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Introducción a la Justicia de Paz ?
La
Justicia de Paz es la Justicia de la comunidad, la que resolverá los problemas
entre vecinos, entre amigos, entre familiares, entre personas de la misma zona,
del mismo barrio, de la misma urbanización.
Todos
sabemos que los Códigos y Leyes muchas veces contienen principios y
procedimientos lentos y complicados, que hacen de la justicia un camino lleno de
obstáculos. La Justicia de Paz es distinta, todo lo que ella propone es
efectivo, justo, rápido y sin costo. Lo más importante para entender, es que
la Justicia de Paz la hacemos nosotros mismos, es nuestra responsabilidad.
La
Justicia de Paz es una oportunidad que nos estamos dando para aprender a
convivir mejor. Al mismo tiempo, es una oportunidad para lograr que la
democracia sea una forma de vivir y no simplemente una palabra más.
La
Justicia de Paz, busca eso, la PAZ, la armonía, el convivir tranquilo, sin
problemas innecesarios entre gente cercana. Muchos de los crímenes y peleas que
conocemos en nuestra comunidad se han originado por un pequeño problema que
nunca se solucionó, y que fue creciendo por no haber sido atendido a tiempo. El
Juez de Paz debe utilizar los conflictos de la comunidad y canalizarlos para
aprovechar cuanto hay de positivo en ellos La Justicia de
Paz es un medio para acercar a la gente común a la Justicia a través de un
sistema dotado de rapidez y confianza, ya que los miembros de la comunidad son
los protagonistas, lo cual traerá consigo un proceso de humanización y
desarrollo de la justicia de la comunidad.
¿Qué
hacemos cuando nuestros hijos, o cualquiera de nuestros familiares y amigos se
pelean? Los llamamos a cada uno por su lado, escuchamos lo que nos cuentan para
hacernos una ¡dea de lo que pasa, luego, los llamamos a los dos y tratamos que
ellos mismos lleguen a una solución de su problema (conciliación). Ellos
pueden pedirnos que intercedamos, es decir, que actuemos como intermediarios u
opinemos cuál es la mejor vía para solucionarlo.
También
nos pueden pedir que nosotros tomemos la decisión más adecuada, ya que confían
en nosotros, en nuestra forma de entender lo que es la JUSTICIA y nuestro
conocimiento de su caso (equidad).
Pues
bien, esto es lo que busca la Justicia de Paz: El entendimiento de personas que
tienen pequeños problemas entre ellos, ayudados y guiados por el Juez de Paz.
La
Justicia de Paz tiene dos objetivos principales:
•
Resolver los conflictos que se presentan en la comunidad.
•
Ayudar a que todos aprendamos a vivir en comunidad.
El
Juez de Paz representa a la comunidad. Él no es el jefe de la comunidad sino un
servidor público y como tal debe comportarse. Como líder debe ser un ejemplo
constante de educación, verdad, cooperación. Solamente así la Justicia
predominará en la mente de los miembros de la comunidad. La mejor solución a
un problema es la solución amistosa acordada por los afectados y el mejor
problema es el que nunca nació.
Esto
significa que Justicia de Paz es un gran programa para aprender a vivir. Por
este motivo, los Jueces de Paz tienen tanta responsabilidad en lograr que la
comunidad participe activamente en la resolución de sus conflictos.
El
Juez de Paz no enseña, sino que ayuda qué otros aprendan y entiendan. El Juez
de Paz, al mismo tiempo, aprenderá mucho en cada caso nuevo que se le presenta.
La mejor actitud que puede tener un Juez de Paz es la del buen maestro. Un buen
maestro confía en la capacidad que tienen las personas para adquirir
conocimientos y resolver problemas y actúa más que todo como un facilitador en
ese proceso; sabe que él no conoce todas las cosas y, por lo mismo, está
dispuesto a aprender en cada nueva experiencia.
El
Juez de Paz tiene dos herramientas para conseguir la convivencia en la
comunidad. La primera, y las más importante es la conciliación. La conciliación
significa que frente a una controversia que tengan dos vecinos, el Juez de Paz
tratará de abrir un canal de comunicación entre las personas en conflicto (que
de ahora en adelante las llamaremos las partes) para que ellas consigan por sí
mismas y la ayuda del Juez de Paz una solución a los problemas.
Si
las personas logran una solución, firmarán lo que la Ley de la Justicia de Paz
llama ACUERDO CONCILIATORIO, comprometiéndose a comportarse de una
manera determinada que evitará que el problema siga sucediendo.
Si
las personas no logran una solución, él Juez dé Paz tendrá que usarse
segunda herramienta que la ley de la Justicia de Paz llama la equidad.
Esto significa, que en vista que las partes no lograron ponerse de acuerdo, le
corresponde al Juez de Paz decidir lo que es justo y apropiado para el
caso.
Los
problemas que conoce un Juez de Paz
Cuando
la conciliación (la primera y mas importante herramienta del Juez de Paz) no
haya dado resultado, el Juez de Paz podrá decidir sobre ciertos tipos de
problemas a través de la equidad:
1.
Todos los conflictos y controversias que se produzcan en la comunidad. En los
casos en que estos conflictos tengan que ver con deudas de dinero (lo que la ley
llama conflictos patrimoniales), el Juez de Paz solamente podrá resolver
aquellos que no excedan de cuatro (4) salarios mínimos mensuales.
2.
Los problemas de violencia familiar: maltrato a niños, ancianos, mujeres e
incluso hombres, ya sea maltrato físico (golpes, heridas) o psicológico
(insultos, humillaciones)
3.
Problemas entre vecinos relacionados con contratos de arrendamiento o problemas
de propiedad horizontal, exceptuando aquellos relacionados con el cobro de
dinero.
4.
Hacer cumplir lo que establecen las Ordenanzas Municipales relacionadas con la
vida familiar y de la comunidad.
5.
También puede conocer cualquier conflicto que las personas, de común acuerdo,
piensen que el Juez de Paz puede resolver a través de la equidad.
Igualmente,
el Juez de Paz puede:
•
Ejecutar sus propias decisiones y colaborar
con el mantenimiento del
orden público,
•
Ayudar a que se cumpla lo ordenado en las sentencias de Jueces Ordinarios de
Familia y Menores en los casos de guarda, pensión de alimentos y régimen
de visitas.
•
Colaborar en la preservación y cuido del medio ambiente.
•
Colaborar y participar en la vigilancia de la protección de los consumidores
dentro de su comunidad.
El
Juez de Paz no esta solo. El cuenta con su comunidad que lo respalda en todo
momento. Por este motivo es vital que el Juez de Paz involucre a los miembros de
su comunidad en la resolución de los conflictos.
De
esta forma, dependiendo de la naturaleza del problema, los Jueces de Paz podrán
nombrar a distintos miembros de la comunidad para que lo ayuden a realizar una
labor más profesional en la conciliación y en las decisiones por equidad. Así
mismo, podrán solicitar la colaboración de la comunidad para facilitar el
trabajo y mejorar la dotación del Centro de Justicia de Paz.
El
Juez de Paz que intente hacer todo el trabajo solo, sin la ayuda de su
comunidad, tiene grandes posibilidades de fallar en la responsabilidad
que le ha sido encomendada. Además, privará a la comunidad de la
oportunidad que abre la Justicia de Paz de organizarse para participar en la
resolución de los problemas y conflictos que afectan la vida de sus miembros.
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La
Justicia de Paz y los Conflictos
Aunque
puede parecer extraño, la justicia, que a menudo relacionamos con la paz, también
supone la existencia de desacuerdos, de algún grado conflicto: cuando hablamos
de justicia estamos hablando de una manera — una manera ecuánime o equitativa
— de decidir entre propuestas, necesidades o demandas contrapuestas o
contradictorias. Si no existiesen discrepancias o algún grado de conflicto,
quizás no estaríamos tan preocupados por la justicia. Y es debido a su
existencia que la Justicia de Paz es tan importante para la vida en comunidad. Los
conflictos en la sociedad
En
la vida social — en una familia, en una comunidad o en una nación — los que
la comparten tienen algunos valores y creencias en común, la convivencia
siempre involucra algún grado, mayor o menor, de desacuerdo y confrontación.
Inclusive en las familias y las comunidades más solidarias se encuentran
discrepancias, ya que es casi imposible que
dos personas tengan criterios idénticos y a veces las discrepancias dan lugar a
conflictos y enfrentamientos.
Los
conflictos a menudo surgen cuando las personas quieren la misma cosa, por
ejemplo, dos niños quieren la misma naranja o dos familias quieren construir su
casa en el mismo terreno. Ocurren también cuando una persona quiere una cosa y
otra persona quiere algo distinto, por ejemplo, cuando una familia desea
vivir en un edificio tranquilo y la otra se preocupa porque no le alcanza para
pagar el condominio y quiere que se alquile la sala de fiestas para generar
ingresos para la comunidad: Aunque también es posible que haya desacuerdo
simplemente porque la gente se cae
mal, lo cierto es que las personas no suelen enfrentarse con todos los que le
caen mal y que muchos conflictos se presentan
entre amigos. Se producen, en otras palabras, cuando las partes involucradas
tienen, o creen que tienen, deseos o necesidades mutuamente incompatibles de
modo que cada uno piensa que lo que lo que
quiere hacer — o ya hizo — el otro, le producirá algún tipo de daño.
Los
aspectos Dañinos y los aspectos Positivos de los Conflictos
Nos
acostumbramos a pensar que los conflictos son siempre malos. En efecto el
conflicto puede ser sumamente negativo. Las personas suelen experimentarlo como
una crisis que interfiere con su vida normal y sus relaciones con los demás y
puede afectar su bienestar emocional e inclusive su salud. En las comunidades,
los conflictos no sólo rompen la tranquilidad, sino que restan del tiempo, la
voluntad y la energía necesarios para trabajar
en conjunto y resolver problemas comunes. Sus consecuencias pueden ser costosas
tanto para las relaciones entre las personas como para la vida de la comunidad.
Sin
embargo, como ya vimos, los conflictos son una parte normal de la convivencia.
Pero, además, los conflictos no son necesariamente dañinos. Pueden tener
efectos importantes y positivos si existen maneras adecuadas para canalizarlos y
resolverlos. El conflicto puede servir como un estímulo, ya que las personas
suelen ser más creativas cuando existe algún grado de tensión que en
condiciones de absoluta tranquilidad. En el ámbito social, puede dar lugar a
innovaciones y cambios positivos. Por otra parte, al poner los problemas de
manifiesto, puede reducir las tensiones existentes entre las personas y ayudar a
definir las normas de la comunidad.
Pero,
además, los conflictos también brindan una oportunidad para el aprendizaje y
el crecimiento. El niño comienza a ser un individuo cuando descubre que es
distinto de los otros, inclusive de su mamá, y que puede tener sus propios
deseos y opiniones. Madura en la medida en que es capaz de evaluar y valorarse a
sí mismo y al mismo tiempo, reconocer que su mamá o cualquier "otro"
también tiene su manera de ver las cosas y sus propios deseos. Visto así, el
conflicto es un componente fundamental del desarrollo emocional y moral de las
personas y, de forma parecida, de los grupos. A raíz de su experiencia con los
conflictos, las personas y las comunidades pueden tener la oportunidad para
aprender a resolver y prevenirlos de una manera que es consistente con la
preservación de su autonomía y, a la vez, con el respeto por el otro.
Reacciones
individuales y sociales ante los conflictos
No
obstante, tenemos diversas maneras de reaccionar cuando se presenta un
conflicto, maneras qué dependen tanto de las diferencias que existen entre las
personas como de las posibilidades que les brinda su medio ambiente social. A
veces preferimos eludir el conflicto, bien sea
ignorando
o negándolo, es decir, haciendo como si no existiera ("haciéndonos
los locos"), bien sea sometiéndonos al criterio o la
exigencia del otro (es decir, "dejando que el otro se salga con lo
suyo"), pero a expensas de nuestras propias necesidades. Otras veces
intentamos resolver el conflicto conversando con la otra persona. Pero si no lo
hacemos o si el intento de conciliar nuestras diferencias fracasa y no queremos
o no podemos ignorar el problema, solamente nos quedan dos caminos: Uno es
actuar por nuestra cuenta, tratando de imponer nuestra razón y negando los
deseos o derechos del otro. A veces logramos hacerlo, aunque ello perjudique
nuestras relaciones futuras con la otra persona. Pero si esa persona no está
dispuesta a ceder y también insiste en su punto de vista, el problema puede
escalar en un enfrentamiento
cada vez mayor. El otro camino es acudir a alguna persona o instancia que nos
ayude a resolver nuestro conflicto.
Las
Comunidades y el Conflicto
Las
comunidades tradicionales, unidas por lazos históricos, culturales y, a menudo,
familiares, tenían sus propias normas y sus procedimientos para la resolución
de los conflictos que las personas no habían logrado arreglar por su propia
cuenta. Habitualmente se comenzaba con intentos por parte de las familias, los líderes
comunitarios, los sacerdotes u otras figuras respetadas o, inclusive la
comunidad en su conjunto, para lograr que los involucrados se pusieran de
acuerdo para superar sus diferencias. Cuando no se lograba poner fin al
conflicto a través de la conciliación, existía alguna instancia, a menudo una
persona o un grupo de personas, con autoridad para decidir como resolverlo
conforme a los valores y normas de la comunidad. Gracias a estas prácticas se
lograba restaurar la armonía necesaria para la convivencia y el trabajo en
conjunto, y que además ayudaba a preservar la identidad de la comunidad y
protegerla contra peligros externos.
Con
los cambios sociales, económicos y políticos, en el mundo y en Venezuela, los
procedimientos locales para la resolución de conflictos cayeron en desuso.
Ciertamente, algunos grupos, como las comunidades indígenas y otras comunidades
unidas, por ejemplo, debido a su religión o su origen nacional, conservaron sus
normas y valores y sus maneras de resolver los conflictos que se presentaran
entre su miembros. En algunas zonas, todavía se encuentran prácticas que tenían
ese propósito en el pasado, tales como los jueces de agua o de mercado en los
Andes, pero con el tiempo y los cambios, estas prácticas suelen tener una
importancia cada vez menor.
El
tiempo — y los cambios en los estilos y ritmos de vida — presentaron nuevos
problemas que tenían que enfrentar las viejas comunidades. Dieron lugar, también,
al surgimiento de nuevos tipos de comunidad, por ejemplo, barrios, condominios y
urbanizaciones, donde viven personas con experiencias muy variadas y
posiblemente, con muchas diferencias en su manera de ser y ver las cosas en
comparación con las comunidades estables de antes. Estas nuevas comunidades,
además, tienen que hacer frente a muchos problemas novedosos,
y a menudo muy complicados que se agravan por la difícil situación que
atraviesa el país. Todos estos elementos contribuyeron a multiplicar los
conflictos en las comunidades sin que existan maneras para resolverlos. Algunas
comunidades viejas conservan sus costumbres y otras, más nuevas, lograron crear
procedimientos parecidos a los tradicionales. Sin embargo, en su ausencia, el
recurso que queda a la gente es no hacer nada, pelearse o acudir a los
tribunales, o las jefaturas civiles o prefecturas, sin ningún resultado.
Sin
embargo, hoy contamos con una herramienta novedosa para la resolución de
conflictos en la comunidad: la Justicia de Paz.
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El
Poder Judicial
La
creación del Estado, integrado por muchas comunidades, trajo consigo la creación
del Poder Judicial para que asumiera las funciones que antiguamente cumplían
las comunidades, de modo que las personas que viven en sociedades más grandes
pudieran resolver sus diferencias, respetándose unos a otros. Porque lo cierto
es que siempre que varias personas conviven, ya sea en comunidades, ya sea
porque se reúnen para hacer algo como, por ejemplo, para comenzar una asociación
de vecinos, participar en un juego de béisbol o vivir en un condominio, se
producen oportunidades para los desacuerdos y comienzan a aparecer, casi sin que
nos demos cuenta, algunas reglas que todos esperamos que se cumplan para que la
asociación de vecinos funcione, el juego de béisbol salga bien o que los
habitantes del edificio están contentos.
Vivir
en sociedad es lo mismo. En cualquier sociedad, siempre hay lugar a
discrepancias y conflictos y, a medida que éstos van apareciendo, se van
creando algunas reglas de comportamiento que la gente debe aceptar si quiere
seguir formando parte de ese grupo. Tales reglas o normas, que se consagran en
los Códigos y las Leyes, tienen el propósito de hacer que las personas
respeten a los demás que viven en la comunidad. Igualmente, las personas
esperan que los otros se comporten de una manera esperada y que también las
respeten en sus vidas.
Por
ejemplo, cuando alguien comienza a botar basura en una quebrada, comienza a
irrespetar la vida de los demás: contamina el agua, ensucia la naturaleza y
puede provocar que mucha gente no pueda usar el agua. Cuando algo así sucede,
nosotros quisiéramos que la persona que lanzó basura a la quebrada la limpiara
otra vez porque le está haciendo un daño a los demás.
En
la sociedad, el Poder Judicial y sus jueces tienen como misión hacer
que las reglas de juego de la convivencia sean cumplidas y que las personas se
respeten unas a las otras. Sin embargo, muchas veces nosotros sentimos que en
nuestro país esto no sucede. Por el contrario, la mayoría de las veces cuando
las personas tienen problemas entre sí, les es difícil encontrar a alguien
que los ayude a solucionar sus problemas.
Por
las razones enumeradas a la izquierda, resolver un problema a través del Poder
Judicial y los jueces puede tomar mucho tiempo y además resultar muy complicado
y costoso. En consecuencia, la vasta mayoría de las personas no puede, o no
quiere, resolver sus problemas a través de un juicio. Las personas sienten, en
otras palabras, que no tienen acceso a la justicia. Lo ven así también porque
los resultados de los juicios son difíciles de predecir y a veces resultan
injustos. Por lo demás, los tribunales que
ya tienen mucho trabajo, no tienen tiempo ni interés para ocuparse de los
problemas "pequeños" que, sin embargo, pueden ser problemas sumamente
grandes para los afectados. Y, en la medida en que se multiplican los conflictos
en nuestra sociedad sin que existan procedimientos para ayudar a resolverlos, se
producen tensiones y frustraciones que pueden terminar en enfrentamientos
violentos o en sentimientos de impotencia porque la gente tiene que aguantar
conflictos no resueltos.
Pero
además, cuando las personas que tienen un conflicto logran ir a juicio, a
menudo las decisiones basadas en las leyes no se ajustan a las necesidades
reales de ambas partes; por lo general los participantes, con la ayuda
apropiada, tienen la capacidad para tomar mejores decisiones acerca de sus vidas
que los tribunales. Y lo que es igualmente grave, las sentencias, en las cuales
uno gana y otro pierde, no ayudan a restablecer una buena relación entre las
personas, ni les brindan la oportunidad para aprender a resolver los conflictos.
Por
todas estas razones se dice que él Poder Judicial tiene problemas, que
"está en crisis". Y por eso, la misión de la Justicia de Paz es tan
importante. Los Jueces de Paz tienen que estar muy claros que la Justicia en
Venezuela no funciona bien y que han sido elegidos por su comunidad para lograr
que las reglas de convivencia se respeten. Su gran reto será poner a la gente
de acuerdo cuando haya problemas que las personas por sí mismas no logran
resolver y hacerlo de una manera que logre eliminar los aspectos dañinos de los
conflictos, sin dejar de aprovechar las oportunidades que la existencia de los
conflictos pueden brindar para el aprendizaje y desarrollo de los individuos y
sus comunidades.
La
Justicia de Paz como procedimiento alternativo o complementario para resolver los
conflictos.
La
Justicia de Paz debe entenderse como un procedimiento alternativo y
complementario al sistema judicial venezolano, es decir, a la administración de
justicia ordinaria donde el Juez Ordinario decide un conflicto surgido
entre dos o más personas a través de lo que le indican los Códigos y las
Leyes, estableciendo quién es el ganador y quién es el perdedor.
La
justicia de paz no es la única solución al problema que enfrenta el Poder
Judicial, pero sí es una vía para colaborar a su saneamiento y, sobre todo,
para lograr la solución de problemas comunitarios, que normalmente no pueden
ser resueltos adecuadamente por los Tribunales de la República debido a las
diversas causas que se explicaron en el margen de la página anterior.
Porqué
la Justicia de Paz es un procedimiento alternativo al Sistema Judicial Ordinario
Es
un procedimiento alternativo al sistema judicial ordinario porque usa
métodos distintos para resolver los conflictos que surjan en la
comunidad. Es decir, la Justicia de Paz es alternativa porque la forma de
resolver los conflictos es distinta a la utilizada en la justicia ordinaria (
como podrá comprobarse a lo largo del manual), porque los elementos que debe
tomar en cuenta el Juez de Paz para la solución de una disputa son más amplios
y variados.
Con
respecto al primer punto enumerado en la lista de la derecha, la forma que
revisten los procedimientos será estudiada a profundidad más adelante. Sin
embargo, es importante destacar que la Justicia de Paz cuenta fundamentalmente
con dos formas que la diferencian de la justicia ordinaria: el procedimiento
conciliatorio y el procedimiento de equidad. Con respecto al segundo aspecto, podemos
señalar que estos métodos tienen como principal objetivo el lograr resolver el
problema con la participación de las partes y llegar a un acuerdo o una decisión
que sea satisfactoria para los involucrados. En otras palabras, dentro del
contexto de la Justicia de Paz como procedimiento alternativo, lo esencial no es
solamente resolver un problema, es resolverlo
de una forma en que ambas partes tengan la oportunidad para participar en la
solución, que queden conformes con el resultado y que éste sea beneficioso
para el resto de la comunidad.
De
esta manera, se busca propiciar la tranquilidad, el entendimiento, el respeto
mutuo y la tolerancia en la comunidad, así
como su participación en la resolución de sus conflictos, porque éstos son
los supuestos indispensables para un óptimo desenvolvimiento de la vida en
cualquier vecindario. El Juez de Paz deberá actuar teniendo en cuenta estos
fines, pues lejos de ser un Juez Ordinario aplicador de leyes, muchas veces
irritantes para la comunidad, él actúa dentro de un marco alternativo que
tiene fines que van más allá de la sola aplicación de la ley.
En
cuanto al tercer aspecto, otra característica por la cual la Justicia de Paz se
presenta como un método alternativo a la justicia ordinaria, tiene que ver con
los elementos que toma en cuenta para solucionar los conflictos.
En
efecto, el Juez de Paz, como se dijo, no decide sus casos aplicando la ley. El
juez de paz debe tomar en cuenta otros factores a la hora de analizar un caso
que se le presente. Deberá valorar, en cada problema concreto, la opinión y
las necesidades de las partes y sus circunstancias particulares, así como los
elementos sociales, psicológicos, familiares, educativos y los aspectos
comunitarios de cada caso. Para ello podrá asesorarse con especialistas en las
Juntas Interdisciplinarias de Conciliación o buscar ayuda a través de las
Redes Locales de Apoyo, como se verá en próximas secciones.
En
cuarto y último lugar, se debe concluir que la naturaleza dé sus decisiones es
distinta a la de la justicia ordinaria en sus propósitos, sus contenidos, su
forma y su ejecución,
De
allí que existan una serie de diferencias entre la Justicia de Paz y la
justicia ordinaria. Cada una de las diferencias derivadas de las anteriores
causas, podrá ser estudiada a lo largo de este manual con más profundidad. Sin
embargo, podemos revisar a grandes rasgos algunas diferencias importantes entre
la justicia ordinaria y la Justicia de Paz.
Cuando
las personas vienen a exponerle un problema, el Juez de Paz deja que ellas
mismas definan el objeto de la controversia, es decir que ellas expliquen
claramente cuál es ese problema y por qué existe. Luego, el Juez de Paz hace
lo que puede para ayudar a las personas que tienen el problema, es decir, las
partes, a encontrar su propia solución concillada.
Si
la conciliación fracasa, porque las partes no lograron ponerse de acuerdo sobre
un arreglo, el Juez de Paz tomará la decisión de resolver el problema a través
de la equidad. En la fase de equidad, el Juez de Paz decide el conflicto y trata
de llegar a la raíz del problema, tomando en cuenta un cúmulo de parámetros
no legales, porque muchas veces la aplicación de la ley podría producir una
solución inadecuada y no justa. De este principio se derivan varias
consecuencias;
•
En la Justicia de Paz, el juez debe considerar las relaciones que las personas
tienen entre sí y con su medio familiar y social, tomando
en cuenta que forman parte de una comunidad. En cambio,
juez ordinario normalmente debe tratar a las partes como individuos separados
completamente de sus circunstancias particulares, sus relaciones afectivas y su
comunidad.
•
Así, el Juez de Paz debe buscar el restablecimiento de las relaciones sociales
tal y como existían — o debían haber existido — antes del problema
planteado. Esto significa, que el Juez de Paz debe pegar las piezas que, debido
al problema, se habían separado.
• Los valores que aplica un Juez de Paz para unir de nuevo las
piezas no deben coincidir, necesariamente, con los valores establecidos en las
leyes, pero si deben hacerlo con aquellos imperantes en la comunidad a la que
pertenece.
Porqué
es un procedimiento complementario a la Justicia Ordinaria
La
Justicia de Paz es un procedimiento complementario a la justicia ordinaria
porque si bien no puede solucionar los inmensos problemas que existen en los
Tribunales Ordinarios, sí va a contribuir a aliviar la carga de trabajo que
tienen y los problemas de retraso y acceso a la justicia que esto trae consigo.
Ello
será posible pues la Justicia de Paz significa la desconcentración de una
parte de la justicia ordinaria, lo cual se logra con el establecimiento de
muchas nuevas competencias jurisdiccionales que le son asignadas por la ley que
rige a la Justicia de Paz. Con esto, se ampliará el acceso a la justicia porque
las personas podrán presentar los casos que ellas quieran y tendrán la
posibilidad real de ser atendidas.
Debe
resaltarse, en este contexto, que la creación de la Justicia de Paz no pretende
acabar con el sistema judicial venezolano, como a veces se ha dicho. Por el
contrario, se busca perfeccionar la impartición de justicia mediante una
eficiente atribución de competencias y mediante la creación de procedimientos
muy breves y gratuitos, aplicados por ciudadanos de alta relevancia y respeto en
la comunidad que, según el caso, pueden solicitar el asesoramiento no sólo de
abogados sino de otros especialistas que necesiten para orientar su actuación.
La
Justicia de Paz no es una justicia de segunda; todo lo contrario; puede llegar a
ser una verdadera justicia de primera, porque se trata de una justicia
eficiente, rápida y ajustada a las circunstancias. Contará con un conocimiento
mejor y más directo de los problemas y se fundamenta en los principios propios
de la vida en comunidad por lo cual podrá aportar soluciones que sean más
justas y satisfactorias para cada caso en concreto.
La
desconcentración de la justicia ordinaria, a través de la Justicia de Paz,
también ayudará a descargar a los tribunales ordinarios de pequeños casos que
son muy engorrosos de llevar y que contribuyen a la falta de celeridad de la
justicia ordinaria.
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La
Necesidad de la Justicia de Paz
Anteriormente
comentamos sobre los procedimientos tradicionales que tenían
las comunidades para resolver los conflictos entre sus miembros y porque iban
cayendo en desuso. Los múltiples cambios en las sociedades debilitaron el papel
de la familia, la iglesia y las otras instituciones que también cumplían esas
funciones en el pasado y, a la vez, dieron lugar a un número mayor y más
variado de conflictos entre las personas. Los sistemas Judiciales se vieron
colmados y cada vez menos capaces de dar respuestas satisfactorias a las
controversias y conflictos que se les presentaban.
No
sólo en Venezuela, sino en muchísimos países el mundo entero, la gente
comenzó a preocuparse por las deficiencias de los sistemas judiciales debido a
su lentitud, sus costos, su formalidad, la calidad de muchas de sus decisiones y
todos los demás obstáculos que a la justicia encontraban las personas comunes.
La justicia parecía cada vez menos justa y cada vez más alejada de la gente y
de sus necesidades reales. Por eso las
personas no sienten confianza en el Poder Judicial y ese sentimiento se une y
refuerza la creciente desconfianza que tiene la gente de los gobiernos grandes,
centralizados y lejanos.
En
consecuencia, en muchos países del mundo se llegó a la conclusión que era
necesario buscar procedimientos alternativos y complementarios para la resolución
de conflictos redescubrir o adaptar métodos antiguos, mejorar los existentes e
inclusive inventar unos nuevos.
En
este sentido, el esfuerzo por establecer y desarrollar la Justicia de Paz en
Venezuela como un procedimiento alternativo y complementario para la resolución,
de conflictos se parece a intentos similares en otras partes del
mundo, tanto por los problemas que la justifican como por la manera como se
propone abordar esos problemas. Aquí, además de las prácticas comunitarias
que existían, la propia institución de Justicia de Paz había sido establecida
en la Constitución de Angostura de 1819 que fue redactada por el Libertador
Simón Bolívar.
Las
causas del surgimiento de la Justicia de Paz en Venezuela en la actualidad son
muy numerosas, de modo que vamos a destacar solamente las más relevantes:
Uno
de los conceptos fundamentales que motivaron la implementación de la Justicia
de Paz es que la justicia debe ser entendida y atendida por cualquier persona,
no sólo por las personas con formación en el área del derecho. Es por ello
que la ley de la Justicia de Paz procura ligar la justicia a la comunidad y al
ciudadano, a través de jueces surgidos de la propia comunidad y de decisiones
que sean entendibles y satisfactorias para ésta, pues es la única forma en la
"que puede haber un vínculo efectivo entre la Justicia y la sociedad. Eso
significa, entre otras cosas, que los abogados no deben ser los únicos
responsables de la impartición de justicia en el país.
El
otro concepto fundamental, vinculado al anterior, es que las personas
involucradas en un problema lo conocen mejor y, con la ayuda apropiada, están
en mejores condiciones para encontrar una solución más satisfactoria para
ellas que cualquier decisor externo y ajeno a su situación.
Un
gran problema de la Justicia Ordinaria, es la falta de confianza en sus
decisiones por parte de la sociedad. La confianza en las decisiones de los
Jueces de Paz vendrá dada por la transparencia de sus actuaciones, de la
legitimidad que les da haber sido elegidos popularmente y de la participación
de las partes en el procedimiento de conciliación. Eso las convertirá en
decisiones emanadas de la propia comunidad y no impuestas por una institución
ajena. Adicionalmente, aumentará la confianza gracias a los controles que la
población puede ejercer sobre la acción del Juez de Paz.,
En
efecto, es preciso incrementar el grado de control de la comunidad sobre las
personas que deciden sobre sus problemas. En la actualidad la comunidad no puede
ejercer ningún tipo de control sobre los jueces, mientras que en la Justicia de
Paz la comunidad podrá observar de cerca el desempeño del juez y podrá
reelegirlo o no según la labor que haya realizado e inclusive podrá
destituirlo antes que termine su período a través del referéndum revocatorio.
Finalmente,
uno de problemas que dio origen a la implementación de la Justicia de Paz en
Venezuela es la crisis del poder judicial. Al igual que en el resto del mundo,
los tribunales venezolanos se encuentran sobrecargados de casos, muchos de ellos
relativos a la convivencia familiar y comunitaria. Debido a la aparente
irrelevancia de estos casos, en muchas oportunidades los jueces no les dedican
el tiempo suficiente así que a menudo un pequeño caso, que podía haber sido
resuelto rápidamente mediante la conciliación, se lleva años, con lo cual se
pierde el objeto del juicio que es la solución del conflicto a su debido
tiempo.
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Los
Encargados de la Justicia de Paz
Perfil
de un Juez de Paz
Los
Jueces de Paz deben poseer ciertos requisitos objetivos, que establece la ley,
para poder ser elegidos (por ejemplo la edad, la residencia en la comunidad, no
haber sido condenado penalmente, no pertenecer a la directiva de ningún grupo
facultado para postularlos, etc.). Sin embargo, los más importante son los
otros requisitos, aquellas características por las cuales fueron electos Jueces
de Paz y que se desprenden de los objetivos de la Justicia de Paz
Para
poder cumplir la importante misión que le ha encomendado la comunidad, los
Jueces de Paz deben reunir las siguientes características:
1. Estar al
servicio de la Justicia
Él Juez de
Paz debe buscar, en cada casó, hacer justicia, hacer que cada problema
encuentre la mejor solución que se pueda encontrar.
2. Ser
Imparciales
Los Jueces de
Paz tienen la obligación de ser imparciales ante las personas y los casos que
se les presenten, sin ninguna predisposición debida a su relación de amistad o
enemistad con las partes o debida a algún interés que puedan tener en el
resultado de su controversia.
3. Ser
Autónomos
Los
Jueces de Paz no representan ni se deben a ninguna agrupación política o
social; se deben a la toda comunidad que los eligió y donde
residen. Aunque esto no significa que no pueden ser miembros de ninguna agrupación,
sí significa que es necesario que actúen con absoluta autonomía, sin ningún
tipo de distorsión debida a los objetivos o lineamientos
de un partido o grupo de específico.
4.
Buscar la Paz
Los
Jueces de Paz buscarán mantener la paz dentro de la comunidad. Reconociendo que
las discrepancias y los conflictos son inevitables, tratarán que cada problema
que se le presente obtenga pronta y efectiva solución y que se aproveche, en la
medida de lo posible, como una oportunidad para el aprendizaje individual y
comunitario.
5. Pertenecer
a la Comunidad
Los
Jueces de Paz no sólo deben residir en la comunidad, tal como lo establece la
Ley, sino pertenecer a ella y conocer sus peculiaridades, sus problemas, sus
recursos y sus habitantes, para que puedan contribuir no sólo como
"solucionadores de conflictos" o "apaga fuegos", sino como
un estímulo importante para la recuperación o desarrollo de los valores
comunitarios y de la capacidad de autogestión y autoestima de las comunidades.
6. Tener
capacidad para el diálogo y respetar a los demás
El
Juez de Paz es un líder que cuenta con él aprecio y la confianza de su
comunidad, pero es un tipo de líder muy especial, porque no se basa en el mando
y el temor que pueda producir, sino en la confianza, el diálogo y el respeto
mutuo.
7. Tener
paciencia y capacidad para el trabajo
El
Juez de Paz debe tener una gran capacidad para el trabajo y mucha paciencia, ya
que requerirá de horas y a veces días para escuchar los problemas que le
presenten las personas, pensarlos y decidir cuál es la mejor forma de proceder
en cada caso.
8.
Ser Juez de Paz es un "Honor"
La
comunidad lo eligió porque confía que reúne estas condiciones. Un Juez de Paz
no puede defraudar a sus vecinos, comportándose de manera autoritaria, errática
o irresponsable. Debe tener presente en cada uno de sus actos que él es un
modelo a seguir y que él se puede convertir en una referencia de conducta para
todos. Por tal motivo su comportamiento debe ser muy cuidadoso.
En
todas y cada una de sus actuaciones el Juez de Paz debe entender que representa
a una comunidad. Actúa en nombre y para una comunidad y por tanto
no puede pretender en ningún momento que él es una autoridad represiva o un
cacique que manda a los demás. Esta actitud hará fracasar los objetivos de
convivencia y partcipación de la Justicia de Paz.
El Equipo de la Justicia de Paz
El papel de los Suplentes y de los
ConJueces
Cuando
hablamos del perfil del Juez de Paz, también
estamos hablando del perfil de los suplentes y los conjueces. Eso es así no sólo
porque como candidatos todos deben reunir las mismas condiciones, sino también
porque los suplentes y los conjueces cumplen un papel importante en la Justicia
de Paz.
Lo
primero que debe hacer el Juez de Paz, al ser electo, es reunirse con los
suplentes y con los conjueces con el objeto de hacer equipo con ellos. Eso
significa que el Juez de Paz que obtuvo el mayor número de votos no debe verse
como un "presidente electo", ni a los suplentes y los conjueces como
unos adversarios derrotados. Todo lo contrario, el Juez de Paz debe convocar a
todos para trabajar por todos y promover un esfuerzo conjunto y coordinado a
través de la constitución un Equipo de Justicia de Paz. De lo contrario, si
pretende concentrar todos los problemas en sus manos y no logra la colaboración
de los suplentes y los conjueces, correrá el riesgo de fracasar.
Otra
oportunidad cuando el Juez de Paz necesitará la concurrencia de los suplentes y
los conjueces es cuando una de las partes desee apelar una decisión de equidad;
en esa eventualidad, le corresponderá a los suplentes o los conjueces, según
el caso, participar con el Juez principal en la revisión de la decisión
apelada.
Pero
además de las suplencias, abstenciones y apelaciones previstas por la Ley la
constitución de un Equipo de Justicia de Paz puede aportar múltiples
beneficios en la medida en que facilita el trabajo y a la vez permite una labor
más completa y fecunda del Centro de Justicia de Paz.
•
Si existe un Equipo de Justicia de Paz, podrá ampliarse el horario de atención
al público. Tomando en cuenta que muchos Jueces tendrán otros empleos y
obligaciones, el trabajo en equipo crea la posibilidad de establecer un sistema
de turnos para que los miembros de la comunidad tengan la posibilidad de acudir
a la Justicia de Paz cuando la necesiten.
•
En las comunidades donde existe un gran volumen de casos, los miembros de equipo
pueden repartirse el trabajo para poder dar la respuesta rápida que la Justicia
de Paz promete.
•
Los Centros de Justicia de Paz recibirán solicitudes relacionadas con problemas
muy diversos. Ya que es probable que entre todos los miembros del equipo —
Jueces, suplentes y conjueces — reúnan una variedad de vivencias y
conocimientos, si trabajan en colaboración podrán asignar un caso dado a aquel
que tiene más experiencia con ese tipo de problema.
•
En algunas situaciones, como veremos más adelante, para que el procedimiento de
conciliación tenga éxito, será conveniente, o hasta indispensable, que
participen dos o más personas como conciliadores en un proceso de co-mediación.
Por ejemplo, en un problema entre una pareja, puede ser importante que actúen
dos conciliadores, un hombre y una mujer. Aunque existe la opción de buscar
otro conciliador en la comunidad, la posibilidad de incorporar a otro miembro
del equipo que ha recibido entrenamiento en el procedimiento de conciliación
puede constituir una gran ventaja.
•
Como también se explicará más adelante, la secuencia conciliación decisión
por equidad puede tener un efecto negativo sobre el comportamiento de las
personas durante el procedimiento de conciliación, ya que saben que si no
logran ponerse de acuerdo, el mismo juez deberá decidir su caso. Si funciona un
Equipo de Justicia de Paz, existe la posibilidad de asignar un miembro a la fase
de conciliación y, si ésta fracasa, designar a otro miembro para que se
responsabilice de la decisión por equidad. Por otra parte, al margen de esta
consideración, es posible que algunos miembros del equipo sean mejores como
conciliadores y otros tienen mayor capacidad para tomar decisiones conforme a la
equidad.
•
Finalmente, la existencia de un Equipo de Justicia de Paz abre la posibilidad de
que las mismas partes que tienen un problema se pongan de acuerdo para solicitar
que la persona en la que más confían actúe como conciliador en su caso. Esta
opción no sólo aumenta la probabilidad de éxito en la conciliación, sino que
también crea un canal más para la participación significativa de las personas
en las decisiones que afectan sus vidas.
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Las
Herramientas Básicas de la Justicia de Paz
Además
de reunir las cualidades personales que se señalaron al comienzo de este capítulo,
los miembros del Equipo de Justicia de Paz necesitan tener y cultivar algunas
habilidades para poder cumplir la misión de la Justicia de Paz. Se trata de
herramientas importantes para su trabajo porque serán indispensables para
resolver los problemas que les presentan las personas que soliciten su
asistencia y porque, además, les ayudarán en la organización de su Equipo y
Centro de Justicia de Paz así como en sus relaciones con la comunidad. Estas
habilidades — o herramientas — son: saber escuchar, saber investigar y
saber negociar.
La
capacidad para el diálogo supone que se tiene la capacidad para escuchar que,
como se ha dicho a veces, es la destreza más olvidada. Sin embargo la habilidad
para escuchar es una de las más importantes para el trabajo de la Justicia de
Paz.
Se
ofrecen muchos cursos para enseñar a las personas cómo hablar, pero no se
suele enseñar cómo escuchar. A menudo, en vez de escuchar con atención,
interrumpimos y ofrecemos explicaciones o soluciones a las personas cuando lo
que más quieren es expresar su rabia, dolor o cualquier otra emoción. O
tratamos de imponer nuestros consejos sin saber si las personas los quieren o
necesitan. Aun cuando quieren y necesitan ese tipo de ayuda, no siempre tenemos
suficiente habilidad para oír sus verdaderos intereses, percepciones y
preocupaciones y para hacer las preguntas que nos permitan obtener la información
necesaria para brindar una orientación adecuada. La experiencia con los
conflictos no necesariamente significa que se ha aprendido a escuchar; inclusive
puede tener el resultado contrario si va acompañada de una tendencia de
clasificar los casos y emitir soluciones automáticas: "en tal tipo de
conflicto, tal tipo de solución".
Su
capacidad para mostrar un interés genuino en lo que dice cada una de las
personas es un indicio importante de su imparcialidad y refuerza la confianza
que les tienen los participantes. Su capacidad para escuchar con empatia,
es decir, poniéndose en el lugar del otro, les ayuda a comprender las
preocupaciones y necesidades de los participantes y cuando éstos perciben la
comprensión suelen volverse más dispuestos a responder positivamente. Una
manera de transmitir esa comprensión es a través de afirmaciones que muestran
que se ha entendido. El oyente activo a menudo hace eso repitiendo lo que dijo
la otra persona, aunque también puede lograr el mismo efecto con un
asentimiento verbal o gesto físico (p.e., moviendo la cabeza). No lo logra con
reacciones mecánicas y menos con repeticiones textuales.
Escuchar
activamente y con empatia, además, no se limita a dar a entender que se ha
comprendido la información sobre los hechos, sino también el contenido
emocional de la comunicación. Por ejemplo, si una señora visiblemente
angustiada cuenta que su esposo gastó la plata del alquiler en el 5 y 6, decir
algo como "entonces su esposo juega a los caballos" deja de lado el
aspecto emocional del mensaje que se abarcaría al decir "y usted se sintió
muy desamparada cuando descubrió que ..." o, si hay dudas respecto de la
emoción, preguntar "y cómo se sintió cuando supo que..."
Escuchar
activamente no significa que es preciso evitar los silencios. El silencio también
puede comunicar entendimiento o paciencia. Además el vacío que crea el
silencio, siempre y cuando no sea demasiado incómodo, puede hacer que las
personas hablen y aporten información útil para la comprensión del problema.
En
resumen, como veremos a lo largo de este capítulo, los que trabajan para la
Justicia de Paz deberán tener la habilidad de escuchar y preguntar con empatia
— de ponerse en el lugar de las personas — para poder ayudarles a resolver
sus problemas de la mejor manera posible.
Si
el Centro de Justicia de Paz cuenta con alguien para recibir las solicitudes y
abrir un expediente, dispondrán de unos datos iniciales antes de entrar en
contacto con las partes. Sin embargo, éstos normalmente reflejan solamente una
versión del problema y muchos Jueces de Paz preferirán obtener su primera
información y formar sus primeras impresiones a través de sus conversaciones
con los afectados y de su observación de su conducta y su manera de
relacionarse.
Pero
además de eso, a veces tendrán que pedir documentación y hacer preguntas
directas sobre lo sucedido. Debe, sin embargo, estar claro que su manera de
indagar, sobre todo en un proceso de conciliación, suele diferir mucho de un
interrogatorio propio de un juicio, tanto por el contenido como por el estilo.
Existe, por supuesto, la posibilidad o quizás la tentación de imitar el estilo
judicial, bien sea para
ahorrar tiempo o porque resulta más fácil o cómodo, bien sea porque se está
pensando en la decisión por equidad que quizás tenga que tomarse si fracasa la
conciliación. Sin embargo, con semejante interrogatorio el conciliador no sólo
corre el riesgo de perder la confianza de los participantes sino también de
perder acceso a mucha información valiosa.
Un
interrogatorio puede provocar una reacción agresiva o defensiva típica
de un abogado que es poco conducente al tipo de comunicación que se necesita
para que los participantes busquen soluciones mutuamente beneficiosas a través
de la conciliación. A menudo lleva a las personas a encerrarse en sus
posiciones, a exagerar sus demandas y argumentos, a descalificar la persona o la
situación del "enemigo" y, en general, a asumir conductas típicas de
situaciones en las cuales se espera que habrá un ganador y un perdedor. Así
pues, aunque la información que se busca a veces puede ser igual, el estilo
casi siempre debe ser diferente.
Una
proporción importante de la información que se necesita para la Justicia de
Paz se obtiene con preguntas abiertas que permiten que la persona responda a su
manera ("¿Qué pensó cuando se dio cuenta que el carro volvió a
fallar?"); en contraste, las preguntas cerradas tienden a canalizar la
respuesta ("¿Entonces decidió que el mecánico lo había
estafado?"), lo cual no sólo limita la libertad del interlocutor y puede
nutrir su desconfianza, sino que puede privar al Juez de Paz de información
adicional que podría obtenerse con una pregunta abierta. Algunas preguntas
cerradas, frecuentes en los interrogatorios, no dejan ninguna opción para la
explicación o matización, tales como
"Diga usted si es verdad que le gusta tomar cerveza, sí o no"; otras
virtualmente obligan al interlocutor a quedar mal ("¿Ya dejó de pegar a
su esposa?") y algunas pueden ser totalmente tramposas ("¿Es usted
una madre autoritaria o una madre que descuida la disciplina?").
En
algunos momentos de la conciliación, las preguntas cerradas pueden ser
indispensables, por ejemplo para confirmar hechos ya conocidos ("¿Entonces
usted llamó a la policía?") o confirmar la aceptación de un arreglo
("¿Está dispuesto a cumplir este acuerdo en todos sus aspectos y plazos,
sí o no?"), pero durante un buena parte de este procedimiento, y sobre
todo en sus comienzos, pueden ser totalmente contraproducentes.
A
veces, el procedimiento de decisión conforme a la equidad tendrá otros
requisitos. Si no se logra un acuerdo por vía de la conciliación y es
necesario proceder a la equidad, tal vez resulte necesario cambiar la manera de
preguntar para poder precisar los datos que todavía hacen falta para
fundamentar la decisión. En ese caso, el Juez de Paz puede anunciar que quiere
dar por terminada la conciliación pero que requiere información adicional para
poder pronunciarse, después de lo cual procederá a hacer las preguntas que
considere necesarias. Sin embargo, inclusive en esta fase, y sobre todo si tuvo
que abreviar la etapa de conciliación o prescindir de ella, el Juez debe
esforzarse por hacer sus preguntas que manera tal que obtenga toda la información
posible sobre las necesidades y posibilidades de los involucrados a fin de tomar
la decisión más adecuada y satisfactoria para las partes. Para ampliar su
acceso a la información, los Jueces de Paz pueden aprovechar el hecho que
residen en una comunidad que conocen. Pueden visitar el lugar de los hechos o
hablar con los vecinos y familiares de los involucrados, eventualmente
aprovechando los distintos contactos que tienen los integrantes del Equipo de
Justicia de Paz. Si quieren evitar la imagen del detective y si el caso lo
amerita, pueden valerse de una Junta Interdisciplinaria de Conciliación para
que ayude no sólo en la recopilación de la información, sino también en su
análisis.
La
Negociación como regateo
Otro
tipo de herramienta que necesitan los Jueces de Paz para poder participar en la
resolución de conflictos es la capacidad para comprender y participar en las
negociaciones. A lo mejor eso suena extraño, cuando la justicia parece lo
opuesto a la negociación porque se suele ver como un proceso de regateo e
imposición de voluntades en el cual lo que gana uno (generalmente el más
"poderoso" o "vivo"), lo pierde el otro. Sin embargo, hay
otras maneras de entender las negociaciones y de participar en ellas que serán
de mucha utilidad en los procedimientos de conciliación y equidad. Ayudarán,
además, en las relaciones entre Centro de Justicia de Paz y la comunidad.
En
lo esencial, la negociación es una forma de decisión interdependiente, es
decir, un tipo de decisión en el cual mis resultados no dependen únicamente de
lo que yo me propongo o hago, sino también de lo que hace o acepta otra
persona. En consecuencia, mi propia decisión depende no sólo de mis
preferencias, sino también de lo que yo creo que quiere y hará el otro. Por
supuesto, el otro también tiene que tomar en cuenta mis preferencias y mis
probables acciones, tal como las entiende, para poder decidir qué hacer. Por
eso se dice que, en la negociación, cada uno de los participantes influye en
las decisiones del otro que, en otras palabras se trata de una situación de
control recíproco.
Si
entendemos la negociación así, entonces parece evidente que negociar es algo
que hacemos todos los días, porque casi no hay decisiones que no requieren
tomar en cuenta los deseos y las probables reacciones de otras personas. No sólo
negociamos con los vendedores, negociamos en la familia con nuestra pareja,
nuestros hijos y nuestros padres. Negociamos en el trabajo con nuestros colegas,
jefes y empleados. Negociamos, en pocas palabras, siempre cuando tenemos algún
problema con otra persona, algún desacuerdo o conflicto de intereses pero
cuando también existe algún interés compartido, aunque sea únicamente el
deseo de resolver el problema nosotros mismos en lugar de ignorar nuestras
diferencias, pelear o acudir a alguien para que decida por nosotros.
A
menudo negociamos con todos como si estuviéramos regateando el precio de una
auyama con un camionero. En ese tipo de situación está claro que a medida que
menos pagamos, más ahorramos; a medida que más pagamos, más gana el
camionero. Es este caso se trata de una "negociación gana-pierde" o,
en otras palabras una "negociación distributiva", porque la ganancia
de uno es la pérdida del otro y de allí el regateo: yo insisto que no me
alcanza el dinero y además que la auyama esta medio pasada, mientras que el
camionero argumenta que el precio que le pido está por debajo de lo que le cobró
el campesino y que, además, él también tiene una familia que mantener. Quizás
hasta lleguemos a insultarnos (¡especulador! ¡pichirre!) y posiblemente no
hagamos negocio aunque hubiera sido mejor para ambos concluir el trato — para
el camionero, porque la auyama está a punto de pasarse y para mí, porque ahora
tendré que comprarla en la bodega donde cuesta más cara. En este caso, los dos
perdimos, porque que no pensamos en lo que pasaría si no llegamos a un arreglo,
es decir, no tomamos en cuenta las alternativas que teníamos a un acuerdo en
esta negociación.
La
negociación como un método para resolver los problemas
Pero
en muchas negociaciones — quizás la vasta mayoría — es posible hacer las
cosas de otra manera porque, en muchos casos no es necesariamente cierto que lo
que gana uno lo pierde el otro. A menudo, cuando los participantes son capaces
de ver más allá de las posiciones que están defendiendo y reconocer sus
verdaderos intereses, las negociaciones que parecen ser de ese tipo, es decir,
negociaciones distributivas, resultan diferentes. Puede ser, por ejemplo, que al
margen de su desacuerdo, las personas tienen otras cosas en común, como ocurre
cuando a ambas les importa la relación o cuando comparten ciertas creencias o
valores, de modo que la falta de un acuerdo sería mala para las dos. O, por lo
contrario, puede ser que, además de su desacuerdo, tienen otras diferencias. Si
en mi regateo con el camionero, cada uno hubiera entendido bien sus intereses,
nos podríamos haber dado cuenta que lo más importante para él era vender una
auyama a punto de podrirse y lo más importante para mí era pagar menos que en
la bodega. Los dos podríamos haber ganando al concluir un trato que era mejor
para ambos que la falta de acuerdo.
Otro
ejemplo es útil para entender esta manera distinta de ver las negociaciones y
sus implicaciones tanto para la conciliación como para las decisiones basadas
en la equidad. Se trata de dos hermanas que están discutiendo por una naranja y
están a punto de caerse a empujones. Las dos la quieren toda o, por lo menos,
la mayor parte de ella. Evidentemente, la porción que obtiene una, la pierde la
otra de modo que se trata de una negociación distributiva, ¿verdad? pues, no
necesariamente. Si el Juez de Paz interviene y pregunta qué pasa, posiblemente
le dirán "es que ella es egoísta" o "es que ella me pellizcó"
o "es que ella siempre trata de hacerse la víctima". Pero si después
le pregunta a cada una por qué quiere la naranja, es decir por sus intereses más
allá de sus exigencias, podrá averiguar que una quiere tomarse un jugo y la
otra quiere usar la concha para hacer unos dulces de naranja como los que se
consiguen en Coro. Aclarado eso, las dos hermanas se pueden poner de acuerdo:
una se lleva toda la pulpa para su jugo y la otra se queda con la concha.
De
estos ejemplos se pueden sacar varias conclusiones que son muy importantes para
la Justicia de'Paz, tanto para el apoyo a la conciliación y como para las
decisiones conforme a la equidad. En primer lugar, muestra que la negociación
no tiene que ser una confrontación, sino que puede ser una manera para resolver
problemas. Eso significa que es necesario darse cuenta que a menudo el problema
no es la otra persona, el problema es nuestro desacuerdo o conflicto. Y si el
conflicto es un problema que tenemos en común, podemos colaborar para buscar
una solución satisfactoria para los dos.
Para
resolver el problema del conflicto es necesario descubrir los verdaderos
intereses de las personas involucradas. Aunque sus exigencias o posiciones están
encontradas, puede descubrirse que sus intereses no lo son. Pueden ser
complementarios, como resultó en el caso de las hermanas. Eso significa que se
puede encontrar un buen arreglo no soló gracias a lo que las personas tienen en
común, sino también gracias a lo que tienen de diferente, en especial las
diferencias en la importancia que dan cosas distintas para una hermana lo
importante era la pulpa, para la otra la concha, lo que facilitó un acuerdo.
Pero descubrir los intereses puede ser difícil, sobre todo porque muchas veces
las personas no tienen una idea muy clara de sus verdaderos intereses y su orden
de preferencia entre ellos. Otro aspecto clave, entonces es la utilidad de
preguntarse — o preguntar — por qué se quiere tal cosa o por qué no se
quiere tal otra para llegar a las raíces del problema.
Pero
el cuento también apunta hacia una conclusión que puede parecer sorprendente:
que a veces un arreglo que parece lo más justo puede no ser la mejor solución
a un conflicto. Si después del regateo y forcejeo las hermanas hubieran
acordado partir la naranja por la mitad — o si el Juez de Paz lo hubiese
decidido así, basándose en una idea ingenua de la equidad — ambas se habrían
quedado con solamente la mitad de lo que verdaderamente querían. En cambio,
conociendo sus intereses, las dos pudieron conseguir todo lo que realmente les
importaba. Por eso, este tipo de negociación se llama la negociación
integrativa. En la negociación integrativa o negociación para beneficio mutuo,
los participantes pueden descubrir sus coincidencias o combinar sus diferencias
y ambos pueden salir ganando.
El
cuento también sugiere que para lograr este tipo de resultado puede ser
necesario ampliar la negociación para incluir otros temas o fraccionar el
problema, es decir identificar los componentes de un solo asunto — como la
concha y la pulpa de la naranja de la discordia — para ver si existen
diferencias que permitan los intercambios gracias a los cuales una negociación
distributiva se puede transformar en una negociación integrativa.
Finalmente
las hermanas pudieron llegar a un acuerdo bueno para las dos porque se dieron
cuenta que no existía una sola solución — picar la naranja — sino que
existían otras posibilidades. En la negociación vista como un método de
solución de problemas es necesario, por lo tanto, ser creativo y pensar en
muchas opciones diferentes de arreglo para encontrar la solución que mejor
satisface las necesidades y los intereses de las partes. Además de los
intereses de las partes, la elección entre las opciones debe basarse en la
evaluación de los criterios objetivos aplicables al caso, no en un
forcejeo de voluntades.
¿
Porque fracasan las Negociaciones ?
Los
ejemplos de la auyama y de la naranja también nos dan algunas ideas de por qué
fracasan las negociaciones y por qué las personas no logran ponerse de acuerdo.
Una razón general que ya se mencionó que a menudo actuamos como si todos los
desacuerdos fueran enfrentamientos y todas
las negociaciones tuvieran que ser distributivas, de puro regateo, sin darnos
cuenta que existen otras posibilidades. Así, las negociaciones fracasan a
menudo porque:
•
Con frecuencia convertimos un desacuerdo en un enfrentamiento personal, cargado
de emociones, en lugar de verlo como un problema para ambos que los dos debemos
intentar resolver juntos.
•
Nos encerramos en nuestras posiciones y a veces nos negamos a hacer concesiones
casi como un punto de honor.
•
Pocas veces nos preguntamos por nuestros verdaderos intereses y su importancia
relativa; es todavía más raro que tratemos de comprender los intereses de la
otra persona. En este sentido y en otros, no nos preparamos adecuadamente: no
reunimos suficiente información ni la analizamos como es debido.
•
Entre las equivocaciones más frecuentes están nuestras apreciaciones de las
alternativas que tenemos a esta negociación, es decir, de lo que podrá hacer
cada uno si no llegamos a un acuerdo. Debido a fallas en la información o en la
evaluación que hacemos, tendemos a sobrestimar las alternativas y subestimar
los beneficios de un arreglo.
•
La comunicación es a menudo inadecuada, a veces debido a las emociones que
produce nuestra disputa con la otra persona. Otras veces eso ocurre porque,
actuando como si estuviéramos regateando, tendemos a exagerar nuestras
demandas; esconder información sobre, por ejemplo, nuestros intereses y
preferencias; mentir sobre lo mínimo que estamos dispuestos a aceptar; e
inclusive amenazar o chantajear para presionar a la otra parte.
No
estamos en condiciones, por lo tanto, para descubrir lo que tenemos en común y
lo que tenemos de diferente, ni para abrirnos y ser creativos en la búsqueda de
diversas opciones de solución que pudieran beneficiar a los dos.
Finalmente,
entre las causas que pueden impedir un arreglo, se pueden mencionar los factores
externos. Éstos incluyen el efecto que puede tener este problema sobre otros
que tenemos o podremos tener con la misma persona o con personas diferentes.
Incluyen también las presiones que quizás ejercen otras personas relacionadas
con nosotros o que se sienten afectadas por nuestro conflicto.Estas causas de
fracaso en la negociación contribuyen a explicar porque la gente acudirá a los
Centros de Justicia de Paz. También indican algunos de los obstáculos que la
Justicia de Paz podrá ayudar a superar para que se puedan resolver los
problemas que las personas traen.
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