Mi primera aventura: Chihuahua, México

"Nacemos, vivimos y nos acostamos a descansar en la palma abierta de Nuestra Madre, la Tierra. Somos como las hojas, moviéndonos en el viento con las ramas. En otros follajes sentimos el pulso, ritmo y enlace común a todo lo que vive. Nosotros y nuestros amigos, los animales, nos entendemos. Tenemos una manera armoniosa y natural de vivir y vivimos cerca de Nuestra Madre, la Tierra, donde podemos permanecer en buena salud desarrollando nuestras fuerzas en el aire libre, el sol y los manantiales de agua pura y clara...".

La vida ante los ojos de un rarámuri
Romayne Wheeler

Veinticuatro años recien cumplidos y los sueños e ilusiones frescos en la mochila. Comenzaba mi andadura misionera en la Sierra Madre Occidental, en Ciudad Madera (Chihuahua).El paso por la tarahumara dejó surcos imborrables en el cuerpo y en el alma.

La primera vez que me pidieron un aventón, contesté que no tenía ante la sonrisa incrédula del "lepe" al verme con la camioneta vacía. Más tarde, mi pobre troka, multiplicaría milagrosamente los espacios hasta el infinito.

Hecha la aldaba carcelero, ata fuerte a ese hombre, no le atarás el alma. Son muchos cerrojos, muchas injusticias..., no le atarás el alma.

"Olvidarás que tus labios pueden decir que no; los
coserás con hierro cuando quieran negarse a dar
casa de amor, cama de cielo.
En la entrada de tu alma escribirás: hay lecho,
vino y pan de balde para ti: no es necesario que
alargues la voz: basta con que te acerques a la
puerta".

"La afectividad de estas mujeres y hombres de la sierra y la barranca es intensa, muy honda, no sale con facilidad a la superficie. Son especialmente sensibles a la ofensa, la ira, el desprecio. La estima, en cambio, y un cariño sincero que se les haga perceptible, encuentran en ellos una respuesta alentadora. Estos hombres y mujeres tienen el corazón dulce, sólo que no lo pasean, como nosotros, por las calles. Ni gustan exhibirlo, ni tampoco serían capaces... Los que son mucho más por dentro y parecen casi nada por fuera. Los que tienen -¿la desgracia?- de llevar un corazón preñado de ternezas debajo de una piel áspera, maltratada por la intemperie, y oculto tras un rostro impasible, a veces duro, que algunos dicen que es de piedra. Mas, como en otras partes, quizás también en ellos la piedra sea protectora de un tesoro. ¿Qué harían los tarahumares -los de corazón dulce-, si lo llevaran también a la intemperie?"

Brambila

"Nuestros niños nos pertenecen a todos y se sienten en casa en todas nuestras casas. Su familia incluye innumerables hermanos, hermanas, madres, padres, tíos, tías, abuelos, abuelas. Los niños saben que no están solos y hasta los ancianos saben que sus vidas avanzan en círculo completo de la aurora hasta el anochecer. Cuando nuestros niños hacen algún mal no les alzamos la voz ni les causamos dolor con nuestras manos. Su único castigo es nuestro silencio total; nos rehusamos a conversar con ellos hasta que ellos piden perdón por su mal. De tal manera ellos aprenden temprano que son responsables por su bienestar y por el bienestar de otros".

Wheeler

El Yúmari (baile, canto, ofrenda, comida y bebida) constituye la celebración religiosa más propia y original de los rarámuri. En todo Yúmari se da de comer a Dios, se le retorna algo de lo que El mismo nos ha dado: animales, maíz, comida y bebida, para que el Dios siga haciendo más de esas mismas cosas para los rarámuri.

El gobernador es el lider, mientras que los demás funcionarios son consejeros; es el vocero del pueblo y sus consejos deben ser justos, firmes y pronunciados sin vacilaciones. Su bastón es un símbolo de autoridad.
"No necesitamos cárceles porque casi no tenemos crímenes. No necesitamos candados o llaves porque no tenemos ladrones. Si alguien no tiene maíz o no posee una cobija nosotros se lo damos..., ya que nosotros también hemos recibido todo como un regalo. Queremos poseer solo para pasarlo a los demás. Somos ricos en todo lo que no necesitamos. En el pasado no conocíamos el dinero y por eso, nunca aprendimos a juzgar a una persona de acuerdo con sus riquezas. No tenemos leyes escritas porque no nos engañamos el uno al otro".

Wheeler

"Nosotros sabemos que cuando nos olvidamos de bailar, nuestros corazones se extrañan de la naturaleza, nuestros sentimientos se endurecen y perdemos reverencia y respeto para todo lo que vive... Si el baile de la vida llega a parar, nuestros amigos y parientes bailarán y cantarán para alegrar nuestro espíritu en su despedida. Tres o cuatro días de música les quitará el dolor de la despedida, porque pronto llegaremos al orión o a uno de los tres pisos del cielo y recordaremos las canciones que cantamos y los bailes que bailamos. Una vez bailamos con capullos de mariposas amarrados a nuestros tobillos; sus sonidos de ritintín continuarán resonando con el movimiento de las estrellas, porque nacimos del capullo: la eterna matriz de Nuestra Madre, la Tierra. Cuando muramos volaremos suavemente entre nuestros amores y amistades para despedirnos".

Wheeler

Kórima muniki, kórima shunuku podría traducirse como "comparte conmigo un poco de frijol, de maíz". La Kórima es la ayuda que todos tienen derecho a solicitar de cualquier hermano de raza en mejor situación económica, cuando se encuentren en una necesidad grave. No es un préstamo ni una limosna o regalo condescendiente. Por ello la kórima no engendra ningun tipo de obligación, deuda o dependencia entre donante y receptor, y por eso también pedirla no implica vergüenza o humillación.

El agua está ligada a la tierra y a cualquier ser viviente sobre ella; pero también al aire, al cielo y a sus dioses, que pueden enviar la lluvia mansa y propicia, o desencadenar los rayos y las tempestades, las crecientes de los ríos y las nevadas o granizadas que matan al ganado o destruyen los sembrados. El hombre, el animal, las plantas y la tierra beben. Si hay agua en la tierra, la hay también arriba de ella, porque ha subido ayudada por el viento.
"Nosotros no negociamos con el terreno, con el bosque, con los animales; el rarámuri no trabaja para hacer negocio con sus tierras. Y es que los rarámuri aman la naturaleza, la tierra, las montañas, los ríos, el viento, los silencios, el sol, las estrellas...".

Para el Tarahumar el fuego es un elemento indispensable a la vida humana; implica luz y calor, y se da en la tierra y en el cielo, y en todo ser vivo. Pero hay fuego que da vida y fuego que mata; fuego humano y celestial, que no depende del ser humano, que le es propicio y vital, pero también puede ser mortal.

"Nosotros los grandes ya vamos a terminar nuestros días. ¿Qué mundo les vamos a dejar a los nuevos si acaban con la tierra?; después qué triste será que nos digan: tú no hiciste nada por mí"

Don Justo Goizueta, Obispo y Pastor de la Prelatura de Madera. Por él aprendí a querer al Pastor que es capaz de sacrificarse y dejarse la piel a tiras por sus ovejas. Recuerdo con cariño las horas de troca y caballo que pasamos juntos visitando comunidades. Hoy cuida de sus gentes desde el cielo.

A Diana solo le faltaba hablar.

Las conclusiones del quinto congreso tarahumar, celebrado en Creel en 1958 y presentadas al entonces candidato a la Presidencia de la República, Adolfo López Mateos, son una exposición de las viejas quejas de los indígenas: "Seguimos sufriendo el despojo de nuestras tierras". "Se nos roban nuestros escasos bienes y nuestro ganado". "Muchas autoridades regionales, lejos de hacernos justicia, protegen a los que nos desalojan, nos maltratan, nos engañan y nos roban". "Solo pedimos justicia". "Si quieren ayudarnos, déjenos en paz en nuestras tierras".

Veinte años más tarde...

Uno vuelve siempre allá donde amó la vida. No se trata de simples añoranzas ni de melancolía. Es algo más complejo, más enriquecedor. No se trata de anclarse en el pasado, sino de reconocer las propias raíces. Es entonces cuando surge algo parecido al sosiego, un encuentro gozoso con todo aquello que nos hace llevadera la existencia.

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