
El Sr. Obispo Armando Ochoa me presentó a mi nueva comunidad el 18 de Noviembre del 2001, en misa de 12:00 p.m. Me pidió entrega y servicio a mi gente a pesar de conocer mi sueño africano. Mentiría si dijese que no me emocioné un poco y que pedí más que nunca que fuese Dios quien tomase las riendas de mi vida.




Canela apareció en la parroquia por esas cosas del destino siendo aún cachorro. Alguien debió abandonarla a las puertas de la Iglesia como a "Marcelino Pan y Vino". Le dí de comer, pues se estaba muriendo de hambre, e hizo realidad aquello que siempre oimos de que "el perro es el mejor amigo del hombre". Podría decirse que es miembro de la comunidad. Incluso uno de los más asiduos, puesto que no se pierde una misa ni de diario, ni de domingo.

La historia es vieja, como el mundo: se conocieron, se amaron... y Canela nos regaló cinco cachorros como cinco soles. Para muestra un botón: Katombo. ¿El padre? Pues parece que fue un pointier grande y precioso al que nunca más se le volvió a ver por aquí.
