Imagino una novia lejana y un mensaje que
cruza el ciberespacio: "!Volv#, te estranio!" ¿Que respuesta
se puede esperar? Pero quienes han diseñado computadoras, programas
para correo electrónico y teclados nunca pensaron en romances distantes.
Ni en la ortografía castellana. Pensaron en inglés. Eñes,
diéresis y acentos inexistentes, además de signos de admiración
e interrogativos que solo sirven para cerrar oraciones, son algunas delicias
con las que nos enfrentamos al escribir con un procesador de textos o
mandar un e-mail.
Esas irritantes ausencias obligan a escribir mal. Por ejemplo, al mandar
un mensaje electrónico hay varias opciones, una peor que la otra.
* La primera es buscar palabras que no lleven acentos ni eñes (en
vez de decir "Recibí tu texto y los añadidos. ¿Querés
que mañana te los devuelva?, hay que poner, por ejemplo: "Llegaron
tu texto y los agregados, ?Te parece que te los devuelva el jueves?"
Sí, dice casi lo mismo, pero ocasionó una pérdida
de tiempo pensar en los reemplazos, y la apertura de interrogaci¢n
queda inevitablemente al revés.
* La segunda alternativa es como la del novio distante: "Recib* tu
texto y los aniadidos -recib#, recib), recib$, a*adidos, a&adidos,
a adidos, son algunas de las repelentes opciones usuales-. La obligaci¢n
de reemplazar la letra, además de ser una pérdida de tiempo,
promueve una ostensible degradación del texto. Y a la larga, cuando
uno se acostumbra a escribir mal, termina escribiendo mal aunque tenga
las eñes o los acentos.
* Una tercera posibilidad es usar determinadas combinaciones para que
salgan en el texto las letras correctas. Lo cual es engorroso y lleva
a una pérdida de tiempo aún mayor, especialmente cuando
alguien trabaja con una computadora en casa y otra en el trabajo, o con
dos procesadores de texto diferentes.
Esta grave agresi¢n lingüística, que ha motivado medidas
defensivas del castellano por parte del gobierno español, también
alertó a los concejales de Mar del Plata. Una resoluci¢n del
Concejo Deliberante fijó recientemente que en toda contrataci¢n
de servicios informáticos se debe respetar el castellano. Es decir,
que en teclados y software estén la eñe, la diéresis
y los acentos, y que preguntas y exclamaciones lleven sus tan obligados
signos de apertura como de cierre (¡pobre signo de apertura, también
habitual víctima inocente de los redactores de avisos publicitarios!).
El de Mar del Plata es un excelente ejemplo para otras instancias gubernamentales.
Ahora que se acelera la nueva reforma del Estado, sería una buena
oportunidad para una ley nacional en defensa de la ortografía castellana.
Que obligue, en toda contratación informática, a que los
servicios provistos respeten la buena escritura.
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