LA BURACO Cuentos

Ir a Indice de LA BURACO Mayo /Junio
Ir a Indice de Cuentos de Mayo /Junio
Ir a Cuento previo de Mayo /Junio
Ir a  Siguiente Cuento de Mayo /Junio
 
             CINCO PESOS      

 
 
 
 
 
 

                            de PABLO CASTRO

Se incorporó satisfecho, casi sonriendo. Tuvo que estirar el cogote, por ser petiso, para que sus ojos pudieran sobresalir del borde del foso.
- La puta que está oscuro -se dijo mientras tanteaba buscando un apoyo, un estribo que lo ayudara a subir.
Una vez parado afuera del foso, achinó los ojos tratando de adivinar alguna claridad que lo sacara del galpón ferroviario abandonado.
- No se ve un carajo. Cuando entré no parecía tan oscuro.
Comenzó a caminar lentamente, estirando los brazos para atajar cualquier golpe.
- yo acá lo conozco. La puta que lo conozco...
- ¡Chino...! dale, salí Chino. Salí que ya no jugamo ma' a la escondida. Sali Chino que hacemo un picado! -pero el chino no salía. ¿¡Qué va a salir el Chinito si las mentiras se las conocía todas!? Todas las mentiras.
- ¡Dale Chino! salí que ya vienen los tipos del ferrocarril y le van a contar a tu viejo. Dale Chino... Siguió caminando a tientas.
- Por acá ya estara libre -se dijo equivocado. El golpe en la rodilla le hizo ver las estrellas y apiolar la mandíbula con fuerza para no gritar, pero soltó un gemido agudo y una lágrima se le escapó como una traición. Tanteó lentamente. Se agachó y un olor a grasa y óxido le llegó desde abajo. Era un fierro pesado y puntudo. Trató de adivinar alguna herramienta o cualquier parte de tren que llenara esa forma, pero no pudo. Quiso empujar la estructura para abrirse camino y sintió una punzada en la mano. Estaba cortado, seguro que hasta sangraba. Pero ya no duele. Ya no.
- ¡Chino! salí de donde estes. Chino. Sali que esta vez no te pego. Sali Chimto -¿¡qué va a salir el Chino si las mentiras se las conocía todas!? En especial las de su padre. Cuando vivia la mamá, el viejo no era malo. Después no supo más qué pasó, lo fajaba porque si nomas, por cualquier cosa. Ya no duele tanto, ya no. Se quedó sin lagrimas el Chimto. A fuerza de golpes, se quedó sequito, sin llanto. Ya no duele tanto, ya no.
 Un día y de bronca nomás le rompió una damajuana y el viejo lo encontró y le pegó y le pegó. Tanto que lo mandó al hospital. Después ya no lo volvió a ver. En el velatorio lo escuchó al tío que se reía con los amigos: -¡Este si que si no se moría de borracho, no se moría mas! Parece que una partida de vinos habían salido con alcohol del malo y se murió un montón de gente. Después ya nadie le pegó al Chino.
- Puta, que mañana tengo el picado -dijo cuando sintió el dolor en la rodilla, al dar el primer paso.
- ¿Dónde mierda está la puerta?
Caminó recargando todo su peso en la pierna lastimada. Ya no duele. Ya no.
Giró despacio buscando alguna claridad o un poco de viento que trajera el olor de la canchita que estaba al lado. Nada.
Ahora sentía la mano mojada, no sabia cómo se había cortado, quizás había sido un arañazo.
El auto que estaba afuera le hizo un parpadeo con las luces. Por fracción de segundo todo se iluminó. Entonces se guió mejor. Apuró el paso. Atravesó la puerta semicerrada sin problemas y se sentó al lado del conductor.
- ¿Y... Todo bien Chino?
-Arranca.
- ¿Ya terminaste?
- Arranca te dije.
- Para, que está frio. ¿Ya terminaste o voy yo?
- No hace falta.
- ¿Que te pasó en la mano?
- Nada, se me hizo la arisca.
- ¿Pero le sacaste algo? ¿Cuánto tenia?
- No sé. Si no se veía un soto -abrió un monedero de plástico amarillo con flores blancas y vacié el contenido sobre su mano lastimada.
- Nada. No tenía nada, cinco pesos.




This page hosted by GeoCitiesGet your own Free Home Page
 
 
Hosted by www.Geocities.ws

1