Actualmente esta serie esta formada por nueve lecturas (siete del Antiguo Testamento y dos- epístola y evangelio- del Nuevo). Su número ha sufrido varios cambios con el tiempo: primitivamente eran 12 lecturas, diversos sacramentarios lo redijeron a diez, a veces cuatro, ocho, etc. Fue Pío XII quien volvió a la antigua costumbre gregoriana de 4 lecciones y con la última reforma de la liturgia se fijó su número actual de nueve.
Explicaremos brevemente el contexto de estas lecturas.
1.- Génesis 1, 1-2, 2
"Vio Dios todo lo que había hecho; y era bueno". Este poema
de la época del exilio o postexilio (500 a.C.), inicia las páginas
de la Biblia. Dios que se había comunicado a los hombres a través
de unos hechos salvíficos, desde "el principio", es un
Dios que se comunica plenamente: su palabra es creadora.
2.- Génesis 22, 1-18
Esta narración tiene como objeto destacar por encima de todo la fe
de Abraham. Pone su confianza tan grande en Dios que se dispone a ofrecerle
"su hijo único", al que tanto quiere y que es la prenda
de la promesa que el mismo Dios le había hecho. Esta es una prefiguración
del sacrificio de Cristo en la cruz, el hijo unigénito del Padre,
el "Hijo muy amado", que se ofrece para nuestra salvación.
3.- Éxodo14, 15-15, 1
Relató épico del hecho "fundacional" del pueblo
de Israel: la salida de Egipto y el "paso del Mar Rojo". Más
allá del hecho histórico que está en la base del relato,
y de los trazos de espectacularidad que quiere subrayar la trascendencia
del momento mismo, hay que destacar la acción salvadora de Dios:
Él es el actor principal.
4.- Isaías 54, 5-14
El profeta utiliza la imagen del matrimonio para hablar de las relaciones
de Dios con el pueblo de Israel. El amor de Dios por su pueblo se expresa
con una intensidad extraordinaria: "con amor eterno me he apiadado
de ti", "con inmensa misericordia te volveré a tomar",
"Dice el Señor, tu redentor", la prueba del exilio no ha
sido nada comparada con la restauración.
5.- Isaías 55, 1-11
Dios establecerá su alianza eterna con los que no poseen nada, que
lo esperan todo de él. Dios se hace cercano y se deja encontrar,
pero hay que tener en cuenta que sus pensamientos y sus caminos no siempre
son los nuestros.
6.- Baruc 3, 9-15, 32-4, 4
El exilio de Babilonia llevó a los creyentes judíos a replantear
su fe. El profeta, en este fragmento, atribuye los males que le han ocurrido
al pueblo, al hecho de abandonar "la fuente de la sabiduría".
Esa "sabiduría" no es fruto de la búsqueda del hombre,
sino un don de Dios.
7.- Ezequiel 36, 16-28
Dios establece una alianza nueva para salvaguardar la santidad de su nombre,
para que quede claro que él es el único. La pureza ya no será
ritual o externa, sino interior. El corazón, centro íntimo
de las decisiones, será renovado por Dios, que dará su Espíritu
para que la actuación sea fruto de una convicción profunda
que nazca de la comunión con Dios.
8.- Romanos 6, 3-11
Pablo recuerda que ser bautizado en Jesucristo es participar de su muerte
y resurrección, ya ahora. El bautizado participa de la muerte de
Cristo: está muerto al pecado, ya que el hombre "viejo"
ha sido crucificado con Cristo: comienza una nueva vida.
9.- Marcos 16, 1-7
Estamos en el final del evangelio de Marcos. Todo el acontecimiento histórico-
salvífico de Jesús de Nazaret desemboca en su resurrección.
El evangelista no explica el "cómo" del acontecimiento,
solo lo proclama: "Ha resucitado". Constituye el grito fundamental
de la fe cristiana. El ángel envía a las mujeres a Galilea,
donde todo había comenzado. La resurrección lleva en sí
misma una energía nueva que lanza al discípulo hacia la misión
y el anuncio (kerigma).
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