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La pintura sobre lienzo tiene su
máximo desarrollo a partir de la Edad
Media y utiliza como soporte un tejido con una trama prieta y un cierto
grosor. Los dos
tejidos más usados son el lino y el algodón, siendo el
lino el mejor de los dos. La
particularidad del lienzo es que no tiene rigidez, y para pintar hay
que tensarlo utilizando para ello un bastidor (estructura de madera).
Después se le suele dar una capa de cola para darle más
cuerpo y para impermeabilizarlo y que la tela no chupe la pintura.
La acuarela
es una
pintura sobre papel o cartulina con colores diluidos en agua. Los
colores
utilizados son transparentes (según la cantidad de agua en
la mezcla) y a veces
dejan ver el fondo del papel, que actúa como otro verdadero
tono. Se compone de
pigmentos aglutinados con goma arábiga o miel. En sus
procedimientos se emplea
la pintura por capas transparentes, a fin de lograr mayor brillantez y
soltura
en la composición que se está realizando.
La
técnica "transparente" de la acuarela implica la
superposición de lavados finos y se basa en la blancura del
papel para obtener
sus efectos y los toques de luz. A medida que se superponen
más lavados el
color se hace más profundo, el color de la acuarela se puede
modificar
añadiendo o quitando agua, usando pinceles, esponjas o
trapos.
La acuarela nos da muchas posibilidades: la técnica del lavado nos permite crear degradados o lavados uniformes, incluso superposición de colores. Con la técnica "húmedo sobre húmedo" pintamos con la acuarela sobre el soporte ya humedecido, que nos da un efecto diferente. También podemos realizar lavados del pigmento una vez seco, dependiendo del papel, del pigmento y la temperatura del agua. La limpieza con esponja u otro elemento absorbente, el raspado son algunos ejemplos de las amplias posibilidades que ofrece la acuarela.
La pintura acrílica es una clase de pintura de secado rápido, en la que los pigmentos están contenidos en una emulsión de un polímero acrílico (cola vinílica, generalmente). Aunque son solubles en agua, una vez secas son resistentes a la misma. Destaca especialmente por la rapidez del secado. Asimismo, al secar se modifica ligeramente el tono, más que en el óleo. La pintura acrílica data de la primera mitad del siglo XX, y fue desarrollada paralelamente en Alemania y Estados Unidos.
El primer material que utilizó el hombre para dibujar fue
una rama carbonizada
de sauce, de vid o de nogal: el carboncillo. Un medio primitivo usado
por los
griegos, los romanos, los artistas de la Edad Media y del Renacimiento,
con el
que proyectaban y dibujaban sus murales. En el siglo XVI, cuando se
descubrió
el fijador, el carboncillo sobre papel blanco y azulado era el medio
favorito
de los venecianos Tiziano y Tintoretto, mientras Guercino era un
entusiasta del
carboncillo bañado con aceite de linaza, con lo que se
conseguía un negro más
intenso y estable.
El artista de hoy
dibuja al carboncillo para proyectar el tema, la
iluminación y la composición; para estudios de
figura, principalmente de figura
desnuda; para proyectos y cartones (bocetos a escala reducida de
pinturas
murales) y para el dibujo inicial de cuadros al óleo, con la
ventaja, en este
caso, de que el carboncillo se borra fácilmente pasando un
trapo, pero deja una
señal tenue que permite rectificar o pintar encima sin
dificultad.
El carboncillo se
fabrica en bastones de unos 13 a 15 cm por un diámetro
que va desde la ramita de 5 mm. a la rama de hasta 1,5 cm. Algunas
marcas ofrecen
tres gradaciones: blando, medio y duro.
El carbón
puede
adquirirse también en polvo, para dibujar con difumino solo
o combinado con
creta o carbón negro. Esta combinación puede
hacerse asimismo con tierras de
colores combinadas con cretas del mismo color.
El primer
condicionamiento del dibujo al carboncillo, y en cierto modo
del lápiz carbón, es el hecho de dibujar con una
punta que difícilmente puede
mantenerse aguda y constante como la del lápiz grafito, lo
cual supone y obliga
a dibujar de manera más libre, menos precisa y desde luego,
a una escala más
amplia. El tamaño más grande y la
realización más libre condicionan
también la
manera de coger el carboncillo.
El segundo factor a
tener en cuenta es que el carboncillo y el lápiz
carbón son medios especialmente indicados para el estudio y
la resolución de
efectos de luz y sombra, de modelado, de volumen. Es conveniente, pues,
elegir
modelos y formas de iluminación que permitan realzar este
factor.
El carboncillo se
borra con facilidad. Pasando un trapo por encima del
dibujo desaparece..., pero no del todo: si el trazo dibujado es intenso
queda
una señal débil, difícil de eliminar
totalmente, aun borrando con la goma de
plástico. La inestabilidad del carbón y del
carboncillo hace necesaria la
fijación del dibujo una vez terminado. El fijador no es otra
cosa que una capa
de líquido pulverizado que al secarse forma una
película que cubre y protege el
dibujo. El fijador se sirve en frascos y en aerosol. El fijador
líquido se
aplica soplando con un pulverizador manual. Es posible fijar con
azúcar
disuelto en agua y alcohol; también es posible fijar con un
aerosol de laca
para el cabello; pero lo más práctico y seguro es
hacerlo con fijador en
aerosol fabricado para este fin.
Las barras de
carboncillo, por su parte, tienen muchas limitaciones para
poder efectuar líneas precisas y su aplicación
más generalizada es la de
manchar. Empleadas de forma plana, las barras de carboncillo permiten
manchar a
gran velocidad en la superficie del papel, en tanto que el
lápiz de grafito
para conseguir una mancha semejante necesita insistencia y, por ello,
mucho más
tiempo.
El carboncillo,
empleado tradicionalmente en la iniciación al dibujo, es
el medio más inestable de todos cuantos se emplean en esta
forma de expresión
artística. Pero como contrapartida ofrece la ventaja de ser
un procedimiento
sumamente efectista, ya que permite cubrir grandes zonas de dibujo en
poco
tiempo. Debe utilizarse sobre papeles de gran formato, principalmente
de grano
medio y sobre todo poroso siendo muy recomendable el papel verjurado.
Dada la
dificultad de que el polvo de la barra carbón se integre en
la superficie del
papel, puede difuminarse y, finalmente, debe fijarse siempre. Ofrece
una amplia
valoración tonal de manchas y cierta precisión en
la ejecución de líneas.
Las barras tradicionales de carboncillo procedían de madera porosa, generalmente encina y eran más grandes que las actuales. Hoy se fabrican unas barras de carbón prensado, muy estable y eficaz existiendo también una variante que incorpora aditivos grasos. Para trabajar con la barra de carboncillo, en primer lugar, es preciso partir un trozo y aplicarla plana sobre el papel para conseguir manchas. En caso de que deseemos realizar líneas finas la emplearemos de canto, o con la punta, para lograr pequeños detalles.
El gouache es una acuarela opaca. Es distinto de la pintura transparente sobre papeles brillantes, si uno quiere puede pintar aplicando campos lisos, con líneas precisas, pero normalmente es utilizado para producir un efecto de pinceladas con un flujo espontáneo.
Un gouache bien pintado no debe tener gruesos empastes ni capas muy espesas de pintura, sin embargo produce un efecto de ser más espeso de lo que en realidad es. Su luminosidad no depende de la base, si es blanca o no, sino que su brillo está en la misma pintura. Debido a su opacidad, los colores claros pueden pintarse sobre los oscuros sin que estos aparezcan a través de los claros. Además, puede rebajarse en agua, dándole una transparencia parecida a la de la acuarela.
En arte se conoce como óleo
a
los aceites que se usaban para combinar con otras sustancias y obtener
así un
producto idóneo para la pintura y como extensión,
se fueron llamando óleos a la
misma pintura en sí.
El uso del
óleo se conoce desde la Antigüedad y estaba ya
extendido
entre los artistas de la Edad Media sobre todo combinándolo
con la pintura al
temple o al fresco. Con esta mezcla retocaban las obras realizadas en
yeso y
conseguían así un secado más
rápido. Con el avance y las investigaciones de la
alquimia se fueron inventando mezclas favorables para los resultados de
la
pintura. El aceite que más se empleaba era el de linaza que
solía mezclarse con
los pigmentos de minerales que son los que proporcionan el colorido,
pero no era
el único y cada artista en su taller tenía su
propia fórmula que guardaba muy
en secreto. Muchos siguieron los consejos y experiencias escritos en el
"Tratado
del monje Teófilo" que ya se conoce y se menciona en el
año 1100.
Esta pintura
obtenida con la mezcla de óleos ofrecía muchas
ventajas al
pintor, entre otras, el poder realizar su obra lentamente y sin prisas
de
acabado (lo contrario de lo que ocurría en la pintura al
temple, o al fresco),
el poder retocar la obra día a día, variar la
composición, los colores, etc.
Las bases sobre las
que se aplica el óleo son diversas, sin que por ello
varíe su aspecto. Lo que si varía es la
técnica de preparación de estas bases
pues es muy distinto pintar sobre lienzo, tabla, fresco o cobre. A
partir del
siglo XVII con el arte barroco los pintores eligieron como soporte
favorito de
sus pinturas al óleo sobre lienzo, siendo este
más práctico para la elaboración
de grandes composiciones, que la tabla. De tal forma tomó
importancia el
material empleado por los artistas que se empezó a emplear
la palabra lienzo
u óleo en lugar de cuadro
para designar las obras pictóricas. Los
primeros grandes artistas de pintura al óleo fueron los
flamencos.
La
tradición sostiene que fueron los hermanos Van Eyck los que
inventaron la pintura al óleo. Esta afirmación,
falsa, se basa en que,
efectivamente fueron ellos, sobre todo Jan, los que explotaron las
innumerables
posibilidades de esta técnica, infrautilizada hasta
entonces.
Van Eyck utilizaba
el óleo con gran precisión y los venecianos
(Tiziano)
lo ampliarán aprovechando las posibilidades de textura de la
pintura con base
de aceite. La perspectiva aérea la desarrolla Leonardo de
Vinci (la Gioconda).
El flamenco Rubens, pintor barroco parte de una base oscura o neutra.
Estos pintores
se caracterizaban por ser directos en grado extremo (capas con gran
vitalidad y
mínimas correcciones). Rembrandt creará el
"grisaille"; éste se
convirtió en el método académico en el
siglo XVIII. En el Romanticismo hay
mayor libertad técnica. En el impresionismo los pintores
usan una técnica más
directa. En el expresionismo abstracto hay un intento de primar la
expresión en
lugar de la corrección técnica, igual que los
neoexpresionistas.
El equipo que usan estos artistas son pinceles (cerda blanca o marta roja, también de pelo sintético, y diferentes tamaños), espátula, caballete y paleta. Las técnicas fundamentales son, trabajar por capas, o en directo "alla Prima".
La técnica de pintura al pastel consiste en la
utilización de unas barras de
colores similares a las tizas escolares pero que se diferencian de
éstas en
que, en su composición, llevan una alta
proporción de pigmento que se aglutina
con cola y en ocasiones yeso. De esta manera se consiguen colores
luminosos,
intensos y bien saturados.
Es una
técnica de las llamadas secas, ya que a diferencia de la
pintura
al óleo o la acuarela, no se utiliza ningún
disolvente y se aplica directamente
sobre la superficie de trabajo. Como soporte es común
utilizar papel de buena
calidad de buen gramaje de color neutro no blanco y de ligera
rugosidad, aunque
la técnica es lo suficientemente versátil para
que se pueda usar sobre otras
superficies.
Es una técnica cómoda, generalmente rápida y que permite realizar correcciones con gran facilidad, razón por la cual es escogida por muchos artistas.
La sanguina es una técnica pictórica basada en una variedad de óxido férrico llamada hematites, que se presenta bajo la forma de polvo, barra o placa. Puede tener distintas tonalidades, todas ellas en la gama del rojo -de ahí su nombre, ya que recuerda a la sangre-, desde el rojo anaranjado hasta el rojo pardovioláceo. Llamada antiguamente sinopia –por la ciudad turca de Sinope, de donde procedía la hematites-, fue utilizada en principio para dibujos preparatorios del fresco: el trazado de sanguina era aplicado directamente sobre el revestimiento del muro que se iba a pintar. La sanguina se convirtió en técnica de dibujo propiamente dicha a finales del siglo XIV: fue empleada entonces sobre un soporte de papel, bien bajo su forma sólida –trazo dejado por la barra de sanguina-, bien bajo su forma líquida –agua aplicada con el pincel-, y mezclada a menudo con otras técnicas: plumilla, piedra negra o tiza blanca. Las cualidades esenciales de este material son la luminosidad y el poder ilusionista en el acabado de las encarnaciones, que hacen de esta técnica la ideal para dos tipos de estudio: el retrato y el desnudo. La sanguina ha sido utilizada por numerosos pintores, especialmente Leonardo, Miguel Ángel, Pontorno, Lorrain, Le Brun, Fragonard y los impresionistas franceses Manet, Renoir, Morisot, etc.
Cuando el autor combina varias técnicas o introduce elementos extrapictóricos se denomina técnica mixta.
Las formas de
obtener la emulsión son:
En el caso de
ésta última, hay que diluir el pigmento en una
emulsión
que puede ser de colas de conejo o pescado, clara o yema de huevo,
caseína
(proteína de la leche) o cualquier mezcla de las anteriores.
Otros aditivos
habituales son goma arábiga, para dar
una cierta textura; ácido acético (vinagre) y
barniz de óleo (dammar o
similar, por ejemplo) como conservante; sacarosa (azúcar)
como aglutinante no
secativo; agua destilada como diluyente o aligerante; glicerina como
retardante
del secado y aligerante; aceite de linaza; aguarrás o
esencia de petróleo; etc.
El barniz se puede usar también como texturizante. En caso
de agregar
disolvente orgánico, frente al aguarrás es
más aconsejable la esencia de
petróleo, dado que es necesaria menos cantidad y su origen
mineral la hace más
estable (no amarillea con el tiempo).
Otra forma de
obtener el conservante es mediante la hidrolización de la
acetidina (o también llamado ester acetil
acético, etanoato de etilo, acetato
de etilo...) la cual se comercia como disolvente universal. La
proporción es de
cuatro partes de agua destilada por cada una de acetidina y agitar
durante unos
dos minutos hasta lograr una substancia homogénea.
Ésta es una disolución de
ácido acético y etanol al cincuenta por ciento en
mol. Su olor es muy
penetrante y desagradable (similar al del tiner) y requiere cantidades
pequeñas. También se puede usar para recuperar
pintura casi seca.
Según
normas antiguas a la hora de emplear clara o yema, hay que saber
que la clara da más transparencia y ligereza, siendo ideal
para las luces y
sectores intermedios. La yema da tonos más oscuros y puede
estropearse con más
facilidad, es más aconsejable para las sombras siempre
aligerada con algo de
clara.
Históricamente,
la pintura al temple es característica de la Edad Media
europea. Puede considerarse característico de los estilos
Románico y Gótico en
el occidente Europeo, y de los iconos bizantinos y ortodoxos, en Europa
Oriental.
Este procedimiento
pictórico se aplica usualmente sobre tabla, aunque, a
menudo era utilizado para retocar pinturas murales al fresco y
añadirles
detalle. Esta técnica se usaba abundantemente para aplicar
azul ultramar,
incompatible químicamente con el buon fresco,
por ejemplo en mantos
azules, cielos, etc. Se conocía como fresco secco
o retoque alla
secca.
Ya Cennino Cennini
hablaba de un temple sólo de aceite, que es lo que
luego se conoció como pintura al óleo. En los
últimos tiempos de la Edad Media
eran muy habituales los temples con mezcla de aceites y barnices
grasos. E
incluso ir añadiendo aceite a las sucesivas capas de temple.
Desde finales del siglo XV,
en consecuencia, el temple va siendo sustituido por la pintura al
óleo, a causa de las ventajas que presenta,
sobre todo la
invisibilidad de las pinceladas y el poder aplicarse sobre lienzo.
En el Renacimiento,
el óleo fue traído al sur de Europa proveniente
de
los Países Bajos e introducido, entre otros por Leonardo Da
Vinci.
Actualmente, la
pintura al temple se está poniendo de nuevo de moda
debido a las recuperadas posibilidades que ofrece y a su precio
más económico y
producción más sencilla.
Según algunos autores incluso se puede considerar a la pintura acrílica como una pintura al temple, si se entiende temple como toda pintura fabricada con un aglutinante en emulsión. Según este criterio, nuestra época es la del gran resurgir del temple.
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