Evolucionismo, darwinismo y darwinismo social en la Argentina de 1890.

Julio Orione

Estaba leyendo en estos días la autobiografía de Marcelino Cereijido (La nuca de Houssay se llama el libro). Cereijido es un biólogo argentino que vive en México y hace, al mismo tiempo que su autobiografía, una suerte de biografía parcial de Bernardo Houssay. Y hablando de Houssay, menciona especialmente la ideología darwinista social de su maestro.
Me parece interesante que un hombre como Houssay, el biólogo más importante de la Argentina durante la primera mitad del siglo XX, haya sustentado ideológicamente la postura del darwinismo social, es decir, la aplicación de la teoría puramente biológica de Darwin a otro nivel, el de la sociedad.
Por otro lado, Cereijido señala que Houssay se sentía un ejemplo viviente de ese darwinismo social: se mostraba como un hombre que había logrado el éxito en la lucha por la vida a través de un sacrificio muy grande, (iba al colegio caminando y se bastaba a sí mismo desde los trece años), y se mostraba como realmente quien había logrado el éxito en la vida a través del trabajo y el esfuerzo, un tópico clásico en la ideología de la clase media argentina desde principios del siglo XX.
Y como tercer punto, el hecho de que Houssay apareciese como una suerte de "naturaleza" inclemente con sus discípulos, sus alumnos y sus empleados en la Universidad, dado que ejercía una tremenda presión sobre ellos con efectos muy selectivos: con lo cual estaba desempeñando el papel de la naturaleza en la teoría darwinista. De manera que me parece que Houssay resulta una especie de símbolo de lo que significó el darwinismo social a fines del siglo pasado en el pensamiento argentino. Una ideología que perserveró durante la primera mitad de este siglo, una ideología de la desigualdad social que tuvo una fuerza muy grande, no sólo en la Argentina sino en el mundo.
La teoría de Darwin, explicativa de la evolución en la biología, fue abiertamente extrapolada hacia el pensamiento social. Esto se combina con el evolucionismo spenceriano y en la Argentina tiene una serie de facetas, que tanto en los trabajos de Marcelo Monserrat como en los que yo he ido desarrollando (a partir del camino que abrió Monserrat), presenta una serie de cuestiones todavía por verse.
Porque en una primera etapa se habló del darwinismo -lo dice Ricaurte Soler en su libro sobre el positivismo- como una ideología "casi oficial" en la Argentina del siglo pasado. Esta es una cuestión para ser matizada porque, en realidad, lo que sí tiene una incidencia muy grande en el pensamiento de la élite gobernante y de los pensadores que aparecen con más fuerza en ese período es una concepción evolucionista, una concepción global del progreso. Y luego, a partir de la década del noventa del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX, llega esta idea del darwinismo social como extrapolación de la biología hacia la sociedad.
Creo que esto es uno de los puntos centrales a destacar como trabajo todavía pendiente, porque esta primera aproximación acerca del darwinismo como ideología oficial, o casi oficial, en la Argentina de fin de siglo es una formulación bastante superficial cuando uno empieza a trabajar el tema. Por ejemplo, se puede ver en Domingo F. Sarmiento, luego en José Ingenieros, una aceptación realmente importante del darwinismo. Pero éste es aplicado en forma bastante diferenciada por cada una de esas figuras, en cada uno de esos períodos.
En la época de Sarmiento, la ideología evolucionista desempeñó un papel realmente progresista en vinculación con los presupuestos para el desarrollo del país por una vía independiente. A partir de la década del noventa, cuando el país entra en crisis, una crisis de crecimiento y de deterioro financiero en todas sus facetas, una personalidad como Ingenieros muestra la otra cara de este evolucionismo, un evolucionismo que por un lado es aplicado a las ciencias sociales y que es aplicado también a una ideología antiigualitaria, inclusive con aspectos racistas. Pero, por otro lado había aparecido en la década del ochenta la personalidad de Florentino Ameghino, quien encarnó una legítima incorporación del evolucionismo a la biología, al trabajo paleontológico y a la reflexión sobre la evolución animal y humana.
Estas dos vertientes presentan una serie de características que es preciso diferenciar, porque Ameghino también ha sido asimilado a esta misma corriente evolucionista global, como un darwinista más. Sin embargo, cuando Ameghino dice que él es darwinista lo plantea exactamente en términos de adhesión a la idea evolucionista global, sobre la naturaleza, sobre el mundo, sobre la historia del mundo y sobre la biología, pero (y esto es un trabajo que yo he hecho a través del desentrañamiento de los conceptos de Ameghino en Filogenia, su principal obra teórica), aparece claramente que Ameghino no es darwinista en el sentido de que no le interesa especialmente la teoría de la selección natural, sino que se atiene a conceptos lamarckianos para su trabajo sobre la paleontología.
Entonces, son varias las distinciones que es necesario hacer referidas al darwinismo en las últimas décadas del siglo XIX en la Argentina. Pero me parece que la diferenciación más importante es entre dos clases de pensamiento. Uno, el pensamiento aplicado a las ciencias naturales, a la biología, al estudio del origen del hombre, que es el que lleva adelante Ameghino con gran fuerza, con gran persistencia, con grandes sacrificios durante muchos años, en gran polémica durante la primera etapa con Germán Burmeister, quien era anti-evolucionista. El otro, todo lo que se desarrolla después, y especialmente a partir de la década del noventa, como darwinismo social, justamente cuando se produce en la Argentina un gran deterioro de las ciencias naturales, un cierto proceso de abandono que José Babini calificó como "la crisis de la ciencia de 1890".
En ese período, las ciencias puras pierden terreno contra la ingeniería, la tecnología, el auge del hacer por el hacer mismo. Hay grandes capitales y se insiste en la producción, entonces la ciencia pura pasa a ser un elemento poco apreciado, no como lo era en la época de Sarmiento, cuando se la entendía como motor del progreso. En este período se produce un deterioro del evolucionismo como teoría, como ideología del progreso, y esto se refleja posteriormente en todo el desarrollo de las ciencias naturales en la Argentina: el mejor ejemplo es el único biólogo importante de la segunda década del siglo XX, Angel Gallardo, que deja de lado el evolucionismo.
Se da también una casi desaparición del evolucionismo en las áreas de las ciencias naturales, aunque una marcada persistencia de la idea del darwinismo social como una forma de explicar las diferencias sociales, como una forma de justificación inclusive de las diferencias sociales, como se ve en la bibliografía de la época. Eso que, de alguna manera, Houssay desde su lugar de científico y biólogo lo muestra paradójicamente porque él no es evolucionista en su práctica biológica pero sí es darwinista social en sus ideas sobre la sociedad.
Por otra parte, hay un aspecto que también es interesante en ese periodo: cuando se conforman los primeros grupos socialistas y los anarquistas, el darwinismo aparece encarado desde el lado opuesto al de la justificación de las desigualdades sociales. El darwinismo es utilizado por el pensamiento socialista y anarquista como justificación de la idea del cambio gradual. Es decir que se utiliza nuevamente la idea de evolución pero como evolución obligatoria hacia el cambio progresista en la sociedad. Hacia fines de la década de 1950, Alicia Moreau de Justo todavía escribía en La Vanguardia artículos donde polemizaba con el tema de la revolución sostenida por los marxistas, defendiendo la idea de evolución y apoyándose en Darwin: en la segunda mitad de ese siglo persiste la utilización del darwinismo como instrumento teórico en las ciencias sociales.
Es algo que había arraigado muy fuertemente en la Argentina y tuvo mucha importancia en dos sectores universitarios: en las facultades de Derecho y de Medicina donde hay un pensamiento psiquiátrico y alienista que luego desarrolla el tema de la eugenesia en la década de 1930.
Creo que es un aspecto muy marcado en la historia de las ideas en la Argentina este abandono prácticamente total del evolucionismo en el campo propio, el de la biología, que es donde Darwin desarrolló su teoría de la selección natural y el traspaso casi completo al campo de las ideas sociales.
Esto es lo que para mí marca la característica más significativa de este período del 90, donde el fenómeno se da con todas sus fuerzas, porque hasta la década de 1880 todavía no se había perfilado de esta manera sino que, al contrario, hombres como Eduardo Holmberg y Sarmiento, en sus discursos por la muerte de Darwin, presentan una notable comprensión del pensamiento de Darwin aplicado fundamentalmente a las ciencias de la naturaleza. Y cuando lo refieren a la sociedad, lo ven como la gran apoyatura para el cambio y el progreso.

(Circa 1990)

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