
Volvés a sentir
el calorcito en la yema de los dedos,
la cosquilla de
escribir en el estómago y sos de nuevo
poeta, mujer, pájara.
Estas otra vez fértil y tierrosa
llenas de fuego
líquido las venas que creías apagadas
como ríos
mansos.
Te alegrás
en el júbilo de tu despertar con trinos y malinches.
En el fondo es como
sentir que volviste a nacer, a pesar de
todas las trampas
de la mediocridad y del exilio.
Yo soy tu indómita
gacela,
el trueno que rompe
la luz sobre tu pecho.
Yo soy el viento
desatado en la montaña
y el fulgor concentrado
del fuego del ocote.
Yo caliento tus
noches
encendiendo volcanes
en mis manos,
mojándote
los ojos con el humo de mis cráteres.
Yo he llegado hasta
vos vestida de lluvia y de recuerdo,
riendo la risa inmutable
de los años.
Yo soy el inexplorado
camino,
la claridad que
rompe la tiniebla.
Yo pongo estrellas
entre tu piel y la mía
y te recorro entero,
sendero tras sendero,
descalzando mi amor,
desnudando mi miedo.
Yo soy un nombre
que canta y te enamora
desde el otro lado
de la luna,
soy la prolongación
de tu sonrisa y tu cuerpo.
Yo soy algo que
crece,
algo que ríe
y llora.
Yo,
la que te quiere.
Quebrá la
luna entre tus manos,
hacela pedazos
y úntate
de su polvo fino y negro.
Protejámonos
de los símbolos
y de los sueños,
cubrámonos
de las frustraciones
con una costra dura
de realidad.
Aceptemos el día
como día
y la noche como
noche,
pasando por el tiempo
con la espalda recta
y los ojos secos;
porque la mente
no es dueña de la vida
y los deseos no
son las leyes:
hay que acatar la
moral y el orden,
revestirnos de una
sonrisa de bolsillo,
apretarnos el corazón
en un puño
y aceptar el sacrificio.
Siento que me voy alejando, que voy saliéndome poco a poco de esta realidad de las mañanas y las tardes y voy entrando a un mundo que estoy construyéndome con mis deseos y mis ansiedades y todas las cosas reprimidas que empiezan a querer salírseme y que me empujan, casi sin darme cuenta, en la incertidumbre, allí donde deberé quedarme sola, donde me da miedo ir porque se que tendré que asumir toda la responsabilidad del haberme dado cuenta, del saber que no todo es aire y agua y pan y leche y que hay algo mas que nos rodea, que esta en la atmósfera, que nos persigue y espera para envolvernos en esa belleza dolorosa que quisiéramos compartir y acercarla a los demás pero, al contrario, nos aleja, nos hace sentirnos irreales, diferentes, como que acabáramos de nacer a un mundo que no conocimos hasta entonces o como que hubiésemos llegado de la estrella mas cercana o de la mas lejana y estamos abiertos totalmente a las hojas, al ruido, sintiendo derramarse la vida, sintiendo que nos acercamos a esa, la verdadera realidad, aunque todos crean lo contrario y nosotros no podamos explicárselos.
Castillos
de arena
¿Por
que no me dijiste que estabas
construyendo
ese castillo de arena?
Hubiera sido
tan hermoso
poder entrar
por su pequeña puerta,
recorrer sus
salados corredores,
esperarte
en los cuadros de conchas,
hablándote
desde el balcón
con la boca llena
de espuma blanca y transparente
como mis palabras,
esas palabras livianas
que te digo,
que no tienen mas
que el peso
del aire entre mis
dientes.
Es tan hermoso contemplar el mar.
Hubiera sido tan
hermoso el mar
desde nuestro castillo
de arena,
relamiendo el tiempo
con la ternura
honda y profunda
del agua,
divagando sobre
las historias que nos contaban
cuando, niños,
éramos un solo poro
abierto a la naturaleza.
Ahora el agua se
ha llevado tu castillo de arena
en la marea alta.
se ha llevado las
torres,
los fosos,
la puertecita por
donde hubiéramos pasado
en la marea baja,
cuando la realidad
esta lejos
y hay castillos
de arena
sobre la playa...
Hoy quisiera tus
dedos escribiéndome historias en el pelo
y quisiera besos
en la espalda
acurrucos
que me dijeras las
mas grandes verdades
o las mas grandes
mentiras
que me dijeras por
ejemplo
que soy la mujer
mas linda del mundo
que me querés
mucho
cosas así
tan sencillas
tan repetidas,
que me delinearas
el rostro
y me quedaras viendo
a los ojos
como si tu vida
entera dependiera de que los míos sonrieran
alborotando todas
las gaviotas en la espuma.
Cosas quiero como
que andes mi cuerpo
camino arbolado
y oloroso,
que seas la primera
lluvia del invierno
dejándote
caer despacio
y luego en aguacero.
Cosas quiero como
una gran ola de ternura
deshaciéndome
un ruido de caracol
un cardumen de peces
en la boca
algo de eso
frágil y
desnudo
como una flor a
punto de entregarse a la primera luz de la mañana
o simplemente una
semilla, un árbol
un poco de hierba
una caricia que
me haga olvidar
el paso del tiempo
la guerra
los peligros de
la muerte.
Te quiero como gata
boca arriba,
panza arriba te
quiero,
maullando a través
de tu mirada,
de este amor-jaula
violento,
lleno de zarpazos
como una noche de
luna
y dos gatos enamorados
discutiendo su amor
en los tejados,
amándose
a gritos y llantos,
a maldiciones, lagrimas
y sonrisas
(de esas que hacen
temblar el cuerpo de alegría)
Te quiero como gata
panza arriba
y me defiendo de
huir,
de dejar esta pelea
de callejones y
noches sin hablarnos,
este amor que me
marea,
que me llena de
polen,
de fertilidad
y me anda en el
día por la espalda
haciéndome
cosquillas.
No me voy, no quiero
irme, dejarte,
te busco agazapada
ronroneando,
te busco saliendo
detrás del sofá,
brincando sobre
tu cama,
pasándote
la cola por los ojos,
te busco desperezándome
en la alfombra,
poniéndome
los anteojos para leer
libros de educación
del hogar
y no andar chiflada
y saber manejar la casa,
poner la comida,
asear los cuartos,
amarte sin polvo
y sin desorden,
amarte organizadamente,
poniéndole
orden a este alboroto
de revolución
y trabajo y amor
a tiempo y destiempo,
de noche, de madrugada,
en el baño,
riéndonos
como gatos mansos,
lamiéndonos
la cara como gatos viejos y cansados
a los pies del sofá
de leer el periódico.
Te quiero como gata
agradecida,
gorda de estar mimada,
te quiero como gata
flaca
perseguida y llorona,
te quiero como gata,
mi amor,
como gata, Gioconda,
como mujer,
te quiero.
Ahora
vamos envueltos en consignas hermosas
Las mañanas
cambiaron su signo conocido.
Ahora el agua, su
tibieza, su magia soñolienta
es diferente.
Ahora oigo desde
que mi piel conoce que es de día,
Cantos de tiempos
clandestinos
sonando audaces,
altos desde la mesa de noche
y me levanto y salgo
y veo "compas" atareados
lustrando sus botas
o alistándose para el día
bajo el sol.
Ya no hay oscuridad,
ni barricadas,
ni abuso del espejo
retrovisor
para ver si me siguen.
Ahora mi aire de
siempre es mas mi aire
este olor a tierra
mojada y los lagos allá
y las montañas
pareciera que han
vuelto a posarse en su lugar,
enraizarse, a sembrarse
de nuevo.
Ya no huele a quemado,
y no es la muerte
una conocida presencia
esperando a la vuelta
de cualquier esquina.
He recuperado mis
flores amarillas
y estos malinches
de mayo son mas rojos
y se desparraman
de gozo
reventados contra
el rojinegro de las banderas.
Ahora vamos envueltos
en consignas hermosas,
desafiando pobrezas,
esgrimiendo voluntades
contra malos augurios
y esta sonrisa cubre
el horizonte,
se grita en valles
y lagunas,
lava lagrimas y
se protege con nuevos fusiles.
Ya se unió
la Historia al paso triunfal de los guerreros
y yo invento palabras
con que cantar,
nuevas formas de
amar,
vuelvo a ser,
soy otra vez,
por fin otra vez,
soy.
Claro que no somos una pompa fúnebre.
"Claro que no somos
una pompa fúnebre,
usamos el derecho
a la alegría..."
Mario Benedetti
Claro que no somos
una pompa fúnebre,
a pesar de todas
las lagrimas tragadas
estamos con la alegría
de construir lo nuevo
y gozamos del día,
de la noche
y hasta del cansancio
y recogemos risa
en el viento alto.
Usamos el derecho
a la alegría,
a encontrar el amor
en la tierra lejana
y sentirnos dichosos
por haber hallado
compañero
y compartir el pan,
el dolor y la cama.
Aunque nacimos para
ser felices
nos vemos rodeado
de tristeza y vainas,
de muertes y escondites
forzados.
Huyendo como prófugos
vemos cómo
nos nacen arrugas en la frente
y nos volvemos serios,
pero siempre por
siempre
nos persigue la
risa
amarrada también
a los talones
y sabemos tirarnos
una buena carcajada
y ser felices en
la noche más honda y más cerrada,
porque estamos construidos
de una gran esperanza,
de un gran optimismo
que nos lleva alcanzados
y andamos la victoria
colgándonos del cuello,
sonando su cencerro
cada vez más sonoro
y sabemos que nada
puede pasar que nos detenga
porque somo semillas
y habitación de una sonrisa
íntima
que explotará
ya pronto
en las caras
de todos.
Soy llena de gozo,
llena de vida,
cargadas de energías
como un animal joven
y contento.
imantada mi sangre
con la naturalez,
sintiendo el llamado
del monte
para correr como
venado desenfrenadamente,
sobando el aire,
o andar desnuda
por las cañadas
untada de grama
y flores machacadas
o de lodo,
que Dios y el hombre
me permitieran volver
a mi estado primitivo,
al salvajismo delicioso
y puro,
sin malicia,
al barro, a la costilla,
al amor de la hoja
de parra, del cuero,
del cordero a tuto,
al instinto.
De arriba abajo,
empezando por las
puntas del pelo,
verticalmente,
me va penetrando
la tristeza,
me va dejando cansada
a medida que avanza
y me posesiona.
Sean mis manos como
ríos
entre tus cabellos.
Mis pechos como naranjas maduras.
Mi vientre un comal cálido para tu hombría.
Mi piernas y mis
brazos sean como puertas,
como puertos para
tus tempestades.
Mi pelo como algodón en rama.
Todo mi cuerpo sea
hamaca para el tuyo,
y mi mente tu olla,
tu cañada.
Te veo como un temblor
en el agua.
Te vas,
te venís,
y dejas anillos
en mi imaginación.
Cuando estoy con
vos
quisiera tener varios
yo,
invadir el aire
que respirás,
transformarme en
un amor caliente
para que me sudés
y poder entrar y
salir de vos.
Acariciarte cerebralmente
o meterme en tu
corazón y explotar
con cada uno de
tus latidos.
Sembrarte como un
gran árbol en mi cuerpo
y cuidar de tus
hojas y tu tronco,
darte mi sangre
de savia
y convertirme en
tierra para vos.
Siento un viento
cosquilloso
cuando estamos juntos,
quisiera convertirme
en risa,
llena de gozo,
retozar en playas
de ternuras
recién descubiertas,
pero que siempre
presentí,
amarte, amarte
hasta que todos
se nos olvide
y no sepamos quién
es quién.
Uno no escoge el
país donde nace;
pero ama el país
donde ha nacido.
Uno no escoge el
tiempo para venir al mundo;
pero debe dejar
huella de su tiempo.
Nadie puede evadir su responsabilidad.
Nadie puede taparse
los ojos, los oidos,
enmudecer y cortarse
las manos.
Todos tenemos un
deber de amor que cumplir,. una historia que nacer
una meta que alcanzar.
No escogimos el momento
para venir al mundo:
Ahora podemos hacer
el mundo
en que nacerá
y crecerá
la semilla que trajimos
con nosotros.
Y Dios me hizo mujer,
de pelo largo,
ojos,
nariz y boca de mujer.
Con curvas
y pliegues
y suaves hondonadas
y me cavó por dentro,
me hizo un taller de seres humanos.
Tejió delicadamente mis nervios
y balanceó con cuidado
el número de mis hormonas.
Compuso mi sangre
y me inyectó con ella
para que irrigara
todo mi cuerpo;
nacieron así las ideas,
los sueños,
el instinto.
Todo lo que creó suavemente
a martillazos de soplidos
y taladrazos de amor,
las mil y una cosas que me hacen mujer todos los días
por las que me levanto orgullosa
todas las mañanas
y bendigo mi sexo.
En los días buenos,
de lluvia,
los días en que nos quisimos
totalmente,
en que nos fuimos abriendo
el uno al otro
como cuevas secretas;
en esos días, amor
en mi cuerpo como tinaja
recogió toda el agua tierna
que derramaste sobre mí
y ahora
en estos días secos
en que tu ausencia duele
y agrieta la piel,
y el agua sale de mis ojos
llena de tu recuerdo
a refrescar la aridez de mi cuerpo
tan vacío y tan lleno de vos.
De noche las palabras
caminan de puntillas,
andan discretas
entre los objetos,
temerosas del ruido
se descalzan.
sobre mis hombros
insomnes aletean.
El poema me saca
de la cama.
Tanto silencio en
la casa dormida.
El ruido de mis
manos me ensordece.
Toco las letras.
Acaricio el teclado
para que diga callado
sus urgencias.
No sale nada. Es
el silencio que habla.
Y las sombras afuera,
golpenado en la
ventana.
La poeta se reúne con sus palabras
En la tarde
Intento el canto
Desanudar la opresión
en el pecho.
Me reúno
con mis palabras acaloradas
En la sala de mi
estudio minúsculo.
El café esta
servido.
Afuera el viento
amenaza lluvia.
"Has vivido mucho
estos días - rezonga una-
- He sufrido mucho-
respondo- no sé como decirlas ,
No quiero colocarlas
mal.
Silencio.
Las palabras se miran
alrededor de la mesa,
Nadie modera -digo-
Necesito dejarlas sueltas.
"Estamos desempleadas"
- murmuran.
Acompáñenme
-digo- algo saldrá de todo esto..
En verdad en verdad
les digo:
Por eso nos persiguen.
Nos andás
amontonadas en la sangre,
Saltando las unas
sobre las otras,
Densas, innumerables,
robándonos
las sílabas en el apretujamiento."
"No aguantamos mas
- dice una palabra flaca y
malhumorada-
Necesitamos que
nos saques a una buena página blanca,
Y que nos des aire
fresco."
"No sabemos por
que de pronto esta parquedad,
este silencio -
suspira la palabra Sonido, sonando sus
castañuelas,
mientras Rabia sacude
la cabellera, sin apartarme la
mirada,
y dolor da vueltas,
afinando la punta de los lápices.
que hacer para que
no se mojen en un invierno
desquiciado.
Ponerlas de cualquier
modo en una frase mal construida.
Me importan sus
condiciones de vida.
Levantan cautas
la tazas de café.
Sólo la palabra
Tristeza mira a las demás con
Expresión
de autosuficiencia.
Las palabras alegres
se mueven incómodas,
Amenazan con dejar
la reunión.
Después de
todo, dicen, no las voy a ocupar,
Para que retenerlas
allí, perdiendo el tiempo.
Desorden aprovecha
la oportunidad y
Desarregla todas
sus letras.
"Quien modera?"
- clama Paciencia, sofocando un largo/FONT>
bostezo.
Estamos reunidas
para compartir esta crisis,
Esta desolación.
La pérdida de los nombres,
Los sentimientos
innombrables.
Las reúno
solo para sentirlas. No puedo decir lo inexplicable.
Se agitan penosamente
imaginando largas tardes de ocio
En las bancas de
cualquier parque.
Al menos la memoria
de esta reunión:
Una poética
declaración de impotencia,
Este modesto homenaje
al desconcierto.
no hay nada mas
poderoso en el mundo
que una mujer
