En la apertura de los modos del arte de nuestro tiempo, Jos� Moreno ha encontrado un espacio propio generado por la fidelidad a su origen y a sus modos de entender la pintura. La presencia de Jos� transmite la misma seguridad que su obra, imagen transparente de la certeza en el valor de sus or�genes. Y estos or�genes hay que interpretarlos en dos claves de similar importancia: Por un lado el privilegio, hoy reservado para pocos, de haber crecido en comuni�n con una naturaleza fant�stica, despilfarradora de sensaciones e im�genes que unen agua y color, fluir y sustancia, en una caricia de tiempo largo que hoy se nos antoja m�tica; Por otra parte la formaci�n desprejuiciada y en gran medida libre de las presiones �ticas y est�ticas de la modernidad y sus "posts".
Jos� Moreno es un pintor de �xito porque consigue un efecto eficaz en el observador gracias a lo que pinta y a c�mo lo pinta. Lo que pinta es parte esencial del �ntimo deseo del hombre urbano por volver al para�so perdido que �l conoce tan bien. El c�mo es producto de la experiencia en afrontar diariamente, sin tregua, con decisi�n y energ�a, la tarea de hacer pintura sus ideas, sin dejarse amedrentar o inhibir por academicismo u otras corrientes verticalistas. El resultado es una fiesta brillante y fogosa en la que las protagonistas siguen siendo las parabas sobredimensionadas y cada vez m�s personalizadas, que organizan f�bulas fant�sticas y amables. No puedo evitar referirme al paralelismo entre estas pinturas de parejas o tr�os de p�jaros con las mayest�tico y elegante g�nero de la "sacra conversazione", que tanto desarrollo tuvo en la historia del arte cat�lico: las miradas perdidas o dirigidas al espectador, la relaci�n impl�cita entre las figuras vinculadas por sus posturas y el enfoque escenogr�fico son los mismos, var�a por supuesto el color, el sentido del humor y un sensualismo tropical que trastoca h�bitos por plumas.
En su fruct�fera andadura mejicana Moreno ha ampliado su universo simb�lico, abarcando nuevos g�neros y situaciones en las que existe una constante espectacularidad en la utilizaci�n del color y una muy especial habilidad para definir texturas vol�tiles como las de las plumas o las flotaciones, manteniendo siempre una composici�n centralizada y un juego de ritmos cadentes y sedantes que seducen y sosiegan a quien se acerca a sus obras.
Juan Ignacio Pita