Técnicas de pintura


La pintura sobre lienzo

La pintura sobre lienzo tiene su máximo desarrollo a partir de la Edad Media y utiliza como soporte un tejido con una trama prieta y un cierto grosor. Los dos tejidos más usados son el lino y el algodón, siendo el lino el mejor de los dos. La particularidad del lienzo es que no tiene rigidez, y para pintar hay que tensarlo utilizando para ello un bastidor (estructura de madera). Después se le suele dar una capa de cola para darle más cuerpo y para impermeabilizarlo y que la tela no chupe la pintura.

En la Edad Media no tenemos referencias de pintura sobre lienzo hasta mediados del siglo XIV, cuando tenemos los primeros escritos sobre la técnica del lienzo, pero no se refieren a pintar cuadros, sino estandartes, banderas, palios, etc… Este tipo de obras se realizaban al temple con poca o ninguna preparación. Lo que conocemos como pintura sobre lienzo propiamente surge a mediados del siglo XV. El primer sitio donde la encontramos es en Flandes. A mediados del siglo XV se expande a Venecia y luego a Florencia. En Italia se sigue pintando al temple aunque sea sobre lienzo.

En el siglo XVI ya se hace el óleo sobre lienzo, pero los cuadros verdaderamente importantes se seguían haciendo
sobre tabla. El primer gran cuadro sobre lienzo en Italia es "La Asunta" de Tiziano, del año 1518.

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 Acuarela

La acuarela es una pintura sobre papel o cartulina con colores diluidos en agua. Los colores utilizados son transparentes (según la cantidad de agua en la mezcla) y a veces dejan ver el fondo del papel, que actúa como otro verdadero tono. Se compone de pigmentos aglutinados con goma arábiga o miel. En sus procedimientos se emplea la pintura por capas transparentes, a fin de lograr mayor brillantez y soltura en la composición que se está realizando.

La técnica "transparente" de la acuarela implica la superposición de lavados finos y se basa en la blancura del papel para obtener sus efectos y los toques de luz. A medida que se superponen más lavados el color se hace más profundo, el color de la acuarela se puede modificar añadiendo o quitando agua, usando pinceles, esponjas o trapos.

La acuarela nos da muchas posibilidades: la técnica del lavado nos permite crear degradados o lavados uniformes, incluso superposición de colores. Con la técnica "húmedo sobre húmedo" pintamos con la acuarela sobre el soporte ya humedecido, que nos da un efecto diferente. También podemos realizar lavados del pigmento una vez seco, dependiendo del papel, del pigmento y la temperatura del agua. La limpieza con esponja u otro elemento absorbente, el raspado son algunos ejemplos de las amplias posibilidades que ofrece la acuarela.

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 Acrílicos

La pintura acrílica es una clase de pintura de secado rápido, en la que los pigmentos están contenidos en una emulsión de un polímero acrílico (cola vinílica, generalmente). Aunque son solubles en agua, una vez secas son resistentes a la misma. Destaca especialmente por la rapidez del secado. Asimismo, al secar se modifica ligeramente el tono, más que en el óleo. La pintura acrílica data de la primera mitad del siglo XX, y fue desarrollada paralelamente en Alemania y Estados Unidos.

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Carboncillo

El primer material que utilizó el hombre para dibujar fue una rama carbonizada de sauce, de vid o de nogal: el carboncillo. Un medio primitivo usado por los griegos, los romanos, los artistas de la Edad Media y del Renacimiento, con el que proyectaban y dibujaban sus murales. En el siglo XVI, cuando se descubrió el fijador, el carboncillo sobre papel blanco y azulado era el medio favorito de los venecianos Tiziano y Tintoretto, mientras Guercino era un entusiasta del carboncillo bañado con aceite de linaza, con lo que se conseguía un negro más intenso y estable.

El artista de hoy dibuja al carboncillo para proyectar el tema, la iluminación y la composición; para estudios de figura, principalmente de figura desnuda; para proyectos y cartones (bocetos a escala reducida de pinturas murales) y para el dibujo inicial de cuadros al óleo, con la ventaja, en este caso, de que el carboncillo se borra fácilmente pasando un trapo, pero deja una señal tenue que permite rectificar o pintar encima sin dificultad.

El carboncillo se fabrica en bastones de unos 13 a 15 cm por un diámetro que va desde la ramita de 5 mm. a la rama de hasta 1,5 cm. Algunas marcas ofrecen tres gradaciones: blando, medio y duro.

El carbón puede adquirirse también en polvo, para dibujar con difumino solo o combinado con creta o carbón negro. Esta combinación puede hacerse asimismo con tierras de colores combinadas con cretas del mismo color.

El primer condicionamiento del dibujo al carboncillo, y en cierto modo del lápiz carbón, es el hecho de dibujar con una punta que difícilmente puede mantenerse aguda y constante como la del lápiz grafito, lo cual supone y obliga a dibujar de manera más libre, menos precisa y desde luego, a una escala más amplia. El tamaño más grande y la realización más libre condicionan también la manera de coger el carboncillo.

El segundo factor a tener en cuenta es que el carboncillo y el lápiz carbón son medios especialmente indicados para el estudio y la resolución de efectos de luz y sombra, de modelado, de volumen. Es conveniente, pues, elegir modelos y formas de iluminación que permitan realzar este factor.

El carboncillo se borra con facilidad. Pasando un trapo por encima del dibujo desaparece..., pero no del todo: si el trazo dibujado es intenso queda una señal débil, difícil de eliminar totalmente, aun borrando con la goma de plástico. La inestabilidad del carbón y del carboncillo hace necesaria la fijación del dibujo una vez terminado. El fijador no es otra cosa que una capa de líquido pulverizado que al secarse forma una película que cubre y protege el dibujo. El fijador se sirve en frascos y en aerosol. El fijador líquido se aplica soplando con un pulverizador manual. Es posible fijar con azúcar disuelto en agua y alcohol; también es posible fijar con un aerosol de laca para el cabello; pero lo más práctico y seguro es hacerlo con fijador en aerosol fabricado para este fin.

Las barras de carboncillo, por su parte, tienen muchas limitaciones para poder efectuar líneas precisas y su aplicación más generalizada es la de manchar. Empleadas de forma plana, las barras de carboncillo permiten manchar a gran velocidad en la superficie del papel, en tanto que el lápiz de grafito para conseguir una mancha semejante necesita insistencia y, por ello, mucho más tiempo.

El carboncillo, empleado tradicionalmente en la iniciación al dibujo, es el medio más inestable de todos cuantos se emplean en esta forma de expresión artística. Pero como contrapartida ofrece la ventaja de ser un procedimiento sumamente efectista, ya que permite cubrir grandes zonas de dibujo en poco tiempo. Debe utilizarse sobre papeles de gran formato, principalmente de grano medio y sobre todo poroso siendo muy recomendable el papel verjurado. Dada la dificultad de que el polvo de la barra carbón se integre en la superficie del papel, puede difuminarse y, finalmente, debe fijarse siempre. Ofrece una amplia valoración tonal de manchas y cierta precisión en la ejecución de líneas.

Las barras tradicionales de carboncillo procedían de madera porosa, generalmente encina y eran más grandes que las actuales. Hoy se fabrican unas barras de carbón prensado, muy estable y eficaz existiendo también una variante que incorpora aditivos grasos. Para trabajar con la barra de carboncillo, en primer lugar, es preciso partir un trozo y aplicarla plana sobre el papel para conseguir manchas. En caso de que deseemos realizar líneas finas la emplearemos de canto, o con la punta, para lograr pequeños detalles.

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Gouache 

El gouache es una acuarela opaca. Es distinto de la pintura transparente sobre papeles brillantes, si uno quiere puede pintar aplicando campos lisos, con líneas precisas, pero normalmente es utilizado para producir un efecto de pinceladas con un flujo espontáneo.

Un gouache bien pintado no debe tener gruesos empastes ni capas muy espesas de pintura, sin embargo produce un efecto de ser más espeso de lo que en realidad es. Su luminosidad no depende de la base, si es blanca o no, sino que su brillo está en la misma pintura. Debido a su opacidad, los colores claros pueden pintarse sobre los oscuros sin que estos aparezcan a través de los claros. Además, puede rebajarse en agua, dándole una transparencia parecida a la de la acuarela.


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Óleo

En arte se conoce como óleo a los aceites que se usaban para combinar con otras sustancias y obtener así un producto idóneo para la pintura y como extensión, se fueron llamando óleos a la misma pintura en sí.

El uso del óleo se conoce desde la Antigüedad y estaba ya extendido entre los artistas de la Edad Media sobre todo combinándolo con la pintura al temple o al fresco. Con esta mezcla retocaban las obras realizadas en yeso y conseguían así un secado más rápido. Con el avance y las investigaciones de la alquimia se fueron inventando mezclas favorables para los resultados de la pintura. El aceite que más se empleaba era el de linaza que solía mezclarse con los pigmentos de minerales que son los que proporcionan el colorido, pero no era el único y cada artista en su taller tenía su propia fórmula que guardaba muy en secreto. Muchos siguieron los consejos y experiencias escritos en el "Tratado del monje Teófilo" que ya se conoce y se menciona en el año 1100.

Esta pintura obtenida con la mezcla de óleos ofrecía muchas ventajas al pintor, entre otras, el poder realizar su obra lentamente y sin prisas de acabado (lo contrario de lo que ocurría en la pintura al temple, o al fresco), el poder retocar la obra día a día, variar la composición, los colores, etc.

Las bases sobre las que se aplica el óleo son diversas, sin que por ello varíe su aspecto. Lo que si varía es la técnica de preparación de estas bases pues es muy distinto pintar sobre lienzo, tabla, fresco o cobre. A partir del siglo XVII con el arte barroco los pintores eligieron como soporte favorito de sus pinturas al óleo sobre lienzo, siendo este más práctico para la elaboración de grandes composiciones, que la tabla. De tal forma tomó importancia el material empleado por los artistas que se empezó a emplear la palabra lienzo u óleo en lugar de cuadro para designar las obras pictóricas. Los primeros grandes artistas de pintura al óleo fueron los flamencos.

La tradición sostiene que fueron los hermanos Van Eyck los que inventaron la pintura al óleo. Esta afirmación, falsa, se basa en que, efectivamente fueron ellos, sobre todo Jan, los que explotaron las innumerables posibilidades de esta técnica, infrautilizada hasta entonces.

Van Eyck utilizaba el óleo con gran precisión y los venecianos (Tiziano) lo ampliarán aprovechando las posibilidades de textura de la pintura con base de aceite. La perspectiva aérea la desarrolla Leonardo de Vinci (la Gioconda). El flamenco Rubens, pintor barroco parte de una base oscura o neutra. Estos pintores se caracterizaban por ser directos en grado extremo (capas con gran vitalidad y mínimas correcciones). Rembrandt creará el "grisaille"; éste se convirtió en el método académico en el siglo XVIII. En el Romanticismo hay mayor libertad técnica. En el impresionismo los pintores usan una técnica más directa. En el expresionismo abstracto hay un intento de primar la expresión en lugar de la corrección técnica, igual que los neoexpresionistas.

El equipo que usan estos artistas son pinceles (cerda blanca o marta roja, también de pelo sintético, y diferentes tamaños), espátula, caballete y paleta. Las técnicas fundamentales son, trabajar por capas, o en directo "alla Prima".

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Pastel

La técnica de pintura al pastel consiste en la utilización de unas barras de colores similares a las tizas escolares pero que se diferencian de éstas en que, en su composición, llevan una alta proporción de pigmento que se aglutina con cola y en ocasiones yeso. De esta manera se consiguen colores luminosos, intensos y bien saturados.

Es una técnica de las llamadas secas, ya que a diferencia de la pintura al óleo o la acuarela, no se utiliza ningún disolvente y se aplica directamente sobre la superficie de trabajo. Como soporte es común utilizar papel de buena calidad de buen gramaje de color neutro no blanco y de ligera rugosidad, aunque la técnica es lo suficientemente versátil para que se pueda usar sobre otras superficies.

Es una técnica cómoda, generalmente rápida y que permite realizar correcciones con gran facilidad, razón por la cual es escogida por muchos artistas.

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Sanguina

La sanguina es una técnica pictórica basada en una variedad de óxido férrico llamada hematites, que se presenta bajo la forma de polvo, barra o placa. Puede tener distintas tonalidades, todas ellas en la gama del rojo -de ahí su nombre, ya que recuerda a la sangre-, desde el rojo anaranjado hasta el rojo pardovioláceo. Llamada antiguamente sinopia –por la ciudad turca de Sinope, de donde procedía la hematites-, fue utilizada en principio para dibujos preparatorios del fresco: el trazado de sanguina era aplicado directamente sobre el revestimiento del muro que se iba a pintar. La sanguina se convirtió en técnica de dibujo propiamente dicha a finales del siglo XIV: fue empleada entonces sobre un soporte de papel, bien bajo su forma sólida –trazo dejado por la barra de sanguina-, bien bajo su forma líquida –agua aplicada con el pincel-, y mezclada a menudo con otras técnicas: plumilla, piedra negra o tiza blanca. Las cualidades esenciales de este material son la luminosidad y el poder ilusionista en el acabado de las encarnaciones, que hacen de esta técnica la ideal para dos tipos de estudio: el retrato y el desnudo. La sanguina ha sido utilizada por numerosos pintores, especialmente Leonardo, Miguel Ángel, Pontorno, Lorrain, Le Brun, Fragonard y los impresionistas franceses Manet, Renoir, Morisot, etc.


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Técnica mixta

Cuando el autor combina varias técnicas o introduce elementos extrapictóricos se denomina técnica mixta. 

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Temple

En general, todas las técnicas pictóricas se basan en tres elementos básicos: el pigmento, el disolvente y el aglutinante. En el caso de la pintura al temple el disolvente es el agua y el aglutinante algún tipo de grasa animal u otras materias orgánicas.

Las formas de obtener la emulsión son:

En el caso de ésta última, hay que diluir el pigmento en una emulsión que puede ser de colas de conejo o pescado, clara o yema de huevo, caseína (proteína de la leche) o cualquier mezcla de las anteriores.

Otros aditivos habituales son goma arábiga, para dar una cierta textura; ácido acético (vinagre) y barniz de óleo (dammar o similar, por ejemplo) como conservante; sacarosa (azúcar) como aglutinante no secativo; agua destilada como diluyente o aligerante; glicerina como retardante del secado y aligerante; aceite de linaza; aguarrás o esencia de petróleo; etc. El barniz se puede usar también como texturizante. En caso de agregar disolvente orgánico, frente al aguarrás es más aconsejable la esencia de petróleo, dado que es necesaria menos cantidad y su origen mineral la hace más estable (no amarillea con el tiempo).

Otra forma de obtener el conservante es mediante la hidrolización de la acetidina (o también llamado ester acetil acético, etanoato de etilo, acetato de etilo...) la cual se comercia como disolvente universal. La proporción es de cuatro partes de agua destilada por cada una de acetidina y agitar durante unos dos minutos hasta lograr una substancia homogénea. Ésta es una disolución de ácido acético y etanol al cincuenta por ciento en mol. Su olor es muy penetrante y desagradable (similar al del tiner) y requiere cantidades pequeñas. También se puede usar para recuperar pintura casi seca.

Según normas antiguas a la hora de emplear clara o yema, hay que saber que la clara da más transparencia y ligereza, siendo ideal para las luces y sectores intermedios. La yema da tonos más oscuros y puede estropearse con más facilidad, es más aconsejable para las sombras siempre aligerada con algo de clara.

Históricamente, la pintura al temple es característica de la Edad Media europea. Puede considerarse característico de los estilos Románico y Gótico en el occidente Europeo, y de los iconos bizantinos y ortodoxos, en Europa Oriental.

Este procedimiento pictórico se aplica usualmente sobre tabla, aunque, a menudo era utilizado para retocar pinturas murales al fresco y añadirles detalle. Esta técnica se usaba abundantemente para aplicar azul ultramar, incompatible químicamente con el buon fresco, por ejemplo en mantos azules, cielos, etc. Se conocía como fresco secco o retoque alla secca.

Ya Cennino Cennini hablaba de un temple sólo de aceite, que es lo que luego se conoció como pintura al óleo. En los últimos tiempos de la Edad Media eran muy habituales los temples con mezcla de aceites y barnices grasos. E incluso ir añadiendo aceite a las sucesivas capas de temple.

Desde finales del siglo XV, en consecuencia, el temple va siendo sustituido por la pintura al óleo, a causa de las ventajas que presenta, sobre todo la invisibilidad de las pinceladas y el poder aplicarse sobre lienzo.

En el Renacimiento, el óleo fue traído al sur de Europa proveniente de los Países Bajos e introducido, entre otros por Leonardo Da Vinci.

Actualmente, la pintura al temple se está poniendo de nuevo de moda debido a las recuperadas posibilidades que ofrece y a su precio más económico y producción más sencilla.

Según algunos autores incluso se puede considerar a la pintura acrílica como una pintura al temple, si se entiende temple como toda pintura fabricada con un aglutinante en emulsión. Según este criterio, nuestra época es la del gran resurgir del temple.

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