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PUEBLO EN PUEBLO
Pozoantiguo sigue mostrándose
como uno de los graneros del buen trigo de la
provincia. En lo tocante a la ganadería el ovino selecto
supera las tres mil cabezas. El centro escolar es uno de
los orgullos de la localidad porque fue construido
haciendo honor a la belleza y a la claridad. De los casi
200 alumnos de 1917 se ha decaído hasta los nueve de este
año. La tercera edad es el sector mayoritario y las
gentes mantienen el espíritu de vivir la vida
entretenidos, ocupados y a buen ritmo.
Pozoantiguo,
granero de trigo y reserva de leche de oveja
LA
LOCALIDAD CUENTA CON DOS RESIDENCIAS DE ANCIANOS Y EL CLUB
DE JUBILADOS SAN ANTÓN
EL SENADOR
DEL REINO ISMAEL CALVO PROMOVIÓ LA CONSTRUCCIÓN DE UN
SINGULAR CENTRO ESCOLAR
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| Un
grupo de jubilados se entretiene jugando
al dominó / Fotoinfo |
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Pozoantiguo
J.
A. García
Las
raíces de Pozoantiguo tienen que ver con Pozoaltrigo al
decir de la vecina Heraclia Bermejo y de los vecinos, que
hablan glorias del trigo que se produce en los pagos de
este término del alfoz de Toro.
En
sus 3.312 hectáreas de terreno, mayormente de secano, el
trigo y la cebada se llevan el peso del tonelaje; le
siguen, merced a los pozos de sondeo, otros cultivos de regadío
como la remolacha. De la importancia de la
agricultura y de los usos de los viejos tiempos quedan los
trillos, que aparecen expuestos de mil maneras: frente a
la escuela como ornamentos, y en otros puntos como
portalones a falta de mejores puertas.
De
aquellas calendas de arados romanos, parejas de mulos y
esfuerzos de sol a sol son testigos vivientes los cerca de
ciento cincuenta integrantes del sector de la Tercera
Edad. El Club de Jubilados San Antón cuenta con 93
jubilados y unas 36 socias colaboradoras según precisa
Inmaculada Coca, que atiende el centro. No hay copeo, solo
cafetito, refrescos y mantecados afirma, y, por lo que
se ve, se juega al domino con alta dosis de pasión.
La ganadería destaca como otra de las actividades fuertes de
Pozoantiguo. El ovino suma mas de 3.000 ovejas, medio
centenar el bovino y cerca de medio millar las cerdas de cría. Los
rebaños de ovejas ponen su particular estampa
marchando por las calles tras pastores que llevan al burro
de ronzal y aparejado, y que van acompañados por los
inseparables careas. Pablo y Cecilio Bermejo, hermanos,
siguen la tradición familiar y cuidan con esmero un
importante hatajo de ovejas. Son de leche. Ordenan a
mano y cada oveja les viene llevando unos tres minutos
como mucho. Hacen mención a que cada ano se rebajan mas
las subvenciones por oveja-madre. Los animales están perfectamente adiestrados para seguir las voces y, sobre
todo, las exigencias de Mora, una perra que anda
lista como el hambre.
Antonio
Matilla, de 85 anos y pastor desde los ocho anos, aun
se emociona al ver las ovejas y afirma que solo en una ocasión
vio al lobo las orejas. Salió de entre unas zarzas pero sin mayor
éxito.
El
urbanismo sobresale por la presencia y el color de los
adobes que marcan la estética y el tipismo, pero la
modernidad esta presente con los ladrillos cara vista y
con los rovoques de cemento.
Sin
embargo, Pozoantiguo, que contó con siete iglesias
pero que hoy solo tiene una, San Juan Bautista, al
haber sido cedido recientemente al Ayuntamiento el templo
de El Salvador para su conversión en Centro
Socio-Cultural, mantiene en pie y admirables el centro
escolar y la fabrica de harinas. Este molino, que perteneció
a Baltasar Pérez, conserva en perfecto estado
todos los elementos: tolvas, tremuelas, cedazos y cuantos
cuencos, pasadizos y limpiadores hacían falta para
cribar, pasear, descascarillar y moler el trigo hasta
convertirlo en la preciada harina.
El
centro escolar es una de las joyas de la arquitectura
municipal. Fue construido por iniciativa del hijo del
pueblo Ismael Calvo Madroño, que llego a ser Consejero
de Instrucción Publica y senador del Reino.
Ismael Calvo adquirió el compromiso cuando, siendo
escolar, vio que él como otros niños tosían con
frecuencia a causa de estar su garganta llena de polvo, y
pudo apreciar que la luz faltaba muchas tardes. El nuevo
centro costó 96.291,57 pesetas, redacto el proyecto el
arquitecto Francisco Ferriol y ejerció de maestro de
obras y albañil Macario Rico, que llevo la obra a
conciencia. Fue inaugurada, por todo lo alto, el 25 de
julio de 1917.
El
centro sigue activo y animado gracias a nueve alumnos, dos de Matilla la Seca, atendidos con buena
ilusión por la profesora Milagros Cobos y, en Educación Física,
por Asunción Santiago. Pertenece al CRA Alfoz de
Toro. Maria Sevillano y Carlos Temprano son los
benjamines del aula y ambos andan concentrados en sacar el
mejor juego a unas pinturas. En 1917 la población escolar
de la localidad sumaba el tropel de 103 niños y 94 niñas.
La conversión de la iglesia de El Salvador en centro
Socio-Cultural es uno de los proyectos presentes del
Ayuntamiento presidido por el alcalde José Manuel Villar
Barba. El Consistorio cuenta con una partida de treinta
millones con los que pretende afrontar toda la techumbre y
consolidar las paredes.
La
iglesia parroquial de San Juan se abraso en el ano 1940
porque la llama de una vela afecto a una alfombra y el
fuego se apodero del edificio y todos sus santos. Los
vecinos, a riesgo de calcinarse, consiguieron sacar todo
ahumado al Cristo de la Agonía; hoy digno de verse
gracias a una labor de restauración.
Fue
un pueblo de artesanías que han pasado al recuerdo como
sus protagonistas. De alabardero oficio Miguel Matilla,
la panadería ocupó a Miguel Manteca, el tejar a Tomas Inés, la
albañilería a Macario Rico y Ángel Melgar.
Entre otros herreros se contó con Avelino Gutiérrez,
Celedonio de Castro, Aniceto García, Eustaquio Temprano y
Lupicinio Rollón.
La
guerra civil dejo el sentimiento general de que fue una
vergüenza y el particular de las muertes en el frente y
en el propio pueblo a manos de los falangistas. Aquí
mataron a Antolín, a Serafín y su hermano el mudo, a
Pascual, a Cachenda y a Bernardo. Y en el cementerio
a muchos de Vezdemarbán.
Noventa
y dos anos cumplidos, una mente ágil y despierta,
hablador y religioso, tal es Augusto Barba Andrés. Se
licencio en veterinaria en la Facultad de León y desempeño
el cargo en su pueblo, enfrentándose a casos ya
desterrados como la rabia. Vivió su particular odisea
durante la guerra civil, como prisionero, al caer en manos
de los republicanos en Quijorna en julio de 1937. Quedo
el libertad el día que termino la guerra.
Todos
los días se reza un rosario en la iglesia por el fin de
la guerra
La
vida discurre durante estas fechas invernales en
Pozoantiguo de una forma apacible y sin grandes
sobresaltos. Todas las tardes un grupo de hombres y
mujeres acuden a la iglesia para rezar por el fin de la
guerra. Oficia el rosario Teresa Velez, con la autorización
del sacerdote.
El día que se declaro la
guerra se acordó y se rezara hasta que termine.
Mientras
caminan, sin prisas y sin pausas, Eduardo Navarro, que
lleva a Linda, una perra de caza que le han
regalado, y Diego Domínguez. Eduardo, de 18 anos, ha
pasado este ano al gremio de los cazadores y está
satisfecho de haber cobrado dos perdices y una liebre.
Se gastó 50.000 pesetas en dos escopetas de caza: una
superpuesta y una repetidora. Diego, de 16 anos, afirma
que de momento es morralero y va detrás para ir
aprendiendo a cazar. Le pasan la carga de las liebres,
pero no de las perdices que es una percha que prefieren
llevar los propios cazadores. El escenario cinegético se
presenta esta temporada aceptable en liebre y escaso en
perdiz. También escarba cada vez con mayor alegría el jabalí. Un edicto de la
Alcaldía alerta del robo de
galgos e insta a avisar en caso de observar personas
sospechosas relacionadas con esta actividad. Se roban
los buenos, los malos andan por la calle y nadie mira para
ellos expresa el teniente de alcalde Manuel Álvarez.
Aun
persiste entre los habitantes la euforia que calo por las múltiples
actividades artesanales que se organizaron el
pasado verano con motivo de la Semana Cultural. Todos los
viejos oficios recobraron por unas horas su vigor. Se
hizo queso, se hizo jabón, se hicieron adobes, se
hicieron muchas cosas. Es cuando había que haber venido
expresa airosamente Inmaculada Coca. Las grabaciones de
video son solicitadas hasta el punto de que algunos
vecinos tienen la cinta sin tener el aparato de video. Yo
estoy esperando a que me lo traigan comenta German García.
La soltería es otro sector que tiene su peso.
Están solteros todos los que no están casados. De treinta a
cuarenta hay sin contarlos, y no desbarro mucho afirma
un ganadero.
La
actividad local se complementa con la existencia de dos
residencias de ancianos: María Dolores y El
Almendro. Además se cuenta con una cooperativa textil Abedul donde un grupo de mujeres confecciona ropa
interior femenina.
Pozoantiguo
esta orgulloso de tener lo que muchos pueblos no tienen,
un río: el Adalia.
Dar
un beso a una mujer tenía que ser al estraperlo
Los
pozoantigueros tienen un espíritu inclinado a disfrutar
de los placeres de la vida y de los espectáculos.
Salen
a colación los tiempos de la posguerra en que la
localidad se amenizaba con representaciones teatrales, con
comedias y con la ardorosa sugestión de un grupo de
cupletistas que actuaban en el salón de baile ante una
parroquia que luego debía enfrentarse al rostro severo
del sacerdote. Dar un beso a una tenia que ser al
estraperlo afirma un vecino que señala que a estos
descoques iba el que podía porque andaban escasas las
perras.
También
disfrutaron los amantes del juego de un casino, y los
amantes del baile de un salón (Imelda e Ildefonso) que se
amenizaba con las notas arrancadas a un manubrio. Era un
pueblo entretenido. No se ha perdido el interés por el
festejo como lo prueba el calor con el que se disfrutan
los actos programados con motivo de la fiesta de Adalia.
Los quintos y quintas del pueblo son los grandes
protagonistas el primero de mayo. Ese dia se emplaza como
mayo el pino mas grandioso encontrado en el monte
de Adalia. Además los quintos destilan caballerosidad
colocando una rama en las ventanas de las quintas. En
cuanto a la tradición de correr el gallo, están entre
los que han humanizado la carrera poniendo cintas y no
gallos.
Naturalmente
siguen fieles a las grandes meriendas.
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Opinión
de Zamora
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