Tener una familia, sentirse en familia y vivir en familia es imprescindible para el crecimiento personal. Estoy agradecido a la familia que tengo. Las hay mejores, lo sé; también peores. Yo siento que la mía, como mi madre, es la mejor para mí.


Mis hermanas Mary e Isa.

No puedo menos que recordar con ternura aquellos años de paseos, toros y "bocatas". Esperaba las vacaciones con la ilusión del encuentro familiar y el anhelo de sentirme mimado por los míos.

Aquellos maravillosos años...

Pamplona (Navarra)


La familia se internacionaliza. Ana con su novio escocés Paul, con faldas y a lo loco. Laura con Pablo. Denominación de origen Navarra, puro producto de la tierra.

Mis hermanas con mi cuñado Jesús.

Con Cape no solo compartía la amistad, también compartíamos el cariño a nuestros padres. Que quieran a los tuyos es un honor y un orgullo. Yo sé que querías a mi padre, gracias por ello, amigo.
Cruzando el Atlántico
Una madre siente la necesidad imperiosa de ver a su hijo disfrutar o sufrir sus trabajos, sus sueños... Sólo viéndolo con sus propios ojos puede descansar tranquila y ni el Atlántico puede impedir su presencia cercana. Mi madre, viajó para compartir conmigo mi nueva vida. Julio, 1978
Los primeros días residimos en Tecamachalco disfrutando de la hospitalidad de mis compañeros.
Universidad... Garibaldi con José Antonio Echeverría...


La magia inigualable de las Pirámides de Teotihuacán y las inevitables compras y regateos...

El Teatro de Bellas Artes.

En Acapulco disfrutamos unos días de playa en el Hotel Bocachica.

No podía faltar la visita a mi amigo Lope en el Colegio de Querétaro.
Pero lo que realmente anhelaba mi madre era conocer la gente y el lugar donde desarrollaba mi trabajo: Ciudad Madera, Chihuahua, en el corazón de la Sierra Madre Occidental.
Segundo viaje...Costa Rica


Hiciese lo que hiciese, ahí estaba mi madre... También animando a nuestro equipo... Y ganamos 3-1!!!!!

Celebramos su cumpleaños con cena especial made in Anastasio y desfile de máscaras (Eddy Angulo y un servidor)
