Cualquier
proyecto o propuesta en la que se requiera la participación de todas las
personas que vivan en una determinada zona, país o región, la Educación
y la Cultura son los pilares fundamentales donde deben sustentarse estas
acciones.
Imagínense,
que se dicten todas las leyes necesarias para la protección ambiental en
nuestros países. ¿las personas dejarán de depredar nuestros recursos
naturales o de contaminar el agua, suelo o aire tan sólo por esas
leyes?. Esto obedece a que, conciente o inconscientemente estas personas
no reparan en el daño que ocasionan al ecosistema a futuro y sólo ven la
solución de sus problemas en ese momento. Una tala indiscriminada de
árboles puede durar unas pocas semanas, pero reponer ese potencial
maderero duraría décadas; arrojar desechos tóxicos a los ríos o mares
puede ser una solución rápida y económica para los que la realizan, pero
perjudican a la flora y fauna de la zona y a las poblaciones cercanas.
Lo mismo se puede decir de los humos tóxicos arrojados al ambiente por
fábricas y vehículos automotores sin adecuado mantenimiento; arrojo de
basura a la vía pública, etc. Lo que falta es una adecuada Educación y
Cultura Ambiental, y es allí donde debemos incidir en nuestra
comunidad.
Mejorar
nuestra calidad de vida debe ser nuestro objetivo y donde debemos
trabajar permanentemente, sea en nuestros hogares, centro de trabajo,
comunidad, o en el ámbito que nos desarrollemos. Si cada uno de nosotros
colocamos este pequeño grano de arena, pronto veremos que la conciencia
ecológica de la población crecerá.