Capítulo 4

Llantos y Sangre

 


 

Cristóbal estaba estancado viendo el televisor. Había empezado la nueva temporada de su serie favorita y no podía perdérsela. Junto a él estaba Natalia, también fanática del programa, unas papas fritas que habían comprado y unos vasos de pisco. Mientras comenzaba la serie, el teléfono sonó. Cristóbal pensó en dejarlo sonar, para no perderse ninguna escena, aunque podría ver la repetición al otro día, pero perdería la gracia. Sin embargo, nadie contestaba y seguía sonando. Paró durante un minuto, pero pronto volvió a sonar. Cristóbal pensó quién podría ser el inoportuno que rompiera este momento. No podía ser el Pato, porque ya se habían organizado para el asado del día siguiente. Mientras se dirigía a contestar, se preguntaba quién podría ser

-Aló.

-Sí. ¿Aquí vive Cristóbal San Martín?

-Con él. ¿Qué desea?

-Lito, soy yo. Fabiola.

Natalia siguió viendo la serie pero notó algo extraño. Cristóbal sólo escuchaba por el auricular y no atinaba a decir nada. Después de un par de minutos, Cristóbal sólo había dicho “¿Cómo está él?”, mientras la serie ya había dado paso a la tanda de comerciales. Natalia se acercó a su amor y le preguntó que qué sucedía, pero Lito sólo la alejó.

Unos minutos después, Cristóbal soltó el auricular y se sentó en el suelo.

-Mi amor, ¿Qué pasa?

-Nada, nada que te interese. Pero ahora quiero estar solo.

-Bueno, como quieras, no te incomodo. Me voy- respondió Naty indignada por la actitud de su novio.

 

Cristóbal no paraba de llorar. ¡Cómo podía haber sucedido eso! Pensar en las consecuencias que habría, le partían el alma. Tenía una novia, una familia, amigos, una vida tan joven. Aún no salía del colegio y tenía que enfrentar esto. Y si fuese verdad lo que ella le dijo, que pasaría con Natalia y con Eduardo, que a pesar de llevar separados más de 3 meses, aún no podía olvidar. Así pasó toda una noche, entre lágrimas y tristeza, mientras en su cabeza resonaban las palabras que había oído esa tarde.

A la mañana siguiente, Cristóbal apareció distinto. Se notaba en las ojeras que no había sido una buena noche. El normal brillo que Cristóbal tenía en sus ojos claros había desaparecido y habían sido reemplazados por una inyección de tonos sanguíneos. Apenas cruzó el umbral del salón, su novia se acercó a saludarlo, pues no había contestado todas las llamadas que había hecho ni los mensajes a su celular. Cristóbal la besó en la frente, dejó la mochila en su ubicación habitual y se retiró hacia los jardines del colegio hasta que el timbre sonara para indicar que comenzaba un nuevo día de clases.

El recreo apenas había comenzado, cuando Cristóbal salió. Ni Pato ni Ximena ni ninguna persona podían sacar al muchacho de este estado. Natalia estaba angustiada, no podía concebir este cambio tan repentino en Lito; debía averiguar qué es lo que sucedía. Rápidamente se acercó a la mochila de Cristóbal y trató de encontrar algo que indicara que sucedía. No había nada extraño, sólo la ausencia de su fiel discman. En eso, revolcando los cuadernos, hojas y facsímiles, encontró el celular de Cristóbal.

-Mensajes… Bandeja de Entrada…- repetía Natty mientras avanzaba por los comandos del aparato.

Encontró así cerca de quince mensajes que le había enviado el día anterior, sin embargo todos tenían al lado un sobre cerrado… “No Leído”. Cristóbal no se había dignado ni siquiera a ver qué contenían los mensajes de su mujer.

Había un correo nuevo, de una persona de la que nunca antes había oído.

“SI ES VRDAD… SORRY POR NO CONTARTELO ANTES, ASI ES LA VIDA”

No podía entender el significado de este mensaje. ¿Qué sucedía? ¿Qué era lo que le ocultaba? ¿Quién era esta desconocida persona?

Regresó al menú anterior y entró en “Mensajes enviados”

“dime q no es cierto… Por favor,dime q no es cierto”

Leyó el siguiente mensaje al desconocido destinatario para aclarar la situación.

-¿Qué pasa, Natty? ¿Qué te pasa por la cresta? Cálmate mujer- gritaba Patricio mientras trataba de abrazar a Natalia, que no paraba de llorar.

 

Cristóbal estaba sentado en una banca en la plaza cercana al colegio hasta que llegó Eduardo. Este último estaba aún disgustado por los problemas que había tenido su relación. Sin embargo, apenas se apareció, Cristóbal corrió hacia él, lo abrazó, lo besó profundamente y posó su cabeza en el hombro de Eduardo mientras en su rostro las lágrimas no dejaban de caer

-Abrázame… ¡Abrázame fuerte!- gritaba entre sollozos, mientras sus brazos se aferraban al otro muchacho.

Mientras decía esto, miró al horizonte y observó una figura conocida. Natalia sólo se alejó al presenciar y siguió corriendo, aún temblorosa después de lo que había conocido durante las horas de clases y que la hizo tener que ausentarse en el resto del día, mientras se tranquilizaba. Ahora no quería enfrentar a su novio; no tenía la fuerza para hacerlo. Ahora solamente quería llorar. Mientras más pensaba en el asunto, más lloraba y esto se mantuvo durante horas y horas.

Cristóbal, al ver a Natalia, no reaccionó. A su lado estaba su único amigo, el único que lo podía comprender en este momento y el único que lo podía acompañar a ese sitio y del que dependía su futuro y el del resto de su entorno.

 

Cristóbal se enfermó esa semana. Un estado depresivo hizo que sus defensas bajaran a tal punto que cayera en cama. Ni Natalia ni Eduardo habían aparecido. Se sentía alejado de todos.

Un día sábado, cerca de las dos de la tarde, la puerta del dormitorio de Cristóbal fue golpeada.

-Tenemos que hablar. Ahora. Te espero afuera en el parque.

Cristóbal ya se estaba recuperando y podía caminar. Sin embargo, no quería ir, por la vergüenza que le provocaba que su novia lo haya visto besándose con otro hombre.

-¿Por qué? ¡Dime por qué!

-¿Qué quieres que te cuente?

-La verdad, sólo la verdad

-Este… sólo fue un accidente, no es que yo quisiera solo que…

-¡Cállate huevón, no seai descarado!

-Pero, ¿qué sucede?

-Por qué no te atreves de una vez, lo sé todo

-Pero… Aún no entiendo a qué te refieres

-Ya sé que tienes sida.

Cristóbal quedó petrificado. Natalia sabía la verdad, ¿Cómo podía haber sucedido? Eduardo había prometido guardar el secreto.

-Lo vi. Ví ese mensaje de un tal Matías…

Cristóbal sólo escuchaba los descargos de Natalia, mientras sus ojos volvían a sollozar.

A lo único que atinó fue a decir “Perdóname”, justo antes de que la palma de la niña golpeara su rostro.

-Aún no hay nada claro. Sólo tengo que esperar los resultados del examen que me hice.

-¿Y esperas que yo te crea eso? ¿Qué va a pasar conmigo? ¡Cuántas veces hicimos el amor sin condón! Quizás yo también estoy contagiada y tu preocupándote por una estupidez como un maldito examen- gritó mientras comenzó a alejarse del lugar

-¡¡¡Espera!!!

Cristóbal se levantó y comenzó a seguir a Natalia. Sin embargo, no llevaba aún cien metros cuando comenzó a toser compulsivamente y se desmayó en el lugar.

 

-Cristóbal, ¿estás mejor?

-¿Mi amor?

-¿Aún me recuerdas?

Cristóbal comenzó a abrir más los ojos y vio un rostro diferente. Junto a su camilla se encontraba una cara que le resultaba conocida, pero que había cambiado luego de un año.

-¿Fabiola? Pero, pero… ¿Qué haces acá?

-Te vine a ver. Estaba preocupada por ti

-Pero…

-Yo aún te amo y estoy aquí para apoyarte- dijo la niña mientras se acercaba a los labios de Cristóbal, mas éstos rechazaron el beso de Fabiola

-Lo siento, pero yo no…

-Sí lo sé. Lo tengo claro desde esa ocasión. Pero te lo perdono. Es tu vida, tú haces lo que quieras con ella. No te puedo obligar a que sientas algo por mí.

-Y ¿Dónde está Natalia?

-¿Natalia? ¿Cuál Natalia?

Cristóbal decidió callar. Sabía que probablemente no la fuera a ver nunca más. El virus al parecer se encontraba actuando en su organismo. La neumonía estaba siendo demasiado grave como para que hubiese nacido de un simple resfrío, y la estadía en la clínica indicaba que era algo más grave.

 

Eduardo llegó a los días siguientes. Traía el resultado de los exámenes que se habían realizado aquél fatídico día.

-Demichelli Eyzaguirre Eduardo Miguel… Test de Elisa para VIH, bla bla bla… Resultado: Seronegativo

-Al menos tú estás bien- susurró el enfermo

-Ahora sólo me importas tú- dijo Eduardo, mientras abrió el otro sobre sellado- San Martín Ríoseco Cristóbal Ignacio… bla bla bla… Resultado: Se requiere repetir el examen para poder establecer algún resultado definitivo…

Ambos callaron, pues sabían que significa este resultado.

-O sea, estoy infectado. Lo único que quieren es asegurarse.

-No pierdas la esperanza, aún puede que sea sólo un error. Ya verás que no sucederá nada.

-Cristóbal, Cristóbal- entró sorpresivamente Fabiola en la habitación, mientras sus lágrimas no paraban de caer

-Pero, ¿Qué cresta sucede?- dijo Cristóbal

-El Mati, el Mati… -seguía repitiendo Fabiola sin pensar en otra cosa, mientras Eduardo corrió a buscar un vaso de agua

-Pero, pero ¿Qué le pasó a Matías?

-Tuvo una neumonitis fulminante. Murió hace un par de horas.

 

Cristóbal estaba nervioso. Luego de 2 semanas en el hospital, y luego en su casa, descansando, ahora podía salir de su casa, pero su objetivo era buscar el resultado del segundo examen. No quería ni imaginar si el resultado era la seropositividad. No había podido aún superar la muerte de Matías y no quería pensar en la suya propia.

Caminó por esos pasillos fríos de la clínica, dirigiéndose a la sección donde entregarían el resultado

-Buenos días, señorita. Necesito… unos exámenes, o sea, los resultados

-¿Su nombre?

-Cristóbal San Martín- dijo suavemente mientras una gota de sudor corría por su frente

-A ver… ¿De qué era el examen?

-Ehmmm… Un test de VIH

La mujer observó mejor a Cristóbal, ya que era raro que alguien de tan temprana edad pudiera siquiera pensar en estar contagiado de sida.

Tras revisar algunos archivos y hojas, la secretaria encontró un archivo

-¿San Martín Ríoseco?

-Síp, el mismito

-Aquí está

-Muchas gracias.

Cristóbal retrocedió y llegó a sentarse un poco alejado de ahí. Veía la “bolsita” de papel café que contenía una hoja de la cual estaba colgando su vida, su futuro. Debía enfrentar ahora lo que se vendría.

-Perdona

Cristóbal sintió una mano en su hombro y giró su cabeza

-Perdona; no debí haberte abandonado ahora

Natalia estaba junto a él, y unas pequeñas lágrimas empezaron a correr por sus mejillas

-Era un momento muy difícil, tienes que entender que al principio tuve miedo… No supe…

-No te preocupes. Perdóname a mí; perdona por no haber confiado en ti desde un principio.

-En fín. Ahora estoy aquí. Sea lo que sea, estaré junto a ti. Por eso soy tu polola

Natalia se acercó a él y besó sus labios suavemente.

-Ábrelo

Cristóbal obedeció casi inmediatamente.

-No puede ser… ¡no puede ser!… ¡no, no, no!

Cristóbal no paraba de mirar el resultado. Quería comprobar y estar completamente seguro de que no había ningún error. Pero era conciso y claro. Seronegativo. No cabía duda, él estaba sano. Su vida volvía a surgir. Todo había sido nada más que un negro nubarrón que había ocultado su vida durante algunos días, pero la tempestad estaba acabando, y la luz regresaba.

No paraban ambos de llorar y besarse.

-Lo que más me asustaba era que no estuvieras más a mi lado- trataba de decir Natalia, pero las lágrimas entrecortaban sus palabras.

-No quiero dejar de estar a tu lado- respondió Cristóbal.

Una persona miraba esa escena. Alejada en una esquina, estaba Fabiola.

-No tengo oportunidad.

Fabiola caminó hacia la salida. Cogió su celular y llamó a su padre

-No tengo nada más que hacer aquí. Volvamos a Coyhaique.- cortó, guardó su celular y salió. Aún sus ojos estaban húmedos y vidriosos.


 

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