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Jes�s de Nazareth, llamado el Divino Maestro �pose�a iniciaci�n esenia?
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Sobre los esenios
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Algunos exegetas de Jesucristo han considerado los or�genes esenios de las ense�anzas de Jesucristo... Renan afirma: "El cristianismo es un esenismo que ha triunfado". Gudjieff tambi�n consider� que la Orden de los Hermanos Esenios fue fundada mil doscientos a�os antes de Jesucristo. Revelando: "Es en esa cofrad�a, seg�n se dice, donde Jes�s recibi� su primera iniciaci�n".
Necesitamos entonces, bucear un poco en su historia: El a�o 333 marca un cambio radical en la historia del mundo, y consiguiente, de Israel. Alejandro Magno asciende al trono de Macedonia (norte de Grecia) y en escasos diez a�os domina el mundo entero, en el aspecto militar, pero sobre todo en el campo cultural. A la muerte de Alejandro Magno, sucedi� una lucha por el poder entre sus generales, quienes se dividieron el imperio. Al principio, Palestina qued� en manos de los Ptolomeos (monarcas egipcios) quienes respetaron la organizaci�n religiosa de Israel pero posteriormente fueron dominados por los Sel�ucidas (monarcas sirios). Cuando subi� al trono Ant�oco IV Ep�fanes (a�o 175 a.C.) quiso imponer por la fuerza la cultura y la religi�n griega, lo que desemboc� en una persecuci�n religiosa contra los jud�os, aboliendo la Tor�, esto es, la Ley de Mois�s, y prohibiendo el culto a Yahv�.
Surgieron as� los Macabeos, hijos de un sacerdote Matat�as, quienes por amor a las tradiciones de sus antepasados se opusieron a Ant�oco, logrando la libertad de Judea en lo pol�tico y religioso. Los libros de los Macabeos y Daniel revelan este fondo hist�rico. Los sucesores de Judas Macabeo asumieron el puesto de sumos sacerdotes, y, m�s tarde, se apropiaron el t�tulo de reyes y sacerdotes, reuniendo en una sola persona estos dos oficios.
Fue en este per�odo cuando surgieron ciertos movimientos y partidos jud�os, conocidos como Fariseos, Saduceos, Esenios y Celotas, todos de orientaci�n religiosa aunque con cierta influencia pol�tica.
Los Saduceos, favorables al humanismo hel�nico de los sirios, liberales y oportunistas, representaban la aristocracia, la burgues�a y el alto clero.
Los Fariseos (los separados) eran los piadosos, que cada vez se iban separando m�s del gobierno helenizante. Representaban el sentir del pueblo, que los estimaba, admiraba y amaba como a santos. Gozaban de mucha influencia popular.
Los Esenios, tambi�n desgajados de los hasidim, se apartaron de todas estas luchas y fueron al desierto a esperar la venida del Mes�as mediante el estudio de la ley.
Los Celotas, eran la facci�n que buscaba el advenimiento del reino a trav�s de las armas. Durante esta etapa aparecieron en forma germinal, pero durante la guerra judaica fueron quienes dirigieron la naci�n.
De todos ellos, los que m�s interesan son los dos �ltimos grupos, porque en apariencia Jesucristo se debati� entre ambos, o se comport� bajo el influjo de alguno de ellos o de ambos.
Los CELOTAS eran una suerte de sociedad secreta formada hacia el 6 d.C. por la acci�n de un tal Judas el Galileo, asociado a un fariseo de nombre Sadoq. Este grupo se inspiraba en el ejemplo de Fineas (N�meros 25) y de Matat�as (I Mac. 2) para iniciar una obra de purificaci�n del pueblo hebreo con la eliminaci�n f�sica de pecadores que hac�an esc�ndalo y que las autoridades legales no reprim�an. La secta conoci� un per�odo de decadencia entre su primera campa�a (6-7 d.C.) y el a�o 50 d.C., �poca en la que bajo la direcci�n de los descendientes de su fundador, adquiri� una influencia notable. Durante la rebeli�n nacional del 66-73 d.C. los celotas contribuyeron ampliamente a la lucha contra Roma, como tambi�n a la que se realizaba con respecto a los conflictos internos que debilitaron el campo de los jud�os, en el cual no eran pocos los que se opon�an a su brutal rigorismo. Por lo tanto, se cometer�a un error si se considerara al partido celota como a una especie de Frente de Liberaci�n Nacional que luchaba antes que nada contra la ocupaci�n extranjera. Muy ligado a los ambientes de los fariseos, de los que compart�an las ideas acerca de todos los problemas importantes, representaba este grupo el ala izquierda de la formaci�n y ten�a como objetivo principal la conducci�n de Israel a la obediencia de Dios.
Los ESENIOS son los m�s conocidos dentro de las sectas hebreas, desde que se encontr� en vasijas de arcilla ocultas en once cuevas ubicadas a un kil�metro, aproximadamente, de un lugar denominado Khirbet Qumram, en la ribera y costa nordoriental del Mar Muerto, y que desde mediados del siglo pasado es conocida como El Paraje en Ruinas por ser una zona des�rtica e inh�spita, pocos kil�metros al sur de la ciudad m�tica de Jeric�, las ruinas de un centro que les perteneciera y los restos de la magn�fica biblioteca que all� hab�an reunido.
A la luz de la historia y del contenido de los manuscritos del Mar Muerto queda patente que la doctrina de la comunidad de Qumran prepar� el camino para la carrera mesi�nica de Jes�s y las bases de su doctrina. Incluso es muy probable que los primeros conversos al cristianismo fueran esenios�
Los textos son aproximadamente mil a�os m�s antiguos que los manuscritos hebreos conocidos hasta el presente. El estudio de los manuscritos b�blicos de Qumran ha demostrado que, en la �poca inmediatamente anterior a la aparici�n del cristianismo, la tradici�n textual b�blica era mucho m�s variada de lo que cab�a imaginar hasta ahora. As�, por ejemplo, el manuscrito 4QJudges� ha sido saludado por E. Tov, editor principal del equipo, como uno de los m�s importantes manuscritos b�blicos hallados en Qumr�n, pues da a conocer un texto antiguo m�s breve que el transmitido por el texto tradicional conservado en el juda�smo. Prueba que el libro de los Jueces, como otros libros b�blicos, tuvo un largo proceso editorial y admiti� a lo largo de un tiempo interpolaciones diversas.
Para los estudiosos de los "Rollos del Mar Muerto", algunos parecen anunciar dos Mes�as: un sacerdote o la estrella y el cetro (rey) o "reto�o (nezer) de David". Juan era de familia sacerdotal, como varios de los fundadores esenios. Ya se ve cu�l era la estrella, los int�rpretes de la Ley de Qumran, que los magos (o persas) pod�an ver, pues los esenios tuvieron siempre conexiones en la di�spora jud�a y all� instru�an sobre el Camino del Mes�as (Henoch 18:24 - 19:4). Preso, Juan Bautista mand� a preguntar a Jes�s si �l era el Mes�as o deb�an esperar a otro (Mt 11:3) y Jes�s, de la estirpe de David, nazareno, respondi� con una contrase�a, que resume profec�as de Isa�as (26:19, 61:1-2): los ciegos ven, los cojos andan, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia la Buena Nueva. Esta contrase�a coincide con el fragmento 521 encontrado en la cueva 4 de Qumr�n y que trata sobre la Resurrecci�n y sobre el Mes�as.
La secta se remontaba al siglo II a.C., reformada seg�n parece durante el siglo I por un maestro de justicia, el Se�or Justo, que no pudo ser mejor identificado, era relativamente numerosa en la �poca de Jes�s y de Juan el Bautista, presenta algunas analog�as con la iglesia cristiana primitiva, a la que bien pudo prepararle el camino. Sus miembros llevaban un disciplinada vida en com�n, asc�tica y dedicada a los estudios; algunos de ellos eran c�libes y practicaban un cenobitismo integral en Qumran, y tal vez otros lugares igualmente apartados. Contaba entre sus miembros con muchos sacerdotes, lo que explicar�a la importancia que se les asigna a la pureza del rito y las abluciones destinadas a restablecerla, como tambi�n explica la espera de un mes�as sacerdote, m�s grande que un mes�as rey.
Su filosof�a se basaba en la Ley de Mois�s. Plinio y Fil�n dicen que, en esa �poca, exist�an al menos 4.000, diseminados por ciudades y enclaves rurales, aunque siempre en comunidades. Los novicios pasaban tres a�os de prueba tras los cuales entregaban sus bienes al grupo que cultivaba la pobreza. Viajaban sin nada, porque siempre eran acogidos por otras comunidades. Ascetas que asociaban el placer al vicio, com�an s�lo para sobrevivir. Su sociedad estaba estructurada de forma jer�rquica, pero los puestos eran elegidos a mano alzada. Rezaban antes de salir el sol, trabajaban hasta el mediod�a y luego se reun�an para darse un ba�o ritual. Tras un frugal �gape acompa�ado por oraciones, volv�an a sus labores hasta la cena.
Piadosos, compasivos y caritativos, se mostraban siempre serenos, detestaban la mentira, el robo, y nunca juraban. Quienes romp�an las normas eran expulsados de la comunidad durante largos periodos en los que se pasaban hambre, ya que sus votos les imped�an ingerir alimentos que no procedieran de la secta. Todo miembro nuevo se compromet�a a difundir las normas de la comunidad, igual que las hab�a recibido, y a memorizar el nombre de los �ngeles.
Otras particularidades doctrinarias de la secta son el dualismo que seguramente sufri� la influencia de Ir�n, la convicci�n de vivir los �ltimos tiempos de la historia y de constituir los �ltimos restos del pueblo sagrado de Israel, y una ex�gesis original que refer�as todas las profec�as a la historia esenia.
Juan el Bautista, predicador y asceta del desierto, tuvo contactos con los esenios, aunque jam�s adhiri� a la secta. Comparte con ellos la convicci�n de que el fin del mundo estaba pr�ximo, el gusto por la vida en el desierto, y el recurso del agua como medio de purificaci�n.
�Jesus tuvo contacto con el movimiento o algunas comunidades de Qumram?. S�. Pero una conexion de Jesus con los esenios no implica que Jesus era esenio sino que tenia ense�anzas esenias dentro de su teolog�a. Ejemplo: Jesus le dice al joven rico: vende los bienes para entregarselos a los pobres y ser�s perfecto. �Quien exigia que todos los bienes debian ser repartidos en la comunidad?. Los judios esenios. Esto implica que algunas ideas de Jesus pertenecieron al movimiento esenio, aunque �l fue un rabino fariseo.
El historiador romano Plinio el Viejo ubica a los Esenios en el borde occidental del Mar Muerto, en el oasis de Engandi y en otras regiones entre Asiria y Palestina. Tambi�n en Egipto, en el canto del Lago Maoris: �Los esenios habitan en la costa occidental del Mar Muerto. Son gente solitaria y muy superior al resto de la humanidad. Carecen de dinero y las palmeras son su �nica compa��a. Se renuevan de continuo merced a la incesante corriente de refugiados que acuden a ellos en gran n�mero, hombres hastiados de la existencia a quienes las vicisitudes de la fortuna impulsaron a adoptar tal g�nero de vida. As� un pueblo se ha perpetuado, por incre�ble que parezca, en un lugar donde nadie ha nacido. Muy �til para acrecentar su n�mero es el disgusto de otros hombres por la vida�.
El cap�tulo 17 del libro quinto de "La Historia natural" de Plinio el Viejo, dice: �Los Esenios son una naci�n de las m�s admirables y maravillosas de todo el mundo. Mujeres no se ve ninguna. La lujuria carnal no se conoce. No manejan dinero. Dirigen su vida ellos mismos, y mantienen compa��a solamente con �rboles de d�tiles. A�n m�s, el pa�s est� bien poblado, y numerosos extra�os de otras partes lo recorren diariamente. Y a saber, tal como est�n cansados de esta vida miserable, van por las oleadas emergentes de fortuna tra�da ac�, de juntarse con ellas en su forma de sustento. As� por muchos miles de a�os (cosa incre�ble pero verdadera) un hato de gente estuvo sin suministro alguno de reci�n nacidos y de generaciones. Tan poderosamente se incrementaban, por la agotadora hacienda y arrepentimiento de otros hombres. Bajo ellos, se levantaba Engadda, para fertilizar el suelo y hacer florecer las arboledas de palmeras datileras, considerada como la siguiente ciudad de toda Judea, despu�s de Jerusal�n. Ahora, dicen, sirve como lugar para enterrar a sus muertos. Adem�s es un castillo o fortaleza situada en las rocas, y lo mismo no lejos del lago de los Asphatites de Sodoma. Y as� en lo tocante a Judea�.
Fil�n de Alejandr�a, fil�sofo neoplat�nico jud�o que escribi� en las primeras d�cadas de la Era cristiana, da las cuentas m�s tempranas de los Esenios en sus libros "Quod Omnis Probis Liber Sit" y "Apolog�a pro Judaeis". El segundo est� perdido pero el pasaje sobre los Esenios est� citado por Eusebio de Cesarea. Fil�n dice en el primero: �Los Esenios est�n completamente dedicados al culto de Dios. No ofrecen sacrificio animal. Huyen de las ciudades y viven en pueblos. En su mayor parte trabajan en los campos. Otros practican oficios tranquilos. No amontonan dinero o compran o alquilan la tierra. Viven sin bienes o propiedad. Nunca fabrican armas o cualquier objeto que pueda ser utilizado para mal prop�sito. No se involucran en ning�n comercio. No tienen esclavos y condenan la esclavitud. Evitan la metaf�sica, la l�gica, y toda filosof�a exceptuando las �ticas que estudian en las leyes divinamente ancestrales dadas a los jud�os. Cada s�ptimo d�a es considerado santo y no hace trabajo alguno sino que pasan su tiempo en reuniones religiosas sentados estrictamente seg�n su rango, y escuchan la exposici�n de sus libros sacros clarificados seg�n el sistema simb�lico antiguo. Estudian la devoci�n, la santidad, la justicia, la ley sacra, y las reglas de su orden, toda conducci�n para el amor de Dios, de la virtud, y de los hombres, a los cu�les dedican completamente sus vidas. Reh�san a tomar juramentos y nunca mienten. Creen que Dios es la causa �nica del bien, nunca del mal. Convidan a todos los hombres con igual bondad y cohabitan en una forma comunal. Nadie posee su propia casa. Sus casas est�n siempre abiertas a las visitas de los miembros. Comen conjuntamente una comida com�n y toman sus ropas de un almac�n com�n. Cuidan de los enfermos, la gente joven, y los ancianos�.
Fil�n tambi�n asociaba a los esenios con un grupo de ascetas alejandrinos conocidos por sus artes en la sanaci�n, y aseguraba que algunos de ellos ten�an el poder de predecir el futuro. Respecto a esta fama de magos y curanderos, Joseph Allegro, uno de los integrantes del equipo que estudi� los rollos del mar Muerto, est� convencido de que la comunidad de Qumran se situ� en un antiguo asentamiento citado en la Biblia como la �ciudad de Secaca�. Desde el inicio de la investigaci�n, Allegro y otros traductores descubrieron que los qumranitas utilizaron con frecuencia el c�digo Atbash, mediante el cual se sustituye, en una palabra o texto, la A por la Z, la B por la Y, etc. Pues bien, en el Documento de Damasco, se dice que los qumranitas deb�an ser instruidos en el Libro de Hago, y al aplicar el c�digo a la palabra �hago�, se obtiene el t�rmino hebreo tsoreph, que quiere decir �prueba�, �ensayo�, una posible referencia a las persecuciones y sufrimientos que desencadenar�an las fuerzas del mal contra los �piadosos� a la venida del Reino de Dios. Sorprendentemente, en otro libro clave de Qumran, el Testamento de Mois�s, aparece una referencia a las instrucciones proporcionadas por este profeta a Josu� sobre la ocultaci�n de los libros sagrados en c�ntaros hasta el Final de los D�as, tal y como los qumranitas hicieron.
La soluciones fariseas buscaban facilitarle a los ricos cumplir la Ley, las interpretaciones de Qumr�n y de Jesucristo, volv�an dif�cil la entrada al Reino de los Cielos a los ricos y poderosos. En este contexto, los "Rollos" insistieron en la riqueza como una de las "tres redes" del Maligno (Belial). En ellos son comunes sentencias como "no roben a los pobres"; referencias a "la riqueza y la ganancia injusta", a la "violaci�n del s�bado para obtener ganancia", a la traici�n a las normas de Dios "por amor a la riqueza" y al "saqueo de la riqueza de los pobres", que contrastan con la profec�a de "redenci�n para los pobres" y socorro divino a los humildes y con la autodefinici�n como "Congregaci�n de los Pobres" o m�s estrictamente como comunidad (Yahad) de aquellos que tienen necesidades (b�sicas insatisfechas se podr�a decir hoy). Todo esto identifica a los esenios de Qumr�n como la Congregaci�n (edah) de los pobres (Ebionim). "Bienaventurados los pobres, porque el Reino de Dios les pertenece" y "m�s f�cil es que un camello pase por el ojo de una aguja a que un rico entre en el Reino de Dios". Esta posici�n evang�lica caracteriza a los "Rollos" de Qumr�n.
Sobre los esenios
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En el judaismo del siglo I
existen dos elementos centrales: el judaismo y Jesus. No exist�a el cristianismo.
El cristianismo es una religion que realmente aparece en el siglo II
d.C.. Jesus no funda la Iglesia cat�lica. Jesus es judio, nace judio, vive
como judio y muere como judio. Jesus, no es cristiano es judio.
�Como se le llamaba a Jesus?. Con el nombre de "rabi" o "rabino". Podemos llegar pues a
otro concepto de base: Jesus fue un judio del siglo I y ademas un rabino. Aqui
ya tenemos que realizar una peque�a aclaraci�n: los rabinos pertenecian al
movimiento fariseo y entonces podriamos llegar a la conclusion que Jesus fue
fariseo.
Entonces, Jes�s o Cristo, nacido en Bel�n, en el a�o 6 a.C. fue un predicador jud�o fundador de la religi�n cristiana, a quien sus seguidores consideraronn el hijo de Dios. El nombre de Cristo significa en griego �el ungido� y viene a ser un t�tulo equivalente al de Mes�as.
La vida de Jes�s est� narrada en los Evangelios redactados por algunos de los primeros cristianos, aquellos que la Iglesia posterior consider� ver�dicos, lo cual significa que hubo una decantaci�n de textos y versiones.
Jes�s naci� en una familia pobre de Nazaret, hijo de Jos� y de Mar�a. Fueron las persecuciones de Herodes las que llevaron a la familia, despu�s de la circuncisi�n de Jes�s, a refugiarse temporalmente en Egipto. El relato evang�lico rodea el nacimiento de Jes�s de una serie de prodigios que forman parte de la fe cristiana, como la genealog�a que le hace descender del rey David, la virginidad de Mar�a, la anunciaci�n del acontecimiento por un �ngel y la adoraci�n del reci�n nacido por los pastores y por unos astr�nomos de Oriente. Por lo dem�s, la infancia de Jesucristo transcurri� con normalidad en Nazaret, donde su padre trabajaba de carpintero.
Hacia los treinta a�os inici� Jesucristo su breve actividad p�blica incorpor�ndose a las predicaciones de su primo, Juan el Bautista. Tras escuchar sus sermones, Jes�s se hizo bautizar en el r�o Jord�n, momento en que Juan le se�al� como encarnaci�n del Mes�as prometido por Dios a Abraham. Juan fue pronto detenido y ejecutado por Herodes Antipas, lanz�ndose Jesucristo a continuar su predicaci�n.
Se dirigi� fundamentalmente a las masas populares, entre las cuales reclut� un grupo de fieles adeptos (los llamados doce ap�stoles), con los que recorri� Palestina. Predicaba una revisi�n de la religi�n jud�a basada en el amor al pr�jimo, el desprendimiento de los bienes materiales, el perd�n y la esperanza de vida eterna.
Su ense�anza sencilla y po�tica, salpicada de par�bolas y anunciando un futuro de salvaci�n para los humildes, hall� un cierto eco entre los pobres. Su popularidad se acrecent� cuando corrieron noticias sobre los milagros (taumaturgia) que le atribu�an sus seguidores, considerados como prueba de los poderes sobrenaturales de Jesucristo. Esta popularidad, unida a sus acusaciones directas contra la hipocres�a moral de los fariseos, acabaron por preocupar a los jud�os poderosos de su tiempo.
La expulsi�n de los mercaderes del Templo de Jerusalen, fue un gesto de violencia ilegal que tuvo ciertamente un gran eco en la opini�n p�blica judeo-palestina. Indudablemente le procur� a Jes�s una enorme reputaci�n y la decidida hostilidad de todas las autoridades jud�as constituidas, comprendido Herodes Antipas. Adem�s, la expulsi�n de los mercaderes del Templo de Jerusal�n transform� las condiciones en las que se desarrollaban las actividades de Jes�s. Al oponerse a un comercio que ocurr�a en el interior del Templo de Jerusal�n, y que estaba dirigido a la inmensa multitud de peregrinos, no s�lo suscitaba la c�lera de las autoridades; se procuraba la atenci�n de todo el pueblo, y de esa forma, el oscuro predicador de Galilea se convert�a en figura nacional, despreciada por algunos pero admirada por la mayor�a del pueblo jud�o.
El ataque contra los mercaderes dur� poco tiempo, fue concretado por Jes�s con un peque�o grupo de sus seguidores, actuando por sorpresa en medio de una multitud de simpatizantes, por lo que pudieron sobrepasar a las fuerzas armadas jud�as y romanas estacionadas y cuestodiando el lugar. Por lo tanto, se puede afirmar que el episodio de los mercaderes del Templo es hist�rico, y ocup� un lugar fundamental en la carrera p�blica de Jes�s.
�Tal vez con ello se puede afirmar que el profeta de Nazaret fue en realidad, un jefe nacionalista hebreo bajo cuyas �rdenes una milicia armada y numerosa habr�a intentado adue�arse del Templo de Jerusal�n, con la intenci�n de expulsar seguidamente a los romanos de Palestina con la ayuda de Dios?
Una teor�a de ese tipo contradice totalmente el contenido de los Evangelios can�nicos, pero debe ser explicado no obstante su car�cter sorprendente. Dado que un acto semejante dif�cilmente podr�a ser calificado de mesi�nico, deber�a admitirse que Jes�s actu� como un Celota, es decir, un hombre que se sent�a designado por Dios para castigar a los pecadores que daban esc�ndalo, y cuyas faltas eran toleradas por las autoridades legales jud�as. Indignado por la vista de uno de los lugares sagrados del santuario nacional transformado en un mercado p�blico, Jes�s interviene con vigor, a�n as�, como sugiere el l�tigo de Juan (2/15), la acci�n no se realiz� a mano armada. Actuar como celota no significaba pertenecer al partido de ese nombre, cuya actividad se hab�a extinguido parece, para ese tiempo, sino seguir el ejemplo de Fineas (N�meros, 25) y de Matat�as (I Mac., 2/15-28), justicieros extraordinarios que se hicieran c�lebres por haber defendido el honor de Dios cuando los otros jud�os estaban en falta.
Algunas veces se ha sostenido que Jes�s hab�a intentado rechazar el orden existente y que su ense�anza hab�a llamado a las multitudes a una verdadera revoluci�n social. Ello es verdadero en la medida en que sus ataques a los jud�os ricos y las promesas a los pobres (cfr. Marcos, 10/23 ss.; Lucas, 6/20-26; 12/16-21; 16/9-31; Mateo, 6/24), la exhortaci�n a renunciar a la riqueza dirigida a algunos jud�os ricos (Marcos, 10/17 ss.) y una discreta alusi�n, de discutible autenticidad, a la redistribuci�n de las tierras prevista cada cuarenta y nueve a�os por el Lev�tico 25/8-17 (Lucas, 4/18-19) constituyen un programa de reforma social: Jes�s habl� francamente a los ricos, y concibi� su misi�n como una predicaci�n a los pobres (Mateo, 11/5). Su gesto contra los mercaderes del Templo, al menos en parte es tambi�n un gesto de proteccion social en favor de los peregrinos explotados. Sin embargo, todo ello es poco para hacer de su ense�anza popular una doctrina social o un mensaje revolucionario en el significado habitual de esos t�rminos.
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Basado en:
Etienne Trocm�, "Jes�s", Los hombres de la Historia, N� 83, Centro Editor de Am�rica Latina, Bs. As., 1977.
Ernest Renan, "Vida de Jes�s", Ediciones Ib�ricas, Madrid, 1998.
G.I. Gurdjieff, "Encuentros con hombres notables", Librer�a Hachette S. A., Bs. As., 1980.
Andr� Parrot, "�Qu� es la arqueolog�a", Colecci�n ciencia joven, EUDEBA, Bs. As., 1977.
http://blogs.periodistadigital.com/antoniopinero.php
http://historia.alamedianoche.com/esenios-la-secta-que-precedio-a-jesus/
http://www.biografiasyvidas.com/biografia/j/jesucristo.htm
http://www.esquinamagica.com/articulos.php?idar=294&id1=13
http://www.ucm.es/OTROS/especulo/numero4/qumran.htm
http://forocristiano.iglesia.net/showthread.php?t=24387
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