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Platón describió en su mito de la caverna una gruta cavernosa, en la cual permanecen desde el nacimiento unos hombres hechos prisioneros por cadenas que les sujetan el cuello y las piernas, de forma que únicamente pueden mirar hacia la pared del fondo de la caverna y no pueden escapar. Justo detrás de ellos, se encuentra un muro con un pasillo y, seguidamente y por orden de lejanía respecto de los hombres, una hoguera y la entrada de la cueva que da al mundo, a la naturaleza. Por el pasillo del muro circulan hombres cuyas sombras, gracias a la iluminación de la hoguera, se proyectan en la pared que los prisioneros pueden ver.
Vivimos un tiempo en que el mito de Platón se renueva y toma nuevas luces, los jóvenes nacidos de la mano de esta tecnología son los habitantes que miran el reflejo de la realidad en las pantallas de sus computadores. La imagen del mundo se nos presenta en tiempo real, instantánea, ingresa a través de los sentidos yen el vértigo de la velocidad el cibernauta queda prisionero en la representación sin acceder al mundo de las ideas. El prisionero que logra liberarse y acceder al mundo real, lo ha logrado a través del salto cualitativo al momento de pasar del acceso de la información a la generación de conocimiento. Solo aquellos que logran dar este paso se liberan de las cadenas que lo subyugan.
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La comunicación se convierte en el lugar estratégico
desde el cual se piensa la sociedad hoy.
Con suma facilidad cualquier cibernauta puede conocer el desarrollo histórico de Internet, y manejar una noción básica de cuales son los contextos sociales, políticos y culturales que están en el origen de este sistema de comunicación que ha revolucionado el siglo XX y que se levanta como uno de los más claros ejemplos de la llamada Globalización.
No podemos sustraernos al dato no menor de que esta revolución en las formas de comunicarse está inserta en un proyecto económico de dimensiones planetarias cuyo motor son las tecnologías de la información y de la comunicación y cuya tendencia es la de crear corporaciones globales, que por su propia naturaleza se constituyen como un poder que responde a intereses económicos y de mercado y que, por lo tanto, no son instrumentos de democratización de la sociedad.
Los avances tecnológicos han dado paso a una nueva cultura, en que la información circula en forma nutrida, mediata y asincrónicamente. Cada día los recursos tecnológicos de la Comunicación se hacen más amigables y presentes en nuestro devenir cotidiano, invaden todos los ámbitos del quehacer humano, así el mundo tras las pantallas se puede ver añadido o complementario a los mundos simbólicos en los que vivimos y desde esa perspectiva es que surge un imperativo ineludible para la educación: la escuela tiene la tarea de proveer a los educandos de elementos y competencias para comprender, analizar, reflexionar y criticar los fenómenos que caracterizan la cultura de la globalización en la sociedad de la información.
Las tecnologías de la información no son inocuas, la escuela debe ayudar al educando a comprender los nuevos modelos de la realidad que le entrega esta cultura. Así algunas de las variables que debe pesar al momento de diseñar la experiencia educativa son:
• Mediatización de la experiencia.
• Fragmentariedad.
• La controversial “interactividad”.
• Lo universalidad frente a lo local.
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