La  del Iv�n con min�scula.

Erase un hambrecito,
un llanto ya innecesario,
una mantita de mugre,
un aterrizar de fr�os, 

sobre su coronita de  rey infante,
un b�culo de t�mpanos para sus manitas 
una constelaci�n de anillos  para sus dedos
cola de alacranes.
�El rey ha muerto viva el rey!

limpi�mosle las fiebres del rostro,
sorbamos sus agostos con su bufanda de lana,
abramos  de sol en sol sus ojos tristes,
dej�moslo mirando la nieve.

Sus cabellos red  de espinas,
su cosmomapa  en lunares,
su mapamundi de manchas,
su todo  yo que transito.

Su boca que no hizo voces,
su  aleteo incesante  contra la vida,
y por fin la necedad de ser diminuto,
y despu�s invisible.

El paso peque�ito para caer,
donde hab�a marchado la manada de b�falos,
se hab�an vuelto sed los llanos,
y seguro se fue  busc�ndolos.


Debajo de los caracoles,
o entre sus  mejillas casi marchitas,
en el fondo interminable de los ojos de vidrio,
en la nieve  llen�ndole los ojos.

Marejadas de ausencia,
ya  cae  su reino de caramelo y ceniza,
llegan las sales y lo arrastran,
llegan los r�os y lo ara�an.

Cubramos su palpitar de shhh,
!Duerme, guarda silencio!
guarda  silencios, todos.
como si fueran un pu�ito de virtudes.

Erase un hambrecito,
un juguetito de carne,
un  malestar sin ponzo�a,
un ni�o , nom�s un ni�o.

Una  tragedia griega escrita a crayola,
una aspereza  fatal que nos deja el tiempo,

El olvido del mas  m�o  y el mas grande
de todos los imperios acaecidos.

Ahogado...

El mar se  encima sobre el mar
y lo copula hasta destruirlo,
ascienden el caldo batracio de monstruos marinos,
primera danza lunar de las mareas,
eso  faltan de ser  nuestros cuerpos,
imitaci�n de r�os.
Que se corren del alma al sexo sin tenerse cerca.
El flush down de los  maremotos,
el ascenso del fango a los poros
que faltan de fuerza  en sus cuencos,
y terminan cediendo agigantados y g�iseres, 
faltan tus manos pe�ones para contenerlos. 
Si habiendo deslavado Atl�ntidas y cordilleras
que modesta y absurda mi piel. 
Ya gangrenados los mu�ones sobre mu�ones,
ya inventado mil veces el remiendo del cuerpo, 
se me crece grotesco el hartazgo,
y si acaso pronuncio  tu nombre despacito,
como epitafio al mu�eco de trapo.
Dos caminos.
Dos necios enamorados
Hanna Brannif Martinez
Razones.

Porque me he vuelto un domador de la incordura,
la nostalgia y la sutura de la ansia ( y lo que dura).

Porque  las nubes anidaron en mi techo,
y ya es un hecho que no dure hasta que llueva,
lo sutil de tu desprecio.

Porque hormiguea la ocasi�n de la derrota,
y poco a gotas, 
me he agotado de pasi�n.


Porque galopa mi prisi�n bajo la roca,
y abre  canci�n   bajo tus ropas,
de tu perenne negaci�n,
y yo de copas.
El piso encerado.

Que nalguitas peladas,
y que frente  tan sabia,
general aviador del multifamiliar,
poeta circunscripto acircunciso,
herejotito del sabor a sal,
quien te hubiese visto,
sin laureles ni morrito,
con la ausencia espinada
y desarmado  de todas tus poemas
y cojecoraciones por longevidad,
intentando hacerse mariposa,
con esos brazos paquid�rmicos,
aleteando antes del tercer piso.
y terminando con una onomatopeya,
Pum!  contra el asfalto.



A todos los poetas viejos que maman leche de las instituciones,  a todos instruidos maricones, maestros en la escuela  de la letra escolarizada.
Esta es la raza que le ca�do a la pagina
Gracias por visitar, no  ptretendo mas que dejar una  constancia ligerita de que todavia me gusta la letra.

Atte
. Abu al Razhim
Ivan Parramachi
[email protected]
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