LA BURACO Cuentos

Ir a Indice de LA BURACO Marzo - Abril
Ir a Indice de Cuentos de Marzo - Abril
Ir a Cuento Previo de Marzo - Abril
 
 
En         el 

    pasillo 
                 de
    Alcira Saldaña

Comenzaron las presentaciones. ¿Qué se puede decir en tres palabras? Una absurda síntesis, un retazo descolorido.
No sé qué dijiste. Tu voz era cálida. Hablamos un rato. La gente, el olor a comida y el ruido aturdían. Salimos a la calle.
Caminamos por el centro sin un rumbo definido, conversando y tarareando canciones hasta que en un traspié se me rompió el zapato. Entonces me ofreciste arreglarlo. Dijiste que en tu casa tenías martillo y clavos y que estábamos cerca.
Fuimos a tu casa. La escalera de madera raída retumbaba con nuestros pasos. Nos pusimos a imaginar figuras con las manchas de humedad de las paredes hasta que llegamos al segundo piso, donde nos detuvimos. Abriste la puerta y me invitaste a pasar con una graciosa reverencia.
La pieza, la cocina y el baño estaban alineados y daban a un pasillo, que debió ser un balcón luminoso y que ahora estaba cerrado con una mampara de vidrios verdes y rojos opalescentes. Yo me quedé allí con el zapato en la mano, mientras vos buscabas los clavos y el martillo.
Me mareaban el silencio y la intimidad. ¡Qué diría él si supiera de esto!
Te acercaste con los clavos y me miraste de una forma tierna. Me dio vergüenza. Bajé la mirada hacia el zapato y te lo acerqué. Pero vos no lo agarraste, me abrazaste a mí y me besaste.
Yo lo recordé a él, empujándome sobre la cortina metálica de aquel negocio de la avenida Córdoba. La gente se había quedado muda sin saber qué hacer.
- Hemos madurado distinto –le había dicho–, ya sé que tenemos el juego de platos y que tu mamá nos da el departamento para casarnos. Si, está todo. Pero quiero otra cosa. Tengo mucho por hacer, quiero estudiar...
Sin poder terminar de hablar, había caído mientras él gritaba que ya tenía todo planeado, que yo no podía fallarle.
- No sabés como te quiere mamá y yo también. Es la primera vez que me acepta una novia.
- Carlos, te quiero, pero tengo otras cosas en mente. Quiero viajar, estudiar...
Entonces golpeó la pared con el puño cerrado, con tanta violencia, que se fracturó la muñeca.
 

El zapato se me cayó de las manos. Estábamos apoyados sobre los vidrios de la mampara del pasillo. Vos seguiste abrazándome y besándome.
 

- Carlos, este fin de semana largo podríamos irnos afuera con mi amiga Graciela. Nos invitó a su departamento de Miramar. Van también Ana y Marcelo.
- Mirá, no sé. La Facultad me tiene muy preocupado. Tengo que preparar unas materias.
- Pero son tres días nada más.
- No sé. No es por mí, pero qué va a decir la gente. Mamá, está tan contenta de que vos no seas como las otras...Y ahora lo vamos a arruinar.
 

Ahora estábamos abrazados sobre el piso del pasillo. Comenzaste a sacarme el saco y a desabrocharme la pollera. Después levantaste los brazos para sacarte el buzo y la remera. Hacía calor.

- Carlos estuve pensando. No tomes a mal lo que te voy a decir. Pero, hace cinco años que estamos de novios y creo que ya es momento de que... sobre todo si pensamos casarnos. Hay que conocerse en todos los aspectos. Creo que...
- Te entiendo, entiendo. Dejame pensar... qué te parece después de los exámenes. A fin de año. Estas cosas hay que programarlas bien. Ahora mirá lo que te traje.
- ¡Una cajita de música!, ¿cómo se te ocurrió?
- Mamá la eligió para vos
 

Sonaba una batería que alguien tocaba en otro departamento. Yo ya no tenía la pollera, ni las medias, ni la camisa. Terminaste de sacarte el pantalón y tiraste todo lejos, creo que fue a caer sobre el martillo, los clavos y el zapato roto. ?
 
 
 




This page hosted by GeoCitiesGet your own Free Home Page
 
 
Hosted by www.Geocities.ws

1