Desde la temprana adopción de la escritura china (Kanji) alrededor del siglo IV y V, el Shodo (caligrafía), junto a la creación de poesía y pinturas, ha sido considerado como una habilidad esencial de toda persona instruida en el Japón. Las primeras escrituras que Japón adoptó de China, fueron los caracteres vinculados con las enseñanzas del Budismo. Una vez introducidos, el Kanji (ideogramas) y el arte del Shodo tuvieron una acelerada difusión durante los 70 años del período Nara, paralelamente con el afianzamiento del Budismo. Hacia el siglo IX, ya en el período Heian, cortesanos y sacerdotes japoneses desarrollaron dos escrituras fonéticas, el Katakana (tomando porciones de los ideogramas chinos) y luego el Hiragana (a partir de la simplificación de los ideogramas escritos en estilo Sosho), más conocido como Kana. Ya hacia el siglo X, las diferentes variantes de escritura desarrolladas se habían difundido en todo el Japón, popularizándose su uso entre la clase alta. Las mujeres adoptaron la escritura de Kana, puesto que encontraron en ella una mayor libertad para la expresión de sus sentimientos. En la actualidad se sigue utilizando el Kana en combinación con los Kanji en la escritura del idioma japonés.
ESTILO de los CARACTERES
A lo largo de la historia, los letrados en Japón fueron expertos
calígrafos. En el período Edo (1600-1868), la copia de virtuosas escrituras era la principal forma de educación para todas las clases. Los guerreros eran entrenados tanto en caligrafía como en artes marciales. Los hombres y mujeres con talentos especiales en caligrafía son conocidos como Shoka, o escritores del Sho (caligrafía), y practican uno o más de los cinco estilos principales: el Tensho Arcaico (desarrollado en base a los sellos chinos), una versión revisada llamada Reisho (caracteres cuadrados) usado para escrituras eclesiásticas, Kaisho (escritura de estilo cerrado), y estilos cursivos con el Gyosho (escritura corrida) o Sosho (escritura corrida más acentuada que la anterior). La llamada caligrafía Kana es mayormente estudiada por las mujeres, especialmente a través de la elegante transcripción del poema waka de 31 sílabas. Hoy son miles los calígrafos aficionados que practican con profesores o en sus propias casas, tratando constante y asiduamente de adquirir los estilos de los maestros.