Me atrinchero en la barra del "Paddy's", mi bar irland�s favorito en Madrid, para escuchar las historias de Jimmy, el barman que ya luce una barriga de cuarent�n. Siempre he estado convencido de que Jimmy sali� huyendo de Irlanda porque deb�a estar mezclado en alg�n l�o con los terroristas del Ej�rcito Republicano Irland�s (IRA), pero �l nunca suelta prenda al respecto. Jimmy apenas me cuenta que �l abandon� Irlanda porque no ten�a trabajo y le gustaba el sol de Espa�a.

Si Madrid es el rompeolas de las Espa�as, el "Paddy's" debe ser un barco irland�s surto en su bah�a. En la sentina se acumulan decenas de barricas de Jameson, un whisky bueno, bonito y barato, embotellado sin grandes pretensiones, pero que te sienta como una pel�cula de Clint Eastwood, o sea, te deja tieso en el sill�n.

Lo bueno del "Paddy's" es que siempre ofrece sorpresas. No tiene la mala fama del "Savoy" que regenta Joseph L. Alvite, que est� apenas a cincuenta metros, pero est� lleno de fulanas y de tipos con cicatrices en la cara; ni tiene el glamour del "Cock" con su severo estilo ingl�s o del cordob�s "El Roc�o", con sus alegres chicas con vestidos de lunares rojos o verdes. Pero as� como los buenos restoranes de carretera son aquellos que tienen muchos camiones estacionados afuera, los bares con garant�as son los que pueden exhibir una barra llena de periodistas cansados y sedientos. El "Paddy's" la tiene y por eso lo llamamos, eufem�sticamente, "nuestro centro de prensa".

Yo me convert� en un leal del "Paddy's" cuando conoc� a su antiguo due�o, Johnny Upper, un irland�s viejo y menguante que llevaba m�s de cuarenta a�os viviendo en Espa�a. A Johnny le gustaba que le llamaran "don Juan Arribas" porque quer�a sentirse espa�ol y castizo como don Juan Tenorio. Un d�a, al calor de unos tragos, me cont� que ten�a un peque�o canal de televisi�n y una radio en la Costa Blanca, pero aquello s�lo le daba dolores de cabeza.

��A ti no te interesar�a hacerte cargo de ese negocio?� me dijo don Juan.

�Tendr�a que verlo� le contest� con la prudencia que todav�a existe con el primer sorbo de whisky.

�Estar�a dispuesto a mejorarte el sueldo que tienes ahora� repuso �l.

�Seguro que su problema es que no es rentable y pierde dinero...� le dije con cara de que me las sab�a todas en este trabajo.

�No, el problema es que no son legales y me los quieren cerrar� contest� Johnny mirando para otro lado.

El problema de don Juan era grave. Cayeron varias botellas de Jameson de 12 a�os hasta que me termin� de contar su historia. Cuando �l era un jovencito pobre en Dublin decidi� marcharse a Escocia y trabaj� en un casino. Fue barrendero, portero y croupier y all� aprendi� los secretos de los negocios nocturnos. M�s tarde fue contrabandista de tabaco, alcohol y electrodom�sticos en las costas de Inglaterra y Canarias. De pronto, un buen d�a recal� en Valencia, se enamor� de la fallera mayor (*) y decidi� quedarse all�. Se instal� con un bar, pero como con aquello no se ganaba dinero, decidi� entrar en el negocio de la carne humana y abri� un prost�bulo en la segunda planta. El negocio prosper�, Johnny se hizo rico, se compr� varios edificios en la ciudad y puso una pica en Flandes inaugurando el "Paddy's" cuando en Madrid no hab�a bares irlandeses. Ese local lo abri� �nicamente porque a �l le gustaba tener una excusa para viajar a la capital cada dos fines de semana: Johnny era un seguidor entusiasta del Real Madrid.

Pero, como en el relato de El Padrino, sus problemas comenzaron con los hijos, bueno, los hijos de aquella reina de las Fallas, porque ya se sabe que la paternidad es realmente un acto de fe. Al mayor, Sam (en realidad Samuel), que deb�a heredar su imperio, lo llev� al prost�bulo para que se empezara a foguear. El muchacho no ten�a experiencia ni car�cter y como la plata del viejo Johnny alcanzaba para mucho, se hizo adicto a la coca�na. Hoy Sam est� en Nicaragua, en una granja de desintoxicaci�n de drogodependientes. All� permanece desde hace seis a�os convertido en un aut�ntico desecho humano.

Don Juan no quiso correr el mismo riesgo con sus otros dos hijos exponi�ndolos al peligroso negocio que le hab�a dado toda su fortuna. Y cuando el de en medio, Jim (en realidad Jaime), se hizo mayor, prefiri� ponerle una radio y un canal de televisi�n en un pueblo pr�ximo a Valencia. En ello se gast� muchos millones. Pero se olvid� de pedir las autorizaciones legales. La verdad es que para resolverle ese problema me quer�a a m�.

�Les he llenado las camas de putas a los pol�ticos y no me han hecho ni caso...� se quejaba don Juan.

�Bueno, los periodistas somos como las fulanas �le dije�, pero no pienso acostarme con ninguno de ellos.

�Necesito un periodista que defienda mis intereses, que encuentre suficiente mierda sobre los pol�ticos para que me hagan caso...� insisti� Don Juan sin prestarme atenci�n.

�Conmigo no cuente � le contest� en el tono m�s duro que pod�a imaginarme con dos botellas de Jameson encima.

�Cuando lo veas cambiar�s de opini�n� agreg� el viejo irland�s, muy seguro de s� mismo.

No recuerdo muy bien como acab� la conversaci�n con Don Juan, pero al d�a siguiente me despert� con una resaca de tres pares de narices con el escandaloso ruido del claxon de un lujoso Mercedes Benz azul que se hallaba estacionado en la puerta del edificio en que yo viv�a. Me asom� por la terraza poblada de macetas de geranios, con el sol primaveral de Madrid ceg�ndome, para ver qui�n era el insensato que tocaba as� la bocina y vi que un ch�fer perfectamente uniformado se bajaba a abrir la puerta del Mercedes. Del autom�vil se baj� Don Juan, Johnny, el due�o del "Paddy's", completamente vestido de negro, fresco como una rosa. Apenas se puso de pie en la calle levant� su mirada hacia mi balc�n y me grit�:

�Bueno, �cumples tu palabra o no?

(
Segunda parte)

(*) Reina de la fiesta de las Fallas de Valencia
Una oferta en el Paddy's (I)
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