| El Mercedes del viejo Johnny ten�a aire acondicionado y asientos de piel. El ch�fer, Paco, un ex guardia civil que tambi�n oficiaba de secretario y guardaespaldas, enfil� por la autov�a de Valencia y no se detuvo hasta dejarnos en las puertas de un edificio de tres plantas. -Me alegro de que al menos aceptaras visitar nuestras instalaciones- dijo don Juan mientras se bajaba por la puerta que le abri� Paco. En la sede del imperio medi�tico de Johnny Upper antes hab�a funcionado un restaurante chino. De hecho la recargada decoraci�n segu�a all� y el acceso al plat� del canal era por una horrible escalera con barandillas de pan de oro y un par de dragones a cada lado. El estudio de la radio estaba en las antiguas cocinas y todav�a ol�a a chopsui y a fritanga de want�n. El locutor de continuidad de la radio y la televisi�n era uno de los antiguos camareros chinos que hablaba castellano sin pronunciar las erres. �En qu� cabeza pod�a caber que a alguien le pudiera apetecer trabajar en un canal de televisi�n y una radio que emit�an desde un restaurante chino? Despu�s de pasearme por sus instalaciones, nos encerramos en la oficina de don Juan d�nde �l pensaba hacerme una oferta concreta. -�Qu� te parece?- pregunt� orgulloso. -Por lo que he visto, se ha gastado mucha plata en equipos, pero esto parece organizado como un club nocturno, no como un medio de comunicaci�n- repuse sin mucho entusiasmo. -�Eso es lo que necesito! Alguien que conozca el negocio y eche esto a andar. Es fundamental que esto funcione para asegurarle un futuro a mis hijos, porque los bares y los puticlubs morir�n conmigo. Lo que le pas� a Sam no le suceder� ni a Jim ni a Tom (su hijo menor, en realidad Tom�s). No correr� ese riesgo- dijo el viejo. -Mire, don Juan, no pienso venirme a trabajar aqu�. Seguro que hay un mont�n de periodistas en este pueblo que quieren hacerse cargo de sus medios de comunicaci�n- contest�-. Adem�s, odio trabajar en un sitio donde todos vienen de vacaciones. Don Juan movi� la cabeza en un gesto de resignaci�n. Parec�a convencido de que deb�a buscarse otro candidato. -Te invito a comer para compensarte el viaje- dijo el anciano. La comida se celebr� en "El Ciervo", otro local que Johnny ten�a muy cerca de Valencia y que formaba parte de su red de clubes nocturnos. Mientras nos deleit�bamos con un arroz caldoso con bogavante, el viejo me iba estrujando con preguntas sobre el oficio. Algunas eran completamente banales, pero otras eran dif�ciles de contestar. -�Cu�nta gente necesito para que esto funcione?- pregunt� Johnny. -Depende de lo que quiera hacer. Entre una radio y un canal de televisi�n pueden existir muchas sinergias empresariales. -�Sinergias? -S�, hay muchas funciones period�sticas, administrativas o comerciales que una misma persona puede realizar para los dos medios- repuse. -�Y c�mo me hago legal?- pregunt� el viejo. - S�lo hay un camino: lidiar con la administraci�n, llevarse bien con los funcionarios, y confiar en que le den las licencias que necesita...- contest�. -Eso ya lo he intentado sin ning�n �xito...- dijo. -Lo siento, Johnny, una radio o una televisi�n no es un diario que no necesita autorizaci�n administrativa. El viejo se movi� inquieto en su asiento mientras terminaba su arroz. -Quiz�s haya servido de algo tu visita- dijo-, se me est�n ocurriendo algunas cosas. Posiblemente para que mis hijos sean legales, su padre tenga que cometer su �ltima ilegalidad. Oscurec�a cuando Paco me llev� de vuelta a Madrid en el Mercedes no sin antes indicarme otros tres clubes nocturnos que estaban junto a la autopista y que tambi�n pertenec�an al imperio carnal de don Juan. Como no era tarde, le dije a Paco que me dejara en el "Paddy's", as� me podr�a poner al d�a con las �ltimas noticias. -�Que tal con el jefe?- pregunt� Jimmy, el barman, al verme entrar. -Un magn�fico arroz, pero est� metido en un gran problema- le dije mientras me serv�a un Jameson en copa de bal�n con dos cubos de hielo que es como me gusta. Pasaron semanas y meses sin que Johnny apareciera por Madrid. Un d�a llegamos al "Paddy's" y Jimmy estaba exultante. -�Qu� te ocurre? - El viejo me ha regalado el "Paddy's" ni�os, hoy est�is invitados- contest� Jimmy. -�Qu� Johnny te ha dado el "Paddy's"! �Se ha vuelto loco?- preguntamos incr�dulos. - As� es. Don Juan se ha retirado del negocio. Cobrar� un peque�o usufructo, pero es una cosa de nada. Ha repartido sus negocios entre toda su gente de confianza. Su contable se queda con "Las Conejitas", Paco se quedar� con "El Ciervo" y yo con esto- explic� el barman. -�Y d�nde est� Johnny? -Ma�ana pasar� por aqu� para despedirse, dice que har� un crucero muy largo por el Mediterr�aneo. No pod�a creer lo que estaba oyendo: el viejo se retiraba de las pistas y se iba de viaje. Me march� a casa especulando con lo que pod�a haber pasado. Al d�a siguiente al anochecer me acerqu� cargado de curiosidad al "Paddy's" para ver a don Juan. Al entrar salud� a Jimmy que estaba limpiando unos ceniceros y que me hizo un gesto con el pulgar indicando al reservado. Me dirig� hacia all� y de pronto se abri� la puerta y sali� don Juan. -�Hombre, qu� gusto de verte! Tengo mucho que contarte, han pasado muchas cosas y t� eres en parte el culpable de ellas- dijo el viejo mientras me estrechaba los hombros-. Pasa al reservado. Ya vengo. En el reservado estaban Paco y los dos hijos de don Juan: Jim y Tom. Todos se hallaban sentados a una mesa jugando al p�ker. Un espeso humo azul flotaba en el techo del peque�o recinto. -Si�ntate, hombre. �Qu� quieres tomar?- dijo Paco con su ruda cordialidad. -Que va a ser... un Jameson con dos hielos, Paco. (Tercera parte y final) |
| Una oferta en el Paddy's (II) |