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  El Comerciante
      de Arte
 
 
 
 
 
 
Carlos      Gastón            Alvarez
 Permitanme presentarles mi nueva mercadería. Traje doce y ahora no me quedan más que tres pues las demás las he vendido. Sé que a algunos les impresiona ver este arte aborigen que tan de moda se ha puesto en nuestra querida Inglaterra. Han de saber que esta mercadería fue comprada honestamente, habiendo pagado su justo precio.
Y han de saber que esta, la mercadería que yo vendo, no es cara si consideramos el largo viaje que para conseguirla he hecho. Para comprarla he recorrido medio planeta. Y si contamos el ida y vuelta lo hubiese podido cruzar entero. Hice un viaje lleno de peligros y lugares inhóspitos. En condiciones para nada acordes según mi categoría.
Conseguirles la mejor calidad ha sido mi meta, y lo he logrado. Resulta que una vez llegado a destino me estaba esperando el jefe de la tribu con la mercancía. Si bien la cantidad era la pactada, la calidad no era tan buena como yo esperaba. Comprendí enseguida que no era arte original. Era tan sólo arte creado rápidamente para cumplir en mínimas condiciones con el trato. La negociación no fue sencilla- El regateo fue trabajoso. Pero luego de un tiempo llegamos a un trato justo, pues él también deseaba la mercadería que yo le iba a dar a cambio. Es hermoso ver como nosotros, los hombres de negocios, siempre nos entendemos, sin importar raza, cultura o religión.
Recuperar las obras de arte tampoco fue tan fácil. Aún cuando yo ya había pagado por ellas. Hubo que concordar con el jefe dar una fiesta, donde convidamos a los guerreros con nuestros vinos. De haber sabido que hacía falta tanto, habría comprado mas vino y mas barato. Y una vez que éste hizo efecto, pasamos sin mayor esfuerzo a recuperarlo que era nuestro.
Siempre hay una desgracia que hace subir los costos. Un guerrero, quizás el que menos había tomado, intentó huir con su mercadería sobre los hombros. MI mercadería. Yo ya la había pagado y a un muy buen precio, según lo que se estila por esos lugares. Y en ese momento tan difícil hice lo que todo hombre que se digne debe de hacer: - Fuego -ordené.
 Todavía recuerdo el ruido aturdidor. Ese olor a pólvora. El olor a pólvora mezclado con olor a sangre. Sangre, sangre, sangre roja como el vino. La carne abierta mostrando el hueso. El espectáculo convirtió en sangre mi vino y mi plato se llenó de carne humana y no pude seguir comiendo. Y todo por un ladrón, que intentó llevarse lo mío, y que para colmo de males había estropeado esa pieza de mercadería.
Le pedí al jefe otra a cambio, pero este me respondió que yo la había estropeado y que conseguir otra sería muy dificil. Como buen lord inglés soy un hombre de palabra y comprendí que no había manera de recuperar lo perdido.
Y aquí estoy, vendiendo mi mercadería. ¡Acérquense a verla! Vean cuantas lineas. Algunas siguiendo el mismo sentido. Algunas rectas, otras en espiral Diciendo cuál es su linaje. Dando a entender para quienes lo puedan cual es su posición social. Vean qué extraña belleza han creado esos aborígenes. Y yo personalmente elegí las trece mejores. Mejores que estas no han de encontrar. Auténticas cabezas de maories. De verdaderos guerreros. Perfectamente conservadas, para quien quiera llevarse un tatuaje a su casa.


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