Llaves y cerraduras |
Un manojo de llaves sobre la mesa, las llaves
de un nuevo auto, una llave que no coincide con la cerradura esperada,
"¿Dónde dejé las llaves?", "Acá,
donde siempre", otro manojo que no debería tener, una cerradura
que hay que abrir a tiros, un interruptor que no puede soltar... Durante
toda la película, el policía (un Eddie Murphy exacto) se
debate entre llaves y cerraduras. En cambio, para el asesino (el excelente
Michael Wincott), las cerraduras y las llaves no existen: sale inpunemente
del negocio donde retuvo y mató rehenes, hace andar un coche ajeno
sin necesidad de llaves, desde la cárcel envía un emisario
para matar a la novia del policía, escapa de la cárcel,
entra a la casa de ella y la rapta.... |
* Sólo tres momentos, como ejemplos de acción, de suspenso y de ironía, magníficamente logrados. Uno, la bella secuencia del tranvía, desenfrenada como pocas persecuciones vistas en el cine. Dos, el juego de simetría/asimetría con los dos paquetitos que envía el asesino, uno con la oreja de un secuestrado, el otro... Tres, cuando el asesino triunfante se retira silbando el motivo de A la hora señalada. |
Julio Orione |
| ¿Quién Soy? | Periodista | Profesor de Periodismo | Investigador de las ideas| Poemas| Críticas de cine |