Que la empresa rionegrina INVAP haya vencido
a colosos como Siemens KWU, AECL y Technicatome, es realmente "fenomenal",
como dijo el presidente Fernando de la Rúa. Pero no es sorprendente,
si se toma en cuenta la performance anterior de INVAP y la riquísima
trayectoria argentina en tecnología nuclear.
Durante los sesenta y setenta, la Argentina se perfilaba como uno de los
líderes del Tercer Mundo en el campo del desarrollo atómico.
Aunque, después de esos años iniciales de crecimiento sostenido
en el conocimiento y el uso del átomo, en los ochenta la nuclearización
en la Argentina entró en un barranca abajo imparable:
• Tenemos dos centrales —Atucha y Embalse— de excelencia,
que ya están a punto de entrar en la obsolescencia.
• Una tercera central —Atucha II— nunca terminada.
• Un extraordinario elenco de científicos y técnicos
desperdigados por el mundo.
Es un triste balance para un país que soñó con ser
potencia nuclear.
Pero, una vez más, INVAP nos da una alegría. Antes fue en
Egipto, con un reactor similar al que instalará en Australia, también
en competencia con empresas líderes en el mundo. En Egipto peleó
contra Siemens KWU (la empresa alemana constructora de Atucha), AECL (la
canadiense constructora de Embalse), la francesa Framatome y la estadounidense
Westinghouse. Además, INVAP construyó una planta de radiofármacos
en Cuba y un centro de investigación nuclear en Argelia.
Pero también protagonizó una de las noticias más
importantes de la historia científica argentina: en 1982 sus investigadores
lograron dominar el proceso de enriquecimiento de uranio, una alternativa
energética cuyo secreto es celosamente guardado por las grandes
potencias.
Minúscula (tiene un staff de menos de 500 personas), pero altamente
efectiva, INVAP no sólo se dedica a la tecnología nuclear.
También fabrica satélites, como los de la serie SAC, para
la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE).
En un país que en las últimas décadas se convirtió
en exclusivo consumidor de tecnologías importadas, ser exportador
de tecnología suena raro. Es poco común.
Era hora. Después del éxito de Patagon. com y la explosión
de emprendimientos argentinos en Internet, el mundo nos descubre en una
nueva perspectiva. Que el golazo de INVAP consolidará.
Quizás haya llegado lo que pronosticó hace años Jorge
Sabato, uno de los impulsores del desarrollo nuclear nacional. Decía
que la Argentina debía dirigir la mirada hacia los focos tecnológicos
donde se pudiera hincar el diente con seguridad.
En INVAP aprendieron la lección. Apuntaron a proyectos compactos,
destinados a países pobres. Pero lo hicieron tan bien que terminaron
vendiéndole a Australia. |