LA
BURACO Editorial
Sarmiento y las corrientes historiográficas
A través de su vida política, de
sus luchas y escritos periodísticos, de sus obras literarias y de
su correspondencia, hay VARIOS Sarmientos que difícilmente puedan
identificarse y valorarse de una sola manera.
El más conocido es el Sarmiento ideólogo,
que ofrece a sus contemporáneos un cuerpo de ideas que conforman
el pensamiento más representativo de la clase dominante, durante
varias décadas.
Más allá de que Sarmiento haya
sido consciente o no, él le entrega a la clase dominante una herramienta
poderosísima para hegemonizar ideológicamente al resto del
país, especialmente a la clase media. En este sentido, sin ninguna
duda, es un reaccionario, porque su concepción ideológica
y política permite legitimar el orden semicolonial. A través
de sus ideas, la oligarquía "azonza" a los argentinos, implanta
la "colonización pedagógica" (en el idioma usado por Jauretche)
es decir, logra el consenso, impone, como diría Gramsci, "el sentido
común" de la sociedad argentina o, como decía Marx, logra
que "las ideas de la clase dominante sean las ideas dominantes en la sociedad".
1. Por esta razón, la Historia Oficial
lo celebra junto a Rivadavia y Mitre, no por su gestión presidencial,
ni por su literatura, sino por su ideología.
2. Por la misma razón, la Historia Social
lo respeta y evita criticarlo. (Más bien prefiere dedicarse a denostar
a José Hernández, su reverso ideológico, o a Felipe
Varela, una alternativa latinoamericana o a Raúl Scalabrini Ortiz
por desnudar el andamiaje de opresión semicolonial montado por el
Imperio Británico).
3. A su vez, el nacionalismo de derecha lo juzga
un enemigo, no por darle ideología a la clase dominante, sino por
haber sido abanderado de la ley 1420 de enseñanza laica, en detrimento
de la escuela confesional. Las bombas de alquitrán con que tradicionalmente
Tacuara y otros grupos nacionalistas "festejaban" los 11 de septiembre
haciendo puntería en los bustos de Sarmiento, tienen ese sentido
de defensa de la religión y de lo tradicional, y no sentido antiimperialista.
4. Jauretche formula la crítica más
profunda a Sarmiento en cuanto a la función cumplida como ideólogo,
reconociéndole algunas virtudes en otros terrenos, como el literario,
pero insistiendo en que lo grave es el Sarmientismo, como religión
o concepción de la oligarquía y los sarmientudos, peores
que Sarmiento. Más allá de esta función negativa,
lo reconoce como un "bárbaro", como un "primitivo", como "un Facundo
que agarró pa' los libros".
5. El revisionismo federal - provinciano se ha
preocupado por retomar ese aporte de Jauretche y por distinguir a Sarmiento
de Mitre, especialmente en el período 1868/ 1874, durante su gestión
presidencial.
Sarmiento ideólogo
Jauretche comienza sosteniendo que un ideólogo
es "Quien ama la idea como idea", como abstracción, pero no "la
cosa en sí". El ejemplo más nítido es el pequeño
burgués que se juzga socialista y vanguardia de la clase trabajadora,
pero cree que los trabajadores se equivocan siempre cuando votan, dada
su incultura. Por tanto, ama el socialismo y ama también a un trabajador
abstracto, en estado puro, pero desprecia al trabajador real, al cual no
conoce pero al que supone engañado por ingenuo, incapaz e iletrado,
de lo cual proviene su peronismo, producto de la demagogia.
Señala Jauretche que el General Roca dio
la mejor definición de Sarmiento considerándolo un ideólogo:
"Amaba a la Patria, pero no a sus compatriotas; amaba a la educación,
pero no a los maestros; amaba a la humanidad, pero no a sus semejantes".
(El mismo Jauretche señala, como experiencia propia, que tuvo que
romper con la ideología oligárquica dominante para "sustituir
el amor a la humanidad en abstracto por el amor a nuestros paisanos, humanidad
efectiva y concreta").
¿Cuál es la ideología Sarmientina?
Tiene su columna vertebral en la concepción "civilización
o barbarie".
Supone que la "civilización" está
en Europa y la "barbarie", en América. Por tanto, la América
bárbara no puede desarrollarse, crecer desde ella misma, porque
es incapaz, iletrada, abúlica, racialmente inferior. Para progresar,
debe importar lo europeo. Cuanto más importe de Europa, más
civiliza, más destruye la barbarie. Civilizar es implantar lo europeo,
destruir lo propio. LUEGO, CIVILIZAR ES DESNACIONALIZAR. En términos
más concretos: aniquilar al indio, al gaucho, al negro, al mestizo,
aniquilar las leyendas y tradiciones, las costumbres, las industrias propias,
las experiencias, las expresiones de las multitudes autóctonas,
los caudillos nacidos como expresión también de esa realidad
bárbara.
La "barbarie", según Sarmiento
a) Los indios
1) "¿Lograremos exterminar a los indios?
Por los salvajes de América siento una invencible repugnancia sin
poderlo remediar. Esa canalla no son más que unos indios asquerosos
a quienes mandaría colgar ahora si reapareciesen. Lautaro y Caupolicán
son unos indios piojosos, porque así son todos. Incapaces de progreso,
su extermino es providencial y útil, sublime y grande. Se les debe
exterminar sin ni siquiera perdonar al pequeño, que tiene ya el
odio instintivo al hombre civilizado" (1).
2) "San Juan ha caído en poder de los
revolucionarios, de ese partido de descendientes de indios que combatí
toda mi vida" (2).
3) "Estamos por dudar de que exista el Paraguay.
Descendientes de razas guaraníes, indios salvajes y esclavos que
obran por instinto o falta de razón. En ellos, se perpetúa
la barbarie primitiva y colonial... Son unos perros ignorantes... Al frenético,
idiota, bruto y feroz borracho Solano López lo acompañan
miles de animales que obedecen y mueren de miedo. Es providencial que un
tirano haya hecho morir a todo ese pueblo guaraní. Era necesario
purgar la tierra de toda esa excrecencia humana, raza perdida de cuyo contagio
hay que librarse" (3).
b) Los negros
"Los negros... ponían en manos de Rosas
un celoso espionaje, a cargo de sirvientes y esclavos proporcionándole,
además, excelentes e incorruptibles soldados de otro idioma y de
una raza salvaje... Felizmente, las continuas guerras han exterminado a
la parte masculina de la población... " (4).
c) Los gauchos
1) "No trate de economizar sangre de gauchos.
Es lo único que tienen de humano. Este es un abono que es preciso
hacer útil al país" (5).
2) "Se nos habla de gauchos... La lucha ha dado
cuenta de ellos, de toda esa chusma de haraganes" (6).
3) "Sandes ha marchado a San Luis... Si va, déjelo
ir. Si mata gente, cállense la boca. Son animales bípedos
de tan perversa condición que no sé qué se obtenga
con tratarlos mejor" (7).
4) "Yo he habituado los oídos de los americanos
a oírse llamar bárbaros" (8).
5) "El partido bárbaro que hemos combatido
tantos años aprovecha la guerra del Paraguay y la debilidad del
gobierno y empieza a sublevarse en las provincias del interior... Puede
imaginarse que a mi edad ya me faltan las fuerzas para emprender de nuevo
la lucha contra la barbarie de nuestras ignorantes masas populares" (9).
6) En "Conflictos y armonías de razas
en América", expresa su desprecio y descalificación por indios,
negros y gauchos.
d) Los caudillos
1) Sobre el asesinato y degüello del Chacho
expresa: "He aplaudido la medida, precisamente por su forma. Sin cortarle
la cabeza a aquel inveterado pícaro y ponerla a la expectación,
las chusmas no se habrían aquietado en seis meses" (10).
2) "No deje cicatrizar la herida de Pavón.
Urquiza debe desaparecer de la escena, cueste lo que cueste. Southampton
o la horca. Es la única nube negra que queda en el horizonte" (11).
3) "La muerte del gobernador Nazario Benavídez
es acción santa sobre un notorio malvado. Dios sea loado." (12).
4) "Sombra terrible de Facundo... Está
viva en las tradiciones populares... en la naturaleza campestre, colonial
y bárbara" (13).
5) "Facundo es un tipo de la barbarie primitiva...
Su cólera era la de las fieras: la melena de sus renegridos y ensortijados
cabellos caía sobre su frente y sus ojos en guedejas como las serpientes
de la cabeza de Medusa, su voz enronquecía y sus miradas se convertían
en puñaladas. Dominado por la cólera, mataba a patadas, estrellándole
los sesos a N. por una disputa de juego, arrancaba ambas orejas a su querida
porque le pedía treinta pesos, abría a su hijo la cabeza
de un hachazo... En todos sus actos se mostraba el hombre bestia... Tenía
reputación entre hombres groseros que llegaban a atribuirle poderes
sobrenaturales" (14). "Llega a San Juan y los principales de la ciudad...
salen a encontrarlo. Pasa sin mirarlos... Una negra que lo había
servido en su infancia se presenta a ver a su Facundo, él la sienta
a su lado, conversa afectuosamente con ella, mientras sacerdotes y notables
de la ciudad están de pie, sin que nadie les dirija la palabra,
sin que el jefe se digne despedirlos" (15).
6) Sobre Artigas: "cruel, bárbaro y sanguinario,
cuatrero y salteador", "monstruo, endurecido animal de rapiña",
"bestia, animal feroz" (16).
7) Las opiniones despectivas sobre Artigas, Rosas
y el resto de los caudillos federales abundan en diversos escritos de Sarmiento,
especialmente en su polémica con Alberdi.
"La civilización" según Sarmiento
Al planteo de concluir con indios, gauchos y caudillos,
agrega, por oposición, su admiración por lo europeo, es decir,
preconiza un destino colonial:
1) "Yo pertenezco, señor, al número
de esos millares de argentinos a quienes en una sesión de la sala
de representantes denunciaba D. Baldomero García, en 1839, como
"que quieren andar a la extranjera, hablar a la extranjera, vestir a la
extranjera y mis simpatías por los extranjeros no lo excluyen a
S. S. representante de una de esas naciones a quienes el gobierno de Rosas
atribuye "brutales" caprichos e "infames" aspiraciones" (17).
2) "Pertenezco al corto número de los
habitantes de la América del Sur que no abrigan prevención
alguna contra la influencia europea en esta parte del mundo. Como publicista
he sostenido de diez años a esta parte que estaba en nuestro interés
abrir a la Inglaterra y a todas las naciones europeas la navegación
de nuestros ríos, para que desenvolviesen el comercio, la riqueza
y estimulasen la producción. Dan testimonio mis diez años
de escritos y de afección a los ingleses" (18).
3) Sarmiento lamenta que en 1806 no nos dejáramos
dominar por los ingleses, pues está cierto que "se habrían
anticipado, bajo el dominio británico, en cincuenta años,
los beneficios de la civilización inglesa, las ventajas del comercio
y del seguro, el privilegio de tener asambleas efectivas" (19).
4) "Los que cometieron aquel delito de leso americanismo
(apoyar la invasión francesa), los que se echaron en brazos de la
Francia para salvar la civilización europea, sus instituciones,
sus hábitos e ideas en las orillas del Plata, fueron los jóvenes,
en una palabra, ¡fuimos nosotros! ... Somos traidores a la causa
americana, española, absolutista, bárbara... De eso se trata,
de ser o no ser salvajes" (20).
5) "Inglaterra se estaciona en las Malvinas.
Seamos francos, esta invasión es útil a la civilización
y al progreso" (21).
Completa la concepción colonial, negándonos
destino industrial y naviero y reduciendo las posibilidades a lo agropecuario:
1) "La grandeza del Estado está en la
pampa pastora, en las producciones tropicales del norte y en el gran sistema
de los ríos navegables. Por otra parte, los españoles no
somos ni industriales ni navegantes y la Europa nos proveerá por
largos siglos de sus artefactos, en cambio de nuestras materias primas"
(22).
2) Después de conversar con Richard Cobden
(seguidor de Adam Smith), Sarmiento declara que quedó convencido
de ciertas ideas: "Cobden ha destruído... todos los grandes principios
en que reposaba la ciencia gubernativa... La protección de las industrias
nacionales (le dijo Cobden) es un medio inocente de robar dinero al vuelo,
arruinando al consumidor" (23).
En otra oportunidad, declara: "Pretender abrirle
caminos artificiales, fraguando industrias lucrativas con derechos protectores,
imponer al consumidor una contribución por la cual se le obliga
a pagar más caro lo que había logrado más barato,
es medio que a la corta o a la larga se paga caro" (24). (Sarmiento había
tenido simpatías proteccionistas hasta encontrarse con Cobden en
Barcelona, durante su viaje a Europa. A partir de allí, fue antiproteccionista).
3) "Que se abriese la navegación y entonces
la mercantil Inglaterra llevaría hasta Matto Groso, Salta y las
Misiones brasileñas, sus artefactos... pues que siendo estos países
habitados por pueblos que no tienen capacidad fabril, la Inglaterra ha
de proveerlos de artefactos" (25).
4) "El día que Buenos Aires vendió
su escuadra hizo un acto de inteligencia que le honra... Las costas del
sur no valdrán nunca la pena de crear para ellas una Marina. Líbrenos
Dios de ello y guardémonos nosotros de intentarlo" (26).
"La Patagonia austral es una tierra desértica,
frígida e inútil. No vale la pena gastar un barril de pólvora
en su defensa. ¿Por qué obstinarse en llevar adelante una
ocupación nominal? (27).
Sarmientismo y sarmientudos
Para poder emplear a su favor esas ideas de Sarmiento
- instrumento fabulosos para defender suus intereses agropecuarios y de
subordinación al imperialismo inglés - la clase dominante
ocultó todo aquello que demostraba que Sarmiento era - también
él - un bárbaro. Se fabricó la imagen del Gran Educador,
colmado de virtudes, pensador profundo y equilibrado, sociólogo
avanzado, nutrido en Europa de las principales teorías de la época
(hasta, para algunos, simpatizante del socialismo). Se lo hizo bronce.
Se escamotearon sus disidencias con Mitre y los perfiles singulares de
su presidencia. Se elevó el "Facundo" al nivel de "Biblia nacional".
(Así también pasó a los colegios como alumno ejemplar,
que nunca faltaba a clase, ejemplo de modales, científico, que no
mentía, etc.)
Con las ideas de Sarmiento - y ocultando su conducta
y buena parte de su vida política - la oligarquía fabricó
el sarmientismo y, por consiguiente, los sarmientudos. El sarmientismo,
concepción antinacional, desdeña al pueblo por racialmente
inferior - pues proviene de indios, negros y gauchos - y por inculto, guiado
sólo por bajas pasiones, cargado de inmoralidad, violento, proclive
a aceptar caudillos y demagogos, enemigo del progreso y de los adelantos
del mundo desarrollado. Los sarmientudos son aquellos devotos de esta concepción.
Y no sólo las maestras de escuela y los directores, sino muchos
profesionales, incluso aquellos definidos como izquierdistas que combinan
fraseología marxista con sumisión total a la concepción
de "civilización o barbarie", o a la teoría de que la política
es una lucha entre cultura e incultura o entre moral y corrupción
y no, como es realmente, expresión de intereses económico-sociales
en pugna, es decir, de la lucha de clases.
Esta función que cumplió Sarmiento
- más allá de la concienciia o inconsciencia de sus aportes
- lo convierte en un reaccionario, serviidor de los intereses de la clase
dominante, aportante de la ideología necesaria al modelo de la Argentina
agroexportadora subordinada al Imperio Británico.
El otro Sarmiento
Un análisis minucioso de su vida política
ratifica, hasta la década de los sesenta, su subordinación
al mitrismo (como se le llamó por entonces: "alquilón de
Buenos Aires"):
a) Enfrenta a Rosas y al resto de los caudillos
provincianos desde una posición liberal conservadora y europeizante.
Se exila escribiendo: ON NE TUE PAS LES IDEÈS (las ideas no se matan)
(28).
b) Regresa para apoyar el levantamiento contra
Rosas, pero inmediatamente rompe con Urquiza y se exila, enviándole
las cartas de Yungay.
c) Opera junto a Mitre en la Buenos Aires segregada.
d) Producido "Pavón", propone la más
brutal represión contra caudillos y masas populares del interior.
Sin embargo, en la década del sesenta
ya disiente con Mitre respecto a la propuesta de la República del
Río de la Plata, que rechaza, y asimismo, participa por su cuenta
- provocando el enojo de Mitre - en el CCongreso Hispanoamericano de Lima.
Estas actitudes, no obstante, resultan insuficientes como para suponer
que llegado al gobierno enfrentaría al mitrismo o por lo menos,
se negaría a ser su servidor.
Pero, ocurre a menudo, en la historia, que los
hombres que gobiernan ejecutan una política que no responde exactamente
a sus ideas sino al grupo social que lo sustenta en el poder (Frondizi
y Menem son un ejemplo de gobiernos que ejecutan lo contrario de lo prometido
en la campaña electoral y de lo que habían sido sus ideas
hasta ese momento. Cámpora, asimismo, promueve medidas mucho más
profundas y democráticas de las que podrían haberse supuesto
conociendo su trayectoria política anterior).
Debe notarse, como cuestión fundamental,
que Sarmiento llega al gobierno con disgusto de Mitre, quien quiere imponer
a su canciller Rufino de Elizalde como su sucesor en la presidencia. Asimismo,
Sarmiento baja del poder sustentando la designación de Avellaneda
como presidente y el momento está marcado por la insurrección
militar del mitrismo, en 1874. Además, sus seis años de gobierno
reciben la fuerte crítica de "La Nación" y de Mitre. Todo
esto indica que la oligarquía no se expresa en Sarmiento, ni está
satisfecha con su gobierno.
Una comparación entre Mitre y Sarmiento
permite clarificar esta situación. Mitre es el jefe político
de la oligarquía. La familia es dueña de campos, del diario
"La Nación" y tiene estrechos vínculos con los ingleses.
Mitre nace políticamente como expresión de la burguesía
comercial porteña a la cual expresa y puede señalarse que
a partir de las "Sesiones de Junio" y su paso por la gobernación
de Buenos Aires va siendo el jefe de la oligarquía porteña,
representando tanto a comerciantes como a estancieros. En Pavón,
es ya el hombre fuerte de esa clase que bien pronto, con las expediciones
al interior, alcanza a ser "la oligarquía", al nutrirse también
de los sectores reaccionarios de las provincias. Sarmiento no es lo mismo.
En su conducta política, actúa a veces como "alquilón"
de Buenos Aires, es cierto, pero no siempre.
Mitre es decididamente pro - inglés. Sarmiento
es pro - europeo (se retracta bastante en "La condición del extranjero
en América") y más bien, pro - yanqui, en tanto su estadía
en Estados Unidos lo lleva a admirar a ese país que, en aquella
época, resultaba menos peligroso como posible dominador. Mitre ansía
el país - provincia, sobre el río. Sarmiento se declara "porteño
en las provincias" y "provinciano en Buenos Aires". Sarmiento carece de
partido. Su candidatura nace en el ejército.
Base social del Sarmiento presidente
Alfredo Terzaga, en su "Historia de Roca", analiza
agudamente la llegada al poder por parte de Sarmiento. Sostiene que las
candidaturas posibles eran: Adolfo Alsina, Urquiza y Rufino de Elizalde.
Mitre publica, entonces, un documento descalificando a las dos primeras:
a Alsina, enemigo suyo, autonomista, "populachero", a Urquiza porque, a
pesar de su defección, aún mantiene un viejo resplandor federal.
Pero Elizalde, a quien Mitre quiere imponer, era llamado "el brasilero"
por su subordinación diplomática al Brasil durante la Guerra
contra el Paraguay y solo tiene el apoyo porteño y de Santiago del
Estero.
Nace entonces, desde el Ejército, la candidatura
de Sarmiento, impulsada por Lucio Mansilla, hallándose el sanjuanino
en misión diplomática en Estados Unidos. Ella se explica,
afirma Alfredo Terzaga, en su "Historia de Roca", teniendo en cuenta las
profundas transformaciones operadas en el ejército, especialmente
en el interior del país. En 1868, sostiene, la represión
mitrista y la casi extinción de la montonera, como asimismo el avance
del ferrocarril, significa "la disolución de la vieja sociedad argentina".
Los que antes eran soldados del Chacho o de Varela - peones, troperos,
carreteros, así como artesanos de la pequeña producción
abatida por la mercancía importada - constituyen una gran masa social
que ya no tiene cabida en la lucha montonera: "El nuevo ejército
se irá saturando de oficiales provincianos y de soldados incorporados
a la fuerza que buscan en el alistamiento una manera de borrar el pasado
y de escapar a la indigencia local... O para decirlo de otro modo, ese
ejército es la expresión organizada de la disolución
de la vieja sociedad argentina".
Ese "nuevo" ejército no admite el nacionalismo
de los federales - ya en declinación - a quienes identifica como
resistentes a la Guerra del Paraguay, pero tampoco "el brasileñismo"
expresado por Elizalde y por Mitre pues presiona sobre ellos la gran repulsa
popular a esa guerra.
Así, el gobierno de Sarmiento no expresa
al viejo federalismo pero tampoco al mitrismo. Se podría afirmar
que, en última instancia, lo continúa en la medida en que
no revierte la política proinglesa del mitrismo, pero por otra parte,
es evidente que intenta otro camino. Ello explica, asimismo, el rol importante
de Adolfo Alsina (crítico de la guerra contra el Paraguay) e incluso
la concertación entre Sarmiento y Urquiza.
Presidencia de Sarmiento
Con relación a los hombres que lo acompañan
en su gestión, se observan algunos de trayectoria urquicista (Gorostiaga,
Frías y Domínguez), otros vinculados al mitrismo (Costa,
Gainza), otros independientes como Vélez Sársfield (viene
del rosismo aunque ha negociado con el mitrismo).
El vicepresidente, denotando el perfil antimitrista
del gobierno, es un autonomista: Adolfo Alsina. ( Adolfo Alsina rompe con
Mitre en 1862. Es gobernador de la Provincia de Buenos Aires en 1866, vice
de Sarmiento en 1868 y Ministro de Guerra de Avellaneda en 1874).
El gabinete se constituye de este modo:
- Mariano Varela (Relaciones Exteriores): hijo
de Florencio, codirector de "La Tribuna", ministro de Valentín Alsina,
luego Tejedorista. Sostiene la política exterior de "La victoria
no da derechos".
- Carlos Tejedor (Relaciones Exteriores): abogado,
catedrático, gobernador de la Provincia de Buenos Aires, en 1878.
Termina jugando con Mitre en el '80. Dirigió "El Combate".
- Eduardo Costa (1823 - 1902) (Educación):
había sido Ministro de Justicia de Mitre. Gran fortuna personal.
Mitrista.
- Martín de Gainza (1814 - 1888) (Guerra):
unitario. Participó en el golpe del 11/9/1852. Golpista en el '74.
Mitrista.
- José Benjamín Gorostiaga (1823
- 1891) (Hacienda): ministro de Vicente López y Planes, en 1852,
participó en las Sesiones de Junio. Prourquicista. Fue hombre de
Paraná. Presidió la Corte Suprema entre 1877 y 1887.
- Santiago Cortínez (Hacienda): ministro
de Virasoro y de Aberastain en San Juan. Al final del gobierno de Sarmiento
es Ministro de Hacienda y luego de Avellaneda.
- Uladislao Frías (1821 - 1899) (Interior):
funcionario de Paraná. Juez, senador. Gobernador de Tucumán,
luego funcionario de Avellaneda. Situación comprometida en concesión
del Ferrocarril Pacífico, con estrechos vínculos con el capital
inglés.
- Luis L. Domínguez (1819 - 1898) (Hacienda):
en 1852 participa del gobierno de Vicente López. Gestión
financiera en Londres. Autor de "Historia Argentina". Después, diplomático.
- Dalmacio Vélez Sársfield (Interior).
- Nicolás Avellaneda (Educación):
hijo de Marco Avellaneda, de importantísima gestión en el
área educacional.
El gobierno de Sarmiento significa un desplazamiento
parcial de la oligarquía mitrista del poder. Si bien con contradicciones
y compromisos, evidencia algunos rasgos nacionales.
La oposición del mitrismo y la entrevista
de Sarmiento con Urquiza del 3 de febrero de 1870, respaldándose
en el entrerriano, signan su política. José Hernández
advierte el cambio de esta manera: "El pueblo... era enemigo de la fracción
de Mitre... y se mantenía a la capa en presencia de la administración
de Sarmiento. Reconocía las ventajas del cambio, pero no podía
abrazar ciegamente su causa" (30).
En su biografía sobre Sarmiento, Manuel
Gálvez- crítico del sanjuanino - señala, con suma
honestidad, de qué modo el mitrismo se constituye en decidida oposición.
Desde su llegada a Buenos Aires, para asumir
como presidente, "La Nación" lo critica. Sarmiento visita de noche
la tumba de Dominguito y "La Nación" publica al día siguiente
un artículo titulado "El rey se divierte", donde comenta que el
presidente electo regresó a su casa, a la madrugada, "después
de una francachela".
El 6 de octubre, seis días antes de asumir
como presidente, "La Nación" le envía una puñalada
a fondo, reproduciendo un artículo publicado durante su exilio en
Chile, donde sostiene el derecho chileno sobre La Patagonia y la zona de
Magallanes, o más explícitamente, desde el Río Negro
al sud. (Se trata de un artículo en "La Crónica", de Chile,
del 4 de mayo de 1849, que prosigue uno anterior, del 29 de abril, analizados
extensamente por Ricardo Font Ezcurra en su libro: "La Unidad Nacional")
(31).
"El Nacional", defiende a Sarmiento con el argumento
de que otros liberales unitarios también cometieron agravios de
este tipo, como Florencio Varela queriendo escindir Entre Ríos y
Corrientes, o Valentín Alsina llamando a los franceses a bloquear
Buenos Aires. Gálvez comenta: "Cómo habrá gozado en
Southampton Don Juan Manuel al saber que sus antiguos enemigos se llamaban
traidores unos a otros". (32).
El día de la asunción, Sarmiento
se halla muy molesto entre los vítores a Mitre. No bien asume, destituye
funcionarios y empleados de la anterior administración. Su primer
año transcurre bajo la crítica de "La Nación".
En noviembre de 1869, "La Nación" lo ataca
ferozmente culpándolo de las ejecuciones de Sandes, (degollamiento
de prisioneros después de Punta de Agua), para lo cual publica una
carta de Sarmiento a Mitre, donde el primero se adjudica la responsabilidad
de la represión. Sarmiento le escribe al General Rivas: "Don Bartolo
me molesta por los medios imaginables y él se ha encargado de cuanta
cuestión desmoralizadora puede presentarse. "La Nación" fue
la que sacó los fusilados de Sandes para herirme. Se sublevaron
los bandidos que mandó Urquiza (a Loncohué), Don Bartolo
alegó que no hubo consejo de guerra... La verdad es que Mitre en
su vida ha abierto un libro y sólo por su presuntuosa ignorancia
y su intención de dañar, desvaría. En la cuestión
de San Juan ha desvariado tres horas" (33). En otra carta, a García,
afirma Sarmiento: "Mitre se ha presentado tres veces ebrio en el Senado."
(34).
Sólo en 1870, con motivo del levantamiento
de López Jordán, "La Nación" suaviza sus críticas
y tiende al frente común con el presidente. La oposición
la ejerce Mitre, como principal figura del Senado y Manuel Quintana, como
principal figura de Diputados entre 1868 y 1870, pasando a ser senador
en 1870.
En la última parte de su gobierno, Sarmiento
se encuentra de nuevo hostilizado por las mismas cuestiones: sus declaraciones
a favor de Chile, de años atrás, que adquieren actualidad
por algunas incursiones chilenas y por la Guerra del Pacífico, a
las cuales él trata de imputar al Diario "La Crónica", aunque
antes las asumió como propias y asimismo, la cuestión de
la represión. "La Nación" insiste acerca de los fusilamientos
por orden o con aprobación de Sarmiento. Él contesta con
una lista de cuatro columnas de los que han muerto por culpa de Mitre,
entre ellos, El Chacho.
Recrudecen los ataques del mitrismo cuando Sarmiento
prepara la sucesión presidencial, eligiendo a Avellaneda. El 12/4/74
se realizan las elecciones. Mitre triunfa en Buenos Aires, Avellaneda en
casi todo el resto del país.
El 24 de septiembre, antes de la entrega del
mando, se insurrecciona el mitrismo. El general Ivanowsky, en San Luis,
es ultimado por los insurrectos mitristas. Mitre justifica el golpe denunciando
fraude electoral. El 6 de octubre, Sarmiento refuta el manifiesto de Mitre.
Es una crítica a toda la vida política de Mitre que culmina
así: "La difamación, la anarquía, y calumnia por sistema,
vomitadas todas las mañanas por aquellos albañales de la
casa de Don Bartolomé Mitre que se llama "Nación Argentina"
y "Verdad", nada han podido en seis años" (35).
La insurrección es sofocada. Mitre es
detenido. A los mitristas los defiende el Dr. Quintana. Algunos piden la
ejecución de Mitre por sedicioso.
Gestión de Sarmiento como presidente
Aspectos más importantes: Juan Carlos Vedoya,
en "La magra cosecha, 1868 - 1874", se refiere muy críticamente
a la presidencia de Sarmiento. Sin embargo, remarca algunos aspectos que
explican la oposición del mitrismo, así como el apoyo de
Alsina y de Urquiza. Entre ellos, cabe mencionar:
1) Sarmiento "se obsesiona" - sostiene Vedoya
- con la construcción del ferrocaarril transandino. Afirma que "no
sólo el transandino, más que eso todavía, una línea
que uniera los demás océanos y fuera, realmente, un transcontinental"
(36). La ley se sancionó en 1872. Como sanjuanino, Sarmiento comprendía
su importancia. Además, ello implicaba la intención de integrar
el país, en política contraria a los ferrocarriles ingleses.
2) Asimismo, el gobierno de Sarmiento construye
el ferrocarril Córdoba - Tucumán, cerrando el camino al Central
Argentino, inglés.
3) Vedoya juzga "un desvarío", la exaltación
con que Sarmiento se refiere a las posibilidades mineras de nuestra región
cordillerana, especialmente de San Juan. Parece lo contrario. Sarmiento
que había trabajado de minero, que conocía su provincia,
intentaba la explotación de una materia prima que sería vedada
por la influencia inglesa durante muchas décadas. (37). Escribe
Sarmiento: "Las minas son una realidad, como en California... Ayúdenme
en las minas y enriquezco la República. Lo digo solo para mostrarle
que Dios da bizcochos al que no tiene muelas" (38). La carta va dirigida
a Mitre y probaría cierta ingenuidad del sanjuanino, pues la oligarquía
porteña carece de todo interés. Su negocio es la exportación
de carne y cereales, y no integrar económicamente al país.
Más allá de estas cuestiones centrales
- que Vedoya califica correctamente de ""insólitas" en un gobierno
de esa época en que se va orquestando "el granero" - deben anotarse
entre los aspectos destacables de su gestión:
1) Aplicación de recursos con mayor sentido
nacional, en beneficio del interior, criticada por la oposición
mitrista en el Congreso.
2) Importantísima política educacional,
con creación de escuelas en el interior (carece de importancia la
polémica acerca de si fue el ministro de Justicia e Instrucción
Pública o el presidente quién impulsó esa política.
Más allá de la gran gestión de Avellaneda, ésta
respondía a la orientación presidencial).
3) También debe rescatarse la política
diplomática con su ministro Varela cuando el gobierno proclama que
"la victoria no da derechos". Después, reemplaza a Varela con Tejedor
y Argentina queda con una porción de territorio paraguayo en Formosa.
Pero el planteo efectuado inicialmente resulta importante desde el punto
de vista latinoamericano.
4) La política acuerdista con Urquiza,
así como los disentimientos con Taboada, ratifican también
que ese gobierno tenía un perfil muy particular.
5) Otros: Observatorio de Astronomía de
Córdoba, Exposición Industrial en Córdoba, Telégrafos,
Censo, intención colonizadora: reforma agraria en Chivilcoy.
Entre los graves errores de su gestión
deben mencionarse:
1) La construcción del Ferrocarril Pacífico,
concesión otorgada al capital inglés, que implicó
un ramal paralelo y competidor del F.C. Argentino al Oeste, que éste
quedase paralizado y que completase el abanico respecto al trazado mitrista
anterior. Su ministro Uladislao Frías pasó luego a ser director
del F. C. inglés.
2) La puesta a precio de las cabezas de los revolucionarios
jordanistas. Sarmiento remite a la cámara de diputados, según
"La Prensa" del 25 de mayo de 1873, un proyecto de ley poniendo precio
a la cabeza de los alzados. Cien mil pesos fuertes la de López Jordán,
diez mil la de Mariano Querencio, sólo mil la de los partidarios
de menor cuantía. La cámara lo archiva sin tratarlo. Lugones
comenta que es monstruoso. Sarmiento, en su descargo, invoca precedentes
yanquis" (39). Entre las cabezas valuadas a 1000 patacones estaba la de
José Hernández, que acababa de publicar el "Martín
Fierro".
3) El endeudamiento en Londres. Se contrató
un empréstito de 30.000 pesos fuertes en 1870.
Pasión argentina pero inteligencia colonial
Como se ha podido apreciar, la gestión
presidencial de Sarmiento no concuerda con su concepción "civilizatoria".
En gran medida, esto se debe a la presión de las fuerzas sociales
que lo sustentan (primordialmente, el ejército e intereses provincianos).
Se ha sostenido que Sarmiento era un burgués sin burguesía.
Burgués, en tanto quería construir un país, pero al
carecer de la clase social que podía desarrollar esa misión,
se sostuvo en el ejército (que a veces, en nuestra historia, concreta
vicariamente sus tareas). Esto no significa desconocer lo dicho: su mentalidad
colonial, de lo cual resultan las contradicciones apuntadas. Cabe entonces
concluir que sólo sería burgués en su intención
de modernizar el país y construir una patria, pero que su mentalidad
europeizada lo convierte, a pesar de sí mismo, en el ideólogo
de la oligarquía y en un presidente contradictorio, que no puede
calificarse de burgués, pero tampoco de expresión oligárquica.
La profundización del análisis
nos lleva a develar contradicciones fundamentales: inteligencia colonial,
pero pasión argentina y bárbara, como producto genuino de
este suelo. Esto último es lo que nos revela un estudio desapasionado
del sanjuanino.
Es un bárbaro, como Facundo. De ahí
que no extraña su vinculación familiar con el caudillo riojano,
a través de los Quiroga Sarmiento. Es profundamente nacional en
su literatura. Mentirosa, falsa, pero rotundamente argentina en las formas,
alcanza niveles singulares. Luis Alberto Murray en "Pro y contra de Sarmiento",
recuerda que Alberdi lo calificaba de "un Facundo Segundo, un gaucho malo"
(40). Y transcribe este juicio de Leopoldo Lugones: "Facundo" y "Recuerdos
de Provincia" son nuestra Ilíada y nuestra Odisea; Martín
Fierro, nuestro romancero. Eso no puede ser sino de aquí, sería
inconcebible en cualquier otra parte y a la vez comprende al hombre eterno
que resulta inteligible para todo el mundo" (pág. 38 ídem).
(Véase por ejemplo, las descripciones del rastreador, del gaucho
cantor, del baqueano, en "Facundo" o la reconstrucción de personajes
como la madre, la Toribia, Ña Cleme y otros en "Recuerdos de Provincia").
El mismo Rosas, después de leer "Facundo", dice: "El libro del loco
Sarmiento es de lo mejor que se ha escrito contra mí; así
es como se ataca, ya verá usted como nadie me defiende tan bien"
(41). Produce obras históricamente falsas, sociológicamente
sin fundamento (el deterioro de las economías provincianas y la
declinación socioeconómica, las adjudica al caudillaje cuando
es al revés, el caudillaje es la consecuencia de ese deterioro,
originado en la libre importación) pero que, sin embargo, por su
forma, por su pasión, fundan una literatura con perfiles propios,
nacionales.
Jauretche lo califica como "Un Facundo que agarró
pa' los libros" y a pesar de las fuertes críticas de sus zonceras,
advierte los claroscuros que hay en Sarmiento: "Asombra ver cómo
un individuo de tan extraordinario talento y seguramente inspirado en la
enorme pasión de una patria imaginaria, a caído en esos dislates
recubiertos por su magnífica prosa" (42). "Uno de nuestros más
grandes - sino el mejor - prosistas, narrador extraordinario... pero sus
ideas económicas, sociales, culturales y políticas son de
la misma naturaleza que su novelística: obras de imaginación
mucho más que de estudio y de meditación". (43). "Temperamento
apasionado y combativo, un bárbaro, un primitivo, su retrato de
Facundo es, casi, un autorretrato... Tiene apuro por hacer el país
y lo quiere hacer fácil. Quiere evitar las dificultades que impone
la realidad. Es una puerilidad de niños que están jugando
a la historia y lógicamente los ayudan los grandes que tienen intereses
en que esa historia se juegue: ahí está la mano del extranjero"
(44).
El verdadero Sarmiento
El bronce fabricado por la oligarquía se
desmorona apenas se avanza en la lectura de Sarmiento, se conoce su vida,
sus anécdotas. Uno a uno los mitos se desvanecen. Según la
clase dominante, él sería EL GRAN EDUCADOR, el gran ejemplo
de cultura, apóstol del magisterio, dechado de virtudes éticas,
especialmente en lo formal, fabulando un arquetipo, un modelo, que los
niños deberían imitar, por su equilibrio y buenos modales:
a) Sarmiento no falta a clase ni los días
de lluvia: después, se verificaría que en San Juan no llueve
en la época escolar.
b) Le indigestaba más una mentira que
una ensalada de pepinos: después se revelaría en sus cartas,
como ésta, al General Paz: "... Remito a usted un ejemplar del Facundo...
obra improvisada, llena por necesidad de inexactitudes, a designio a veces,
no tiene otra importancia que la de ser uno de los medios tocados para
ayudar a destruir un gobierno absurdo..." (45). "... Si miento lo hago
como un don de familia, con la naturalidad y la sencillez de la verdad..."
(46).
c) Habría sido un niño modelo en
la escuela: "La plana (libreta escolar) era abominablemente mala, tenía
notas de policía (conducta deficiente) había llegado tarde,
me escabullía sin licencia y otras diabluras con que me desquitaba
del aburrimiento..." (47).
d) Hombre sensato y equilibrado: en su época
era tenido por el "loco" Sarmiento. Se recuerda la anécdota cuando,
como funcionario, visita el manicomio y un loco se le acerca y lo recibe
con estas palabras: - Por fin, Sarmiento, ¡entre nosotros!
En una oportunidad, que tiene una polémica
con un diputado, le envía al día siguiente, un fardo de pasto
a su despacho de legislador.
Enemistado con el padre del poeta Evaristo Carriego,
escribe: "... Ya salió Cagarriego con sus deposiciones en la prensa".
En polémica con Alberdi: "... Usted escribe
novelas de periódico, subvenciona diarios... desfigura, calla lo
adverso, ennegrece a Buenos Aires al mismo tiempo que las ocupaciones del
oficio, que sus hombros de mosquito, que la falta de tiempo, que la hi.
de puta que lo tiró de las patas..." (48).
En otras partes de "Las ciento y una", lo trata
a Alberdi de este modo: "... escritor de peirodiquines como La Moda y Figarillo,
compositor de minuettes y templador de pianos... saltimbanqui... hombre
de envidia hipócrita, de rabia astuta, de codicia sórdida,
de ambición rastrera". Y cuando Alberdi le carga la mano a los unitarios
refiriéndose a "los extravíos de la multitud de frac", Sarmiento
le suelta esta andanada: "... Y no ha habido en Valparaíso un hombre
de los que pertenecen a la multitud de frac, que le saque los calzones
a este raquítico, jorobado, de la civilización y le ponga
polleras, pues el chiripá, que es lo que lucha con el frac, le sentaría
mal a este entecado débil, enfermizo, que no sabe montar a caballo;
abate por sus modales, saltimbanqui por sus pases magnéticos, mujer
por la voz, conejo por el miedo, eunuco por sus aspiraciones políticas,
federal - unitario, ecléctico panteísta, periodista abogado,
conservador - demagogo y enviado de la República Argentina... botarate
insignificante... " (49).
Discutiendo con Agustín Cabeza: "... Usted
no es cabeza, es cola y muy sucia...". A Navarro Viola: "... Mucho me han
ladrado, pero especialmente el perro más pulguiento, flaco y sarnoso,
Miguel Navarro Viola...". Sobre la Sociedad de Beneficencia: "... son veinte
señoras viejas, ricas e ignorantes..." y la Mariquita es "... una
fregona...".
Octavio Amadeo, en "Vidas Argentinas" - quizás
como recuerdo o tradición familiar - lo describe así: "...
Pertenecía a una clase media, pobre, ambiciosa y rutinera, pesada
y lenta como una carreta..." . "... No sentía el ridículo
que paraliza a los débiles... no era puro como Belgrano y San Martín.
Cuando faenaba se metía en el barro hasta las rodillas y los codos,
pero el barro noble de los constructores. Era ejecutivo y feroz frente
a la anarquía. No participó en la ejecución del Chacho,
pero lo hubiera hecho con placer. A veces, con la exaltación de
la polémica, las altas horas lo encuentran escribiendo, lanza carcajadas,
golpea y grita. Está dando a luz los hijos de su espíritu.
Fue un hombre "humano, de humus, tierra, producción ingenua y fuerte
de la tierra madre, pero producción violenta y catastrófica,
porque él era sin duda de formación volcánica. No
vivió en la torre de marfil, que sólo conviene a los poetas.
La polémica era para él una necesidad, una fiesta; era su
gimnasia sueca, le hacía circular la sangre.
Sarmiento era el reverso de un místico,
quería ver y tocar. En este sentido era un sensual. Las ideas para
él tenían uñas y pelos y dientes. Él peleaba
por una idea o contra una idea, materialmente, como un boxeador.
Era jactancioso y provocativo, sacaba la lengua
y se golpeaba la boca, lanzaba sus malas palabras y se ponía su
penacho de piel roja, con cascabeles y plumas, carnavalesco y sublime,
como un capitán de Troya.
Contribuía a cimentar la fama de su desequilibrio
su popular vanidad. Tenía una vanidad proverbial y candorosa...
su aspecto es plutónico. Parece que hubiera brotado de alguna rajadura
de la tierra. Tiene planta de jornalero, manos rudas, media estatura, cargado
de hombros, pero es calvo y este rasgo desorienta, no es jornalero. Moreno,
simiesco por los ojos juntos, a veces sus pupilas estrábicas se
unifican y aparece el cíclope. Cara arrugada, voz pastosa y gesto
rumiante.
Su cara y su cuerpo son simiescos y faunescos.
No es difícil imaginarlo desprendiéndose de los árboles
para cometer violencias en la selva.
No era lo que se llamaba un hombre bien educado.
Las gentes bien educadas son muy agradables pero no siempre hacen grandes
las cosas. Es rústico en la mesa. Pero de exquisita sobremesa. Su
franqueza es agresiva, su sinceridad insolente. Cuando le sube su noble
cólera sanguínea, el gran viejo regañón usa
con frecuencia la interjección nacional. Habla con desenfado, con
los botones desprendidos, sin pedir excusas... Su alegría era épica
y triunfal con jactancia de soldadote y egolatrías de sultán.
No sonreía, reía, sabía reír. No tenía
la sonrisa volteriana del labio fino donde hay una pizca de maldad. Reía
sacudiéndose todo hasta llorar, como los gordos sanos, con alegría
faunesca... Se admiraba de todo y aplaudía como un marinero... Su
audacia es frenética, su esperanza obcecada.
Allá va el viejo loco, de grandes orejas
y labios gruesos, gesticulando..." (50).
Ignacio Anzoátegui, que lo rechaza por
haber promovido - como decía Sarmiento - "la escuela sin la religión
de mi mujer", sin embargo, lo reivindica por su autenticidad bárbara
y frontal: "... Mientras sus contemporáneos leían a Moratín...
Sarmiento escribía malas palabras como podía hacerlo un clásico.
No le tentaba la elegancia cajetilla, ni la otra elegancia llorona. Él
pensaba "la puta que los parió" y escribía "la puta que los
parió", porque nunca en su vida dio rodeos para nada..." (51).
Probablemente su temperamento vehemente y poco
"civilizado" queda expresado de manera inmejorable por él mismo
en carta a Juan María Gutiérrez: "... Con la señora
Mandeville (Mariquita Sánchez) ... nos hicimos amigos pero tanto
que una mañana solos, sentados en un sofá, hablando ella,
mintiendo, ponderando con la gracia que sabe hacerlo, sentí... vamos,
a cualquiera le puede suceder otro tanto, me sorprendí, víctima
triste de una erección tan porfiada que estaba a punto de interrumpirla
y no obstante sus sesenta años, violarla. Felizmente, entró
alguien y me salvó de tamaño atentado". (52).
Otro de los aspectos menos conocidos de Sarmiento
es su parcial autocrítica, en sus altos años, respecto a
su tesis de "civilización o barbarie". En varia notas de "El Nacional",
"El Censor" y "El Diario" acomete el análisis crítico del
resultado de la inmigración, reivindicando, en varias oportunidades,
al nativo americano. Esas notas las publica bajo el título "La condición
del extranjero en América"
Allí sostiene: "Ya no es de buen gusto
echar en un platillo de la balanza a la Europa y en el otro, la América,
porque así en globo, la América pesa endiabladamente. ¿Qué
van a decirnos de civilización, de riqueza de instituciones? Los
estados del Oeste en los Estados Unidos tienen en menos a los Old States...
Y viniendo a nuestras comarcas, diremos que Buenos Aires, Río, Montevideo,
Santiago y Valparaíso están a igual o mayor altura que la
mayor parte de las ciudades europeas que no les exceden en población...
Tomada en masa la población, en cuanto a desarrollo intelectual,
no cede a ciertas comarcas de Italia, España, Irlanda y Francia
por no nombrar al resto..." (1881).
En otro artículo reproducido en el mismo
libro, afirma: "... Vale la pena que nuestro congreso dicte leyes para
evitar estos conflictos, nacidos de la indiferencia pública sobre
el espíritu de extranjerismo, que se va radicando de tal manera
que mañana tendremos que decir, cuando se nos pregunte: ¿Quién
es usted? - Con perdón de usted, argentino...". En otro artículo
(9/9/1887): "... Así tendremos, si no tenemos ya la Torre de Babel
en construcción en América, por artífices de todas
las lenguas que no se confundieron al construirla, sino que siéndolo
y persistiendo en conservar las de su origen, no pudieron entenderse entre
sí...". Agrega que, entonces "... la grande esperanza del mundo
contra un nuevo cataclismo y diluvio del pasado - ya que no se hace patria
sin patriotismo por cemento, ni ciudad sin ciudadanos que es el alma y
la gloria de las naciones - se disipará al soplo de los acontecimientos
vulgares, una seca prolongada, una guerra extranjera o intestina..." (pág.
202).
"... Lo que nos transforma no es la materialidad
de la emigración sino la aplicación de la industria, de los
inventos de las ciencias y artes. Fulton, Morgan, Edison, no son emigrantes
que yo sepa y sin embargo, caminamos con sus botas de siete leguas. Mañana
oiremos a la Patti (soprano) sin movernos de casa. La diferencia está
en que la América es mejor conductor de civilizaciones y progresos
que no lo es la Europa, aún para sus propios inventos...", sostiene
en otro artículo.
En esos textos, Sarmiento aboga por la nacionalización
de los inmigrantes, por su radicación definitiva y su inserción
en la Argentina, especialmente interviniendo y votando en las luchas políticas.
Sobre el final del libro afirma: "... ¿Qué influencia moral,
industrial o política ejercerán estas razas si todas ellas
eran y son inferiores al tipo original americano? Pero los europeos que
vienen a América, incluso españoles, portugueses e italianos,
vienen creyendo que basta ser europeos para creer que en materia de gobierno
y cultura traen algo de muy notable y van a influir en nuestra mejoría..."
(53).
Estos textos de su última época
ratifican la independencia de Sarmiento respecto al mitrismo, independencia
que se manifiesta también en su conducta política. Con posterioridad
a su presidencia, Sarmiento, como senador, vota en contra de la amnistía
sostenida por Rawson y Quintana, a favor de Mitre y sus acompañantes
en el golpe militar del ' 74. Eso le provoca abucheos e insultos de los
jóvenes mitristas al salir del Senado. El coletazo final de esta
disidencia se produce cuando "La Prensa" lo trata muy mal: "...el recuerdo
de los hechos de sus últimos tiempos, de esa sombría serie
de matanzas ordenadas por él, que han hundido para siempre su nombre
en un charco de humeante sangre humana, nos llena de repugnancia y de horror..."
(54). En esa línea, se define contra la política de "conciliación"
de Avellaneda. También el último período sarmientino
se caracteriza a partir de 1882, por el agravamiento de su disputa con
los católicos. Desde afuera del Congreso Pedagógico presiona
contra la enseñanza confesional. Avellaneda publica "La escuela
sin religión". Él le retruca: "La escuela sin la religión
de mi mujer", con referencia a la muy devota esposa de Avellaneda.
Pero quizás lo que lo pinta mejor es su
reencuentro con Alberdi. Éste último sostuvo: "... Pensé
ir al Plata bajo la presidencia de Mitre, pero éste me amenazó
con que sería recibido a pedradas. También pensé ir
bajo la presidencia de Sarmiento y éste me hizo amenazar con un
proceso de traición..." (55). Finalmente, Alberdi regresa. El mitrismo
mantiene su odio sobre el tucumano. Pero Sarmiento, no. Sin embargo, Alberdi
ha sido el único que logró voltearlo intelectualmente. Sarmiento
pudo decir que todos los caudillos llevaron su marca, pero él llevó
la marca de Alberdi. El mismo Sarmiento lo reconoce al concluir "Las ciento
y Una": "...¿Por qué compararme, Alberdi, con los hombres
más manchados de sangre sólo porque me les parezco en mi
vanidad? ¿No siente, Alberdi, toda la atrocidad de estas injurias,
más atroces todavía por la calma infernal con que son vertidas?
¡Relea usted su libro, Alberdi y recuerde que no hay momento que
lo disculpe, que es elaborado, meditado fríamente en el retiro,
entre las flores de los jardines y que hay en él el intento, el
plan de matar políticamente a un hombre...". Sin embargo, cuando
Alberdi regresa, ya viejo, delgado, enfermizo y va al Ministerio, el gigantón
expansivo, todo pasión, va hacia él con los brazos abiertos,
exclamando: - Doctor Alberdi, a mis brazos, y lo estruja largamente. (56).
En resumen, una pasión argentina, floración
auténtica con enormes y profundas raíces en nuestra tierra,
y nuestra historia, pero sometida a una concepción ideológica
antinacional que lo colocó, muchas veces, a contramano con su pueblo.
Notas:
1. Sarmiento, Domingo Faustino: Artículos
de "El Progreso", 27/9/1844 y de "El Nacional", 19/5/1857, 25/11/1878 y
8/2/1879
2. Sarmiento, Domingo Faustino: Carta a B. Mitre,
del 2/2/1867.
3. Sarmiento, Domingo Faustino: Artículo
de "El Nacional", 12/12/1877.
4. Sarmiento, Domingo Faustino: "Facundo", Edit.
Universidad de La Plata, 1938, pág. 273.
5. Sarmiento, Domingo Faustino: Carta a B, Mitre,
20/9/1861.
6. Sarmiento, Domingo Faustino: Artículo
de "El Nacional", 3/2/1857
7. Sarmiento, Domingo Faustino: Carta a B. Mitre,
marzo 1862.
8. Sarmiento, Domingo Faustino: Carta a H. Southern,
enero 1850, en "La campaña en el Ejército Grande", Edit.
Kraft, Bs. As. , 1957, pág. 14.
9. Sarmiento, Domingo Faustino: Carta del 15/1/1867.
10. Sarmiento, Domingo Faustino: Carta a B. Mitre,
18/1/63.
11. Sarmiento, Domingo Faustino: Carta a B. Mitre,
diciembre de 1861.
12. Sarmiento, Domingo Faustino: "El Nacional",
23/10/1858.
13. Sarmiento, Domingo Faustino: "Facundo", Ob.
Cit., pág. 9.
14. Sarmiento, Domingo Faustino: "Facundo", Eudeba,
Bs. As. , 1967, pág. 83 a 86.
15. Sarmiento, Domingo Faustino: "Facundo", Eudeba,
Bs. As. , 1967, pág. 125.
16. Sarmiento, Domingo Faustino: "Conflictos
y armonías de las razas en América", Edit. Intermundo, 1946,
pág. 303, 305 y 308.
17. Sarmiento, Domingo Faustino: Carta a H. Southern,
enero 1850, Ob. Cit., pág. 16.
18. Sarmiento, Domingo Faustino: Idem. , pág.
13.
19. Sarmiento, Domingo Faustino: "Conflictos
y armonías de las razas en América", segundo tomo, citado
por M. Gálvez en "Vida de Sarmiento", Edit. TOR, Bs. As. , 1957,
pág. 412.
20. Sarmiento, Domingo Faustino: "Facundo", Eudeba,
Bs. As. , 1967, pág. 235.
21. Sarmiento, Domingo Faustino: "El progreso",
28/11/1842.
22. Sarmiento, Domingo Faustino: "Facundo", Edit.
Universidad de La Plata, 1938, pág. 290.
23. Sarmiento, Domingo Faustino: citado por R.
Tamagno en "Sarmiento, los liberales y el imperialismo inglés",
pág. 65.
24. Sarmiento, Domingo Faustino: Idem, pág.
74.
25. Sarmiento, Domingo Faustino: Carta a Southen,
Ob. Cit., pág. 15.
26. Sarmiento, Domingo Faustino: "El Nacional",
12/2/1857 y 7/6/1879.
27. Sarmiento, Domingo Faustino: "El Nacional",
19/7/1878 y 30/5/1881.
28. Sarmiento, Domingo Faustino: en "Vida de
Sarmiento", de M. Gálvez, Ob. Cit. pág. 28.
29. Terzaga, Alfredo: "Historia de Roca", A.
Peña Lillo Editor, Bs. As. , 1976, pág. 240 y 241.
30. Hernández, José: "El Río
de la Plata", 19/11/1869, citado por Horacio Zorraquín Becú,
en "Tiempo y vida de José Hernández", Emecé, Bs. As.
, 1972, pág. 167.
31. Font Ezcurra, Ricardo: "La unidad nacional",
Edic. Theoría, Bs. As., 1961, pág. 49 a 51.
32. Gálvez, Manuel: "Vida de Sarmiento",
Edit. TOR, Bs. As. , 1957, pág. 294.
33. Sarmiento, Domingo Faustino: Carta al General
Ríos, citada por M. Gálvez, Ob. Cit., pág. 314.
34. Sarmiento, Domingo Faustino: Carta a M. R.
García, del 7/9/1869, citada por M. Gálvez, Ob. Cit., pág.
314.
35. Sarmiento, Domingo Faustino: citado por M.
Gálvez, Ob. Cit., pág. 368.
36. Vedoya, Juan Carlos: "La magra cosecha, 1868/74",
Edic. La Bastilla, Bs.As. , 1979, pág. 52.
37. Vedoya, Juan Carlos: Ob. Cit., pág.
247.
38. Vedoya, Juan Carlos: Ob. Cit., pág.
247.
39. Zorraquín Becú, Horacio: "Tiempo
y vida de José Hernández", Emecé, Bs. As. , 1972,
pág. 210.
40. Murray, Luis A.: "Pro y contra de Sarmiento",
A. Peña Lillo Editor, Bs. As. , 1974, pág. 32.
41. Murray, Luis A.: "Pro y contra de Sarmiento",
A. Peña Lillo Editor, Bs. As. , 1974, pág. 31.
42. Jauretche, Arturo: en "Libros y alpargatas",
Los Nacionales Editores, Bs. As. , 1983, pág. 18.
43. Jauretche, Arturo: Ob. Cit., pág.
23.
44. Jauretche, Arturo: Ob. Cit., pág.
25.
45. Sarmiento, Domingo Faustino: Carta a José
María Paz, 22/12/1845.
46. Sarmiento, Domingo Faustino: Carta a M. R.
García, 21/10/1868. "Frases célebres de Sarmiento".
47. Sarmiento, Domingo Faustino: en "Mi defensa",
1843.
48. Sarmiento, Domingo Faustino: "Las ciento
y una", Edit. Rosso, Bs. As. , pág. 76.
49. Sarmiento, Domingo Faustino: Ob. Cit.
50. Amadero, Octavio: "Vidas Argentinas", Edit.
Ciordia, Bs.As. , 1957, pág. 67.
51. Anzoátegui, Ignacio: "Vida de muertos",
Colección Megáfono, Bs. As. , 1934.
52. Archivo de Juan María Gutiérrez.
Carta publicada por Federico Jeanmmaire, según artículo de
María Moreno, en Periódico "Sur", 10/09/89.
53. Sarmiento, Domingo Faustino: "La condición
del extranjero en América", Edit. Luz del Día, Bs. As. ,
1953.
54. Sarmiento, Domingo Faustino: citado por M.
Gálvez en "Vida de Sarmiento", pág. 379.
55. Alberdi, Juan Bautista: citado por M. Gálvez
en "Vida de Sarmiento", pág. 397.
56. Gálvez, Manuel: Ob. Cit. pág.
397.
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