¡Cómo me gusta este arrullo del atardecer que va cayendo sobre mis pupilas de niña absorta en un vaivén de notas que como magas mariposas al néctar delicado de su flor, busco partitura donde solfear mi mi cándida y bella, bellísima canción de amor!
Y son voces por patios
lejanos
y es el calmado piar de gorriones,
solitario diálogo, nacido del monótono de la lluvia, y es la
veleta, fraile de escoba inquieto,que me habla de vientos... Norte, Sur...
Vientos
rabiosos, ligeros soplos...
Y es una sutil y vaporosa nubecilla que camina por el azul rosado de esta
mi hora crepuscular.
¡Bella, blanca... divina hora!


¡Qué mágica
luminosidad en tierra, cielo, horizontes...!
¡Qué suave el aire que noto palpitar en mis mejillas..!
¡Qué bella diosa blanca esta mañana otoñal!
¡Qué colmenar de azahares mi alma, éxtasis de madrugada!
Pájaros emigrantes
surcan mis cielos amanecidos tan de mañana.
Día y hora de lejanos ecos, de palabras nuevas...
¡Qué poca
cosa yo, estrella fugaz en brazos de alas calmas!
¡Qué niñas mis lágrimas sin destino!
¡Qué ardor en mi sangre, pulmón del mundo, soplo de amor
de mis sueños, de mi nada...
¡Adiós,
pájaros adiós!
¡Me izan aires y me ensamblan a vuestro futuro destino!
¡Me crecen remos en el mar de tan larga travesía !
¡Me seduce y conjura tan multiplicada emigración!
¡Volved, pájaros, volved!
Nubes que llegan, hojas
que reverencian mi paseo...
recuerdos que me arrullan en los adentros..
Y yo que sigo.
¡Qué mañana, qué ola, qué deslumbrón,
qué amor!
¡Dios, qué ARCO IRIS!

