Permitanme
presentarles mi nueva mercadería. Traje doce y ahora no me quedan
más que tres pues las demás las he vendido. Sé que
a algunos les impresiona ver este arte aborigen que tan de moda se ha puesto
en nuestra querida Inglaterra. Han de saber que esta mercadería
fue comprada honestamente, habiendo pagado su justo precio.
Y han de saber
que esta, la mercadería que yo vendo, no es cara si consideramos
el largo viaje que para conseguirla he hecho. Para comprarla he recorrido
medio planeta. Y si contamos el ida y vuelta lo hubiese podido cruzar entero.
Hice un viaje lleno de peligros y lugares inhóspitos. En condiciones
para nada acordes según mi categoría.
Conseguirles
la mejor calidad ha sido mi meta, y lo he logrado. Resulta que una vez
llegado a destino me estaba esperando el jefe de la tribu con la mercancía.
Si bien la cantidad era la pactada, la calidad no era tan buena como yo
esperaba. Comprendí enseguida que no era arte original. Era tan
sólo arte creado rápidamente para cumplir en mínimas
condiciones con el trato. La negociación no fue sencilla- El regateo
fue trabajoso. Pero luego de un tiempo llegamos a un trato justo, pues
él también deseaba la mercadería que yo le iba a dar
a cambio. Es hermoso ver como nosotros, los hombres de negocios, siempre
nos entendemos, sin importar raza, cultura o religión.
Recuperar
las obras de arte tampoco fue tan fácil. Aún cuando yo ya
había pagado por ellas. Hubo que concordar con el jefe dar una fiesta,
donde convidamos a los guerreros con nuestros vinos. De haber sabido que
hacía falta tanto, habría comprado mas vino y mas barato.
Y una vez que éste hizo efecto, pasamos sin mayor esfuerzo a recuperarlo
que era nuestro.
Siempre hay
una desgracia que hace subir los costos. Un guerrero, quizás el
que menos había tomado, intentó huir con su mercadería
sobre los hombros.MI
mercadería. Yo ya la había pagado y a un muy buen precio,
según lo que se estila por esos lugares. Y en ese momento tan difícil
hice lo que todo hombre que se digne debe de hacer: - Fuego -ordené.
Todavía
recuerdo el ruido aturdidor. Ese olor a pólvora. El olor a pólvora
mezclado con olor a sangre. Sangre, sangre, sangre roja como el vino. La
carne abierta mostrando el hueso. El espectáculo convirtió
en sangre mi vino y mi plato se llenó de carne humana y no pude
seguir comiendo. Y todo por un ladrón, que intentó llevarse
lo mío, y que para colmo de males había estropeado esa pieza
de mercadería.
Le pedí
al jefe otra a cambio, pero este me respondió que yo la había
estropeado y que conseguir otra sería muy dificil. Como buen lord
inglés soy un hombre de palabra y comprendí que no había
manera de recuperar lo perdido.
Y aquí
estoy, vendiendo mi mercadería. ¡Acérquense a verla!
Vean cuantas lineas. Algunas siguiendo el mismo sentido. Algunas rectas,
otras en espiral Diciendo cuál es su linaje. Dando a entender para
quienes lo puedan cual es su posición social. Vean qué extraña
belleza han creado esos aborígenes. Y yo personalmente elegí
las trece mejores. Mejores que estas no han de encontrar. Auténticas
cabezas de maories. De verdaderos guerreros. Perfectamente conservadas,
para quien quiera llevarse un tatuaje a su casa.
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