Cada
5 de junio se celebra el Día Mundial del Medio Ambiente, y esta fecha es
propicia para que, acorde con el nuevo milenio, manifestar una nueva
corriente de pensamiento ecológico sobre el tema. Mucho se ha escrito y
hablado sobre los problemas que causan a nuestro medioambiente las
actividades industriales y contaminantes de ser humano; se afirma
también que de continuar con esta tendencia, la Tierra se convertirá en
pocos años en un lugar inadecuado para vivir, tal como conocemos y
concebimos la vida, y que debemos evitar que esta situación continúe.
Estas premisas son valederas como norte de nuestras acciones en favor de
nuestro planeta, pero ¿qué hacer cuando el 90% de los contaminantes los
producen los países poderosos, en especial 7 u 8?. Es cierto que se a
firmado un convenio en Kyoto, Japón para disminuir la emisión de
contaminantes de estos países en los próximos años, pero los Estados
Unidos, que producen más del 50% de estos, no lo ha querido ratificar.
En general, ¿qué hacer nosotros, seres comunes y corrientes, cuando nos
enfrentamos al poder económico de las Empresas, cuyo objetivo es generar
más ganancias?.
La
Revolución Industrial fue una etapa decisiva en la vida de algunos
países para lograr que sus economías florezcan y se hagan poderosos,
pero a la vez ocasionando que el ambiente sea deteriorado y contaminado
año a año, aumentando cada vez más. ¿Es posible que la industrialización
y la preservación del medioambiente lleguen a un punto de equilibrio en
el que, a la vez estas actividades sean rentables y se deje de
contaminar el ambiente?, ¿o es qué, irreconciliables, una deba rendirse
a la otra, ocasionado un desastre económico o ambiental según sea el
caso?. Son preguntas difíciles de contestar.
Tengo una
idea que quisiera poner a vuestra aceptación: ¿Por qué no consideramos a
la presente centuria como “El Siglo de la Revolución Ambiental?.
Si
inoculamos esta idea en nuestros cerebros podremos primero, cambiar
nuestra mentalidad hacia una acción ambientalista, en la que la
protección del medioambiente sea una norma de vida y no una imposición;
luego, esta nueva mentalidad favorecerá el florecimiento de ideas
innovadoras en todos los campos del quehacer humano, creando por
ejemplo, nuevas técnicas que eliminen del planeta los contaminantes que
las industrias y la sociedad generan, para que al final, en toda
actividad humana esté excluida la posibilidad de contaminación
indiscriminada, llevándola a niveles mínimos. Todo esto es posible. De
nosotros depende cambiar este sueño en realidad.