Y como preludio de
tal milagro, efluvios
que impregnan el ambiente de húmedos olores.
Y yo, con sabor a cálido
retorno, de no sé dónde
y el alma abierta a esta magia que rocía el amanecer,
recibo la llamada del alba, el reclamo de la vida,
y aspiro la fragancia de cada recuerdo que se me filtra furtivo
y se torna palabra sobre esta fría pantalla
donde mis dedos escriben.
Sí, dedos y
manos que saben tanto de caricias rotas
y de amores, paraísos que nunca fueron,
manos que pretenden eternizar la soledad de los momentos.
Quisiera ser náufrago
del viento,
que me llevara, lejos, filigrana de sueños
enloquecido por la luz de la madrugada,..
¡Muy lejos de
este mundo que no es el mío!
¡Llueve.. ! ¡Sí, ya llueve!
Y mis manos y mi rostro desafían la tormenta
desde esta séptima planta, desde esta soledad
que me transmuta en cósmica y etérea.
Quiero empaparme de
lluvia, como las mies de sol en las eras.
Quiero que por mis ojos corran torrentes
que como arroyos desbordados busquen la mar inmensa
donde encontrar su destino.
Quiero que de mis labios chorreando pura ilusión y amor,
se aviente un beso y llegue, sereno y reverente,
a los tuyos, amor

¡Tírale un beso
a la mar! ¡Un beso, marinero!
Mi beso de tierra adentro...
¡Cógelo! ¡Allá va!
Quiero al despertar de madrugada
mirar al cielo y soñar
que mi beso, navecilla sin destino,
sirena azul de amores yermos
plañidera, música en la proa, de soledad
ríe que ríe tras el azul infinito
de ese tu bravo mar
¡Tírale un beso a la
mar! ¡Un beso, marinero!
Mi beso de tierra adentro... ¡Allá va!
Quiero, entre arreboles de ocaso,
ver que mi beso no encalla
que mi beso se salva, que mi beso se va...
¡Lejos, muy lejos, con la luna, con las olas, por tu mar!
¡Adiós, adiós,
beso mío, adiós..!
¡Navega! ¡No mires atrás!
Mi beso, marinero, pongo en tus
labios de sal!
¡Tíralo al mar! Que ice velas sin retorno,
que navegue a la deriva, que navegue... ¡qué más da!
Tus labios, senda de luz para surcar
¡Pero no te lo quedes!
¡Tíralo, marinero, a tu mar!
Madrugo.y nadie lo entiende.
¡No,
no estoy loca!
Quiero asistir al nacimiento del día...
Quiero ser testigo de la creciente luz del alba
Quiero que los primeros rayos de sol me calen,
me iluminen posibles osuridades, allá en el fondo del alma.
Cada
tarde, en un paréntesis de todo, me detengo,
cuando el crepúsculo apunta por el horizonte.
Quiero ver cómo lentamente desciende el sol,
y la tierra, irisada de arreboles, se torna sombras y noche.
Quiero, en cuerpo y alma, llenarme de soles, estrellas,
amaneceres, ocasos...
Quiero, y me llena de felicidad, ser consciente de que nazcos y muero...
Sí, cada mañana, cada noche..
al igual que el sol, al igual que los días...
Quiero que para siempre, en estos mis ojos,
aunque cerrados un día para siempre,
queden grabadas huellas: luz, color, sonidos...
También la paz del frío en la noches...
Si es así, no
estaré jamás muerta;
solo, eso sí, dormida en sueños eternos...

