José Luis Garayoa, amigo de la cantante, entrevista para NOTICIAS JOVENES a Gloria Estefan

Gloria Estefan, mi Gloria

JOSÉ LUIS GARAYOA

Sabía que volvería otra vez a estar con ellos, con Gloria y Emilio, con Emilio y Gloria, que tanto da. Son fieles a la amistad y yo quería contarme entre los que la merecen. Pero ¡quién sabe el tiempo, las distancias, la fama o el dinero que obligan a los hombres a olvidar tantas cosas sagradas.! Una vez me dijeron: "Queremos seguir contando contigo". Tuve que creerles entonces porque sentía que les salía del alma: los veía repartir su presencia entre gentes sencillas, pobres y extrañadas. Seguramente necesitaban ese contacto con sus orígenes cuando estaba a punto de comenzar el gran despegue hacia el triunfo. Habíamos llegado hasta ellos por primera vez hace diez años, cuando las canciones de una mujer joven, de origen cubano, comenzaban a inundar los aires de Estados Unidos y toda Latinoamérica con una música suave, nueva y esperanzadora, cuando ya sospechaban que el éxito tocaba a sus puertas.

Concierto de Gloria Estefan en el Estadio de la Romareda de Zaragoza, España. 20 de Octubre de 1996







Vivía yo entonces en Costa Rica, donde luchaba con un
puñado de compañeros por mantener la dignidad de
doscientos veinte niños y jóvenes que sólo tenían su Ciudad de Niños. Así que tocamos innumerables puertas.
Un día llamamos a la de Gloria y Emilio porque habíamos oído de su lucha por los débiles. Lo sabíamos
por sus canciones y sus manifestaciones en la prensa. Y vinieron y Gloria cantó para nosotros y compartió nuestra mesa de pobres y regaló su tiempo a nuestros chavales.
Luego, cantó para los que pagan y nos hizo el regalo de un nuevo albergue familiar para quince chavales.
En las fotos y piedras de aquella "Ciudad de Niños", permanece viva la presencia de Gloria Estefan.
En mí se quedó el eco de sus últimas palabras:
"¡Contad siempre con nosotros!".
Cuento con vosotros

Ahora eran estas mis palabras de despedida. Era cierto: la Gloria de ahora era la misma Gloria de hace diez años. Lo supe por el abrazo atropellado y emocionante que nos dimos, por el recuerdo entrecortado de otros tiempos.
Ahora teníamos muy poco tiempo. Quizá es eso sólo lo que falta a esta mujer. Había acabado apenas su actuación ante 45.000 personas. Vestía ya su ropa de andar por calle, simpre sencilla y elegante. Cargaba a su pequeña bajo el brazo izquierdo y dejaba hacer a la cámara del aficionado. No queríamos tener prisa pero la apremiaban.
Laura, la chiquilla que logró atravesar el cordón de seguridad aferrada a mi brazo, no podía creer lo que veía. Y en un arranque de ingenua espontaneidad, se desprende de su pañuelo y se lo entrega a la hija de Gloria:
No lo pierdas ¿eh? Y Gloria le dice: -Nada de lo que nos regalan con cariño, lo perdemos.
Ahora Laura lo va contado por todo lado y le piden que lo diga en la radio, porque "es lo mejor que me ha pasado en mi vida".

-Laura, es que eres una chiquilla. Ya te ocurrirá.
No es posible. Jamás estaré otra vez tan cerca de…
-¿De qué Laura?
Preguntas imposibles

Tengo que contarles muchas cosas más, pero hay algo que no puedo dejar pasar para después:
- Gloria, me voy a Africa, a Sierra Leona. Ya sabes del hambre, de la miseria que vamos a encontrar. Iremos doce recoletos. Por primera vez llegamos a ese continente y ahora os voy a necesitar más que nunca...
-Ya lo sabes, José Luis, me interrumpe Emilio, podeis contar siempre con nosotros. Llámanos, escríbenos. Toma nuestra dirección privada. Conoceis a Gloria, José Luis, ayuda a todo el mundo".
-Si algún día yo volviese a oírle cantar allá en Sierra Leona…
Recojo el disco que Gloria me firma con dificultad con la niña siempre colgada de su brazo: "Para José Luis, con el cariño de siempre, Gloria Estefan".
¡Cómo había valido la pena llegar hasta ellos! Romper el cerco de seguridad que los separa del resto de los mortales, los gorilas, la oficina de prensa, los representantes, me había costado una porfiada batalla. Al final, había vuelto a encontrar a aquella mujer sencilla y tierna que yo conocía, a "mi" Gloria.
Las otras preguntas –que yo muy bien me sabía las respuestas- quedaron para otro momento.
Sé que no está de acuerdo con que el Gobierno de los Estados Unidos quiera rendir a su pueblo cubano por hambre, ni siquiera para traer la democracia; pero no puede decirlo sino tímidamente y fuera de su país adoptivo. Sé qué piensa de la fama, de cuánto dinero se puede tener en este mundo injusto y seguir siendo humano… Pero me hubiera gustado volver a oírselo a ella.
Será otra vez. Adios, Gloria.


Gloria Estefan y su marido Emilio en compañía de José Luis Garayoa. Fotografía obtenida en Costa Rica hace diez años en la Ciudad de los Niños a la que la cantante ayudó con el regalo de un albergue juvenil.

El Padre José Luis

Os presento a este improvisado reportero.

El padre José Luis Garayoa es un frailecillo agustino recoleto, pequeño de estatura -"como Gloria dice, aunque ella siempre lleva zapatos de tacón"- y grande en hechos.

Lo mismo ha sabido dirigir un equipo internacional femenino de balonmano, que llevar un vehículo de alto tonelaje o tocar la guitarra. Se acomoda a los más humildes o se codea con la fama. Tiene una razón poderosa: Sabe transmitir su propio entusiasmo en lo que cree.

Mantiene íntegro el vigor de sus ilusiones juveniles y ahora mismo se presenta voluntario para una nueva misión en Sierra Leona. Aprende ya el limba (?) y hace pinitos en inglés.

Seguirá llamando a todas las puertas, entrará donde se las abran y mantendrá tesoneramente su compromiso de luchar por estos "desheredados de la tierra" que ha elegido para vivir.

FRANCISCO DOMINGUEZ.

NOTICIAS Jóvenes / Noviembre de 1996.

Un sencillo y hermoso recuerdo de mis amigos.

Las personas se miden normalmente por el tamaño de su corazón. Con frecuencia la fama está reñida con la sensibilidad al dolor ajeno. No es el caso de Gloria y Emilio. En silencio, sin darle importancia..., comparten con los más necesitados lo que tienen.

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