Un país donde educó Sarmiento

Por Julio Orione

El 30 de mayo de 1882, Domingo F. Sarmiento habló ante un numeroso público reunido en el teatro Nacional de Buenos Aires para rendir homenaje al naturalista inglés Charles Darwin, quien había muerto el 19 de abril. "Hay en nuestro país centenares de estancieros, criadores de ovejas y de otros animales y entre ellos descuellan los que leen de corrido a Darwin cuando trata de la selección natural, pues ellos la hacen artificial (...) Con razón propia creen, practican y prueban las doctrinas del ilustre sabio, con la circunstancia de que se enriquecen con su creencia, cosa que nos sucede a todos los que creemos en el progreso humano", decía con su proverbial agudeza.
Por esos mismos años, Florentino Ameghino iniciaba la gesta grande de la paleontología argentina, inspirado en las teorías de Jean Baptiste de Lamarck. Este era el naturalista francés que, a fines del siglo XVIII, había sentado las bases teóricas del evolucionismo biológico, al cual Darwin daría, con El origen de las especies, y la teoría de la selección natural, su remate científico.
Un siglo y pico m s tarde, el ministro de Educación del mismo país donde Sarmiento educó y Ameghino hizo ciencia decide eliminar los nombres de Lamarck y Darwin de los contenidos básicos comunes de la educación. El argumento del señor Enrique Rodríguez es que "son dos teorías del siglo pasado que no explican todo".
Asombroso. Si fuera válido ese extraño criterio cronológico, debería excluirse de los contenidos escolares a Aristóteles porque vivió en el siglo IV antes de Cristo (y obviamente no explicó todo), a Copérnico, porque vivió en el siglo XV (y no explicó todo) y a Juan Bautista Alberdi porque vivió en el XIX (y tampoco explicó todo), para citar tres ejemplos al azar.
Sin embargo, con la excusa de que hay que considerar "también a las modernas corrientes gen‚ticas y otros campos del conocimiento como la moderna microbiología y la paleontología", el ministro borra a Lamarck y Darwin, sin cuya existencia muy otra sería hoy la realidad de la genética, la microbiología y la paleontología. Es imposible dejar de lado lo que significó la confrontación histórica entre las teorías lamarckiana (herencia de los caracteres adquiridos) y darwiniana (selección natural) para la conformación de los conocimientos actuales en las ciencias biológicas, en general. Y no sólo las que menciona el ministro, quien "olvida" la ecología y la biología molecular, por ejemplo, dos campos donde no se puede obviar a Darwin.
Pero, en la historia Argentina, Lamarck y Darwin no son nombres circunstanciales. Darwin, particularmente, fue la figura inspiradora de la generación del 80, que construyó el país moderno bajo la consigna del progreso. No son tan sólo los creadores de teorías que alguien, inadvertido de la realidad de las ciencias biológicas, equivocadamente podría considerar descartables. Son emblemas de la ciencia, del progreso humano.
Y que el ministro los tacha de los contenidos básicos comunes de la educación es, por lo tanto, un gesto emblemático.
Que, de no ser corregido, aportará aún más ignorancia a las generaciones futuras del país donde educó Sarmiento.

Publicado en Clarín, durante el gobierno menemista.
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