la nación garantice
a Buenos Aires, durante cinco años, su presupuesto de 1859, dada
la nacionalización de la aduana.
Como en 1820 Ramírez y López, como
en 1852 Urquiza, las fuerzas nacionales que debían imponer su voluntad
sobre Buenos Aires, han preferido negociar, provocando gran descontento
en el ejército triunfante. Victorica señala que Urquiza dispuso
inmediatamente la retirada del ejército y aún más,
que todas las caballadas de reserva, más de diez mil, fueran cedidas
al gobierno bonaerense para que las utilizase para defender sus fronteras
de los indios. Y agrega: "... La paz celebrada no dejó satisfechos
a todos. Protestaron contra ella muchos de los emigrados porteños
que formaban en las fuerzas nacionales. Temían que una vez retirado
el ejército, el círculo exclusivista dominante en Buenos
Aires volviese a hacerlos víctimas de sus prevenciones y hostilidades..."
(38). Según Victorica, hubo reuniones conspirativas para desplazar
a Urquiza y el general debió arrestar al coronel Chapaco "un moreno
muy valiente que estaba dispuesto a iniciar la rebelión" (39).
Alberdi, representante de la Confederación
en Europa desde hace unos años y con una abundante correspondencia
con Urquiza hasta entonces, le escribe al general, desde París,
manifestándole sus reservas con respecto al Pacto: "...En él
todas las nobles intenciones están de parte de la Confederación,
pero todos los artificios ocultos para eludir la unión están
de parte de la provincia de Buenos Aires. Poco importará que el
tratado sea bueno en sí, si por las medidas ulteriores destinadas
a ponerlo en ejecución, ese pacto se convierte en victoria de los
enemigos de la unión... Veo con dolor que la habilidad de los políticos
de Buenos Aires ha obtenido del gobierno de Paraná dos cosas graves,
por las que el convenio sirve de instrumento para dar a Buenos Aires lo
que buscó antes de ahora por las negociaciones del Sr. Christie
y del Sr. Jancay..." (40). Explica seguidamente que un grave error está
dado por la designación de Mariano Balcarce como representante de
la Confederación en Francia, quién había sido hasta
ayer representante del Gobierno de Buenos Aires: "... En lugar de que Buenos
Aires entregue su política exterior a la Confederación, la
Confederación entrega la suya a Buenos Aires..." Agrega que: "...
Si se trata de agradar a Buenos Aires, que sea un porteño, pero
un porteño nacionalista, no un porteño que haya trabajado
por la desmembración de la República... Si Buenos Aires tiene
motivos para pedir mi exclusión, ¿no los tiene también
la Confederación para pedir la del Señor Balcarce?.. No olvide
que como nuestra diplomacia ha sido toda la lucha con Buenos Aires, el
archivo de esta legación contiene muchos secretos que sólo
un porteño nacionalista podría conocerlos, sin que perjudicase
la causa de la Confederación..." (41). La otra cuestión que
critica Alberdi es el apresuramiento en eliminar los derechos diferenciales,
pues juzga que habría que haber procedido con mayor calma "... a
fin de que ese pacto, bueno en sí mismo, no se convierta, por decretos
orgánicos de él, en victoria de Buenos Aires, es decir, de
la política de desunión..." (42). Cárcano acota que
el Pacto garantiza a los hombres de uno y otro en sus posiciones políticas,
administrativas y militares, menos a uno: a Alberdi. El queda en tierra
extraña y desplazado de la función diplomática, ya
que Del Carril designa a Mariano Balcarce, que era hombre de Buenos Aires,
en su lugar. "Alberdi es el único que aparece vencido y castigado",
señala Cárcano, por su oposición a Buenos Aires y
su alineamiento con Urquiza, que cesar pronto porque después del
Pacto la correspondencia entre Alberdi y Urquiza se espacia hasta concluir.
(43).
DEL PACTO DE SAN JOSÉ DE FLORES A PAVON
A fines de 1859, se eligen los convencionales
en Buenos Aires para analizar y proponer reformas a la Constitución
de 1853, triunfando los liberales por el peso de los votos de la ciudad,
mientras en la campaña ganan los federales. El cinco de enero de
1860 se reúne la Convención Reformadora.
A su vez se renuevan las autoridades nacionales:
Derqui-Pedernera, reemplazan a Urquiza-Del Carril. Urquiza permanece como
gobernador de Entre Ríos, mientras Mitre accede al cargo de gobernador
de la Provincia de Buenos Aires, elegido por la Convención.
La convención concluye sus funciones en
mayo de 1860 reformando varios artículos de la Constitución.
Poco después, en junio, se celebra el Convenio de Unión que
ratifica el Pacto de San José de Flores, por el cual la Aduana queda
en manos de Buenos Aires y ésta le reconoce a la nación 1.500.000
por mes al gobierno nacional. (44). Alberdi le escribe a Urquiza advirtiéndole
que en las reformas propugnadas por Buenos Aires reaparece el viejo porteñismo,
que "... lo que no han conseguido por las armas, lo consiguen ahora por
la reforma...", conservando los "poderes" y rentas que Buenos Aires asumió
el 11/09/52 y que por lo tanto, "... esas reformas no deben ser admitidas
de manera alguna...". Alberdi señala que las reformas, con apariencia
de federalistas, descentralizan y debilitan el poder central, lo que permitir
a la Provincia de Buenos Aires, por su poderío económico,
avasallar a las demás, en especial porque la reforma deja sin efecto
la capitalización de Buenos Aires, quedando el puerto y la provincia
con suficiente independencia del poder nacional como para imponer su voluntad.
La relación Urquiza-Alberdi se enfría ya notablemente y las
últimas cartas son esporádicas.
Pero la Convención Nacional acepta las
reformas y el 1º de octubre de 1860 se promulga la Constitución
reformada. Inmediatamente Buenos Aires convoca a elecciones para elegir
representantes, pero los elige según la ley provincial, lo que provoca
un nuevo conflicto.
Al mismo tiempo, el partido liberal consuma un
nuevo crimen: el del gobernador José Antonio Virasoro, en San Juan,
el 16 de noviembre de 1860. Mariano Pelliza sostiene: "... La prensa de
oposición en Buenos Aires lanzó la voz de alarma anunciando
que el ministro de Hacienda (Elizalde) había facilitado al de gobierno
(Sarmiento) un millón y medio de pesos papel para derrocar las autoridades
de la provincia de San Juan. El ministro de Hacienda quiso defenderse del
cargo, pero se confundió dejando subsistente la denuncia que bien
pronto quedó confirmada por una circunstancia verdaderamente singular.
El órgano oficial del ministro de gobierno (Sarmiento, gobernador
Mitre), anunció con una anticipación de seis días
la muerte del gobernador Virasoro..." (46). El ataque, en la ciudad de
San Juan, lo encabezaron "...quince o veinte amigos del comercio, jóvenes
a quienes no hubiese creído tan sanguinarios y feroces. Allí
presencié el fusilamiento inútil de aquella pobre gente...
Ni uno solo de los once que estaban, contando tres o cuatro ordenanzas,
se mostró flojo ni pidió cuartel. Hechos pedazos, brotándole
a torrentes la sangre por veinte bocas abiertas por las balas, mutilados
muchos de sus miembros, se defendían y peleaban como leones. Con
Virasoro murieron su hermano Pedro, diputado, su cuñado Tomás
Hayes y cinco personas más..." (48).
El gobierno nacional designa interventor en San
Juan a Juan Saá, quien al no ser reconocido por los insurrectos,
les da batalla en El Pocito. Al doctor Antonino Aberastain, amigo de Sarmiento,
lo fusila al día siguiente. El coronel Clavero que ordena el fusilamiento,
fue procesado. El gobernador Mitre condena el hecho y solicita a los gobernadores
del resto de las provincias que se solidaricen con él, pero los
gobernadores no le dan apoyo. En los mismo días de principios de
1861, los diputados porteños no son reconocidos, por haber sido
ilegítima su elección. Se realizan entonces gestiones para
evitar un nuevo enfrentamiento armado, pero la prepotencia porteña
los torna muy difíciles. Pelliza sostiene que "...Buenos Aires buscaba
un pretexto para declarar la guerra..." (49). De la Riestra propone que
Buenos Aires se mantenga separada hasta 1865 y que la aduana quede en poder
de la provincia entregando una mensualidad de 750.000 pesos papel..." (50).
El diecisiete de julio de 1861, Pastor Obligado
le envía una carta a Mitre en la que hace referencia a un viaje
de Mármol al Brasil "para el caso de independencia absoluta". Tiempo
después, De la Riestra, en carta a Mitre, vuelve sobre el tema al
decir: "...Yo he opinado siempre con franqueza contra esa constitución
porque tengo poca o ninguna fe en la federación en nuestro país
y no habiendo posibilidad de establecer otro régimen mejor, preferiría,
como lo he manifestado con repetición, la independencia indefinida,
sino absoluta de Buenos Aires..." (51).
Mitre organiza su ejército ya dispuesto
a nuevo enfrentamiento y el Congreso Nacional faculta a Urquiza para la
guerra. Victorica, relata un incidente por el cual un empleado de Urquiza,
mientras el general estaba reunido con Derqui, halla por casualidad unos
papeles en el sobretodo del presidente y al pasárselos luego al
general, éste estalla: "Estoy traicionado". Se trataría,
por parte de Derqui, de reducir la influencia de Urquiza, y para éste,
confirmaba las vacilaciones de Derqui y su trato conciliador con los enemigos.
Según Victorica ello deprimió sumamente a Urquiza "...y ya
fue contrariado a la guerra...", y "...es extraño que continuase
la marcha sirviendo a un gobierno que se manifestaba tan ajeno a la alta
y noble misión que le correspondía desempeñar..."
(52).
El diecisiete de septiembre de 1861 se produce
la batalla de Pavón. La caballería entrerriana arrolla a
todo un flanco de las fuerzas mitristas. En cambio, el centro del ejército
nacional, infantería, sufre muchas pérdidas. En "Los misterios
de San José", Juan Coronado atribuye a Urquiza una incapacidad de
conducción tal que le impedía conocer qué había
ocurrido con la otra ala de su ejército, su izquierda. (53). Esa
izquierda había derrotado también a la derecha mitrista y
creaba condiciones para el triunfo total. Benjamín Virasoro y López
Jordán le enviaron un parte el día dieciocho afirmando "...El
enemigo queda en completa dispersión... No tiene ya caballería.
Nos parece que la intención de ellos es retirarse. Si lo efectúan,
los perseguiremos..." (54).
Pero Urquiza ya se había retirado al paso.
Victorica se refiere a la indisciplina del ejército y que Urquiza
se dio cuenta que los dispersos de la infantería cordobesa habían
hecho saqueos hasta de su propio equipaje, por lo que sostenía que
para continuar la lucha debía fusilar a unos cuantos. Por otra parte,
la desconfianza entre urquicistas y derquicistas había ido en aumento.
Derqui agrava la situación designando general en jefe del ejército
del centro al coronel Juan Saá, lo que implicaba desairar al brigadier
Benjamín Virasoro, provocando un desacuerdo entre Saá y Virasoro
que complica aún más la situación. El veinticinco
de noviembre, Urquiza comunica al gobernador de Entre Ríos que ya
nada podía hacerse a favor del gobierno nacional y que, por otra
parte, Mitre había garantizado el cumplimiento de la Constitución
y el respeto a Entre Ríos. (55).
Más allá de las explicaciones de
Victorica, para la gran mayoría de los federales Urquiza ha defeccionado.
El gobierno nacional se derrumba. Derqui renuncia. Lo reemplaza su vicepresidente
el general Pedernera. Mitre se cartea con Urquiza y éste, a partir
de ese momento, se repliega hacia Entre Ríos. Pedernera declara
en receso a las autoridades nacionales.
Poco después, el mitrismo ratifica su
barbarie: se producen los degollamientos de Cañada de Gómez
(veintidós de noviembre de 1861).
Venancio Flores sorprende a tropas dispersas
y las aniquila. Degüellan a trescientos soldados de la Confederación.
"...Este suceso es la segunda edición de Villamayor, corregida y
aumentada...", reconoce el general Gelly y Obes en carta a Ocampo del 23/11/1861.
(56)
Alberdi y Hernández darán juicios,
años después, contundentes con referencia a Urquiza:
Hernández, en 1870: "...Urquiza era el
gobernador tirano de Entre Ríos, pero más que todo, el jefe
traidor del gran Partido Federal..." (57).
Alberdi: "...Ganó la batalla de Pavón
y le regaló a Buenos Aires la victoria, yéndose a su casa
y dejando el campo de batalla en manos de los vencidos. Capitaneó
a Brasil para sacudir el ascendiente tiránico de Buenos Aires, hoy
se pone a las órdenes de Buenos Aires y del Brasil, para reponer
el ascendiente de los dos contra los países interiores. Trabajó
por la causa de las provincias, hoy trabaja contra ellas por la causa de
Buenos Aires. Representó el nacionalismo argentino: hoy es el brazo
zurdo del localismo de Buenos Aires contra la República Argentina...
Se puede decir, según esto que hay dos Urquizas: el que ha hecho
Dios, que es entrerriano y el que ha hecho a medias su propia avaricia
y la avaricia de sus cómplices de Buenos Aires: éste es el
Urquiza porteño, el Urquiza hechizo, extraoficial, fruto de la política
de Mitre, que ha consistido en lograr que el falso Urquiza mate al Urquiza
natural, que el Urquiza porteño mate al Urquiza entrerriano, con
lo cual mueren los dos en beneficio de Buenos Aires y en daño de
las provincias..." (58).
Años más tarde, cuando Urquiza
traiciona a Felipe Varela y al Chacho y se complica en la guerra del Paraguay,
le llegar la justicia por mano de sus propios hombres. En el levantamiento
de López Jordán, Simón Luengo, hombre del Chacho,
lo mata.
Hernández escribe: "... Su muerte mil
veces merecida es una justicia tremenda y ejemplar del partido otras tantas
veces sacrificado y vendido por él..." (59).
CITAS
1) Sarmiento, Domingo Faustino: "Campaña
en el Ejército Grande", Editorial Kraft, Bs.As., 1957,
página 85.
2) Idem, página 85.
3) Idem, página 86.
4) Idem, página 118.
5) Idem, página 119.
6) Idem, página 127.
7) Idem, página 204.
8) Idem, página 177.
9) Idem, página 182.
10) Idem, página 135.
11) Idem, página 240.
12) Idem, páginas 158/159.
13) Idem, página 257.
14) Idem, página 258.
15) Rebollo Paz, León: "Historia de la
Organización Nacional", Tomo I, Librería Del Plata, Bs.As.,
1951, página 87.
16) Idem, página 43.
17) Idem, página 92.
18) Sarmiento, Domingo Faustino: Ob. cit. página
42.
19) Rebollo Paz, León: Ob. cit. páginas
200 y 225.
20) Rebollo Paz, León: Ob. cit. página
222.
21) Sarmiento, Domingo Faustino: Ob. cit. página
134.
22) Sarmiento, Domingo Faustino: Ob. cit. página
347.
23) Sarmiento, Domingo Faustino: Ob. cit. página
208.
24) Sarmiento, Domingo Faustino: Ob. cit. página
121.
25) De Herrera, Luis Alberto: "Buenos Aires,
Urquiza y el Uruguay", Montevideo, 1919, página 21.
26) Pelliza, Mariano: "La Organización
Nacional", Editorial "Suelo Argentino", Bs. As., 1951, páginas 15
y 16.
27) Sarmiento, Domingo Faustino: Ob.cit. páginas
183 y 184.
28) Victorica, Julio: "Urquiza y Mitre", Editorial
Lajouane y Cía., Bs.As., 1906, páginas 79/80.
29) Sarmiento, Domingo Faustino: Ob.cit. páginas
356 y 357.
30) Victorica, Julio: Ob.cit. página 197.
31) Victorica, Julio: Ob.cit. página 197.
32) Carta de Domingo Faustino Sarmiento a Domingo
de Oro, citada por Pedro de Paoli en: "Los motivos del Martín Fierro
en la vida de José Hernández", Editorial Ciorda y Rodriguez,
Bs.As., 1947, páginas 91 y 92.
33) Odonne, Jacinto: "La burguesía terrateniente
argentina", Ediciones Populares Argentinas, Bs.As., 1956.
34) Mitre, Bartolomé: Editorial de "El
Nacional", 9/12/56. Artículo citado por Juan A. González
Calderón en "El General Urquiza y la Organización Nacional",
Editorial Kraft, Bs.As., 1940.
35) Victorica, Julio: Ob.cit. página 232.
36) Victorica, Julio: Ob.cit. página 235.
37) Victorica, Julio: Ob.cit. página 238.
38) Victorica, Julio: Ob.cit. página 327.
39) Victorica, Julio: Ob.cit. página 328.
40) Cárcano, Ramón J.: "Urquiza
y Alberdi", Editorial La Facultad, Bs. As., 1938, página 575.
41) Cárcano, Ramón J.: Ob.cit.
página 580.
42) Cárcano, Ramón J.: Ob.cit.
página 582.
43) Cárcano, Ramón J.: Ob.cit.
página 582.
44) Academia Nacional de la Historia: "Historia
de la Nación Argentina", Tomo VIII, página 329.
45) Cárcano, Ramón J.: Ob.cit.
página 586.
46) Pelliza, Mariano: Citado por J.Victorica,
Ob.cit. página 395.
47) Victorica, Julio: Ob.cit. página 392/393.
48) Victorica, Julio: Ob.cit. página 394.
49) Pelliza, Mariano: Citado por J. Victorica,
Ob.cit. página 405.
50) Victorica, Julio: Ob.cit. página 404.
51) Bidabehere, Fernando: "Norberto de la Riestra",
Editorial Plus Ultra, Bs.As., 1980, página 63.
52) Victorica, Julio: Ob.cit. página 410.
53) Coronado, Juan: "Misterios de San José",
Editorial Palumbo, Bs.As., 1911.
54) Victorica, Julio: Ob.cit. página 417.
55) Victorica, Julio: Ob.cit. página 420.
56) Zorraquín Becú, Horacio: "Tiempo
y vida de José Hernández", Editorial Emecé, Bs.As.,
1972, página 77.
57) Chávez, Fermín: "José
Hernández", Ediciones Culturales Argentinas, Bs.As., 1959, página
55.
58) Alberdi, Juan B.: "Mitre al desnudo", Editorial
Coyoacán, Bs.As., 1961, página 105.
59) Chávez, Fermín: Ob.cit. página
55.