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-H. P. LOVECRAFT-
EN LAS MONTA�AS DE LA LOCURA -CAPITULO II-
Supongo que el p�blico debi� manifestar un inter�s muy vivo
ante nuestro anuncio de que Lake part�a hacia el noroeste intern�ndose en
regiones donde nunca hab�a penetrado ning�n ser humano, ni siquiera con la
imaginaci�n, y a pesar de que no mencionamos sus extravagantes esperanzas de
revolucionar la biolog�a y la geolog�a. Sus primeras perforaciones, realizadas
entre el 11 y el 18 de enero en compa��a de Pabodie y otros cinco hombres --y
durante las cuales se perdieron dos perros al cruzar una de las grietas abiertas
en el hielo por la presi�n--, hab�an dado como resultado la obtenci�n de
numeroso esquistos arqu�anos. Hasta yo me interes� en la evidente profusi�n de
marcas f�siles en aquel estrato incre�blemente antiguo. Estas marcas, sin
embargo, que eran de formas de vida muy antiguas, no encerraban ninguna extrema
paradoja, salvo la novedad de la abundancia de f�siles en rozas prec�mbricas.
Por lo tanto sigui� pareci�ndome inoportuno interrumpir nuestro programa para un
intermedio que requerir�a la utilizaci�n de cuatro aeroplanos, muchos hombres, y
casi todos los aparatos de la expedici�n. Sin embargo, no vet� el plan; pero
decid� no acompa�ar la expedici�n, a pesar de los ruegos de Lake que quer�a
contar con mis conocimientos de geolog�a. Me quedar�a en la base con Pabodie y
cinco hombre preparando nuestro viaje hacia el este. Uno de los aparatos ya
hab�a comenzado a trasladar gran cantidad de gasolina desde el estrecho de
McMurdo, pero esre trabajo pod�a interrumpirse por ahora. Conserv� con nosotros
un trineo y nueve perros, pues no era prudente quedarse sin medios de transporte
en aquel mundo muerto y desamparado. El aparato de Moulton ha hecho un aterrizaje forzoso; pero no
hay heridos y creemos que es posible reparar los da�os. Hemos trasladado lo mas
importante a los otros tres aviones para el momento del regreso o por si fuese
necesario seguir adelante. Por ahora no hace falta usar los aviones como
transportes. Las monta�as sobrepasan todo lo
imaginable. Ir� a explorar con el aeroplano de Carrol. Le hemos quitado la
carga. "Esto es absolutamente
fant�stico. Los picos m�s altos deben de superar los diez mil metros de altura.
El Everest no pueden compar�rseles. Atwood tratar� de establecer la altura
exacto con el teodolito mientras Carrol y yo realizamos nuestro vuelo. Quiz�s me
haya equivocado a prop�sito de los conos, pues el terreno parece estar
estratificado. Probablemente sean esquistos prec�mbricos junto con otras
formaciones. Los contornos, recortados contra el cielo, tienen un aspecto muy
curioso; secciones regulares de cubos que llegan hasta los m�s altos picos. Un
espect�culo maravilloso bajo la luz rojo-dorada del sol bajo. Como una tierra
misteriosa de ensue�o o el umbral de un mundo prohibido de maravillas v�rgenes.
Desear�amos que usted estuviese aqu� para ayudarnos a investigar." Aunque era t�cnicamente
hora de dormir ninguno de nosotros pens� en irse a la cama. Lo mismo deb�a
ocurrir en el estrecho de McMurdo, pues la base de aprovisionamiento y el Arkham
recib�an tambi�n los comunicados. En efecto, el capit�n Douglas nos envi� a
todos un mensaje de congratulaciones por el importante descubrimiento, y Sherman,
el operador de la base, nos dijo tambi�n unas palabras. Lament�bamos por
supuesto lo da�os que hab�a sufrido el aeroplano, pero ten�amos la esperanza de
que pudieran repararse con facilidad. A las 11 de la noche nos lleg� otro
mensaje de Lake:
(xx/xx/2004)
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