La gracia de Dios o gracia santificante va acompañada de las virtudes infusas y de los dones del Espíritu Santo. Son una firme disposición del alma, infundida por Dios, para que ésta pueda realizar actos sobrenaturales meritorios.
A) Las virtudes teologales:
1- La FE:
Es la principal virtud teologal sin la cual es imposible agradar a Dios.
Por la fe aceptamos la palabra de Dios y con la ayuda de su gracia creemos
en su enviado Jesús y le obedecemos con amor.
2- La Esperanza:
Los cristianos vivimos alegremente con la esperanza de la vida eterna mientras
trabajamos para que los hombres conozcan a Dios y sean cada día
más felices y así construyan un mundo cada vez mejor.
3- La Caridad:
Por el amamos a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros
mismos por amor a Dios. Esta es la virtud más importante ya que
es la única que permanece después de la muerte.
B) Las virtudes morales:
Estas virtudes no tienen por
objeto inmediato a Dios sino a los bienes creados en cuanto que éstos
se ordenan últimamente al fin sobrenatural. Hay cuatro que son las
más importantes y se las denomina virtudes cardinales:
1- La Prudencia:
Es la virtud que nos posibilita el recto gobierno de nuestras acciones
en cuanto se ordenan al fin sobrenatural.
2- La Justicia:
Por esta virtud damos a cada uno lo que le pertenece, sea a Dios o al prójimo.
3- La Fortaleza:
Esta virtud nos da la fuerza para no renunciar al bien, por dificultoso
que sea e inclusive a costa de la vida.
4- La Templanza:
Es la virtud que regula los placeres sensibles dentro de los justos límites.
Cada una de estas virtudes
morales (o cardinales) llevan consigo todo un cortejo de virtudes subordinadas.
Son más de 50 en total (Ej. Humildad, gratitud, magnanimidad, etc.)