SI3 Caso de Estudio 9 B
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Caso de estudio 9. Parte B.
Capturado por Bibiana Ramírez Cadena, CI 800.
Septiembre 2004.
 

Vida Moderna.

 

Tan Floreciente Como El Narcotráfico:
El Contrabando Aduanal.

Por P. R. narrado a Rubén C. Navarro. 

        A principios de 2001 el gobierno anunció con bombo y platillo la limpieza de los establos aduanales y aunque parecía que las medidas en serio (ver La Guerra de la Aduanas; Caso de estudio 9. Parte A) al cabo todo quedó en buenas intenciones. Soy agente aduanal desde hace muchos años –por razones evidentes no revelaré mi nombre-, así que aprendí de primera mano los vericuetos del contrabando, negocio que, según mis cálculos, hoy deja anualmente a los involucrados ganancias ilícitas por un monto equiparable al que las autoridades estiman que produce el narcotráfico. 

        Para comprender la cadena de corrupción hay que repasar la manera en que funcionan las aduanas: cada garita está a cargo de un administrador (nombrado por el secretario de Hacienda en acuerdo con el presidente), a quien responde un jefe de vistas, que a su vez comanda a los vistas encargados de supervisar directamente la mercancía. Los agentes aduanales como yo somos meros intermediarios comerciales, no funcionarios públicos –aunque igual debemos obtener una licencia de Hacienda para operar-, encargados de representar a los importadores ante las aduanas, efectuar el papeleo y retener, obligados por ley, los impuestos aplicables. 

        La podredumbre aduanal ha existido en México desde la época colonial, pero sus rasgos modernos comenzaron a perfilarse en el sexenio de Miguel Alemán cuando, a cambio de sobornos que rondaban 100,000 dólares, la administración de las aduanas era concedida a familiares, amigos y socios de políticos encumbrados. 

Vista Gorda
        Aunque formalmente los administradores estaban sujetos a la autoridad del secretario de Hacienda, -que, teóricamente, los podía remover-, en la práctica la concesión era una prebenda intocable y hereditaria, condición que perduró hasta el gobierno de Miguel de la Madrid. Inclusive se dio el caso de administradores sin descendencia o simplemente cansados de la “chamba” que cedían a terceros –“renta” de por medio-, el manejo de la garita. Fue la época dorada de los fayuqueros, quienes pagaban sumas generosas al personal de la aduana para pasar la mercancía (la más demandada entonces: televisores). 

        Con Carlos Salinas de Gortari se acabó la inamovilidad de los administradores de las aduanas, removidos cada tres meses para incluir a más personas en el negocio. A cambio, los agraciados pagaban a encumbrados funcionarios de Hacienda hasta 500,000 dólares, “inversión” que pronto recuperaban con creces, pues recibían alrededor de 100,000 dólares diarios en mordidas. 

        Con el declarado propósito de morigerar la corrupción, el gobierno de Ernesto Zedillo modificó la ley para seleccionar a los aspirantes a administradores de aduana mediante exámenes de oposición, que comprobarían sus conocimientos en la materia; también ordenó la sustitución de los viejos vistas –tan corrompidos que por años se dijo que su uniforme consistía en un reloj Rolex Midas de oro y varias cadenas del mismo metal- por jóvenes universitarios, supuestamente íntegros e incorruptibles (en cambio, para obtener licencia de agente aduanal bastaba con demostrar cierta solvencia económica). Vicente Fox dispuso fortalecer las medidas emprendidas por su antecesor, pero de poco sirvieron tales esfuerzos. 

        La podredumbre comienza en el escalón mas bajo, los vistas –encargados de clasificar la mercancía que inspeccionan, verificar que el pedimento de importación sea correcto y detener los artículos ilegales o irregulares-, a quienes todavía hoy sobornan los agentes aduanales para que se hagan de la vista gorda ante irregularidades en los documentos o embarques. Hay muchas triquiñuelas: se puede hacer pasar una mercancía por otra o asentar falsamente que proviene de Estados Unidos o Canadá o alguno de los países con los que tenemos tratado de libre comercio, para así pagar menor arancel. 

Partidas Especiales
        La mordida varía, obviamente, según la naturaleza y tamaño del cargamento; el agente aduanal, que recibe una parte, cobra esta “inversión” al importador como “servicios varios” en su factura. En el caso de maniobras más o menos inocuas (como hacer pasar un lote de objetos de cristal cortado como si fuera vidrio corriente para pagar aranceles más bajos) la operación cuesta unos pocos miles de dólares; pero si se trata de cosas más “pesadas”, como armas, la mordida puede alcanzar decenas de miles. 

        Los jóvenes vistas que resisten a tales corruptelas son amenazados, relegados a posiciones de escritorio o bien destinados a garitas con muy poco movimiento; también se dio el caso de otros que, reacios a dejarse enredar por completo, optaron por quedarse algunos días y luego renunciar, eso sí, con varios miles de dólares en el bolsillo. 

        Un vista más o menos espabilado consigue alrededor de 10,000 dólares diarios en sobornos, libres del “entre” que debe entregar al jefe de vistas (que obtiene alrededor de 50,000 dólares al día), quien a su vez hace llegar su parte al administrador (que recauda hasta 100,000 dólares en una jornada). Por supuesto, el jefe de vistas y el administrador de la aduana suelen enterarse, así sea de oídas, de las operaciones de mayor envergadura e invariablemente reciben su “entre” por no impedirlas o por facilitarlas. 

        El endurecimiento de las leyes (que castigan con prisión sin derecho a fianza cualquier anomalía en los pedimentos) no sirvió para abatir el contrabando, sino para dar a los vistas oportunidad de extorsionar a los importadores legítimos, cuya documentación presenta algún error involuntario. En tales casos es práctica común que el agente se embolse 25% de la “mordida” solicitada. 

        Otra maña que aún persiste estriba en retener la mercancía con pretexto de estudiarla para determinar el arancel a pagar. En el caso de artículos perecederos o cruciales para la producción, los vistas reciben generosas “mordidas” para agilizar el tramite. Aun ocurre que las grandes industrias destinan partidas especiales para sobornar a los aduaneros y así evitarse contratiempos o, inclusive, jugarles malas pasadas a los competidores. Recientemente supe del caso de una cervecería que sobornó a los vistas para que retuvieran la malta destinada a otra, con que consiguió menguar la producción de la rival y absorber una porción mayor del mercado. 

Puertas Movedizas
        Las puertas de los tráilers ya supervisados por el equipo de alta tecnología comprado por Hacienda son cerradas con sellos inviolables. Hasta hace poco, antes de abandonar el área fronteriza los transportistas simplemente desatornillaban las bisagras para desmontar las puertas sin romper los sellos y cargar mercancía de contrabando, casi siempre sin conocimiento de los importadores legítimos. Luego reinstalaban las puertas. Así conseguían cruzar medio país sin que los molestase nadie. Antes de entregar la mercancía legal repetían la maniobra de las puertas para sacar la contrabandeada. 

        Cuando, para acabar con el truco, Hacienda obligó a los transportistas a soldar las bisagras al cuerpo de la caja del camión y a las hojas de las puertas, un buen grupo de ello (muchos antiguos vistas conocedores de todas las mañas) se asoció para adquirir en Europa la misma maquinaria empleada por el gobierno para sellar los camiones. Así pueden romper con toda tranquilidad los sellos oficiales, entreverar el contrabando con los artículos legales y luego reemplazar los precintos legítimos por otros idénticos. También, claro, pueden simplemente disfrazar camiones repletos de mercancía ilegal para hacerlos pasar como revisados por los aduaneros, a quienes, de todos modos, sobornan para evitarse sorpresas en el camino. El destino de tales artículos son los numerosos puestos ambulantes que proliferan en todas nuestras ciudades y algunos hipermercados callejeros, como Tepito. 

        Pretender que bastarán algunas medidas legales para acabar con el contrabando es completamente ilusorio: se mueve tanto dinero en este negocio que no hay vista, administrador o agente que aguante los “cañonazos” de miles de dólares que se reparten a diario para cerrar los ojos y hacer como que nada pasa, cuando en realidad por nuestras aduanas pasa de todo, sólo que de manera más discreta, ya no tan abierta como antaño, cuando hasta elefantes contrabandeaban sin que nadie viera nada.

 

Para meditar:

1.    Como parte del trabajo final, escriba un ensayo de cuatro cuartillas sobre los casos de estudio 9A y 9B desarrollando los temas de los sistemas de información y de la ética en el ejercicio profesional del licenciado en comercio internacional.

Fuentes:

·         Tan Floreciente Como El Narcotráfico: El Contrabando Aduanal, P. R. narrado a Rubén C. Navarro, Contenido, Abril 2004.

Copyright © 2004 Ing. Carlos Raúl Galicia Ramírez
Fecha de la última actualización: Lunes, 09 de Agosto de 2004
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