En la esquina, la mujer del perro:
sola, estática, oscura...
De vez en cuando, gente que entra, gente que sale...
coches que pasan, semáforos, farolas... ecos, siempre ecos
que como estrellas fugaces, surcan y decoran este mi escenario de ayer, de
hoy, de mañana...
Flores nuevas, suspiros, esperanzas....
¿siempre..?
Sí, aquí seguiré enlazando los pequeños placeres
de esta hora,
notando cómo el vientecillo tan frío de la hora es soplo que
acelera el río que es mi alma, viajera de estaciones que vibran por
los horizontes y me inundan de auroras errantes, de mañanas, de días...
El sutil perfume de un jazmín, la rosa de ayer, ya seca hoy...
¿Una mosca? Sí, ¡tan
chiquitina! ¡tan madrugadora! ¡tan cariñosa!
Una mosca que se desliza por el cordón de la persiana y, de vez en
cuando, salta a mi mesa, desconfiada, inquieta...
¡No me temas, chiquitina! No podría hacerte daño, porque también para ti la vida es una oportunidad, porque, seguro, te sientes tan frágil, tan sola como yo...
No, no me temas; no puedo perderte:
¡vive, vive..!
Tú ya eres paisaje en el jardín de mis silencios. Sí,
tú ya eres compañera en esta hora indescriptible, maravillosa...
de mis amaneceres. ¡Vive, vive.-.!
¡Mira, mira cómo ya llega sin ruido, la hermosa luz del alba!
Palacio de reposo es mi casa.
Mágica voz mi corazón
palpitante en este silencio profundo que se cobija en mi alma y se torna dolor
y palabras.
En mis oídos
la partitura de la noche glosa ecos que en sombras percibocomo lamentos en
el cálido regazo de este mi rutilante universo, bordado con brisas
de largos amaneceres.
Nieblas, vientos, borbotón de fría luz, índice del pasado, transmutado en ruinas sin remedio.
¿Quién ha espantado
los mil verdes que cubrían el césped, alfombra de mis pies?
¿Quién ha borrado el mágico aleluya de la sinfonía
de mi rítmico vivir?
¿Quién.. ? ¿Quién.. ? ¡Quiero saber quién..
!
Sí, la noche desgarra el umbral de mi vida sin saber ya dónde posar mis pensamientos que me danzan, que me hierven en la sangre y noche y día fluyen sin destino por mis venas.
Sobre mi almohada,
un libro. Por mi ventana, cielo.
En mi memoria, la eternidad de un beso , sí, de un adiós en
la madrugada
En mis labios, una palabra. ¡Una sóla palabra! ¡DIOS..!!!
Hay luna llena en el jardín, floración salvaje de jazmines, que aroman mi alma, volcán de sentires, en el espejo del tiempo que sigue moviendo los hilos largos de mi memoria.
Instantes que me laceran el alma en torrente de voces que la luna redonda
acalla, y resbalan, y se bate en sombras de nostalgias infinitas, impregnadas
de Ángelus y de alboradas.
Y son grillos, y son trenes, y son estrellas, y son palabras... Surtidores
magos de sueños que matizan de ternura el dolor de los momentos, agridulce
de la vida.
Y la luna camina en cielo cobrizo, mientras la ciudad, en estresados anhelos
bulle, clama, duele...
Oigo la voz del viento, la voz del agua, la voz de las estrellas...
Oigo voces de hombres en mil paisajes perdidos por el universo, y... ¡qué
tañer de campanas!
Oigo el trinar de un jilguero y... ¡Cuánta belleza!
Oigo el aliento de Dios, latente
melodía que arrulla la rosa abierta que es mi alma y en un suspiro
clamo:
¡Crea, Señor, el día primero
y dame este jardín por paraísoy por compañera a la
LUNA LLENA


