Carlos de Sigüenza y Góngora ...
Carlos de Sigüenza y Góngora (1645-1700) es una de las personalidades más características del barroquismo novohispano, aunque, paradójicamente, su espíritu científico, preludie la cercanía del siglo XVIII. Fue su tío Luis de Góngora, y seguramente del ilustre cordobés le vino su permanente afición por la poesía, que componía antes de los 17 años, como lo indica su Primavera indiana. En 1667 dejó la Compañía de Jesús, en la que se había iniciado años antes, y entró en la Universidad, donde ocuparía, algún tiempo después, la cátedra de Astrología y Matemáticas. Recibió las órdenes sacerdotales en 1672. Al morir, en 1700, nuevamente ya admitido en la Compañía, legó sus libros y manuscritos al Colegio de San Pedro y San Pablo. Sigüenza, como muchos personajes importantes en la cultura de su tiempo, contribuía a los certámenes y arcos triunfanles. En 1680 concurrió al certamen con que se celebraba la erección de un templo en honor de la Virgen de Guadalupe, en la ciudad de Querétaro, y con su Teatro de virtudes políticas, a solemnizar con el Arco que levantó la ciudad, la entrada del Virrey, conde de Paredes. En 1680, con motivo de la aparición de un cometa, lanzó un "manifiesto filosófico contra los cometas" para combatir las supersticiones; después, su Belerofonte matemático contra la Quimera astrológica, y en 1690, su Libra astronómica, refutando al P. Kino, astrónomo tirolés. Recibió el legado de los documentos históricos de Alva Ixtilxóchitl; salvó del incendio del Ayuntamiento, en 1692, valiosos libros y códices, a riesgo de su vida. Tuvo nombramiento de cosmógrafo regio, inspeccionó la bahía de Panzacola e hizo un estudio para el control oficial de las lejanas regiones de Nuevo México, que publicó en su Mercurio Volante. Fue perito en fortificaciones, desagües y conocedor profundo del pasado indígena. Considerado como precursor del periodismo mexicano por el Mercurio volante, también lo es de la novela con la Relación de los infortunios de Alonso Ramírez.
En el Triunfo Parténico, de 1683, reseña los certámenes literarios promovidos por la Real y Pontificia Universidad con motivo de la Inmaculada Concepción de la Virgen. Este documento es extraordinariamente valioso para el conocimiento de las letras mexicanas de fines del siglo XVII. Son cerca de cincuenta los artistas premiados que presenta, entre los que hay algunos pintores; figuran aquí Sor Juana y el propio Sigüenza. Ilustra, además, acerca del tono culto, la profunda tradición clasicista del Renacimiento y el derroche de erudición humanista característico de estos festejos de brillantes tonalidades barrocas. A Sigüenza, secretario de los dos certámenes que recoge el Triunfo, le corresponde, a más de reunir las composiciones, hacer la descripción de los actos. Su prosa es un ejemplo curioso del recargamiento minucioso a que había llegado el gusto barroco. El estudio de los poetas del Triunfo Parténico daría la tónica exacta de la poesía de la útlima parte del siglo XVII. Están entre ellos: Francisco Arias Maldonado, Francisco de Ayerra Santa María, Francisco de Azevedo, Juan López de Avilés, Alonso Ramírez de Vargas, Sor Juana Inés, Francisco de Sandoval Zapata, Sigüenza, etc. Sigüenza y Góngora, ilustre hombre de ciencia y respetado escritor, está considerado como poeta barroco, continuador de un gongorismo aún rico en procedimientos técnicos, sugestivo en sus alusiones, y novedoso por el color de vocablos regionales.
