IDíPUS
TYRANNOS: LA CONSPIRACION DE LAS MUJERES
de Sófocles
(Versión de Iánnis Zómbolas)

(Yocasta, de rodillas y con los kurambiedes como ofrenda, dice su texto
superpuesto al dificultado deletreo de Ismena de ese mismo texto en griego
antiguo como fondo)
YO
Magnates de esta tierra: me vino el pensamiento de ir a los santuarios de
los dioses para ofrecer con mis manos estos dones. Oprimido de amargura está el
ánimo de Idípus en fatal exceso: ya no tiene claridad para discurrir acerca
del porvenir, teniendo en cuenta lo pasado. ¡Al que habla de desdichas, éstas
lo dominan! Ya no me escucha. Por esto vengo a traerte, Dios, estas ofrendas y
estos anhelos. Te ruego que haya una purificación de toda mancha. Estamos todos
perdidos en un mar de desgracias y temores al ver destrozado por el terror al
que rige y gobierna a esta ciudad. ¡Oh, Dios, supremo gobernante del Cosmos, si
eres tal, de hecho, no dejes que a tus ojos se oculte el mal, ni que se
sustraiga a tu divino poder! ¡Los oráculos ruedan por tierra! ¡Ya nadie tiene
a Dios por digno de honores, ni a todo lo que es divino!
IS
"Jóras ánactes, dóxa mi parestázi naús ikésze demónon, tád
enjerín stéfi labúsi capizimiámata. Ipsú gar éri zimón Idípus ágan lípesi
pandíesin. Ud opianír énus ta kená tis pále tecmérete, al ésti tulégondos,
in fóbus légui. Ot un parenús udén es pléon pió, próss, o líki ápolon,
ágjistos gar í, ikétis afígme tísde sin catéfgmasin, ópos lísin tinimín
efaguí póris. 'Os nin ocnúmen pándes ecpepligménon kínon blépondes ós
kibernítin neós."
(Ismena prende el segundo cassette. Comienza a escucharse la
alegre música del kalamatianó "Mécapses, guitónisa": “Me quemaste, vecina”.
Se levanta, saca del bolos una colorida mantilla, se la pone bailando, y se
dirije a Yocasta)
IS
¿Me dirías en dónde se halla el palacio de Idípu, rey de esta tierra?
O mejor, ciertamente, en dónde se halla él mismo?
YO Ná
topalátitu kiaftós brískete mésa. Ki iguinékatu ná, mitéra tonbedióndu.
(“Aquí está su palacio, y él se encuentra adentro. Y hé aquí a su
esposa, madre de sus hijos”)
IS
¡Feliz seas siempre, ya que eres tan perfecta consorte!
YO 'Omia
kesí: toaxí$is guiataoréa lóguiasu. Pésmu, ¿piá seférni etía?
(“Lo mismo a tí: lo mereces por tus hermosas palabras. Díme, ¿qué
razón te trae?”)
IS
¡Dicha para esta casa y también para tu esposo, señora!
YO ¿Tí
néa? ¿Piá ijóra pusestélni?
(“¿Qué noticias son éstas? ¿Qué ciudad te manda?”)
IS
Vengo de Córinzo. Lo que voy a decir te será grato. Acaso un poco
triste...
YO ¿Tí
íne? ¿Dínami diplí pós éji?
(“¿Qué es? ¿Cómo puede tener fuerza doble?”)
IS
¡Hacerlo rey de Córinzo decidieron sus habitantes!
YO ¿Tí?
¿Ogueropólibos dé basilévi?
(“¡Qué! ¿El viejo Pólibos no reina?”)
IS
No. Pólibos yace en la tumba.
YO ¿Pós
ípes? ¿Opólibos pézane?
(“¿Cómo dijiste? ¿Pólibos murió?”)
IS
Que muera yo si no es verdad.
YO ¡Basiliámu!
¡Basiliámu! ¡Megála néa! ¡'Ela dó!
(“¡Mi rey! ¡Mi rey! ¡Grandes noticias! ¡Ven aquí!”)
(Edipo se para. Yocasta e Ismena lo reciben semibailando en el lugar)

ED
Agapiménimu guinéka, ¿guiatí aptospíti edó méjis fonáxi?
(“Querida esposa mía, ¿por qué desde la casa me
llamas aquí?”)
YO Ácuse
aftón kesképsu iprofitíes isebastés tuzeú póso alizévun.
(“Escucha a éste, y piensa las tan respetadas profecías cómo se
hacen de ciertas”).
ED ¿Piós
íne tája? ¿Pió mandáto férni?
(“¿Quién es él acaso? ¿Qué nuevas trae?”)
YO Apotingórinzo
írze guianapí tonéo pos ogoniósu pólibos ejázi.
(“De Córinzo viene para decir la novedad que tu
progenitor Pólibos ya fue”)
ED ¿Xéne,
tí les? ¡Guia pésmuto kioídios!
(“¡Extranjero, qué dices! ¡Dímelo tú mismo!”)
IS
Exactamente, oh príncipe: Tu padre sucumbió ante la muerte. La larga
edad que sobre él pesaba y una simple enfermedad pudieron acabar con él.
ED
¡Alímono, aj! Lipón, stonádi kítete opólibos, ma$ítu epíre pséftes
jrismús pudiólu denaxí$un.
(“¡Ah,
dolor! Bien, en el Hádes se encuentra Pólibos, y con él se llevó las falsas
profecías que para nada valen”)
YO ¿Próta
kiegó de su élega guiatúta?
(“¿No te dije yo antes tal cosa?”)
ED Ta
élegues, ómos mésernen ofóbos.
(“Lo dijiste, pero me arrastraba el temor”)
YO Típota
piá tonúsu mibaréni. ¡Najorépsume! ¡Opa!
(“Ya nada a tu mente agobie. ¡Bailemos! ¡Opa!”
(Los tres bailan una alegre ronda popular, encabezados por Edipo.
Luego, éste invita a Ismena a encabezar la ronda)
ED ¡Ela,
pedí! ¡Guinéka, pés tocoritsáki najorépsi! ¡Brávo, pedímu!
(“¡Vamos, nena! ¡Mujer, decíle a la nenita que
baile! ¡Bravo, mi chiquita!”)
YO ¡Pó,
popopopó! ¡Opa! ¡Guiásu ismínimu!
(¡Uau! ¡Bravo, mi Ismena!)
(Al terminar el kalamatianó, felicitan a Ismena, empequeñecida, como
si fuera una criatura)
(Empieza, sin solución de continuidad respecto del baile anterior, un
tsiftetelli –una especie de danza árabe- "O láos tragúdi zéli, ftánun
ta problímata": "El
pueblo quiere canto, ¡basta de problemas! ¡Bailá el chiftetéli!". Edipo y Yocasta van a sentarse a los bancos a tomar algo, como en una
taberna, mientras miran a Ismena bailar como si fuera una odalisca)

ED ¿Ketogámo
metimána namindrémo?
(“¿Y las bodas con la madre no debo temer?”)
YO Mí
sefobí$i ogámos metimána: ¡polí staonirátus éjun smíxi metimitératus!
¡Sajlamáres!
(“No
tengas miedo a las bodas con la madre: ¡muchos en sus sueños se mezclan con
sus madres! ¡Tonterías!”)
ED I$ondaní
ómos mefobí$i.
(“Pero que esté viva empero me da miedo”).
IS
¿De qué mujer tan temida están hablando?
YO
Tinimerópi, moré.
(“De Merópi, ché”)
IS
¿Merópi, la esposa de Pólibo? ¿Y por qué habría de inspirar esos
temores?
ED Mandía
foberí, zeostalméni.
(“Oráculo temible, divino”)
IS
¿Y puede saberse cuál es ese oráculo, o es secreto?
(Yocasta le hace a Edipo señas, enojada, para que no hable)
ED
Borí. Mujrismodótisan poscápia méra erotiká zasmíxo metimánamu
ketoéma tugoniúmu zajíso metajériamu. Ke guiaftó $úsa makriá aptingórinzo.
(“Se
puede. Me profetizaron que cierto día sexualmente me mezclaré con mi madre y
la sangre de mi padre derramaré con mis manos. Y por ésto viví lejos de Córinzo”)
IS
¿Y sólo por esos temores andas desterrado de tu patria?
ED ¡Foniás
ianamiguíno tupatéra!
(“¡Para
no convertirme en parricida!”)
(Se escuha entera la frase "O láos tragúdi zéli, ftánun ta
problímata", mientras Ismena baila como odalisca)
IS
Entonces, señor, vine para serte de provecho. Si por esa razón temes
volver a tu hogar...
ED ¡Aftó
oloéna metromá$i!
(“¡Esto siempre me aterroriza!”)
IS
Debes saber, entonces, que temes sin razón: nada tuyo era Pólibo en
cuanto al linaje.
ED (Se
para) ¿Tí? ¿Opólibos denítane goniósmu?
(“¿Qué? ¿Pólibos no era mi padre?”)
IS
¡Tanto te dio la vida como yo!
ED ¿Ke
guiapió lógo mélegue pedítu?
(“¿Y por qué motivo me decía su niño?”)
IS
Tú fuiste un don que recibió de mis manos.
ED ¿Pós
magapúse tóso afú ímun g$énos?
(“¿Cómo me quería tanto si yo era extranjero?”)
IS
Porque no podía tener hijos propios.
(Edipo va a unirse a Ismena al baile. Le da un billete)
ED ¿Kesí
magórases í míbres?
(“¿Y tú, me compraste o me encontraste?”)
IS
Te encontré en un bosque, mientras pastoreaba, en el valle de Kizerón.
¡Fue entonces cuando pude salvarte la vida!
ED ¿Mepédeve
piós pónos san mepíres?
(“¿Qué dolor me atormentaba cuando me tomaste?”)
IS
Tus pies pueden rendir testimonio: yo te quité unos garfios que los
traspasaban
(Edipo se toma los pies, dolido)
ED ¡Aj,
distijía pambálen muzimí$is!
(“¡Ah, desdicha vergonzosa me recuerdas!”)
IS
Por esa triste suerte te dieron tu nombre: Idípus.
ED ¿Piós
mécane étsi? ¡Pes! ¿Mána, patéras?
(“¿Quién me hizo esto! ¡Dí! ¿Madre, padre?”)
IS
Eso no lo sé. Tiene que saberlo el que te entregó a mí.
(Edipo retoma su baile con Ismena)
ED ¡Tí!
¿Apálon méjis pári, dé mebríkes?
(“¿Qué? ¿Me tomaste de otro, no me encontraste?”)
IS
Sí, otro pastor fue el que te entregó a mí.
ED ¿Kepiós
ítan?
(“¿Y quién era?”)
IS
Uno de los esclavos de Láio, el rey que mandaba en esta tierra.
ED ¿Ke
$í aftós? ¿Boró natondó tája?
(“¿Y vive éste? ¿Puedo verlo acaso?”)
IS
Eso yo no lo sé. Pero aquí está Iocásti, tu mujer. Ella te lo podrá
decir mejor que yo.
ED Ekínon
buguirévame prin lígo, guinéka, ¿tongnorí$is? ¿Guiaftón léi?
(“¿Aquél por el que preguntábamos hace poco, mujer, ¿lo conoces? ¿De
él habla?”)
YO ¿Ke
tí, pión ípe? ¡Mí seniá$i diólu! ¡Míte nazélis nazimáse mátea lóguia!
(“¿Y qué, de quién habla? ¡No te importe para nada! ¡Ni quieras
ocuparte de tonteras!”)
ED Adínato
íne aftó, pu os éjo tétia simádia, namibró piós íme tája.
(“Imposible es, ya que tengo tales indicios, no encontrar quién soy
acaso”)
YO ¡Iatuszeús,
pápse napsájnis, ti$oísu anagapás! ¡Idistijíesmu ftánun!
(“¡Por los dioses, deja de buscar, si tu vida amas! ¡Mis desdichas
terminen!”)
ED Záros,
esí dezaxepésis, míte kiótan tris forés dúlos zafanó apomána skláva.
(“¡Ánimo! ¡No bajarás de tu status ni cuando yo resulte tres veces
esclavo y de madre esclava!”)

YO (Arrodillándose)
¡Seiketévo, mindocánis, ákuséme!
(“¡Te suplico, no lo hagas, escúchame!”)
ED ¡Dé
zasakúso tinalízia namimázo!
(“¡No te escucharé, si la verdad no conozco!”)
YO
(Golpeando el suelo con las manos) ¡Iatokalósu aftá sesimbulévo!
(“¡Por tu bien te aconsejo esto”)!
ED
(Amenzante) ¡Tokalótúto jrónia mepedévi!
(“¡Tal bien hace rato me exaspera!”)
(Yocasta corre hasta el radiograbador y lo apaga violentamente)
IS
¡Mána! ¡Babá!
(“¡Mamá! ¡Papá”)!
YO ¡Poté
piós íse namimázis, dólie!
IS
(Repite, parándose al lado de Yocasta) ¡Nunca te enteres quién eres,
infeliz!
ED Fértemu
toboskó kiaftín afíste metinblúsia naxipá$ete gueniátis!
(“¡Tráiganme al pastor, y a ésta déjenla con su riqueza llenarse de
orgullo por su cuna!”)
(Yocasta profiere un grito larguísimo y desgarrador)
YO
¡¡¡Aaaaaaaah!!!
IS
¡Manúla!
(“¡Mamita!”)
(silencio)
YO ¡Distijisméne!
¡Túto móno sterná éjo nasupó ke típota álo!
(“¡Infeliz! ¡Esto sólo
finalmente tengo para decirte, y nada más!”)
(Yocasta sale corriendo y desaparece tras el bastidor. Confuso
silencio. Edipo le habla al público y a la luz)
ED
A$guíni ó tiguíni. Tidikímu gueniá zélo namázo, óso kianíne micrí.
Túti borí osguinéka náji perfánia ke guiatiftojímu fítra nadrépete. Maegó,
puléo posíme pedí tistíjis, potému de zaxepéso. Aftín éjo mitéra, kepotému
de zaláxo guianamimázo tingatagoguímu.
(“Que
sea lo que sea. Mi propio origen quiero conocer, por más que sea modesto. Esta
puede, como mujer, tener su orgullo y por mi pobre linaje avergonzarse. Pero yo,
que digo que soy hijo de la Suerte, nunca en mi vida me sentiré rebajado. A
aquella tengo por madre, y nunca cambiaré por conocer mi origen”)
(Mientras Edipo habla, Yocasta comienza a disfrazarse subrepticiamente
del Viejo Pastor: la túnica del Corifeo de la primera escena, barba blanca y el
cayado de Tiresias)