
|
Artículos: Carta a los soldados israelíes Por la Rebetzin Esther Jungreis Maariv, uno de los diarios más grandes de Israel, me invitó a escribir una carta abierta a nuestros soldados. Que el Todopoderoso los bendiga y los proteja. Me complace compartir esta carta con ustedes. Quizás nunca desde los días del Holocausto nuestro pueblo había afrontado tantos peligros como sucede ahora. Se lo que estoy diciendo, porque yo misma soy sobreviviente del campo de concentración de Bergen Belsen. Pero existe una enorme diferencia desde ese entonces hasta ahora. Cuando fui deportada a Bergen Belsen, no existía ninguna Fuerza de Defensa Israelí para luchar por nosotros. No teníamos ninguna patria. Nos llevaron como ovejas al matadero y el mundo entero estaba feliz de vernos ser sacrificados. El mundo está nuevamente en silencio, pero ustedes, soldados israelíes, están en el frente, cuidando a nuestra gente con sus propias vidas. De esta manera es un honor para cada judío alrededor del mundo felicitarlos, expresando nuestra gratitud hacia ustedes y rezando para que Di-s los guarde y los proteja en cada paso. Esta no es la primera vez que he tenido el privilegio de dirigirme a los soldados de nuestro pueblo. En 1973, inmediatamente seguido a la guerra del Yom Kipur, hablé por primera vez en nuestra Tierra Santa y dediqué todos mis programas en su honor. Hablé ante todos los grupos de las Fuerzas Armadas así como para las unidades del Najal. Me refería a ustedes como los "Profetas de nuestra Generación", lo cual a mucha gente le parecía extraño. "¿Profetas?" preguntaban. "Sí," les decía, "Profetas". Cuando Di-s le dijo a nuestro padre, Abraham, que sus descendientes heredarían la tierra, el patriarca preguntó: "¿Cómo lo sabré?" A primera vista, la pregunta de Abraham sorprende. ¿Es posible que aquél hombre que era la personificación de la fe pudiera dudar de la promesa de Di-s? Abraham, nuestro querido y devoto padre, estaba negociando por nuestro bienestar. ¿Qué pasaría si, durante futuras generaciones, los hijos olvidaban el Pacto? Y, si era así, ¿a mérito de qué? La respuesta dada por Di-s fue "sacrificio", y ustedes, soldados de Israel, son los únicos que se han sacrificado. A lo largo de las duras batallas de Israel, ustedes han sido "más veloces que un águila y más fuertes que los leones" cumpliendo la Voluntad de Di-s. "¿La Voluntad de Di-s?" quizás protestes, "pero si yo no soy religioso." Puede ser que no seas observante, pero cada judío es un baal emuná, un hombre de fe. Todos estuvimos en el Sinaí como uno. No hay duda de que hemos llegado al momento que ha sido conocido a lo largo de nuestra historia como el periodo de "los dolores de parto del Mashíaj". Nuestros profetas feroz y cruel, pero tambiglorioso, porque esté dará pie a la redención final, y esto es lo que ustedes tienen que tener en mente. No solo están defendiendo a nuestro pueblo y a nuestra tierra, sino que están participando en nuestra redención, y por ende, de la redención de toda la humanidad. Se que esto puede sonar algo glorioso, que sentimientos tales no están en la mentalidad de nuestra sociedad religiosamente dividida. Existe tal enojo y desconfianza entre seculares y religiosos que todos hemos olvidado quiénes somos y por qué estamos aquí. Somos la generación que está viendo el cumplimiento de la profecía. Después de casi dos mil años, hemos regresado a nuestra antigua tierra y apenas llegamos fuimos atacados. Pero, una vez más, ustedes han estado aquí. Somos la generación que vio el regreso de Jerusalem en seis días gloriosos. Nunca en los anales de la humanidad habíamos estado en tal evento milagroso -- seis días, porque el séptimo día estaba implorando regresar. Y ahora, el momento ha llegado, una vez más, son ustedes los que están dirigiéndonos. Existe sin embargo un peligro contra el cual tenemos que estar alerta, y es el de el olvido. Es fácil vivir con una visión envuelta en la oscuridad en lugar de vivir con una visión con toda su luz. Con la ayuda de Di-s, construimos nuestra magnífica patria y en ese proceso, olvidamos quién éramos y de dónde habíamos venido. Nuestros vecinos codiciosamente observaban nuestras quejas y ambicionaban nuestra tierra. "Esta tierra es nuestra", alborotaban, y nosotros, que olvidamos nuestro pasado, no sabíamos cómo responder. El primer pasaje de la Torá anticipaba este día. ¿Por qué la Torá empieza con la Creación y no con los mandamientos? Rashi, la gran luminaria, dio la respuesta: "El día llegará cuando las naciones del mundo te acusarán de robo y cuestionen tu derecho a la tierra. En aquél día, señalarás la Torá y declararás que Di-s creó el mundo. Es Él quien nos garantizó esta tierra y la Torá es el documento de garantía que promete." Recientemente estuve en Israel. Mi libro "The Committed Life" que fue un best seller judío en los Estados Unidos, había sido publicado en hebreo. Estaba ansiosa de tener una traducción porque deseaba dedicar este libro a ustedes, soldados de Israel. Y, así fue, al abrir la primera página está escrito: "Dedicado con un profundo aprecio y reverencia a los soldados de Israel quienes arriesgaron sus vidas en bienestar del pueblo judío. Que el Todopoderoso los guarde por siempre." Deseaba presentarles este libro como un regalo y decidí que este no se encuentre perdido en alguno de los depósitos del ejército en Tel Aviv, así que visité sus campos del ejército y puestos de avance porque deseaba que sepan de la reverencia que los judíos alrededor del mundo le tienen. Con la ayuda de Di-s, próximamente estaré visitando a más de ustedes. Líneas arriba, mecioné acerca de la brecha entre los sectores religiosos y seculares en nuestra tierra. Esta contienda interna es nuestra destrucción, las cuales ustedes, en su fortaleza, pueden superar. La nación los observa para mostrarles el camino, y el camino para Israel es a través de la unidad y de la Torá. Nuestra Torá no es solamente los Libros de la Ley, costumbres y rituales, también es nuestra fe, nuestra esperanza y nuestro camino de vida. Recientemente, tuve el privilegio de donar un Sefer Torá al ejército. Le pregunté a mi yerno, quien estaba partiendo hacia Israel, si podría llevar consigo la Torá previamente, de manera tal que cuando yo llegara, ésta se encontrase en su sitio. Cuando él llegó al aeropuerto JFK, fue detenido por los marinos en seguridad, quienes insistían que los "Etz Jayim" eran peligrosos. Sin importar cuánto argumentara, ellos no iban a ser persuadidos, hasta que milagrosamente, el piloto de El Al pasó por ahí -- y digo milagrosamente porque, en todos mis viajes a Israel y en todos los viajes de miles de personas a las cuales les he contado esta historia, ninguno se ha encontrado con un piloto de El Al en seguridad. "Esta es nuestra Torá", explicó el piloto. "Esta es nuestra fe, es nuestra propia vida que llevamos a lo largo de los siglos. Esta Torá no puede ser llevada como un pasajero. Esta Torá debe continuar liderándonos y debe viajar conmigo en el copiloto". Y con eso, se llevó la Torá y la cargó entre sus brazos, como si llevara un bebé y caminó hacia el avión. Cuando el avión llegó al aeropuerto Ben Gurión y mi yerno salió del terminal cargando la Torá, los choferes de taxi llegaron corriendo. "Démosle honor a la Torá" dijeron. Y bailaron a su alrededor en celebración. Les cuento esta historia porque no existen coincidencias que nos sucedan. Las palabras del piloto de El Al fueron proféticas. Sí, la Torá continúa liderándonos, y no olvido aquellas palabras que salieron de los labios de aquél judío secular, por eso dije antes que no existen tales cosas como seculares y religiosos. Todos fuimos uno en el Sinaí. Desde los días del Faraón hasta ahora, hasta este mismo momento, en cada generación existieron aquellos que desearon aniquilarnos, pero el Todopoderoso Di-s, en su infinita misericordia, siempre nos ha salvado, y ustedes, soldados de Israel, han sido escogidos por el Todopoderoso para ser instrumentos de Di-s, los poderosos hombres de nuestra generación. Se que judíos de todo el mundo los apoyan y rezan con reverencia y profundo amor en sus corazones por ustedes. Quiera Di-s guardarlos y que permita que nos lideren hasta la redención final, prontamente en nuestros días. Con el amor de la Torá e Israel. Esther Jungreis. |
|
Contáctanos: [email protected]
© Juntos por Israel
Todos los derechos reservados