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Andan en marchas (como la del 8 de
marzo y la del 25 de noviembre) que son patrocinadas por la
élite mundial
y los distintos niveles de gobierno de
cada país con dinero
recaudado a través de los impuestos.
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Son
feas en extremo la gran mayoría, aunque
de repente aparece una que otra chica de gran
belleza física, misma que se ve opacada
por sus actos escandalosos.
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Algunas andan rapadas o con cortes de
cabello muy varoniles.
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Otras visten casi siempre de negro, se tiñen el cabello de
colores, traen tatuajes y piercings,
anteojos de armazón grueso y
negro, llevan una pañoleta verde o
morada, una mochila pequeña en la
espalda y se cubren cobardemente la
cabeza o el rostro durante sus
manifestaciones.
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La
gran mayoría son mujeres jóvenes, pero
con aspecto o actitudes de
bruja.
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Son
férreas defensoras del aborto y de su
“derecho" a manifestarse, incluso con
violencia, causando daños materiales a
propiedades públicas y privadas a su
paso durante las manifestaciones.
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No
saben, no quieren o no tienen la
capacidad de debatir o argumentar; solo
entonan cantos y danzas de protesta y
gritan como locas.
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Pueden vandalizar y causar destrozos sin
miedo a que las detengan, debido a que
la élite
mundial, a través de los gobiernos y
policías locales, las protegen. Sus
destrozos son pagados con dinero del
pueblo, que es a quien perjudican
principalmente.
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A
menudo carecen de padre o de una figura
paterna que las acompañe desde la
infancia. La gran mayoría
provienen de familias disfuncionales. Y las que
viven con su padre, mantienen una
relación difícil, conflictiva o nula con él.
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Debido a que son fácilmente manipulables
o influenciables, son
reclutadas por gobernantes y
políticos al
servicio de la
élite mundial
para sus diferentes propósitos.