Como lo pensó Sarmiento |
A propósito de la privatización del Jardín Zoológico de Buenos AiresPor Julio Orione |
"¿Para qué sirve un establecimiento público como el que dirijo si no ha de ofrecer para estudio su rico material a los hombres de ciencia?" Esto lo decía hace casi cien años el naturalista Eduardo L. Holmberg, director del Jardín Zoológico Municipal de Buenos Aires, quien aseguraba que "los trabajadores de la ciencia, los Ameghino, Lynch, Quiroga, Arata y Ambrosetti" encontrarían allí lo necesario para sus investigaciones. Y proféticamente agregaba: "Me siento solicitado por la necesidad de conservar en estas páginas una nota del presente, para cuando se cambie en lejano pasado y quiera algún curioso comparar los elementos de uno y otro tiempo". Hoy ha llegado el momento de comparar. Cuando Domingo F. Sarmiento concibió
la instalación del enorme pulmón verde de la ciudad en Palermo,
no lo hizo sólo para regalarnos un paseo. Amante de la naturaleza,
admirador de los árboles, conocedor de las corrientes de la ciencia
de su época -que el pujante evolucionismo darwinista hacía
avanzar con pasos de gigante-, concibió el Parque Tres de Febrero
como un reservorio ambiental y centro para desarrollar el conocimiento
de la naturaleza. Con ese mismo fin había impulsado la instalación
y el engrandecimiento de museos, la creación del Observatorio Astronómico
de Córdoba y la contratación de sabios extranjeros para
poner las bases de una escuela científica nacional, mientras empujaba
al joven Florentino Ameghino a convertirse en nuestro primer investigador
sistemático del pasado biológico. Otros tiempos En la época de Sarmiento, los gobernantes
argentinos -parte de una elite que reconocía la urgencia de ponernos
a la par del mundo- valoraban la ciencia como el factor principal para
nuestro progreso. Hoy, eso se ha olvidado entre nosotros, mientras los
países desarrollados hacen más y mejor ciencia para sostener
nuevas tecnologías y nuevas formas de producción. Cuando
Holmberg nos proponía la comparación, no podía sospechar
que en vez de evolucionar, el destino de la Argentina iba a ser todo lo
contrario. Ya ningún gobernante dice, como Sarmiento en el funeral
cívico por la muerte de Darwin, en 1882, que debemos "estímulo
ygloria a los trabajadores de toda nuestra América para ayudar
alprogreso de la ciencia", al tiempo que rendía reiterado
homenaje a Burmeister y al astrónomo Benjamin Gould y destacaba
la presencia de Ameghino abriendo nuevas perspectivas para la paleontología
sudamericana. |
Publicado en Clarín, Buenos Aires, 5/11/1990. |
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